Yo solo te veo a ti Capítulo 31
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Capítulo 31

Como había pasado la vez anterior todos en unos segundos se unieron a Lucía y a mí donde estábamos al lado de la mesa.

—La que faltaba —dijo Bosco cabreado.

—¿Quién coño es esa? —preguntó Nerea.

—Andrea —susurré.

—¿Qué hace aquí esa desgraciada? —dijo entre dientes.

Pero esa no era la pregunta más importante. La que sí que lo era. Era por queé estaba con Mikel. Pero ni dos minutos después salimos de dudas. Porque Mikel caminó con pasos ligeros hasta nosotros.

—Eneko, esa mujer te busca. Estaba en la puerta de tu casa cuando he aparcado. Le he dicho que no había nadie, que estabais aquí y ha insistido en entrar para hablar contigo.

Mikel se puso a mi lado y me puso la mano en la cintura.

—¿Estás bien? Estás un poco pálida.

—Sí, es que vamos de sorpresa en sorpresa.

—¿Qué?

No me hizo falta contestarle, Aitor lo hizo por mí.

—¿Mamá, que haces aquí? Tú no estás invitada al cumpleaños.

—Joder…

—Eso mismo. Verás que ha venido a liarla .

—A ti ni que te sople, porque me dará igual que sea una mujer, la saco arrastras de aquí —dijo muy serio.

Andrea ni siquiera contestó a su hijo, es que ni siquiera le miró. Su mirada estaba centrada en todos nosotros. Sobre todo, en mí.

—Vaya, vaya. Pero mira a quién tenemos aquí. Nada más y nada menos que a la señorita cebra.

Mikel se tensó y vi cómo iba a llamarla de todo, pero le agarré del brazo y negué con la cabeza para que no lo hiciera.

—¿Qué cojones haces aquí Andrea? —le dijo Eneko muy cabreado.

—Te he llamado diez veces en los dos últimos días y no me coges el puto teléfono.

—¿Y eso no te ha dado una pista del porqué? No quiero hablar nada contigo, te lo dejé claro la última vez.

—Pues yo creo que sí que hay cosas pendientes. Te dije que no iba a firmar la renuncia del crio si no me das dinero a cambio.

Nerea, Mikel y yo cruzamos una mirada alucinados. ¿Cómo podía ser así una persona? No solo iba a renunciar a su hijo, sino que encima quería dinero por ello. Como si el niño fuera una moneda de cambio, como si estuviera en venta.

Zorra como la había llamado Lucía se quedaba muy corto para todos los calificativos que se merecía.

—Papá, dale el dinero y que salga de nuestra vida de una vez, estaremos mejor sin ella.

El dolor con el que habló Aitor me estrujó el corazón, bueno, a mí y a todos los presentes .

—Te he dicho mil veces que no hables si no se te pregunta y que no des tu opinión. Siendo así, ¿no ves que todos piensan que eres un bicho raro?

Bueno, que a mí me insultara me daba a estas alturas lo mismo y que le dijera a Eneko lo que fuera también, era mayorcito para defenderse, pero hablarle a Aitor en ese tono y decirle esas cosas para hacerle daño, eso sí que no se lo iba a consentir ni a ella ni a nadie.

Di un paso al frente y me puso delante de todos para enfrentarla.

—Fuera de mi casa.

Se echó a reír.

—Vaya, ahora la cebra va a sacar las uñas.

—Los ojos te voy a sacar si hace falta como no te largues, y las tripas, como vuelvas a hablar a Aitor así.

—Soy su madre, le hablo como me da la gana.

—Esa palabra te queda muy grande. Una madre daría la vida por sus hijos si hiciera falta. Una madre le defiende y le protege de todo y de todos. Y tú haces todo lo contrario.

—¿Y a ti qué coño te importa? Tú eres otro bicho raro como él. Gente así no debería existir, solo molestáis a los demás. Estáis defectuosos.

Solté una risa.

—Aquí la única que está defectuosa de la cabeza eres tú. No te lo voy a volver a repetir, lárgate de mi casa.

Se echó a reír como la loca que era.

—¿Qué pasa que aún estás dolida porque le engañé para quitártelo? Pues jódete porque ni lo tuviste entonces ni lo vas a tener ahora. El muy gilipollas al parecer se ha enamorado de esa coloca muebles.

La madre que la pario, es que no se cansaba, tenía para todos. No me dio tiempo a contestarla. Nerea me sobrepasó. Según era, demasiado se había contenido.

—¡Fuera!

Andrea la miró de arriba abajo.

—¿Y tú quién coño eres? No me lo digas, si estabas agarrada a mi hermano, eres su putita.

