Yo solo te veo a ti Capítulo 22
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Capítulo 22

Aitor se acercó hasta le mesa con pasos tímidos, pero sin agachar la cabeza, y eso me gustó.

Me gustó, porque en nuestra conversación de por la mañana se lo había dicho un par de veces mientras hablábamos y al parecer me estaba haciendo caso en alguno de los consejos que le había dado.

—Hola, señores, yo soy Aitor y estoy encantado de conocerlos —dijo con su vocecita.

—¿Señores? ¿Nos ha llamado señores? —me preguntó Nerea alucinada.

Asentí aguantando la risa.

—Aitor es muy educado —contesté.

Nerea, que seguía de pie, se acercó a él antes de mirarme y ver en mis ojos el ruego de que por favor le tratara bien, que lo necesitaba.

Se agachó a su altura y extendió su mano hacía Aitor.

—Yo soy Nerea y me gustaría llevarme bien contigo, pero para que eso pase, por favor no vuelvas a llamarme señora.

Aitor soltó una risita y la estrecho la mano con decisión.

—Trato hecho Nerea. Eres guapísima, tendrás a muchos moscones detrás de tuyo, ¿no? Qué pena que me saques unos cuantos años, si no te pediría una cita.

Mikel se atragantó con el sorbo de café que acababa de dar antes de echarse a reír. Yo me llevé la mano a la boca para ocultar mis carcajadas y Nerea estaba muda de la impresión por lo que le acaba de decir Aitor.

—Pero bueno… Eres un casanova ¿o qué?

Cuando Nerea recuperó el habla y le dijo eso Aitor se encogió de hombros.

—No, ni mucho menos. Solo soy sincero y digo la realidad de cómo son las cosas. Y que eres guapísima es un hecho que hasta un ciego podría ver.

Su contestación dejó a Nerea muda por segunda vez y alucinada asintió con la cabeza y vino a sentarme a mi lado mientras las dos veíamos cómo Aitor se acercaba con pasos ya menos tímidos hacia Mikel.

—¿Qué cojones ha sido eso? ¿Este niño cuántos años tiene?

—Tiene cuatro y es especial… —contesté susurrando de la misma manera que había hecho ella.

—¿Así que tú eres Mikel el médico?

—Ese soy yo —le contestó alzando la mano para que le chocara los cinco.

—Pues yo cuando sea mayor seré médico también. Si nos vemos más días y tenemos tiempo, me gustaría preguntarte con calma algunas cosas que me interesaría saber del tema.

—Ay mi madre…—volvió a susurrar Nerea mirándole alucinada.

—Claro campeón. Intentaré resolver todas las dudas que tengas y contestar lo mejor que pueda a todas tus preguntas.

Aitor asintió dándole las gracias mientras le sonreía por haberle dicho que sí de una manera que era imposible que no te encogiera el corazón al verle tan contento.

Le pregunté a que se debía su visita y nos explicó que mientras comía el solo, eso me cabreó un poco, había estado dibujando algo que le gustaría enseñarme por si quería utilizarlo en alguno de mis libros.

Cuando abrió el block de dibujo que traía y nos enseñó el dibujo que traía nos quedamos los tres con la boca abierta.

Joder con el niño, pues no dibujaba mejor que yo y que cualquiera que conocía. El dibujo era realmente bueno, y como le dije a él que hasta casi lloró de la emoción por supuesto que sí que lo incluiría en el siguiente libro que escribiera.

—Me tengo que ir, vamos a hacer la compra. De casa trajimos ayer lo justo y el frigorífico y los armarios están que dan pena. Hasta eco hacen si les hablas de lo vacíos que están.

Los tres nos echamos a reír.

—Pues pásalo bien. Y vuelve a visitarnos cuando quieras —Le dijo Nerea.

—Pasarlo bien haciendo la compra con dos hombres que ni saben distinguir el aceite de girasol del de oliva. Sí, desde luego que va a ser toda una experiencia.

Joder no pudimos contenernos y nos echamos a reír a carcajadas.

—En fin, si sobrevivo, volveré a venir a veros. Ha sido un placer pasar un rato con vosotros. Gracias —dijo antes de decirnos adiós con la mano y cruzar la vaya .

Los siguiente cinco minutos ninguno de los tres dijimos nada, nos quedamos mirando la vaya por la que Aitor se había marchado sumidos cada uno en nuestros pensamientos.

Como no podía ser de otra manera fue Nerea la que rompió el silencio.

