Yo solo te veo a ti Capítulo 28
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Capítulo 28

Me senté en la cama y cerré los ojos.

Intenté controlar las ganas de vomitar, pero fue imposible. Me tocó salir corriendo al baño para vaciar el agua que era lo único que tenía en el estómago.

Mientras me limpiaba las lágrimas por los esfuerzos sentada en el suelo del baño me lleve las manos al vientre.

—Pequeño dame hoy un poco de tregua, que nos espera un día muy largo y ajetreado.

Y sí el día estaba segura de que sería ajetreado.

La celebración del cumpleaños Nerea empezaría a medio día con la barbacoa, pero con lo bueno que hacía estaba segura de que se alargaría hasta por la noche.

Salí de la ducha y me fui directamente al armario. No eran ni las nueve de la mañana y ya apretaba el calor así que cogí un peto de lino de tirantes y unas sandalias.

Mientras me lo ponía me quedé mirando toda la ropa que tenía en el armario y negué con la cabeza pensando que en poco tiempo tendría que comprarme de todo, porque en cuanto empezara a engordar no me valdría nada.

Bajé a la cocina y ya estaban allí Nerea y Mikel desayunando.

—Iba a subir ahora mismo a buscarte, estaba preocupada .

Arqueé una ceja mirando a Nerea que de verdad me miraba preocupada y no entendía por qué.

—¿Por qué?

—Amaia, desde que yo vivo en esta casa y sé que antes también lo hacías, no has perdonado ni un día el levantarte al amanecer para tomarte un café en el jardín y hoy no lo has hecho. ¿Qué te pasa?

Mierda… era cierto que no había bajado, pero es que me había dormido tan tarde la noche anterior dando mil vueltas a las cosas en la cabeza que cuando me desperté como todos los días antes del amanecer no había tenido ni ganas ni fuerzas para hacerlo.

—No he dormido muy bien, por eso no he madrugado hoy.

Frunció el ceño al verme coger la leche y el cacao.

—Tienes mala cara, tienes ojeras, duermes mal y tu mirada no es la misma de siempre. Sigue diciéndome que estás bien, que lo mismo te creo y todo.

Resoplé.

—Puedo revisarte si quieres, o pásate por la consulta si lo prefieres —me dijo Mikel que hasta ese momento no había abierto la boca.

—No, gracias.

—Mi hermana tiene razón, tienes mala cara.

Solté una risa seca.

—Da gusto con vosotros. Vaya buenos días que me estáis dando.

—Joder Amaia es que me tienes preocupada, verte así me recuerda a…

—No —dije cortándola .

—¿A qué te recuerda? —le preguntó Mikel a su hermana.

Nerea resopló y me miró. Le pedí con la mirada que lo dejara estar de una vez y que cambiara de tema.

Lo hizo, gracias a Dios lo hizo.

—¿Crees que tendremos suficiente comida?

—Claro que sí. Si con todo lo que hemos comprado, parece que nos ha poseído el espíritu de mi madre que es la reina de la exageración.

Me miró y se echó a reír.

Terminamos de desayunar y Nerea se marchó a casa de una de nuestras amigas del grupo que era peluquera. Quería estar mona para su cumpleaños, palabras suyas no mías.

Era una suerte que fuera nuestra amiga y se lo hiciera en su casa, porque al ser fiesta ese día no se habría ningún establecimiento en el pueblo. Mikel se dedicó a decorar el jardín y yo me enfrasque en la cocina.

Estaba cortando unas patatas para la ensaladilla que tenía pensado hacer cuando se me nubló un poco la vista. Me agarré a la encimera y por suerte llegué sin incidentes a sentarme en el taburete que estaba solo a un paso.

—¿Estás bien?

La voz de Mikel a mi lado me sobresaltó, no esperaba que estuviera allí cuando solo un minuto antes le había visto subido en la escalera colgando los últimos globos que le quedaban.

Asentí .

—Te he visto desde fuera y me ha parecido que te mareabas.

—Estoy bien.

—Joder no mientas, estás pálida —dijo enfadado.

—Es el calor, nada más. En cuanto beba un poco de agua fría, se me pasa.

—Quiero que vayas a la consulta para hacerte una revisión, esto no es normal.

Sí, al parecer en mi estado sí que lo es. Eso fue lo que quise decirle, pero no era el momento. Estaba segura de que no se lo tomaría nada bien y no quería chafarle a Nerea el cumpleaños enfadando a su hermano.

—Ya te he dicho antes que no. Estoy bien.

—No lo estás.

—Joder, qué pesado eres. ¿Y a ti qué más te da?

—En eso tienes razón, me da igual lo que te pase. Pero a mi hermana no, y no quiero verla preocupada.

Se me cortó la respiración al oírle decir que le daba igual lo que me pasara, joder que ya sabía que quererme no me quería, pero al menos un poco de aprecio sí que esperaba que me tuviera, pues al parecer ni eso me merecía por su parte.

Pues maravilloso, perfecto y genial.

Los ojos se me aguaron y agaché la cabeza, porque oír de la boca del hombre que amabas una cosa así dolía y mucho. Me giré para seguir contando las patatas dándole la espalda.

