Yo solo te veo a ti Capítulo 32
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Capítulo 32

Salimos al jardín y todos nos miramos.

Asentimos con la cabeza, decidiendo dejar el tema de Andrea a un lado y seguir celebrando el cumpleaños.

Lucía se ofreció para ir a por la tarta mientras Nerea y yo despejábamos un poco la mesa para ponerla, aunque todos los demás también se unieron para ayudar.

Aitor fue el encargado de colocar las velas.

—¡Venga Nerea, pide un deseo!

Levantó la cabeza ante la petición de Aitor y miró a Bosco guiñándole un ojo antes de coger aire para apagar todas las velas.

—Esta noche más de uno va a dormir acompañado —le dijo uno de nuestros amigos haciéndonos reír a todos.

Repartimos la tarta y en cuestión de minutos en los platos no quedaban ni las migas.

—Aitor, vamos a tener que negociar. ¿Qué quieres a cambio de un cacho de tarta de esa que Amaia solo tiene para ti?

—No me interesa negociar.

—Venga, no seas así, dame un cacho.

—Que no, tío Bosco. Que no hay trato, te llevas un cacho de tortilla que ha sobrado y date por contento.

Todos nos echamos a reír.

—¿Y tú dices que quieres ser médico? Los negocios se te dan de miedo, chaval —le dijo Mikel .

—Puedo ser las dos cosas. Por la mañana, médico como tú, y por la tarde, negociar algo.

—Muy buena idea —le dijo chocando los cinco.

Seguimos charlando un rato más y riendo hasta que Nerea se levantó para recoger los platos. Quise hacer lo mismo, pero cuando me levanté de la silla, del mareo que me dio, si no hubiera sido por Eneko, que estaba justo a mi lado y me agarró por la cintura, me hubiera caído redonda al suelo.

Todos lo vieron y el silencio se impuso mientras me miraban.

—Joder Amaia esto no es normal, no me digas que estás bien y que no te pasa nada, si Eneko no hubiera sido rápido te descocotas contra el suelo —dijo Nerea mirándome muy preocupada.

—Hasta aquí, ahora mismo nos vamos a la consulta.

—Mikel, estoy bien solo me he mareado un poco.

—Si te has mareado, no estás bien, coño.

—Estás enferma y no nos lo quieres decir, ¿es eso? —dijo Bosco mirándome igual de preocupado que el resto.

Negué con la cabeza.

—No está enferma —dijo Aitor poniéndose a mi lado.

—¿Qué sabes tú, pequeño? —le preguntó Lucía.

Nos miró a las dos por turnos y vimos cómo se ponía rojo de la vergüenza. Nos miramos las dos y pensamos lo mismo.

—¿Nos has oído hablar antes? —le pregunté susurrando para que nadie más me oyera .

Asintió. Lucía la verle asentir me miró y negó con la cabeza sonriendo.

Qué cotilla y curioso que nos había salido el crio. Al menos era prudente y lo que oía solía callárselo, pensé mientras le miraba sonriendo.

Mikel no dejaba de mirarme y a cada segundo que pasaba viéndome seguramente lo pálida que estaba se estaba poniendo nerviosismo.

—O se lo dices o le da un chungo —me susurró Aitor.

Mikel se arrodilló a mi lado y me cogió de la mano.

—Amaia, de verdad, deja que te mire. Estás pálida. Vámonos a la consulta y te hago unos análisis y más cosas—me rogó.

—Que no hace falta, que estoy bien.

—Me cago en la leche, que no lo estás.

—Mikel que no está enferma, te lo acabo de decir —insistió Aitor.

Le miró.

—Que sí.

—Que no.

Ya no podía seguir ocultándolo, todos estaban pensando que estaba enferma y me miraban preocupadísimos.

Miré a Aitor y sonriendo le hice un gesto con la cabeza para darle permiso y que fuera él el que le dijera a Mikel la verdad. Se inclinó sobre él para hablarle al oído.

—No está enferma. El bebé que tiene dentro es el que hace que se maree .

Mikel le miró como si acabara de decirle que llegaba el Apocalipsis. Luego me miró a mí y buscó en mis ojos que le confirmara o desmintiera lo que el niño acababa de decirle.

Con mucho miedo a su reacción, me mordí el labio mientras me retorcía las manos y asentí confirmándoselo.

—¿De verdad?

Volví a asentir.

—Joder… —dijo a la vez que sus ojos se llenaban de lágrimas.

—Yo…

No me dejó decir nada más. Me abrazó contra él.

—Dios, es maravilloso. Un bebé de la mujer que amo —susurró contra mi cuello.

—¿Qué? —pregunté, pensando que no le había oído bien.

—Que te amo. Que estoy enamorado de ti como un loco desde el primer día. Que no me atrevía a decirte nada porque pensé que amabas a Eneko y que he sido un gilipollas todo este tiempo apartándome de ti.

—Mikel…

—Amaia… Te amo, os amo. ¿Me dejarás quedarme a tu lado?

Joder, cómo no iba a dejarle si yo le amaba también.

—Solo si tú me dejas quedarme al tuyo.

—¿Joder, qué coño pasa? Me va a dar un ataque. Vaya cumpleaños me estáis dando.

Nos reímos al oír a Nerea.

—¿No lo sabe ?

—No lo sabía nadie. Lucía se dio cuenta antes y me lo dijo. Aitor nos oyó hablar, por eso lo sabía también.

—¿Puedo?

—Claro —le contesté riendo.

Mikel se separó de mí y, antes de girarse para hablar con su hermana, se limpió las lágrimas y me dejó un suave beso en los labios.

—Mikel —insistió Nerea.

—En unos meses seremos tres Elizondo en este jardín.

