Yo solo te veo a ti Capítulo 29
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Capítulo 29

Nerea y yo nos quedamos mirando como su hermano y a su chica se acercaban primero a los amigos del grupo a saludarlos que eran los que más cerca estaban.

No noté como Bosco, Aitor, Eneko y su novia se unían a nosotras al lado de la mesa de la comida y se quedaban a nuestro lado mirando sin decir ni una palabra como Mikel y Arantxa se acercaban a nosotros.

—Amaia, ¿estás bien? —me susurró Eneko.

Giré la cabeza y le sonreí de manera forzada.

—Sí, ya sabía que esto pasaría antes o después.

—Es un gilipollas y a ella no se la ve muy simpática.

—No lo es o eso dice Nerea.

—De puta madre…

Tuvimos que dejar de hablar entre dientes porque los dos ya habían llegado hasta nosotros.

—Nerea, felicidades.

—Gracias, Arantxa. No esperaba verte, mi hermano no me había dicho que venías.

Soltó una risita.

—Se me olvidó decírtelo —contestó Mikel.

—Perfecto —murmuro Nerea que no estaba muy contenta de tenerla allí.

—Chicos, ella es Arantxa.

Todos dijimos a la vez encantados, hasta Aitor con esa educación tan característica que tenía lo hizo .

Nadie parecía hacer por presentarse así que como anfitriona de la casa no me quedó más remedio que hacerlo a mí.

—Arantxa, yo soy Amaia, una amiga de Nerea. Él es mi amigo Bosco y desde hoy el chico de Nerea.

—¡¿Qué?! Joder, me voy unas horas y cuando vuelvo tengo cuñado —dijo Mikel alucinado.

—Mikel te has perdido el besazo que le ha dado, ha sido genial —dijo Aitor haciéndonos reír.

—Yo soy Eneko, y ella es mi pareja, Lucía.

Cuando Eneko presentó a Lucía como su pareja, la mirada de Mikel buscó la mía, seguramente muy confuso con la situación.

—¿Tu pareja?

Eneko sonrió de medio.

—Mis padres ya no están juntos desde hace mucho tiempo. Lucía es la novia de papá y es genial. Es una buena mujer que lo quiere mucho y a mí también.

Toma, no querías una explicación, pues ahí la tienes.

—¿Y tú eres?

—Soy Aitor.

—¿Hablas mucho para lo pequeño que eres, no?

La pregunta de Arantxa no la hizo de buena manera, sino mirando a Aitor como si fuera una molestia, y eso nos hizo a todos fruncir el ceño.

Mikel carraspeó y Arantxa desvió la mirada de Aitor hacia mí y por cómo me miró supe que lo que iba a decir no era nada bueno.

—Así que tú eres la única soltera del grupo, ¿no?

—Así es .

—Bueno, viéndote no es algo que me extrañe, pero chica, lo mismo tienes suerte y en un futuro encuentras a alguien al que no le importe cómo eres. En esta vida siempre hay un roto para un descosido.

Todo eso lo dijo mirándome las manchas con asco.

Hacía tiempo que nadie me miraba de esa manera y aunque era algo que tenía superado no supe porque, pero me hizo sentir mal y por instinto llevé mis brazos a la espalda para esconderlos.

A ninguno de los presentes le pasó desapercibido mi gesto y la tensión en todos ellos fue muy evidente, hasta a Mikel se le tensó el cuerpo de inmediato.

No quería que la fiesta se chafara así que me eché a reír para aligerar el ambiente antes de contestarla.

—Sí, a lo mejor algún día encuentro a alguien o me quedo siendo la loca de los perros sola en esta casa, el tiempo lo dirá.

Pero la muy zorra no podía quedarse callada y tuvo que seguir abriendo su bocaza, en esos momentos me recordó tanto a Andrea que perfectamente podía haber sido un clon suyo.

—Creo que será más lo segundo.

Al decir eso, la tensión subió de una manera impresionante.

Nerea dio un paso al frente, pero por el rabillo del ojo vi cómo Bosco la agarraba de la cintura para pararla y le di las gracias mentalmente por ello.

Todos esperaron que me defendiera, que dijera algo. ¿Pero qué podía decir al respecto? Nada. Porque no había nada que decir .

Pero al parecer el pequeño del grupo ese que por su condición no tenía filtro no pensaba lo mismo y con el ceño fruncido a la vez que cruzaba los brazos enfadado porque se había dado cuenta de todo fue el que sí que habló.

—Antes has dicho que yo hablo mucho, pero tú hablas de más. Hay cosas que no se pueden decir. Y una de ellas es decir cosas de algo que una persona tiene diferente a los demás, porque no sabes si con lo que dices puedes hacer daño.

Arantxa se echó a reír.

—Joder, no es para tanto. Si no quiere que nadie le diga nada, pues que se tape.

—¡Suficiente! —dijo Eneko en voz alta.

Los ojos se me aguaron al ver la situación que se estaba formando por culpa de mis manchas así que hice lo único que podía hacer para que ese momento tan desagradable pasara.

Me di la vuelta para ir a la cocina.

—Amaia —me llamó Bosco.

—No pasa nada, todos sabemos que no ha dicho ninguna mentira. Voy a sacar lo que falta de comida, ir empezando, por favor, enseguida vuelvo.

Con pasos ligeros me marché.

