Young Blood Capítulo 3
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Capítulo 3

—Entre más grande es el huésped, el efecto de rejuvenecimiento se reduce a menos horas —dijo Nicholas antes de meterse un pedazo de cerdo agridulce a la boca.

En esta ocasión, habían ido a su restaurante favorito de comida china—.

En las ratas —continuó hablando mientras masticaba su bocado porque su emoción era demasiada, al igual que su hambre—, el tiempo de vida fue de setenta y dos horas, mientras que, en los chimpancés, fue de cuarenta y ocho —explicó—.

Pero, después de eso, el proceso de envejecimiento regresa de nuevo, de forma agresiva y acelerada, y el cuerpo no lo resiste: el sistema nervioso colapsa y el corazón deja de funcionar, causando una muerte inminente.

—Entonces… ¿En un humano sería un tiempo de veinticuatro horas, aproximadamente? —preguntó Nari desinteresadamente mientras mezclaba su arroz frito con los palillos.

—En teoría, sería lo más probable, pero eso nunca lo sabremos.

Lamentablemente, no hay nadie, hasta el momento, que se haya ofrecido como voluntario y, aunque lo hubiera, aún no se nos permiten las pruebas en humanos.

Si lo pudiéramos probar, sería un avance magnífico en nuestras investigaciones.

Con el ADN del paciente lograríamos descifrar, en su código genético, las piezas faltantes del experimento.

—¿Y si yo lo consiguiera? —murmuró ella con cautela.

—¿De qué hablas, ratoncita? —le preguntó con el término cariñoso que usaba para ella.

—Hay un pacien… Un amigo. El señor White es un amigo del asilo y estoy segura de que él aceptaría esta oportunidad, aunque fuera breve.

—¿Por qué estás tan segura? —preguntó Nicholas, dejando sus palillos sobre la mesa y dándole total atención a su mujer—.

A pesar de ser ancianos, nadie ha querido acelerar el proceso de su muerte, ni siquiera por veinticuatro horas de juventud, Nari.

Las personas prefieren esperar pacientemente a la muerte, evitando pensar en ella.

—El señor White va a morir muy pronto, Nic.

Su cáncer de hígado es agresivo y doloroso, y lo único que le pesa es no haber disfrutado jamás de su amor con el señor Wood —dijo ella conmovida—.

Él fue el que me aconsejó no rendirme en nuestra relación.

Siempre menciona que el tiempo pasa demasiado rápido y que debemos aprovecharlo; que, si él pudiera regresarlo, lo haría y aprovecharía cada minuto con el hombre que amó y ama aún —concluyó con los ojos cristalizados por el recuerdo del dolor en la voz del hombre cada vez que lo decía.

—Pero no le serviría de nada rejuvenecer sólo a él si su compañero no está dispuesto a hacerlo tamb…

—¡Aceptará! —respondió la mujer rápidamente, interrumpiéndolo—. El señor Wood haría lo que fuera por el señor White.

—¿Cómo puedes estar tan segura?

—El señor Wood era millonario y dejó todo por seguir al señor White al asilo para vivir con él y cuidarlo. Nunca he visto un amor de tal magnitud, Nic. Son como almas gemelas, destinadas a estar juntas de una u otra forma.

Después de examinar a su mujer en silencio mientras frotaba su barbilla con el dorso de su mano, Nicholas habló:

—Supongamos que ellos quisieran someterse al experimento… ¿Qué pasará con su familia? ¿Cómo se les va a explicar lo que se va a hacer con ellos? ¿Y si no están de acuerdo y nos demandan?

Haciendo una mueca de desprecio, Nari respondió:

—El hijo del señor White tiene más de seis meses que no va a visitarlo. Ni siquiera llama por teléfono para preguntar por él. Sólo cumple con enviar el cheque puntualmente y ya. No creo que le interese indagar si un día le llamamos diciendo que su padre falleció.

—¿Y el otro hombre no tiene familia, hijos?

—Sólo un sobrino, que lo visita una vez al mes, y la semana pasada fue su día de visita.

Tras cinco eternos minutos de silencio, en los que Nicholas consideraba la propuesta de su mujer mientras trataba de controlar la excitación que sentía ante una oportunidad como esta, habló:

—Si están de acuerdo y puedes hacer que firmen una responsiva… Podemos hacerlo.