Nerea se quedó pensando unos segundos en lo que su hermano le acababa de decir y, cuando lo asimiló, se llevó las manos a la boca.

También vi que Eneko había entendido lo que pasaba y sonreía mirándome con cariño.

—No.

—Sí —dijo él riendo.

—Joder, qué alegría —dijo tirándose a sus brazos para abrazarle.

—¿Qué pasa? No me estoy enterando de nada.

—Tío Bosco, eres el más lento…

—Pues debo serlo porque no sé qué pasa.

—Que Amaia va a tener un bebé —le contestó negando con la cabeza como si fuera un desastre.

—¿No jodas? ¿De verdad? —me preguntó.

—Sí, de verdad.

Se echó a reír a carcajadas a la vez que se agachaba para abrazarme.

—Me alegro mucho Amaia. Joder, otra vez que voy a ser tío .

—Gracias.

—Déjame abrazarla. Aunque no se sí darle una colleja antes por haberme tenido tan preocupada.

Nerea me abrazó mientras las dos llorábamos de alegría.

El siguiente en hacerlo después de dar unas palmadas en la espalda felicitando a Mikel fue Eneko.

—Te dije que no dijeras nunca. Yo tenía razón, te quiere, pero le ha costado verlo —me susurró.

—Gracias por estar, Eneko.

—Gracias a ti por dejarme estar, por dejarme volver a tu vida. Te mereces lo mejor, Amaia. Te quiero, amiga.

—Yo también te quiero.

—¿Papá?

Nos separamos.

—Dime, hijo.

—Tengo una pregunta.

—Bueno… —dijo Bosco.

—¿Qué pregunta?

—Amaia tiene un bebe dentro.

—Sí.

—Pues mi pregunta es. ¿Cómo ha entrado ahí dentro en la barriga?

Todos contuvimos la risa al ver la cara de Eneko. El pobre no sabía ni que contestar. Y es que como le explicas a un niño de cuatro años por muy inteligente que fuera como había llegado a formarse un bebe.

Mikel pareció apiadarse del pobre Eneko, que se le veía que estaba dale que dale pensando qué decir .

—Aitor, mañana te buscaré un libro en el que lo explica perfectamente, ¿te parece bien?

—Claro, si es un libro médico, en él lo explicará muy bien.

—Pues ya está, asunto resuelto.

Aitor asintió y salió corriendo a jugar con los perros.

—Mikel, gracias —le dijo Eneko, soltando el aire que estaba conteniendo mientras los demás nos echábamos a reír.

—Habrá que ir haciéndose con muchos libros que resuelvan las dudas que le vayan surgiendo, porque si no te veo calvo en menos de cinco años.

Eneko resopló ante el comentario de Bosco.

Nos sentamos todos en la mesa y mientras tomábamos algo empezó la rueda de preguntas en las que acabé explicándoles todo lo del embarazo.

Una hora después dimos el cumpleaños por finalizado. Todos se marcharon. Incluida Nerea que se fue con Bosco a su casa para pasar su primera noche juntos.

—Déjalo para mañana. Yo me levantaré pronto y recogeré lo que queda. Ha sido un día muy largo y tienes cara de cansada.

—Sí que ha sido un día largo. Han pasado más cosas que en un mes junto.

—Amaia, siento haber traído a Arantxa.

—No importa. Yo siento que la final no hayáis podido quedar como amigos.

—Ella no era de las segundas. No merece la pena.

No contesté, no había más que añadir .

—Vamos a la cama.

Subimos los dos de la mano y entramos en mi habitación.

Nada más traspasar la puerta, Mikel me besó. Pero fue un beso muy diferente a cualquiera de los muchos que nos habíamos dado en todos los meses que estuvimos juntos.

Fue un beso lento, lleno de cariño con el que me dijo cuanto me quería.

—Te he echado muchísimo de menos. Intentar alejarme de ti ha sido lo más difícil que he hecho en mi vida. Sé que te he hecho daño, y lo siento muchísimo, amor.

—Yo también lo siento, debería haber sido más valiente y haber hecho que me escucharas, aunque no quisieras.

—Te amo Amaia. Yo siempre te vi solo a ti.

—Yo también te amo.

Ya no hubo más palabras esa noche.

Solo hubo besos, jadeos y miradas por parte de los dos en las que nos dijimos muchas cosas y con las que nos hicimos promesas de futuro .

Capítulo 33

Nada más abrir los ojos, hice lo mismo que llevaba haciendo todas las mañanas los últimos meses.

Giré la cabeza para mirar como dormía el hombre al que amaba.

Mikel seguía con los ojos cerrados y su respiración era regular. Su gesto era totalmente tranquilo, vamos que seguía dormido como un tronco. Me acurruqué un poco contra él y cerré los ojos.

No me volvería a quedar dormida, eso lo sabía de sobra, pero me gustaba disfrutar esos ratos por la mañana pegada al calor de su cuerpo mientras él seguía durmiendo.

Mientras oía el compás relajante de su respiración decenas de imágenes de los meses anteriores pasaron por mi cabeza y todas y cada una de ellas me hicieron sonreír. Todas eran buenas.

Desde el día del cumpleaños de Nerea, del que ya habían pasado siete meses, habían cambiado muchas cosas.

Eneko, una semana después del encontronazo con Andrea consiguió que le firmara la renuncia de la custodia de Aitor y desde entonces vivían mucho más tranquilos.

Andrea, que desde que acabaron la carrera también había trabajado en el despacho de nuestros padres, al ver cómo todos le hacían el vacío por el trato que le había dado al niño, cambió.

Aunque también, cuando nuestros padres, incluidos los suyos, se enteraron de la verdad de que ella fue la culpable de lo que pasó con la foto que me jodió la vida, tuvieron una conversación muy seria con ella y le pusieron los puntos sobre las íes.