Yo solo te veo a ti Capítulo 30
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Capítulo 30

Cuando llegué al jardín todos mis amigos que seguían al lado de la mesa que habíamos puesto para poner toda la comida me miraron preocupados.

Con la mirada les dije que se quedaran tranquilos que estaba bien. Y además añadí una sonrisa que, aunque forzada fue una sonrisa para darle más credibilidad.

—Amaia, tu tortilla es la mejor del mundo.

—Gracias, pequeño. Ya sé que te gusta más que la que te hace tu padre.

Eneko resopló y todos nos echamos a reír.

—No resoples, papá. Tú y el tío sois los mejores haciendo cualquier diseño, pero la cocina reconoce que no es lo vuestro.

—Eneko, cuando tiene razón, la tiene, creo que tenemos que apuntarnos a clases de cocina —le dijo Bosco.

Al oír a su tío, fue Aitor el que resopló.

—No sé si será mejor el remedio que la enfermedad. Menos mal que Lucía también cocina de lujo que, si no…

—Gracias, corazón —dijo ella haciéndole un gesto de cariño en el pelo.

Aitor terminó el trozo que se estaba comiendo y se fue a llevar un trozo a Flos y a Lucky porque según él también tenían derecho a comer comida de cumpleaños .

—Creo que las cosas no están muy bien entre ellos, parece que están discutiendo —dijo Bosco en voz baja, señalando con la cabeza a Mikel y Arantxa que estaban todavía en la puerta del jardín.

—No sé por qué coño la ha traído, que yo sepa, no han vuelto juntos. Se lo pregunté a mi hermano hace unos días y me dijo que no podía volver con ella porque las cosas entre ellos no iban a cambiar nunca.

—Pues eso ha debido de cambiar hoy, si no, no la hubiera traído —dije sin apartar la mirada de ellos.

—Yo creo que la ha traído por otra cosa —dijo Eneko.

—¿Por qué? —preguntó Nerea.

—Porque los celos, pensando que Amaia y yo estábamos juntos, le estaban matando.

—Eso es una chorrada. No hay celos cuando no hay sentimientos —dije poniendo los ojos en blanco.

—Yo os he visto hoy por primera vez, pero creo que Eneko tiene razón. Ese hombre te mira de una manera que, desde luego, dice muchas cosas —añadió Lucía.

—Opino igual —dijo Bosco.

—Yo qué voy a decir. Soy la que mejor los conozco a los dos. Y aparte de saber que han estado liados meses sin decírselo a nadie, desde el primer día están perdidos el uno por el otro.

Las palabras de Nerea hicieron que le mirara con la boca abierta.

—No me mires así, joder. Vivo con vosotros, ¿recuerdas ?

Sí, en eso tenía razón. Pero era imposible que hubiera visto nada, ni siquiera un beso o un gesto de cariño por parte de ninguno porque delante de ella nunca los habíamos tenido.

Seguía mirándola alucinada.

—¿Recuerdas el día al mes de llegar mi hermano, que te llamé para pedirte que me llevaras a la cafetería mis pastillas para la migraña?

Fruncí el ceño y busqué ese recuerdo en mi cabeza.

—Sí.

—Pues sabía que estabas terminando el libro con el que estabas en ese momento. Así que cerré un momento la cafetería y yo misma vine a por ellas. Me volví sin ellas porque me impactó tanto lo que vi que no me atreví a subir a mi habitación.

Ay, Dios mío… quise morirme de la vergüenza en ese momento. ¿Qué sería lo que vio para que se marchara sin las pastillas y me llamara después para que se las llevara?

Los cuatro se echaron a reír la ver mi cara de apuro.

—¿Qué viste? —le preguntó Bosco.

Nerea, sin dejar de reírse, le miró y luego a los demás.

—Digamos que no he vuelto a mirar la mesa de la cocina de la misma manera. Haceros una idea de por qué.

—Virgen santa, cállate por Dios.

—Oye, tendremos que probar nosotros esa mesa —dijo Bosco .

Nerea se volvió y le susurró algo al oído que le hizo tragar saliva.

—Lucía, creo que voy a necesitar de tus servicios para redecorar la casa, estos dos van a profanar mis muebles.

—Tus muebles ya están profanados. No creo que la mesa de la cocina sea lo único que os ha sostenido estos meses y, si os falta alguno, seguro que pronto seguirá el mismo camino.

La sonrisa se me borró de la cara.

—Eso se acabó hace semanas y no volverá a pasar.

—Pasará —dijo Eneko muy seguro.

—Dejarlo, chicos, por favor —les rogué.

—No —dijeron todos a la vez.

Resoplé. Quise protestar, pero no tuve opción. Mikel se acercó hasta nosotros.

—Me voy.

—¿Qué? ¿Por qué? —dijo Nerea enfadada.

—Tranquila, en un rato vuelvo. Solo voy a llevarla de vuelta a Bilbao—dijo señalando con la cabeza a Arantxa que seguía en la puerta de la cocina mirándonos a todos como si fuéramos los hijos de Satán.

—¿Qué pasa que la señorita no quiere estar aquí?

—No. Soy yo el que no quiere que esté.

Nerea frunció el ceño.

—¿Entonces para qué coño la has traído?

—Pensé que después de todo y por los años que habíamos estado juntos podríamos ser amigos, pero está claro que eso no va a ser posible.

—¿Amigos? ¿No has vuelto con ella ?

Mikel soltó una risa seca.

—¿Volver con ella? Nunca he pensado en volver con ella. No queremos lo mismo, ella no va a cambiar de opinión y yo tampoco. Además, que sus celos patológicos hicieron que lo que sentía por ella ya no esté.

