Capítulo 26
Eneko se acercó sin dejar de mirarme. Miré en sus ojos buscando lo que Mikel había insinuado que sentía por mí.
No lo encontré. Y es que no podía encontrarlo porque eso nunca había estado ahí. Hubo cariño, hubo amistad, deseo, atracción, sí, claro que hubo todo eso, pero amor, no. Eneko nunca estuvo enamorado de mí.
—Amaia…
—Eneko.
—Yo…
—¿Tú?
—Quería…
Me dieron ganas de echarme a reír al ver lo nervioso que estaba. Él que siempre había sido el más seguro de sí mismo de todos. El que más temple tenía y el que siempre sabía que decir, estaba totalmente perdido y bloqueado.
Al parecer me estaba ablandando porque decidí ponérselo un poco más fácil. Me acerqué a él la distancia que nos separaba.
—¿Qué te parece si antes de decir nada me das un abrazo?
Sonrió, joder si sonrió. Esa sonrisa preciosa que tenía al igual que su hijo se formó en su boca al oír mi petición.
—Joder sí, claro que sí, ven aquí .
Igual que había hecho Bosco me abrazó fuerte contra su pecho y también lloró, se lamentó, me pidió varias veces perdón. Al retirarnos los dos nos miramos sonriendo.
Me pasó la mano por la cara y me acarició la mejilla para limpiarme los restos de lágrimas que tenía y yo no me pude resistir a hacerle lo mismo.
—Sigues siendo preciosa.
—Y tú tan guapo que duele mirarte.
Nos miramos un segundo más y nos echamos a reír.
—Amaia, ojalá hubieras sido tú la que ocupara mi corazón.
—No era nuestro destino.
Negó con la cabeza.
—No, desgraciadamente no lo era. Siento que pensaras que te escondía. No lo hacía porque me avergonzara de ti, sino por egoísmo. Porque quería que lo que teníamos fuera algo solo nuestro. Desde la primera vez que nos besamos, desee enamorarme de ti, pero eso…
—No pasó, lo sé. Eso no es algo que, porque lo desees, pase. Eso es algo que nace solo. En el corazón no se manda, él no pide permiso ni opinión para elegir.
—Joder no solo sigues siendo preciosa por fuera, siempre lo fuiste por dentro y eso no ha menguado ni un poco sino todo lo contrario.
—Vosotros también lo erais, pero os equivocasteis.
—¿Podemos empezar de cero y ser amigos? Por favor —me rogó .
Al igual que había hecho con Bosco, pensé lo mismo. También se merecía otra oportunidad.
En lo que había dicho tenía toda la razón, me quiso, pero no llegó a enamorarse de mí, aunque lo quisiera, porque las cosas no estaban de pasar así.
—Sí que podemos, además ya no puedo, ni quiero separarme de vosotros. Hay una copia tuya por ahí que me tiene encandilada.
Se echo a reír.
—Y tú a él, no deja de hablar de ti en ningún momento y de tus amigos tampoco.
—Sabes que lo está pasando mal. No me ha contado nada, pero veo en sus ojos que se siente rechazado por ser diferente, por ser especial.
Eneko se tensó. Lo noté en todo su cuerpo porque aún estábamos abrazados.
—Tengo mucho que contarte. Lo haré con calma. Pero lo principal es que no estamos aquí de vacaciones como él cree. Sino para alejarle de Andrea, ella…
—Le está haciendo lo mismo que a mí o parecido. No quiere que destaque, no quiere que la gente se fije en él antes que en ella.
—Joder… así es. Y no pienso consentirlo. No pienso dejar que mi hijo sufra. Bastantes años llevo aguantándola, pero ya no más.
Le miré un segundo a los ojos y vi una verdad que me dejó helada.
—De ella tampoco has estado enamorado nunca.
—No. Me acosté con ella estando borracho, se montó su película en la cabeza, me lio. Luego pasó lo tuyo a la vez que me dijo que estaba embarazada, eso he pensado siempre que lo buscó, pero ahora ya da igual.
—Joder…
—Me quedé con ella por Aitor, pero ya no puedo seguir así. No podemos seguir así. No la soporto. Además…
Vaya… ese además y sus ojos me dijeron algo que no me esperaba.
—Estás enamorado.
Soltó una risita.
—Así es. Lucía es la mujer de mi vida, lo sé. Adora a Aitor y ella también me quiere.
—Pues no la dejes escapar. Lucha lo que haga falta. Si necesitas mi ayuda en lo que sea, cuenta con ella.
—Joder después de cómo me porté, aun así, te ofreces a ayudarme. Eres única. Es imposible no quererte.
La carcajada me salió sola.
