Yo solo te veo a ti Capítulo 27
77%

Capítulo 27

Había pasado casi un mes desde que Aitor, Eneko y Bosco llegaron a Ea.

Las cosas entre nosotros desde aquella conversación cuando fui a llevarles la cena habían ido bien, muy bien, de hecho.

No podía decir que teníamos la misma relación que tuvimos en el pasado porque estaría mintiendo. Primero porque lo que teníamos antes era una relación de críos y ahora los tres éramos adultos y las cosas todos las veíamos de otra manera.

Y segundo porque entre Eneko y yo solo había amistad una muy sana, que era mucho mejor que lo que tuvimos siendo adolescentes.

Con Bosco había tenido varias y largas conversaciones. Nos habíamos puesto al día totalmente de nuestras vidas contándonos absolutamente todo los que habíamos vivido desde que la última vez que nos vimos.

Yo le hablé, de mi llegada a Ea, de mi abuela, de Nerea, de cómo estudié la carrera y también le conté mi secretillo de que era la Ratita Azul, aún cada vez que recuerdo la cara que puso y como a continuación se arrodillo a mis pies, la risa se me salé sola.

Él por su parte me había hablado de lo mal que lo pasó cuando Edurne le engañó. De lo mucho que le gustó estudiar arquitectura y lo a gusto que estaba trabajando junto a Eneko .

También con pesar porque pese a todo era su hermana me contó que desde poco después de que me marchara y se diera cuenta de lo dañina que era Andrea su relación se había ido yendo poco a poco a pique y que en la actualidad se hablaban lo justo.

Por último, me dijo que no había vuelto a tener pareja y que solo solía pasar algunas noches con alguna mujer que conocía, teniendo sexo y nada más.

Con Eneko también había hablado bastante. De nosotros no, claro está, ese tema estaba muerto y enterrado.

Con él hable de Aitor, sobre todo, de su relación con Andrea que según dijo había sido un completo desastre desde el principio. También como Bosco me habló de su trabajo y de lo a gusto que estaba en la empresa con nuestros padres.

Y de Lucía, de ella me habló también y me encantó ver el brillo en los ojos que se le ponía cuando decía su nombre.

Ella había entrado a trabajar en la empresa un año atrás como decoradora de interiores y era la que una vez terminados los proyectos que ellos hacían daba el toque final con su magia a sus creaciones.

Durante ese tiempo mi relación con ellos fue subiendo para bien y podría decir que volvíamos a ser amigos.

En cambio, con Mikel las cosas cada día iban a peor, aunque eso nadie lo sabía ya que delante de todos actuábamos de forma normal. Pero cuando estábamos solos la cosa cambiaba .

Sí que habíamos seguido acostándonos los primeros días después de la llegada de mis amigos, pero eso había cambiado dos semanas atrás y aún seguía sin saber por qué, aunque me podía imaginar el motivo.

Mikel se marchó a Bilbao según él a ver a sus amigos de allí una semana completa que cogió de vacaciones. Lo que pasara allí no tenía ni idea de que fue. Pero cuando volvió fue cuando todo de golpe cambió.

Ese día cuando llegó y me vio sentada en el jardín riéndome con Eneko mientras Bosco, Aitor y Nerea se bañaban en la piscina, me miró negando con la cabeza.

Y cuando esa noche recogiendo los platos de la cena nos quedamos solos, me dijo no de muy buenas maneras que de golpe y porrazo había vuelto a mi vida al hombre que quería y que además tenía la suerte de que tuviera un hijo tan especial.

Me deseó lo mejor junto a Eneko y se marchó a su habitación dejándome con la palabra en la boca. Ni la oportunidad de explicarle cómo eran las cosas me dio.

Desde ese día solo me hablaba si había alguien delante y por supuesto no me había vuelto a tocar.

Pero lo peor de todo era que las llamadas con Arantxa aumentaron, también en esas dos últimas semanas había ido al menos tres veces a Bilbao según le dijo a Nerea porque a mí no me diría tal cosa, estaban intentando al menos quedar en buenos términos y ser amigos y que si las cosas después iban bien no descartaba volver con ella .

Nerea no había dejado de preguntarme a diario si estaba bien y yo todas las veces le decía que sí, que solo era cansancio por el calor.