Llegué a la cocina y me agarré con las dos manos a la encimera conteniendo las lágrimas e intentando calmarme.

—Amaia…

La voz de Mikel a mi espalda hizo que me tensara más de lo que ya estaba .

—Déjame sola por favor.

—Joder siento mucho lo que ha pasado.

Una risa amarga salió sola de mi garganta.

—Pues no deberías. Tu chica no ha dicho nada que no sea verdad.

—Sabes que eso no es cierto.

Segunda risa, esa vez todavía más amarga.

—Sí que lo es. Que a lo mejor no haya tenido mucho tacto al decirlo no quiere decir que no sea verdad.

Se quedó callado unos segundos.

—Yo pensé que estabas con Eneko, me he quedado helado al verle con su pareja.

Tercera risa.

—Nunca he estado con Eneko, Mikel. Solo somos amigos, muy buenos amigos, pero entre nosotros no hay sentimientos de otro tipo. Por su parte, nunca los hubo y por la mía hace años que tampoco los hay.

Suspiré antes de seguir hablando.

—Por eso tu novia tiene razón. Mi destino es quedarme sola con mis perros, ya que tengo la mala suerte de enamorarme de hombres que nunca se enamorarán de mí. Algo entendible, por supuesto, solo hay que verlas a ellas y luego mirarme a mí. Ellas son perfectas y yo…

No me dejó acabar. Dio los dos pasos que nos separaban y, agarrándome del brazo, me dio la vuelta para que le mirara a la cara. Pero no fui capaz de sostenerle la mirada más de un par de segundos.

—¿Qué has dicho?

—Que ellas son …

—Eso no, lo de los hombres.

Fruncí el ceño.

—¿Qué?

—Has dicho enamorarme de hombres, en plural.

Mierda, vaya metedura de pata, pensé mientras agachaba la cabeza y tiraba de mi brazo para soltarme.

—Tengo que sacar esta comida, están todos esperando.

—Pues que esperen. Contéstame.

—Es que no sé qué quieres que te diga.

—La verdad.

—¿Cuál verdad?

—¿Soy yo uno de esos hombres?

Di un paso atrás.

—Amaia, estoy esperando —insistió.

—¿A qué?

—Joder, a que me digas si estás enamorada de mí.

Una lágrima se me calló por la mejilla y a toda prisa me la limpié con la mano.

—De igual lo que yo sienta.

—No da igual. A mí no me da igual.

—Mikel, déjalo por favor.

—No. No pienso dejarlo. Quiero saberlo, necesito saberlo.

—No.

—Sí.

—Joder, ¿que más te da?

—Pues me da.

Diós, me estaba poniendo de los nervios con su insistencia. ¿Qué más le daría a él saberlo o no ?

—¿Qué coño quieres que te diga? Que sí, que estoy enamorada de ti. Que te quiero. Saberlo no hará que las cosas sean diferentes. Así que déjalo estar.

—Lo has dicho. Has dicho que me quieres.

Resoplé.

—Sí, lo he dicho. Ahora déjame en paz.

—No.

Volví a resoplar.

—¡Mikel! Deja de perder el tiempo y sal a comer.

La voz de Arantxa hizo que los dos nos tensáramos.

—Haz caso a tu chica. Sal a comer.

—No.

—Joder Mikel ¿qué más quieres? Ya te he contestado. Ya te he dicho que te quiero, que estoy enamorada de ti. No hay nada más que decir. Y si lo que te pasa es que estás preocupado porque piensas que voy a acosarte o algo parecido, no te preocupes, si hace falta ni siquiera te hablaré.

Se echó a reír. Y esa risa me hizo más daño que las palabras que su chica había dicho minutos antes.

Di dos pasos más atrás y le miré mientras negaba con la cabeza.

—¿Para eso querías saber la verdad? ¿Para reírte de mí?

—¡¿Qué?! No, claro que no.

—Pues es lo que parece.

—Me rio de mí y de lo gilipollas que soy.

Fruncí el ceño.

—¡Mikel, no he venido contigo para que me dejes sola con esta gente !

La voz de Arantxa ya no llegó desde lejos sino desde la misma puerta.

—Ve con ella.

—Amaia…

—Ve con ella —repetí—. Como ha dicho antes, estar aquí hablando conmigo solo te hace perder el tiempo.

Cogí el bol de ensaladilla de encima de la mesa y di dos pasos. Pero Mikel se interpuso en mi camino.

—Hablar contigo no es una pérdida de tiempo. Ni hablar, ni nada de lo que hemos hecho juntos.

Cerré los ojos un par de segundos, la intensidad de la conversación me estaba agotando.

—Mikel… sigue con tu vida y, por favor, olvida toda la conversación que acabamos de tener.

—No pienso olvidarlo. ¿Crees que podría olvidar que me has dicho que me quieres?

—Sí, hazlo.

—No.

—Tu chica te espera. Esto se acabó, ya no hay nada más que decir. Así que vamos a comer.

—Ya te digo yo que sí que hay más que decir. Tú has hablado, yo no.

Pero es que no quería escuchar nada de lo que tuviera que decir. Porque estaba segura de que me diría algo que me haría dañó. Algo como «Lo nuestro solo era sexo, ya sabías que nunca sentiría nada por ti». Sí, seguro que me diría algo así.

—No hace falta que digas nada. Ya sé lo que hay. Así que tranquilo —dije antes de salir por la puerta del jardín.