Yo te pago 5. Capítulo 4 #2
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5. Capítulo 4 #2

—Necesitaré que te involucres más —intento hablar, pero con un gesto de la mano Jill me frena—. Lo siento, lo siento, sé que acabas de empezar en este nuevo puesto. Sé lo que significa para ti estar más involucrada en casa, pero entiende, ahora yo debo dedicarme a este momento, a lo que viene.

Jill tiene razón, claro que tiene razón. Eso no evita que todo en mí se aparte de lo que me pide como una mano de una plancha caliente.

—¿Y qué necesitas?

—Por ahora, que vayas al menos una vez a la semana a casa. Te asegures de dejar la medicación preparada para toda la semana, de ver qué hace falta comprar y hacer la compra online. Prioriza los platos preparados, te mandaré un listado de cosas que les gusta.

—¿En serio no pueden hacer eso? ¿Papá no puede hacer eso?

—Papá te dirá que sí y en la práctica se olvidará de casi todo. Ya sabes cómo es, Ken.

Sí, ya sé cómo es. Vaya si sé.

—No es que yo vaya a desaparecer. Yo seguiré estando presente, pero creo, Dan y yo creemos, que es momento de que yo dé un paso al lado, que deje de sentirme la cuidadora principal de nuestros padres.

—Ninguna debe ser la cuidadora principal de nuestros padres, no tienen edad para eso —mastico las palabras.

Lo que Jill está diciendo —lo que Jill está callando— me tiene arrinconada entre la culpa y la indignación.

Mi hermana asumió el rol de cuidadora de toda la familia, permitiéndome a mí tener una vida relativamente normal.

Ahora Jill da un paso atrás y me pide que asuma un papel que nunca pedí, que nunca quise hacer.

¿Soy una egoísta por no querer las responsabilidades que mi hermana desempeñó media vida? Por supuesto que sí, soy una egoísta. Tal y como lo fueron ellos. Jill, la única que se salva de tantos humanos defectuosos. Perfecta, Jill.

—Está bien, lo haré —me rindo a pagar viejas deudas—. Pero voy, hago lo que tengo que hacer y marcho. Nada de quedarme a tragar insultos de papá y aparentar creerme las sonrisas de catálogo de mamá.

—Gracias. —Jill estira una mano, alcanza mis dedos que rodean la taza de café ya frío.

Escucho el sonido de un móvil. Mi hermana de inmediato rompe el contacto conmigo y se pone a buscar en su bolso.

—Es Mira, espera un momento —dice y se lleva el móvil al oído—. ¿Hola? Sí, estoy aquí con Ken.

Mi hermana hace silencio, pero en sus labios una sonrisa sale como a su pesar. ¿Qué le estará diciendo esa?

—Sí, ya le dije. Bien, se alegró con la noticia — ahora una carcajadita irritante—. Mira…

Mastico la nada dentro de mi boca. ¿Y ahora qué dirá? Por supuesto que mi hermana le dijo a Mira antes que a mí. Debí suponerlo, no debe molestarme tanto.

—Sí, le daré tus saludos. Miiiraa… —Jill cuelga moviendo la cabeza, incrédula, alegre.

—Perdona, es que quedé con Mira en llamarla para comentarle cómo había ido todo, pero ya ves, se adelantó.

Estiro los labios en algo que pretende imitar una sonrisa comprensiva. No voy a quejarme de que Mira sea prioridad en la escala de información. No lo voy a hacer.

—Mira te manda saludos. Dice que le debe un gran beso a la futura tía.

—¿Y eso era lo que provocaba risas? —fuerzo tanta naturalidad en la pregunta que suena a actuación de principiante.

—Ken, ya sé que nunca te ha caído bien Mira, pero últimamente lo disimulas fatal.

Huyo de los ojos de Jill.

—Mira se aprovecha de todos, empezando por ti.

Es la verdad. Mira lleva toda la amistad con mi hermana usándola sin el más mínimo reparo.

—Mira y yo estamos la una para la otra, Ken. Es diferente. Que tú no quieras ver todo lo que Mira ha hecho por mí, lo que ha hecho por todos nosotros, solo demuestra cómo te dejas llevar por tus prejuicios.

—Jill, por Dios. A lo largo de los años, ¿cuánto dinero te ha sacado Mira? Ahora mismo, ¿cuánto te está pidiendo?

—¿Dinero? ¿Mira? ¿Estás loca, Ken? Mira nunca me ha aceptado dinero, ha sido ella la que me ha ayudado a mí. Ahora mismo le dio dinero a Dan porque sabe que el negocio va más lento.

En mi interior fallan los mecanismos de seguridad. Algo se desprende en el pecho y cae, arrastrándolo todo.

Mira dando dinero a mi hermana y a su esposo. ¿Qué dinero? ¿Mi dinero? Me siento sucia, indigna. Sobre todo, me siento mala hermana.

¿Por qué Jill no acudió a mí?

—¿Por qué no acudiste a mí? Yo pude prestarte el dinero.

—Porque ya nos arreglaremos, de verdad. No te preocupes por eso.

No te preocupes por eso. Arggg, qué ganas de gritar. Jill lleva toda la vida diciéndome lo mismo.

—¿Una que no es nada tuya sí puede ayudarte, pero tu hermana no?

—Kendra, Mira me ayuda porque decidió estar presente en mi vida. Sabe cuándo necesito algo sin necesidad de pedírselo. Tú desde hace mucho decidiste ser una visita en esta familia.

Es un puñetazo en el estómago. Un puñetazo bien ganado.

—Lo siento, no debí decir eso. No es justo.

—Tienes razón, no tienes que disculparte. —Y a pesar de las razones de Jill, yo me dispongo a salir huyendo, a seguir siendo una presencia externa—. Yo ahora debo regresar al trabajo, pero me alegro mucho de la noticia. ¿Me enviarás lo que necesito saber en relación con mamá?

Jill asiente, en su mirada motas de una tristeza que no estaba al comienzo del encuentro. ¿Por qué no soy capaz de ser para mi hermana lo que ella fue para mí?

—Solo una cosa más, Ken.

—¿Sí?

—Necesitaré que acompañes a mamá a la próxima cita con el psiquiatra. ¿Crees que podrás?

Vienen a mi lengua las objeciones de rigor: mi agenda, nuevo puesto, yo no entiendo de esas cosas, pero me contengo a tiempo.

—Sí, envíame la fecha, por favor.

Me acerco a Jill, le doy un beso suave en la mejilla. Me doy cuenta de algo: es una despedida de un rol. Jill dejará de ser mi figura materna sustituta, ahora se dedicará por completo a la criatura que viene. A mí me toca ocupar otro lugar .

Esos pensamientos tienen una vida corta. En cuanto me dirijo a la puerta, mi mente vuelve a Mira. Mira que se vende a mí y a su vez lleva dinero a casa de mi hermana. ¿Puede ser todo más sórdido? ¿Qué planes realmente tendrá?

Con alivio compruebo que ya tengo una excusa perfectamente plausible para un segundo encuentro con ella.