Capítulo 2
Nari Green tenía quince años como enfermera geriátrica, una vocación que había surgido gracias al amor por su abuelo materno, quien había fungido como su padre cuando este, cobardemente, no quiso hacerse responsable de ella y de su madre.
Así que su abuelo se había hecho cargo de su hija y nieta, y, cuando él cayó enfermo, Nari cuidó de él con amor y paciencia, a pesar de ser sólo una chica de catorce años en ese entonces.
En honor a él y a la conexión especial que sentía por los adultos mayores, decidió estudiar la carrera de Enfermería, con una especialidad en Geriatría.
Actualmente, tenía treinta y siete años, y llevaba ocho laborando en la residencia para adultos mayores Cherry Blossom.
Y, desde que llegó, había sentido un afecto especial por el anciano señor White, de sonrisa amable, que le recordaba a su abuelo.
Con sus hermosos ojos color miel, Nari podía imaginarlo muy guapo en su juventud.
Pero lo que más le había impresionado era el apego y amor que el señor Wood mostraba por él, siempre a un lado suyo, ayudándolo aún con sus propias manos temblorosas a alimentarlo cuando el señor White estaba demasiado agotado para hacerlo, debido a su enfermedad, quedándose a su lado cuando no tenía fuerzas para salir al jardín, o sentándose junto a él y tomándolo de la mano mientras miraban el ocaso en la banca bajo el cerezo.
Había escuchado más de una vez, con paciencia y el mismo interés, la historia contada por el señor White sobre su amor secreto y frustrado por su mejor amigo, conmoviéndola en lo más profundo de su corazón.
—Fui muy tonto, Nari —dijo él durante una ocasión, mientras ella lo ayudaba a lavarse en la tina del baño—.
Perdí toda una vida de felicidad al lado del hombre que amo por el miedo al qué dirían y un tonto orgullo masculino.
Me arrepiento demasiado. No pierdas el tiempo con tu esposo.
Hagan las paces y ámense. El tiempo pasa muy rápido y, cuando te das cuenta, es demasiado tarde —le aconsejó a la mujer después de que ella le platicara sobre que pensaba separarse de su marido por incompatibilidad de carácter y malentendidos en la relación.
Ambos eran orgullosos para reconocer sus errores y pedir perdón—.
¿Lo amas de verdad? Debes hacerlo, o no te dolería tener que separarte de él —había dicho el anciano de ojos amables, limpiando la lágrima que resbalaba por la mejilla de ella—.
Daría lo que fuera por regresar el tiempo y enfrentar a todos para defender mi amor por Tom y no perder ni un minuto a su lado.
Como ingeniero en Genética Molecular, Nicholas Green era un hombre muy importante, ocupado, distraído y, algunas veces, torpe sin querer, actitudes que a su esposa, Nari, siendo una mujer de carácter fuerte y poca tolerancia, le hacía perder la paciencia muy rápido, haciéndolos discutir por cosas como los quehaceres del hogar y la falta de tiempo para ellos como pareja, ya que sus horarios no coincidían.
El trabajo de Nicholas era muy demandante en el laboratorio, buscando curas para diversas enfermedades que aún faltaban por erradicar; de igual forma, seguían aprendiendo sobre manipulación genética, genómica, el ADN de un organismo, la microbiología, el origen genético, la modificación genética, las enfermedades hereditarias, el ADN recombinante, la terapia génica, hemofilia y más.
Todo con el fin de, a futuro, crear seres humanos más resistentes, sanos y perfectos, podría decirse.
Ella lo entendía. Sabía la labor tan importante de su marido, al igual que él la de ella.
Por un lado, ella cuidaba ancianos enfermos y moribundos, y él quería erradicar la vejez y las enfermedades de este mundo.
Pero ambos deseaban el bienestar de los seres humanos.
Así que habían decidido que valía la pena luchar por su matrimonio y, como medida especial, decidieron que todos los martes tendrían una cita, como tiempo de calidad para ellos.
Y aquí estaba, en un restaurante de comida china, escuchando con atención cómo su esposo le contaba sobre los resultados de las últimas pruebas del experimento de «rejuvenecimiento temporal» y los avances que habían tenido.
Mientras, ella no podía sacarse de la cabeza una idea que se había alojado allí desde que comenzó a escucharlo.