Capítulo 24
Ver a Aitor disfrutar en la cafetería mirando todos los libros que Nerea tenía allí fue una autentica gozada.
Mi amiga y yo no pudimos dejar de sonreír en ningún momento viéndole ir de estantería en estantería, creo que si le hubiéramos llevado a un parque de atracciones no hubiera disfrutado tanto.
Allí estuvimos toda la mañana hasta que a la hora en la que Nerea cerró y junto a Mikel que se nos unió los cuatro nos fuimos a casa a comer.
La mitad de la tarde hasta que Eneko vino a recoger a Aitor los cuatro hasta que Nerea se fue y luego los tres nos lo pasamos estupendamente bañándonos en la piscina.
Fue maravilloso ver la mano que Mikel tenía con los niños, estaba segura de que sería un padre maravilloso.
—Venga Mikel tírame otra vez —le pidió para que le lanzara desde sus brazos al agua.
Mikel le cogió en brazos, pero en vez de tirarle le susurró algo en el oído y el pequeño se echó a reír.
Los dos nadaron hasta mí que estaba sentada en el borde viéndolos jugar a ellos. Vi cómo los dos me miraban con cara de pillos y supe al instante lo que pretendían.
—Ni se te ocurra —dije apuntando a Mikel con el dedo .
Aitor soltó una risita. Ni caso me hizo me agarró de la cintura. Él fue rápido, pero yo también y antes de que me soltará me agarré con las piernas en su cintura.
—No te va a servir de nada, suéltate o te hundo conmigo —dijo riéndose.
—No.
—¡Sí! —animó Aitor riéndose.
—Somos dos contra uno.
—Traidores.
Ni tiempo me dio a decir nada más, Mikel se lanzó hacía delante y nos hundió a los dos. Bajo el agua los dos forcejeamos, pero el muy capullo me ganó la partida cuando me beso para que dejara de moverme.
Cuando subimos a la superficie Aitor se reía a carcajadas.
—Eres un tramposo, usas artes encandiladoras para desarmarme.
Se encogió de hombros riendo.
—Esta te la guardo, te recuerdo que yo también sé algunos trucos —dije mientras, sin que Aitor me viera, metía la mano bajo el agua y le apretaba el miembro por encima del bañador.
—Amaia, eso lo vas a pagar caro, te voy a poner el culo rojo después.
Me encogí de hombros riéndome.
—Deseando estoy de que cumplas tu amenaza.
Seguimos un rato más jugando hasta que una voz desde el otro lado nos hizo pararnos.
—Amaia ya hemos vuelto —dijo Eneko .
Mikel se tensó al momento en cuanto le oyó y la sonrisa que había tenido todo el tiempo en la cara desapareció.
—Pasa estamos en la piscina.
No solo pasó él, sino que Bosco entró también. Los dos venían con camisa y corbata y debían estar asándose de calor pensé al mirarlos.
Mikel fue el primero en salir de la piscina. Aitor y yo le seguimos después. Me lanzó una toalla y con otra que tenía en las manos envolvió al niño.
El momento en el que Eneko y Bosco llegaron hasta nosotros fue tenso. Ellos dos miraban a Mikel con el ceño fruncido y este último a ellos como si estuviera esperando que dijeran algo fuera de lugar para lanzarles por encima de la vaya o directamente a la piscina.
—Bosco, Eneko él es Mikel el hermano de Nerea y uno de los dos médicos del pueblo.
A regañadientes se dieron la mano. Eneko no me había quitado la vista de encima desde que había salido de la piscina y mal no me miraba precisamente, más bien todo lo contrario.
—Papá me lo he pasado super bien. Nerea tiene en la librería quinientos treinta y siete libros, es una maravilla.
Mikel se echó a reír.
—¿Los has contado?
—Sí claro, quería saber del material total del que dispone. Aunque déjame decirte que tu hermana es un poco desastre, no los tiene colocados con mucho orden. Si los pusiera por orden alfabético o de genero mejor, la gente los encontraría con más facilidad .