La contestación se la dio a su hermana, pero no dejó de mirarme mientras hablaba en ningún momento.

—Tú no lo has visto porque estabas enamorado de ella, pero es una tóxica, siempre lo ha sido. Y hoy ha demostrado que también es mala persona y una maleducada.

—Lo sé, Nerea, por eso la voy a llevar de vuelta a su casa y le diré adiós para siempre. No quiero ni siquiera una amistad con alguien así.

—Joder menos mal.

Mikel rio ante la salida de su hermana.

—Volveré lo antes posible. No soples las velas sin mí.

—Ve tranquilo, esperaré. Pero ten cuidado en la carretera.

Mikel asintió.

—Y tú y yo tenemos una conversación a medias que pienso terminar cuando acabe esta noche el cumpleaños —me dijo antes de darse la vuelta y marcharse sin dejarme opción a decirle que no.

—Nena, tu cumpleaños va a ser recordado durante años.

—Eso creo yo —le contestó Nerea a Bosco antes de besarle .

Con Mikel y Arantxa fuera de escena y conseguido que dejara el temita de que habíamos estado liados al menos por un rato el ambiente se volvió como el que debería de ser en un cumpleaños.

Todo el mundo disfruto de la deliciosa carne que uno de nuestros amigos se encargó de hacer en la barbacoa.

Aunque Eneko y Bosco se ofrecieron a hacerlo ellos todas en unanimidad nos negamos a tal sacrilegio para no quedarnos sin comer.

También todos disfrutamos del resto de los platos que entre Nerea y yo habíamos preparado entre ese día y el anterior, así como de la sangría, esa sí, que Bosco preparó mientras la carne se acababa de hacer.

Las risas estuvieron presentes en todo momento.

Bosco seguía siendo el mismo payaso de siempre y entre él y las salidas de Aitor que repartió para todos, incluidos los perros tuvimos que limpiarnos las lágrimas por las risas que nos echamos.

Estaba recogiendo algunos de los platos vacíos que había en la mesa cuando Lucía se unió a mí para ayudarme.

—¿Estás más tranquila?

Giré la cabeza para mirarla.

—Sí, gracias.

—Gente como esa mujer, cuanto más lejos, mejor. Me ha recordado con su actitud a…

—Puedes decirlo, a Andrea. A mí me ha pasado lo mismo. Miles de recuerdos de cómo se comportaba se me han venido a la cabeza.

—Eneko me ha contado todo lo que pasó .

Y me alegraba de ello, porque así no estaría perdida en ninguna conversación si salía algo relacionado con el pasado.

—Lo sé, me preguntó si no me importaba que lo supieras y le dije que me parecía perfecto. Así no te extrañará nada de lo que podamos decir.

—Los dos están muy arrepentidos de lo que pasó.

Sonreí.

—Lo sé. Creo que se juntaron muchas cosas ese año y ninguno supo gestionarlas. Yo también tengo parte de culpa de lo que pasó. Creo que si no me hubiera callado cómo me sentía, las cosas no hubieran llegado donde llegaron.

—Puede ser. Eso ya nunca lo sabremos. Pero me alegro de que hayas sido capaz de perdonarlos. No todo el mundo lo hubiera hecho. Eso dice mucho de la gran persona que eres y del gran corazón que tienes.

—Todo el mundo se merece una segunda oportunidad.

—Opino igual. Pero solo si hay verdadero arrepentimiento y las disculpas son sinceras. Y las de los dos lo fueron.

Asintió.

—Me alegro mucho de que Eneko te haya encontrado. Se merece ser feliz los años que ha pasado junto a Andrea han sido un infierno.

—Es una zorra, no hay otra palabra más suave para describirla. Si vieras las cosas que le dice al niño… te darían ganas de darle de bofetadas .

—Me lo puedo imaginar. Pero entre todos haremos un escudo para que no le dañe.

—Sí, es lo mejor. Es un niño muy especial y, aunque no lo parece, es muy sensible. No se queja, pero sufre.

—Lo sé. Lo vi en sus ojos el día que le conocí.

Lucía se echó a reír.

—Te adora.

—Es mutuo. Y a ti también.

—Espero que cuando nos toque ser madres, tengamos la misma suerte y nos salga un tesoro al menos parecido.

Suspiré.

—Bueno, tú no tendrás que esperar mucho para saberlo.

Levanté la cabeza a toda prisa y la miré con los ojos como platos.

—¿Qué?

—Tengo cuatro hermanas y diez sobrinos. Hay gestos que una mujer embarazada hace sin darse cuenta y los he visto tantas veces en ellas que cuando te he visto varias veces hacerlos desde que he llegado, lo he sabido enseguida.

—¿Gestos?

—Te has llevado las manos al vientre varias veces, inconscientemente, no has bebido ni una gota de alcohol y has arrugado el morro cuando por delante de ti ha pasado uno de tus amigos que lleva una colonia bastante fuerte, porque los olores los notas más que el resto.

—Joder …

—Tranquila, mi boca está sellada. Eso es algo solo tuyo que contarás cuando quieras y estés preparada. Porque intuyo que de los que están aquí no lo sabe nadie. Ni siquiera el padre, si no, no hubiera venido con esa petarda, ¿verdad?

Asentí.

—Llevaba días sospechándolo, pero la confirmación la tuve ayer. Fui sin que nadie lo supiera a una clínica en Bilbao. Estoy de dos meses.

Lucía amplió su sonrisa.

—Enhorabuena —susurró.

—Gracias.

Pero al decirle gracias, su rostro se tornó serio, muy serio, y no era por mí sino por lo que acababa de ver justo detrás de mí.

Me giré para ver qué pasaba y el color se me fue de la cara. Mikel acaba de entrar, pero por segunda vez no venía solo.