Mentira. Sí mentira, porque no estaba nada bien. Ni física ni mentalmente.

Mentalmente porque por segunda vez del hombre que me había enamorado no era el que estaba destinado a mí y otra vez me iba a tocar verle irse con otra mujer. Porque que Mikel volvería con su ex era algo que cada día tenía más claro.

No había querido hablar con ninguno de mis amigos del tema ¿Para qué? Era mejor comérmelo sola, llorar en la soledad de mi habitación e intentar aparentar que estaba bien delante de todos para no preocuparles.

Y físicamente tampoco estaba bien.

Desde aquel día que me mareé en la playa, me había vuelto a pasar lo mismo varias veces más y si a eso le sumábamos que el estómago lo tenía revuelto prácticamente a diario y que cada día estaba más cansada, eso me hacía pensar que algo no iba como debía.

Ya tenía una ligera sospecha de lo que podía ser, solo llevaba dos días rezando para que no fuera cierto porque si no se iba a liar una y muy gorda.

Y precisamente como para bien o para mal no quería seguir con esa incertidumbre dentro de mí, estaba en esos momentos camino de Bilbao sin que nadie lo supiera para salir de dudas .

Aparqué el coche que le había pedido prestado a un vecino justo en la misma calle de la clínica en la que había pedido cita.

En la sala de espera solo tuve que esperar cinco minutos ya que una enfermera muy amable me acompañó a la consulta de la ginecóloga a la que le había pedido cita dos días atrás.

—Buenos días, Amaia, siéntate por favor.

—Buenos días, doctora.

Me senté en la silla frente a ella y durante los siguientes minutos me hizo un montón de preguntas.

Cuando le dije que sospechaba que estaba embarazada pero que había estado tomando anticonceptivos y que no entendía como podían haber fallado si nunca me había olvidado de tomar ninguna dosis, la doctora se echó a reír y me dijo que el único método seguro era la abstinencia lo demás todo podía fallar.

Media hora después salí de la consulta cagada de miedo, con una ecografía del bebe que crecía en mi vientre ese que llevaba allí ya dos meses, alojado, unas cuantas recomendaciones y llorando como una magdalena.

Lloraba por lo emocionada que estaba por ser madre, pero a la vez por lo triste que iba a ser hacerlo yo sola y que mi hijo creciera sin padre.

Llegué a casa y por suerte no había nadie.

Nerea estaba en la cafetería, Mikel en la consulta y en la casa de al lado tampoco había nadie ya que se habían ido también a Bilbao a pasar la mañana para que Aitor viera a sus abuelos antes de que estos cogieran esa misma tarde un avión para irse de vacaciones al caribe.

Vacaciones a las que también iban mis padres, por supuesto.

Lo primero que hice fue subir a mi habitación a darme una ducha y cambiarme de ropa.

Cuando baje un rato después para no darle vueltas a la cabeza, cosa que estaba segura de que sería muy difícil empecé a sacar de la nevera y de la despensa los ingredientes para hacer una tarta que necesitaba reposo.

Dicha tarta nos la comeríamos al día siguiente en la fiesta que celebraríamos en el jardín para celebrar el cumpleaños de Nerea.

También haríamos una barbacoa y de la carne dijo Mikel que él se encargaría de recogerla cuando saliera de la consulta ese mismo día así que gracias a dios ya no tendría que salir de casa ese día para nada, y agradecida que estaba porque estaba muy cansada.

La ginecóloga me había dicho que esos mareos que me daban eran porque se me bajaba la tensión debido al embarazo y al calor que hacía.

Me quedé tranquila porque me dijo que era una cosa muy común en mi estado y que con que tuviera cuidado de sentarme o tumbarme cuando lo notara era más que suficiente.

Me llevé la mano al vientre y sonreí. Un bebe….

Diós mío lo que más preocupada me tenía era pensar en cómo decírselo a Mikel, aunque había decidido que esperaría unos días hasta que yo misma lo asimilara para hacerlo.

Estaba segura de lo que iba a pasar y eso me tenía de lo más triste.

Por como terminaron las cosas entre él y Arantxa y si tenían intención de volver mi hijo no iba a poder formar parte de su vida.