Capítulo 32 #2
Ella al ver que el trato con todos ya no era el mismo y que de ser la princesita había pasado a ser la mala del cuento decidió dejarlo todo e irse a vivir con un “amigo” que tenía en Londres.
Desde entonces y por suerte para todos no habíamos vuelto a saber de ella.
También en el cumpleaños y por fin después de semanas lanzándose miradas incendiarias el uno al otro, Bosco y Nerea empezaron una relación. Y seguían juntos tanto que hacía cinco meses que ella se mudó a vivir con él a la casa de al lado.
Porque, aunque en un principio Bosco y Eneko solo tenían pensado quedarse durante el verano en Ea, no tuvieron que pensarlo mucho al ver lo bien que todos estaban allí y lo feliz que era Aitor, para quedarse definitivamente a vivir en el pueblo.
La relación de Lucía, la que había acabado convirtiéndose en una verdadera amiga para mí, con Eneko seguía siendo maravillosa, se amaban, mucho.
Para que cada uno tuviera la intimidad que le correspondía, Eneko acabó comprando la casa que estaba enfrente a la nuestra cuando surgió la oportunidad, ya que los dueños, que eran muy mayores, se fueron a vivir con una de sus hijas a Bilbao.
En apenas dos meses hicieron una reforma completa y Lucía le decoró de una manera que era imposible no quedarse con la boca abierta cuando entrabas.
En esa casa llevaban viviendo ya tres meses y, sobre todo, Aitor estaba encantado de tenernos a todos tan cerca.
Aitor… Ese niño que me había robado el corazón desde el minuto uno seguía siendo una constante en mi vida y así sería para los restos.
Pasábamos mucho tiempo juntos, ya que Eneko, Bosco y Lucía tenían que seguir yendo casi a diario a trabajar a Bilbao, por lo tanto, yo era la que me encargaba por las mañanas de llevarle al colegio y de recogerlo después.
Comía conmigo, con Mikel y con Nerea hasta que llegaban los demás de trabajar. Y si conmigo se llevaba bien, con Mikel era algo superior. Daba gusto verlos a los dos sentados hablando como si fueran dos adultos que debatían un caso de medicina.
De la que tampoco habíamos vuelto a saber nada era de Arantxa.
Bueno, el primer mes después de que Mikel y yo empezáramos oficialmente nuestra relación sí que supimos, o Mikel lo hizo, porque no dejó de acosarlo con mensajes y llamadas para volver con él.
Hasta que a mi chico se le agotó la paciencia y después de bloquearla y de que ella desde otros números siguiera erre que erre, la amenazó con denunciarla por acoso y ahí fue cuando paró.
—Te oigo pensar.
Abrí los ojos y mi sonrisa se hizo más amplia al ver a Mikel despierto mirándome como si fuera única en el mundo.
Y para él lo era, porque bien que se encargaba de decírmelo todos los días.
—Solo estaba recordando todo lo que ha pasado estos meses.
—Han pasado muchas cosas.
—Sí, pero la mejor está aún por llegar. Y no creo que tarde mucho.
No, no tardaría mucho porque hacía dos días que había salido de cuentas y nuestra niña estaba segura de que ese mismo día, o como mucho al siguiente, llegaría al mundo para completar nuestra felicidad.
En la cabeza tenía grabada la imagen de Mikel llorando a mi lado el día en el que, estando de cinco meses, la ginecóloga nos dijo que íbamos a tener una niña.
«Las dos mujeres de mi vida»
Eso fue lo que dijo mientras me abrazaba y me besaba y yo le acompañaba riendo y llorando al mismo tiempo.
Cuando les dijimos a todos que venía una niña en camino y preguntaron si ya teníamos el nombre elegido y les dijimos que no, como no podía ser de otra manera, Aitor se ofreció a buscar el mejor .
A Mikel y a mí nos pareció buena idea y le dejamos a él elegir el nombre de nuestra niña.
Una semana fue la que tardó, después de repasar listas infinitas de nombres, en elegir uno. Y vaya elección. No podía haber elegido uno mejor porque a todos nos encantó.
Alaia. Ese sería el nombre de nuestra hija. Nombre que significaba felicidad y que fue elegido por Aitor porque, según él, era lo que a todos nos iba a traer la niña, la felicidad más absoluta.
—¿Cómo te encuentras?
—Bien, no noto nada aún.
—Esta niña se está haciendo de rogar —dijo resoplando.
—Mira, en eso se parece a su padre, que mira que se hizo de rogar hasta que quiso quedarse con su madre.
—No seas mala, sabes que los celos, pensando que no me querías, me cegaron.
—Lo sé, solo estoy bromeando. Además, lo importante no es cuánto tardaste en quedarte conmigo, sino que al final lo hiciste.
—Y no podría ser más feliz de compartir mi vida contigo. Te amo, Amaia, con todo mi corazón.
Fruncí el ceño. No era el momento, lo sé. Ante las palabras de Mikel lo que tenía que haber hecho era besarle o decirle que yo también le amaba, pero un dolor en el vientre me hizo hacer ese gesto.
Él, al ver mi reacción, se quedó mirándome sin entender .
—Yo también te amo. No creas que mi gesto ha sido porque no siento lo mismo, sino porque tu hija ha decidido cortar las palabras que te iba a decir avisándome de que está lista.
Se sentó tan rápido en la cama que poco más y si hubiera estado más al borde se hubiera caído de cabeza.