—Eso no lo digas nunca más en voz alta, aunque me quieras como amiga, puede meterte en un lío ¿Sabes qué me dijo tu hijo ayer?
—De él me espero cualquier cosa.
—Cuando le dije que os conocía, me dijo: «Claro, tú eres la Amaia de papá».
—No me jodas, la madre que lo parió —dijo riéndose—. Oye conversaciones detrás de las puertas a cachos y se monta unos ciscos en la cabeza del copón.
—Es un niño muy observador y sabe más de lo que crees.
—Lo sé .
Nos miramos y antes de separarnos me dio un beso en los labios. Corto, pero me lo dio.
—Ese era el que te debía antes de decirte adiós.
Me eché a reír.
—Anda, ve a cenar, lo mismo entre tu hijo y Bosco no te han dejado ni las migas.
—Eso ya me lo espero. Los dos comen como limas.
Nos volvimos a echar a reír y me di la vuelta para salir.
—Amaia.
—¿Sí?
—Gracias. Gracias por perdonarnos. Y gracias por dejarnos estar en tu vida.
Levanté la mano y riendo le apunté con el dedo.
—No hagas que me arrepienta. Portaros bien.
Se llevó la mano al pecho como hizo su hijo el día anterior cuando le conté lo de mis libros.
—Lo juro.
Asentí.
—Y Amaia, tú tampoco le dejes escapar, te mereces más que nadie ser feliz.
Le miré confusa.
—He visto esta tarde cómo le miras y cómo te mira él.
Vaya, ahí estaba el Eneko que yo conocía, ese que seguía siendo muy observador sobre todo cuando se trataba de la gente que le importaba. No tuve ningún problema en hablar claramente con él de Mikel .
Sí algo tenía Eneko y lo había tenido siempre, aunque la cagara en su día, era que lo que hablabas con él, se quedaba en él.
—No hay nada ni lo habrá.
—No digas nunca jamás.
Me salió sola una risa amarga.
—Al parecer no suelo elegir bien de quién me enamoro. Lo nuestro no pudo ser porque tú no me correspondías, pues ahora con él pasa otra vez lo mismo.
—He visto cómo te mira.
—Me mira como lo hacías tú. Pero al igual que pasó entonces, no pasará de ahí. Está enamorado de otra mujer que no soy yo.
—Joder pues a mí me ha parecido otra cosa. Me ha parecido ver celos en su mirada cuando me he acercado a vosotros.
Volví a reír, porque al parecer a los dos nos había dado la misma impresión. Pero después de lo que había pasado en la cocina me había dado cuenta de que eso no era así.
Lo que a Mikel le había jodido de la aparición de Eneko había sido que pensó que se le acabarían sus ratos de desahogo y diversión que tenía conmigo, nada más.
—No lo eran, te lo aseguro.
—Pues es una pena, estoy seguro de que a esa otra mujer tú le das mil vueltas.
—No lo creo, pero, aunque así fuera, eso no es lo importante. La quiere a ella y ya está. Lo tengo asumido, lo he aceptado porque no me ha quedado de otra, más bien .
—Joder Amaia…
—Déjalo Eneko.
—Está bien. Pero que sepas que Bosco y yo estamos aquí para lo que haga falta.
—Eso no lo dudes.
Le voz de Bosco nos hizo girarnos a los dos.
—Gracias, pero se me pasará.
Los dos asintieron. Se acercaron a darme un abrazo y un beso antes de que saliera por la puerta en dirección a mi casa.
Y según caminaba por la acera me sentí bien. Muy bien en realidad. Como si me hubiera quitado una gran espina que tenía clavada en el corazón. Me dio la sensación de que algo que había estado descolocado mucho tiempo volvía a su lugar. Volvía a encajar.
Cuando entré en la cocina Nerea ya estaba terminando de poner la mesa.
—Ha ido bien —dijo afirmando.
—Muy bien en realidad.
Nos sentamos a la mesa a esperar a Mikel que, según me dijo, estaba hablando por teléfono, otra vez, y mientras le hice un resumen de lo que había pasado en la casa vecina.
—Si les has perdonado, yo también les daré una oportunidad. Pero si la cagan de nuevo, no tendrán lugar en el mundo para esconderse, los despellejaré vivos.
—No esperaba menos de ti —dije riéndome.
Mikel llegó un par de minutos después y nos sentamos a cenar .
La conversación se centró en la cafetería, en mi libro y en Aitor.
Mikel apenas intervino, se le notaba tenso y muy pensativo.
Esa noche no se quedó con nosotras a ver una peli, se marchó a su cuarto porque según él estaba cansado, cosa que no me creí en ningún momento, pero no me quedó de otra que dejarlo pasar.