Mikel se hecho a reír a carcajadas. Bosco y Eneko negaron con la cabeza escondiendo una sonrisa. Y yo me aguante la risa pensando en la cara que pondría Nerea cuando le dijera el desastre de colocación que tenía en la cafetería según el criterio de Aitor.
—Nerea estará encantada de oír tus consejos.
—Sí, eso pensé. Se lo diré cuando la vea. Incluso me ofreceré a ayudarla para que todo quede perfecto.
—Aitor, ya hemos hablado de que hay que decir las cosas con tacto y algunas callárselas, sabes que a la gente puede sentarle mal que otros sean sinceros.
Cuando Eneko le dijo eso muy serio y vi como Aitor agachó la cabeza avergonzado, no me pude quedar callada. Crucé una mirada rápida con Mikel y vi que él pensaba lo mismo.
—No estoy de acuerdo con eso.
—¿Qué? —me preguntó Eneko.
—Que no estoy de acuerdo con lo que le has dicho. Ser sincero es una de las mejores cosas de este mundo. Ojalá todas las personas fueran como Aitor, si dijeran lo que piensan en vez de ser unos hipócritas harían menos daño.
Bosco carraspeo y Eneko me retiró la mirada. Los dos sabían que mis palabras tenían un trasfondo en el que ellos precisamente estaban implicados por lo que pasó en el pasado.
Si hubieran tenido los huevos suficientes para decirme que preferían estar alejados de mí porque se avergonzaban de tener una amiga con algo diferente me hubieran ahorrado muchas lágrimas y mucho sufrimiento.
—Tiene razón.
Al decir eso, Aitor miró primero a Bosco que era el que había hablado y después a mi dándome las gracias con la mirada.
—Bien hablaremos de esto y de otras muchas cosas mañana. Ahora tenemos que irnos. Aitor toca ducha, llamada a los abuelos y después vamos a preparar la cena.
Aitor negó con la cabeza y se giró hacia a mí.
—Amaia, dijiste que hoy harías tortilla de patata de cena ¿verdad?
—Sí.
—Pues si no te importa, guárdame un trozo, porque si ellos hacen la cena me veo yéndome a la cama con el estómago vacío.
Toma sinceridad pensé mientras estallaba en carcajadas a las que Mikel se unió. Bosco y Eneko se pusieron rojos como un tomate por la vergüenza.
—Aitor hijo no es para tanto, sí que sabemos hacer algunas cosas.
El niño miró a su padre alzando una ceja y resopló.
—¿El qué? Los macarrones de anoche que estaban más duros que una piedra, o las tostadas del desayuno que han acabado en el cubo de la basura porque estaban más negras que un agujero del espacio.
Mikel y yo en esos momentos ya llorábamos de la risa y a ellos nos les quedó más remedio que unirse a nosotros. Cuando conseguí calmarme un poco los miré a los tres.
—Aitor.
—Dime.
—Como es la primera vez que vienes a Ea, para darte la bienvenida hoy haré dos tortillas. Una para nosotros y otra para vosotros. Luego os la llevaré ¿te parece bien?
Miró al cielo y levantó las manos.
—Gracias Dios mío por mandar a esta mujer que me salvará al menos hoy de morir de hambre.
—La madre que lo pario… —dijo Bosco entre dientes mientras negaba con la cabeza.
—Amaia, no hace falta de verdad, pediremos comida o ya nos las apañaremos —añadió Eneko avergonzado.
—Calla papá, se ha ofrecido ella, si le hace ilusión hacerme una tortilla no se lo impidas.
—Dios mío… —dijo Eneko llevándose las manos a la cara.
—Luego os la llevaré —añadí zanjando el asunto.
—Estupendo. Ahora ya podemos irnos. Mientras me ducho me vais contando que tal el negocio que habéis cerrado.
Aitor les dijo eso mientras caminaba hacia la vaya y los otros dos le seguían negando con la cabeza. Mikel y yo aun riendo nos quedamos mirándolos hasta que desaparecieron por la vaya.