Vi cómo Nerea apretaba los puños.

—Bosco, cógela por favor.

Giré la cabeza y vi cómo mi amigo sonreía.

—Déjala, mi hermana se merece un par de hostias y mi chica está deseando dárselas.

—Mira, tarada, vienes aquí, me jodes el cumpleaños, insultas a dos mujeres a las que no les llegas ni a la suela del zapato y para colmo desprecias al mejor niño del mundo al que todos adoramos.

Nerea hizo una pausa para dar otro paso más.

—Te voy a dar la oportunidad de que salgas por tu propio pie. Si en los dos siguientes minutos no lo haces, yo misma te sacaré de aquí arrastras.

—Mamá, vete —dijo Aitor con los ojos aguados.

—Te he dicho que te calles. Solo me faltaba que un mico como tú me echara de ningún sitio.

—Se acabó —dijo Mikel a mi lado.

Y sí que se acabó porque Nerea no se contuvo más. Fue hasta Andrea y la agarró con una mano de la coleta que llevaba y con la otra del brazo .

—Hora de sacar la basura a la calle —dijo mientras la arrastraba.

Todo los demás fuimos detrás por inercia. Al llegar a la calle, la soltó en la acera.

—Ni se te ocurra volver por aquí o la próxima vez no seré tan suave. La próxima vez tendrán que hacerte injertos de pelo y ponerte dientes nuevos.

—Andrea, mi abogado se pondrá en contacto contigo mañana. No vuelvas a llamarme, ni vuelvas a acercarte a mi hijo o te denunciaré.

—Hermana, nunca me he avergonzado más de llevar la misma sangre que tú, eres escoria.

—¡Tú tienes la culpa de todo! —dijo señalándome con el dedo—. Tú me jodiste la vida queriendo ser la protagonista.

—La vida te la has jodido tú. Tus ansias de querer ser siempre el centro de atención, han hecho que te quedes sola.

—Ni siquiera colgar aquella foto para que todos te vieran funcionó más que unas pocas horas, luego siguieron hablando de ti y encima no mal sino compadeciéndote. No sirvió de nada que te echara de nuestras vidas, seguiste presente.

—¡Dijiste que tú no colgaste esa foto! ¡Lo juraste! —rugió Bosco.

Andrea se echó a reír a carcajadas.

—Y vosotros, como los idiotas que sois, os lo creísteis.

—Si te cruzas conmigo por la calle ni me mires, desde hoy estás muerta para mi —dijo Bosco antes de coger a Nerea de la mano y darse la vuelta para entrar en la casa.

—Lo único bueno que has hecho en esta vida ha sido parir a Aitor. Eres la peor persona que he tenido la desgracia de conocer.

Al decir eso, Eneko agarró de una mano a Aitor y de la otra a Lucía y, como había hecho Bosco, se dio la vuelta y entraron en casa.

—¿Y tú qué? Vamos, di lo que tengas que decir. Dime cuánto me odias.

Negué con la cabeza.

—No te odio. Para sentir eso, deberías de importarme algo y no lo haces. Lo único que siento por ti es pena. Tenías todo y lo has despreciado, te mereces estar sola.

No le di opción a contestarme, me di la vuelta cuando Mikel agarró mi mano y entramos en casa cerrando a nuestra espalda de un portazo.

—Joder, estoy muy orgulloso de ti. Le has plantado cara.

—No podía permitir que hablara así al niño.

—Eres maravillosa —dijo mirándome a los ojos.

Me agarró por la cintura y me pegó a él.

—Amaia, tengo muchas cosas que decirte. Cosas que tengo dentro guardadas desde hace tiempo.

—Amaia, Mikel, dice Nerea que vengáis que va a soplar las velas. Dice que no hay dos sin tres y que lo mismo se presenta un tal Sergio y que entonces sí que acabará en el calabozo antes de comerse un trozo de tarta .

Mikel y yo nos echamos a reír.

—Ya vamos. Yo también quiero tarta. Necesito azúcar.

Mikel frunció el ceño.

—¿Estás bien?

—Sí. Solo hambrienta.

—Pues vamos. Estás pálida, te vendrá bien comer ese cacho de tarta.

—Amaia.

—¿Dime?

—Si sobra tarta, me la guardarás para desayunar mañana.

Mikel y yo nos volvimos a echar a reír.

—No.

—¿No? —me pregunto triste.

—No, porque en el frigo tengo una más pequeña solo para ti.

—¡¿En serio?!

—En serio —contesté sonriendo.

—Jolin, eres la mejor. Voy a chinchar al tío Bosco diciéndoselo.