—Amaia, yo… no quería decir…

—Sí, sí querías. Pero tranquilo, tampoco has dicho nada que no me esperara o supiera ya .

—Joder yo solo quiero que estés bien y si no me haces caso a mí, ni a mi hermana le dices qué coño te pasa, veremos a ver si a tu noviecito sí que se lo haces.

Resoplé. ¿Noviecito? ¿Pero a este hombre se le estaba yendo la olla o qué? Sí tenía que ser eso porque otra explicación no podía haber.

—¿De qué hablas?

—De que esta tarde hablaré con Eneko y le diré que no estás bien. A ver si diciéndote él que vayas a hacerte una revisión, le haces más caso.

Madre del amor hermoso, este hombre tenía una película montada en la cabeza que era digna de un óscar. Ni le contesté, para qué si ni me iba a escuchar.

Al ver que seguí con las patatas y no le hacía caso se marchó de mala leche hacía las escaleras supuse que para ir a su habitación.

Cinco minutos después bajó con las llaves del coche en la mano.

—Me voy a Bilbao tengo algo que hacer, estaré puntual para la comida.

Sí, ya sabemos los dos cuáles son esas cosas que tienes que hacer, pensé con amargura. Ver a Arantxa. Que era lo que hacía cada vez que iba.

A las dos ya estaban muchos de los invitados en el jardín tomando un vino. Aparte de todos nosotros, también estaban invitados los cuatro amigos de toda la vida de Nerea y algún cliente de la cafetería con los que se llevaba a las mil maravillas.

—¡Amaia, ya estamos aquí !

—Hola, pequeño —dije agachándome para abrazar a Aitor.

Al separarme le miré de arriba abajo y tuve que sonreír. Era imposible no hacerlo.

—Hoy le vas a quitar el protagonismo a la cumpleañera. No se puede estar más guapo que tú, si hasta pajarita y todo te has puesto.

—Es un acto muy importante, la mujer más guapa del pueblo cumple años, había que venir elegante.

Todos los presentes nos echamos a reír.

—Aitor, qué pena que no seas mayor, si no te pediría que te casaras conmigo —le dijo Nerea sin dejar de reírse mientras le daba un abrazo.

—Felicidades, guapetona —dijo dándole dos sonoros besos—. Es mejor que te conformes con uno de tu edad. Y tengo el perfecto candidato para ti.

—Ah, ¿sí? ¿Y quién es?

Vi cómo Bosco ponía los ojos en blanco y me aguanté la risa. Porque ya me estaba yo imaginando por dónde iban los tiros.

—Pues mi tío Bosco. Hazle un poco de caso, anda, que el pobre se muere por tus huesos.

—La madre que le parió —murmuró Bosco a la vez que se ponía rojo como un tomate.

—Así que tu tío, ¿eh? ¿Y de qué manera crees que debería hacerle caso?

—Podrías empezar por un beso, eso no estaría nada mal.

—Es un buen consejo.

—Pues síguelo .

Todos, incluido Bosco, pensaron que Nerea se iba a quedar parada y que se estaba tomando a broma todo lo que estaba pasando, pero yo la conocía bien y sí Bosco se moría por sus huesos, que era la pura verdad porque yo lo había visto, ella estaba exactamente igual que él.

Con pasos decididos se acercó a Bosco le cogió la cara con las dos manos y le dio un beso corto en los labios.

—¿Así te parece bien?

—Hombre, muy apasionado no ha sido, estoy seguro de que mi tío puede hacerlo mejor y poner un poquito más de entusiasmo. ¿A que sí, tío?

—Por supuesto que sí, pequeño.

Y vaya que si le puso entusiasmo. Como que cogió a Nerea por la cintura y le plantó un señor beso que la dejó con las patas colgando, pero encantada de la vida.

Eneko se acercó a mí con una mujer pelirroja agarrada de su mano en el momento que su hijo, Nerea y Bosco se liaban a hablar de algo que no tenía ni idea de que era.

—Amaia, ella es Lucia, mi chica.

—Encantada, he oído hablar mucho de ti.

—Yo también de ti.

A partir de ahí los tres estuvimos hablando un rato y supe que Lucía sería una buena amiga también. Era majísima, y, ademá,s se la veía muy buena persona.

No me miró a las manchas ni una sola vez, ni hizo alusión a ellas y no porque estuviera advertida, no, lo hizo porque así le nació. Era de las segundas, de las que merecían la pena .

Bosco encendió la barbacoa y nosotras empezamos a sacar las cosas a la mesa del jardín.

—¿Dónde coño estará mi hermano? Solo falta él.

—Estará al llegar, me dijo que se iba a Bilbao, pero que llegaría puntual.

No la dio tiempo a contestarme nada porque justo en ese momento Mikel entró por la puerta del jardín. Pero no venía solo.

Agarrado de su mano venía una chica rubia guapísima que por su cara no parecía muy contenta de estar allí.

—¿Esa es…?

—La tóxica de Arantxa, sí —me contestó Nerea cabreada.

Pues si la había traído y encima habían entrado de la mano, ya era oficial, había vuelto, pensé queriendo que la tierra me tragara y haciendo un esfuerzo enorme por no echarme a llorar allí mismo delante de todos.