—Es fabuloso.
—Sí que lo es. Me tiene enamorada.
—Y no solo él ¿no ?
Le miré frunciendo el ceño porque no tenía ni idea a que venía esa pregunta y no solo la pregunté sino el tonito en la que lo dijo.
—¿De qué hablas?
—Vamos Amaia que he visto como miras a Eneko, sigues enamorada de él.
Este hombre era gilipollas, de verdad que sí. O estaba ciego que también podría ser.
—Eso no es verdad.
—Sí que lo es. Y te voy a decir más. No sé por qué escondía lo vuestro en el pasado, pero él te mira igual. Sigue enamorado de ti. Puede que ahora sí que sea el momento para que arregléis las cosas.
Negué con la cabeza antes de darme la vuelta para entrar en casa para ir a darme una ducha.
Ni se podía imaginar el daño que acaba de hacerme con sus palabras. Porque bien claro me estaba diciendo con ellas, que le importaba una mierda lo que teníamos y que le daba igual que me fuera con Eneko o con perico de los palotes.
—Amaia espera, ¿no piensas decir nada?
Le miré por encima del hombro.
—No tengo nada que decir, tú ya pareceres tenerlo todo muy claro.
Segui caminando deprisa pero solo llegué a la cocina. Me agarró del brazo y me giró para que lo mirara.
Había enfado en sus ojos, y algo así como celos.
Pero eso no era posible así que pensé que estaba equivocada.
Seguramente lo que le pasaba era que si pensaba que yo podría tener algo con Eneko cosa que no iba a pasar de ninguna de las maneras, se le acabaría el chollo de tenerme para follar cuando quisiera.
—¿Qué quieres Mikel? —pregunté con cansancio.
No me contestó, se lanzó a besarme. Ni cinco minutos después estaba sentada en la mesa de la cocina totalmente desnuda mientras Mikel me follaba con fuerza.
Por la manera en la que me miraba y por la manera brusca que me lo estaba haciendo era como si quisiera castigarme por algo. Dos embestidas más y los dos jadeantes llegamos al clímax juntos.
—Con él nunca vas a disfrutar como lo haces conmigo.
Solté una risa amarga. ¿Cómo podía ser posible que me hablara de Eneko estando todavía dentro de mí?
—Sí, en eso tienes razón. En eso sí sois diferentes.
—En eso y en todo. Yo no me parezco a él en nada —contestó enfadado.
Mira en eso sí que estaba equivocado. Porque se parecían mucho más de lo que me gustaría.
—Ojalá eso fuera cierto —murmuré para mí.
—¿Qué quieres decir?
Negué con la cabeza para intentar que las lágrimas que se me estaban formando en los ojos no salieran. Abrí la boca para decirle que por favor me dejara sola, pero ni siquiera hizo falta, su móvil el que había dejado a un lado de la mesa sonó. Arantxa.
Ver su nombre en la pantalla fue como un golpe fuerte en el pecho. Mikel alargó la mano y lo cogió con rapidez .
—Tengo que contestar.
Mis ojos se aguaron todavía más. Lo vio y frunció el ceño.
—¿Qué te pasa?
—Nada que te importe. Pero si vas a hablar con ella mejor que lo hagas cuando no estes dentro de mí ¿no crees?
Vi cómo se le iba todo el color de la cara al darse cuenta de la situación.
—Amaia yo… —dijo mientras salía de mí.
Me bajé de la mesa de un salto y recogí el bikini y la toalla que habían quedado tirados en el suelo con rapidez.
—Deberías volver con ella ya y dejar de perder el tiempo conmigo.
—Amaia…
No me giré, no quería que me viera llorar que era lo que estaba haciendo en esos momentos.
—Estaría bien que al menos uno de los dos acabara con la persona que ama. Y te aseguro que esa no seré yo. Así que hazlo. Y quédate tranquilo ella nunca sabrá que nos hemos acostado, será un secreto siempre.