Yo solo te veo a ti Capítulo 32 #3
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Capítulo 32 #3

—¡Estás de parto!

—Eh… sí, supongo que sí.

—¡Supones!

—Mikel, tranquilo, ¿vale?

—¿Tranquilo? ¿Cómo quieres que esté tranquilo?

Resoplé.

—Vale, voy a coger la bolsa, y las llaves del coche. Venga, vámonos.

Cogió la bolsa con las cosas que teníamos preparadas de la niña del armario y las llaves del coche que estaban encima de la cómoda.

—Mikel.

—¿Qué más? —pensó un segundo— Ah, sí, llamar a Eneko para decirle que no podrás llevar al niño al cole.

—Mikel —repetí conteniendo la risa.

—¿Qué?

—¿No crees que deberías vestirte?

Se miró de arriba abajo y cuando vio las pintas que tenía, en calzoncillos y con la bolsa cargada al hombro, resopló mientras negaba con la cabeza.

No me pude resistir y me eché a reír a carcajadas. Pero se me cortó la risa de golpe porque una contracción esta vez más fuerte me atravesó en vientre.

Mikel, al verme, perdió todo el color de la cara .

—Amaia… —dijo mientras tiraba la bolsa al suelo y vino corriendo hacia mí.

—Esta ha dolido más. Ayúdame a levantarme, por favor.

Diez minutos después, los dos vestidos salimos por la puerta de casa. Como si nos estuvieran vigilando, que seguramente así era la puerta de la casa de enfrente se abrió y por ella salió corriendo un pequeño torbellino hacía nosotros.

—Amaia, ¿dónde vais?

—¡Aitor! ¿Qué pasa? ¿Por qué corres?

Su padre le voceó desde la puerta, pero al vernos frunció el ceño y a paso ligero también se acercó.

Solo le hizo falta ver mi cara y el estado de nervios en el que estaba Mikel para entender lo que pasaba.

—¿Es la hora?

—Lo es —contesté.

—¿La hora de qué?

—Aitor, corre donde el tío Bosco y dile que Amaia está de parto.

Aitor abrió los ojos como platos. Y ni pensó, solo obedeció a su padre.

—¡Bosco, Nerea! ¡Salir que Alaia va a nacer!

Tales eran sus gritos que ni tres segundos tardaron en salir nuestros amigos de su casa con la cara desencajada.

—¡Joder! ¡Nerea, coge las llaves del coche!

—¡Lucía!

Lucía, que ya estaba en la puerta al oír a Aitor chillar, venía con el bolso al hombro y las llaves del coche en la mano .

Cinco minutos después, todos, porque quisieron venir al hospital con nosotros, los tres coches arrancamos a la vez para ir a Bilbao.

No puedo decir que el parto fuera el mejor del mundo porque estaría mintiendo. Dolió, vaya que si dolió y encima lo hizo hasta el final porque me tocó ser de esas mujeres a las que la epidural no le hizo efecto.

Pero gracias a Dios todo salió bien y a las seis de la tarde nuestra pequeña llegó al mundo, sana y llorando a todo pulmón.

—Dios… Amaia, nunca pensé que se pudiera ser tan feliz. Gracias... Gracias por quererme y gracias por darme la hija más bonita del mundo.

—Gracias a ti por verme a mí, solo a mí.

Los dos llorando nos abrazamos con cuidado para no aplastar a Alaia que lloraba en mis brazos.

Media hora después estábamos instalados en una habitación para nosotras solas, ventajas de que mi chico tuviera enchufe en el hospital, llamaron a la puerta.

Sonreímos sabiendo quienes eran.

Era toda nuestra familia. La de sangre y la de corazón, esa que se elige porque merece la pena.

Mikel les abrió la puerta y entraron todos sonriendo y preguntando mil cosas a la vez.

Allí estaban Nerea y Bosco. Eneko, Lucía y Aitor en brazos de esta última. Mis padres muy emocionados y sus amigos que estaban también de la misma manera.

—Todo ha ido muy bien. Las dos están perfectas, aunque Amaia está un poco cansada .

—¿Puedo verla? —preguntó Aitor ansioso a los pies de la cama.

—Claro que sí campeón, ven que te suba a la cama para que la veas bien.

Mikel le subió y se sentó en la cama a mi lado. Se quedó mirando a la niña muy serio sin decir nada. Todos nos mirábamos expectantes esperando a ver qué era lo que tenía que decir. Porque algo iba a decir eso seguro, sino no hubiera sido nuestro niño especial.

Al ver que tardaba en arrancar, Bosco fue el que se atrevió a preguntar.

—Aitor, ¿no dices nada? ¿Qué te parece?

Giró la cabeza para mirar a su tío, pero un segundo después volvió la mirada otra vez a la niña.

—Es la niña más bonita y perfecta del mundo.

Todos sonreímos.

—Tendrás que cuidármela mucho —le dijo Mikel.

Le miró muy serio.

—No solo te la cuidaré, sino que la querré toda la vida. Ella será mi mujer cuando los dos seamos mayores.

Bosco se echó a reír.

—Hijo, eso no puedes saberlo, acaba de nacer —le dijo su padre.

—Sí que lo sé. Porque solo la he visto un segundo y ya se ha quedado con mi corazón. Tengo muchos años por delante para conquistarla y para que ella me entregue el suyo .

—Pues si tan claro lo tienes, estaré encantada de ser tu suegra. Estoy segura de que mi niña nunca podrá encontrar a nadie mejor que tú para compartir su vida.

Aitor asintió satisfecho y Mikel también lo hizo. Y aunque todos en esa habitación se tomaron las palabras de Aitor como algo que un niño de cinco años había dicho por decir y por la emoción del momento, Mikel y yo no lo hicimos.

Porque en los ojos de Aitor vimos algo que los dos reconocimos enseguida. Solo la veía a ella y eso ni el tiempo ni nada podrían cambiarlo.