Young Blood Capítulo 4
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Capítulo 4

—¡Aceptamos! —había dicho el señor Wood, de inmediato, después de que Nari les hubiera explicado su plan y todo el procedimiento de lo que ocurriría.

Estaba sentada en el pasto del jardín frente a la banca debajo del cerezo, donde la pareja de ancianos estaban sentados, esperando contemplar el atardecer.

Ella sonrió con ternura ante la respuesta inmediata del anciano Wood, porque ya sabía que esa sería; él haría cualquier cosa por el señor White, lo había visto a través de todos estos años que llevaba cuidándolos.

El señor White, en cambio, se veía temeroso y vacilante ante la idea, pero no por él mismo; eso quedó claro cuando externó sus pensamientos, hablándole a su compañero de vida:

—Tom, no… no puedes aceptar sin pensarlo bien.

—¿Por qué no, Bobby? —reclamó el señor Wood, girándose a verlo y tomando las pequeñas y arrugadas manos del contrario entre las suyas—. Es una excelente oportunidad. Aunque parezca muy poco tiempo, para mí sería suficiente. Un día contigo con salud y juventud antes de partir. ¿Qué más puedo pedir?

—Tom —lo llamó el señor White—, moriremos después de que eso pase y, aunque a mí eso no me preocupa porque estoy muriendo ya, sí lo hace el que tú tengas que hacerlo por mí.

Tú no tienes por qué irte conmigo, cariño —puso una mano en la mejilla del otro—.

Puedes disfrutar un par de años más de vida y tranquilidad aquí, viendo más atardeceres y conviviendo con tu sobrino.

—No lo entiendes aún, Bobby, ¿verdad? —dijo el señor Wood, mirándolo a través de sus ojos grisáceos por la vejez, pero con una devoción que Nari no había visto nunca en alguna otra pareja que hubiese conocido—.

Si tú mueres primero, yo me iré detrás de ti enseguida, cariño.

No tengo motivos para vivir si tú no estás a mi lado.

No me quedaré aquí solo, sufriendo tu ausencia.

Somos uno solo , por siempre y para siempre.

¿Lo recuerdas? —Extendió su dedo índice hacia él—. «Yo soy tú…».

—«Y tú eres yo» —respondió el señor White, tocando con la punta de su dedo la del señor Wood mientras le daba una sonrisa cargada de amor.

Nari miró hacia un lado, limpiando disimuladamente las lágrimas que habían salido de sus ojos sin poder evitarlo.

—Vamos a hacer esto. Vamos a disfrutar cada minuto de nuestra juventud y, después, nos iremos juntos y de la mano al más allá… Juntos por toda la eternidad, vida mía —afirmó el señor Wood, recostando la frente en la del otro.

Las cabezas, blancas por las canas, brillaban con la luz del atardecer.

Nari grabó esa imagen en su mente y su corazón, pensando que, después que todo ocurriera, ya no volvería a verlos sentados bajo el cerezo nunca más.

El corazón se le oprimió ante la idea de despedirse de este par de hombres, que admiraba y apreciaba; pero después latió con fuerza y velocidad al pensar que obtendrían la maravillosa oportunidad de hacer realidad su amor.

Una brisa fuerte sopló en ese instante, haciendo que las flores del cerezo cayeran sobre ellos mientras continuaban con sus frentes unidas y los ojos cerrados.

Nari lo tomó como una señal positiva, ya que la flor de cerezo simboliza la belleza y el carácter pasajero de la vida, frágil y transitoria al mismo tiempo.

Y, al igual que el ciclo de la vida, las flores de cerezo renacen en primavera para morir inevitablemente en el invierno.

Pero eso no impedía disfrutar de su belleza mientras estuviesen ahí.

Al igual que ese par de hombres disfrutarían de su amor, aunque sólo fuera por un instante…