Yo te pago 3. Capítulo 2
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3. Capítulo 2

A bro uno de los cajones del escritorio y saco la botella de gotas para la sequedad ocular. Me la llevo al ojo, presiono. Nada. La sacudo y vuelvo a intentarlo. Vacía.

Debería irme a casa. Son más de las once, pero la semana próxima tengo reunión con los de Vaton Equity. Esta adquisición está siendo infernal. ¿Cuándo fue la última vez que cené en casa? Mejor, es mejor estar ocupada, así no pienso en lo que no debo pensar. En quien no debo pensar.

«Lo pasaríamos en grande. Al fin lo pasaríamos en grande» . ¿Por qué tuvo que proponer algo tan humillante?

El EBITDA. Tengo que centrarme en el margen EBITDA. Treinta por ciento es demasiado agresivo para Aura Health, no con dos competidores nuevos entrando en el mercado. Lo bajo al veintinueve y observo cómo el modelo recalcula miles de celdas. La valoración final cae cuarenta millones de dólares.

Mejor. Más defendible.

Me froto los ojos y después la nuca. Me duele todo. Quien no entienda el consumo bestial de coca que hay en banca solo tiene que vernos trabajar unos días. Yo sigo tirando de café, aunque el que me trajeron hace dos horas está frío y amargo.

Pensar en sustancias estimulantes me lleva a pensar en Mira.

Ella funciona como un estimulante. La ves y quieres complacerla.

Si te presta atención, si consigues arrancarle una expresión satisfecha, el cerebro te recompensa como si hubieras logrado algo importante.

De adolescente aprendí a ocultar ese impulso bajo hosquedad e indiferencia. Por lo visto, no lo hice tan bien.

Mira utiliza todo lo que tiene a su favor. Siempre lo he sabido, incluso lo he aceptado, hasta que ha decidido utilizarme a mí.

Su propuesta es una locura. Una aberración. Y, sin embargo, no logro quitármela de la cabeza.

Ha sacado una parte de mí que no sabía que existía, una Ken que jamás habría incluido en ninguna proyección.

Vuelvo a la pantalla del ordenador. A los números sin fin en los que siempre encuentro implicaciones pasadas y futuras.

¿Cómo sería estar con Mira? Comprar , no me puedo autoengañar. La palabra es comprar. ¿Cómo sería comprar los servicios de Mira?

No, no, no.

Los costes, ¿en los costes ya está incluida la nueva infraestructura de servidores? Tengo que hablarlo con el equipo técnico de Aura.

Escucho una notificación del móvil. Miro la pantalla. Querría retroceder unos segundos y no haber mirado el móvil, no saber que Mira ha escrito pasadas las once y media de la noche.

Disculpa si te ofendí, Ken. Fue la desesperación hablando por mí. Seguro ya duermes. Que descanses.

Suelto el teléfono como si le hubiesen salido púas. Mira me está manipulando. Lo sé, lo sé. Con obstinación vuelvo a la pantalla, a mi hoja de cálculo donde siempre hay margen de certezas en medio de la incertidumbre.

El aire resoluto me dura poco. Vuelvo a tomar el teléfono:

Ok. Que descanse s

La respuesta llega de inmediato:

no duermes?

No, todavía estoy en el trabajo

todavía? ¡no puede ser! Es mi deber rescatarte, te invito a tomar una copa, te lo debo

Me gustaría decir que me siento indignada o llena de asombro. ¿La realidad? Está sucediendo justo lo que sabía que sucedería cuando leí el mensaje de Mira y decidí responder.

no, gracias, tengo trabajo pendiente

Si antes apenas lograba concentrarme, después de este intercambio de mensajes mi mente solo girará obsesionada sobre un mismo tema, pero la frase es necesaria. Me permite mantener la apariencia de negación, aunque yo y seguramente también Mira, sepamos que es humo.

por favor por favor por favor? Solo una copa, seguro que te viene bien

Es suficiente. Me puedo permitir ceder con todas las justificaciones en su sitio.

okay, pero solo una

Hasta ahora no he pensado en Ewan. ¿Cómo justifica Mira salir a esta hora de la noche? No es mi problema. De Mira salió toda esta locura, que lidie ella con las consecuencias.

estás en Bay? Podemos vernos en el Neon contagia emociones. Es un virus emocional.

—Y si no vine a disculparme, ¿a qué vine? O mejor aún, Ken. —Solo con escuchar el cambio de registro en su voz sé que estoy arrinconada, es mi culpa, le serví en bandeja esta frase—. ¿Qué viniste a escuchar tú? ¿Qué esperabas encontrar?

Por un momento la respuesta real planea en la superficie, pero rápidos, mis miedos la vuelven a hundir.

—Eres la mejor amiga de mi hermana, te conozco desde adolescente y ahora tienes un problema. Lo normal es que quiera saber cómo estás.