—Todavía estoy alucinando. Vaya manera de hablar que tiene y joder cómo se explica. Parece un adulto en el cuerpo de un niño.

—Es especial —dijo Mikel.

—Eso he pensado yo también.

—¿Especial? —preguntó Nerea mirándonos a los dos.

—Tiene altas capacidades. Su manera de hablar, cómo razona, el que sepa leer a su edad, y cómo dibuja son claros signos de ello.

Asentí a la explicación de Mikel porque yo pensaba lo mismo.

—Entonces has pasado la mañana con él. Ese es el motivo por el que no has venido a la cafetería ¿no?

—Sí.

—¿Y cómo se han dado las cosas? ¿Quién está con él? Porque ha dicho que va con dos hombres a comprar, pero no ha mencionado a nadie más.

Cogí aire antes de contestar. Les conté todo lo que había pasado por la mañana desde que salí al jardín a buscar a los perros, extrañada porque los había llamado y no habían venido. Todo lo que hablamos después, la ilusión que le hizo cuando le dije que podía coger los libros que quisiera .

—Está aquí con su padre y con su tío.

—¿Bosco y Eneko?

—Sí —dije con pesar cerrando un segundo los ojos.

—¿Y su madre? —me preguntó Mikel.

Volví a coger aire para contarles lo que Aitor me había dicho de Andrea, que no era mucho. Que no había venido porque su padre y ella según había oído decir a su tío necesitaban distancia para no acabar matándose de tanto discutir.

También les conté lo de que no le dejaba leer y que le reñía para que no se mostrara como era.

—Hija de puta… se avergüenza de que su hijo sea diferente y quiere esconderlo.

—Eso me ha parecido —le contesté a Nerea con pesar.

—Los niños con altas capacidades son muy sensibles y hacer eso puede ser muy perjudicial para ellos. Puede crearles muchas inseguridades y a la larga ser muy perjudicial. No se les puede coartar esa necesidad que tienen por saber y desarrollar su intelecto y sus habilidades.

Mikel dijo todo eso bajo un punto que clarísimamente era médico, pero al decirlo también se le vio que estaba cabreado al ver lo que Andrea estaba intentando hacer con su hijo.

Lo mismo que me hizo a mí. Discriminarle por ser diferente. Nerea me miró y vio la determinación en mis ojos.

—No vas a dejarlo pasar ¿verdad?

—No puedo hacerlo Nerea .

—Lo entiendo. Yo en tu lugar haría lo mismo. Joder es solo un niño, que lo único que necesita es atención, cariño y comprensión. Su madre es una mala pécora. Me atrevería a decir y eso puedes hacerlo tú mejor que la conoces que la jode que el niño destaque y la haga sombra cuando hay gente.

Pues has dado en el clavo amiga mía. Porque eso era precisamente lo que pasaba.

Andrea siempre fue así, eso lo había dicho mi amona cientos de veces, ella tenía que ser siempre el centro de atención y cualquier cosa fuera de lo común que hiciera que la gente que la rodeaba centrara su atención en ello y no a ella tenía la necesidad de apartarlo para que no la molestara.

Eso fue lo que hizo conmigo para que cuando estuviera a su lado nadie centrara su mirada en mi por mis manchas más que en ella o que me preguntaran y la hicieran menos caso.

Y ahora al parecer la historia se repetía con su propio hijo.

Es que era imposible no prestar atención a Aitor estuviera quien estuviera a su lado, así fuera el mismo rey de España, ya que era tan especial y te despertaba tantos sentimientos, que no podía ser de otra forma.

—Eso mismo es lo que la pasa, ella tiene que ser la que destaque siempre.

—Lo que no se da cuenta es de que ni tú en su día hiciste nada para que la gente te mirara más que a ella ni ahora su hijo se comporta así para robarle su protagonismo .

Mikel cabreado cogió aire antes de seguir.

—Tu enfermedad no es algo que tú quisieras tener para destacar, te tocó y punto. Y su hijo no puede evitar ser como es, ha nacido así y por mucho que haga eso no se puede cambiar.

—Lo sé. Pero ella es así y desde ya te digo que no va a cambiar. Puede que vaya peor, pero a mejor nunca.

—¿Vas a hablar con ellos para que vean el daño que le está haciendo al niño tratándole así?

Asentí. Estaba cagada de miedo, porque no tenía ni idea de cómo podrían reaccionar Bosco y Eneko cuando les dijera lo que pensaba, pero también estaba decidida a hacerlo. No podía ni quería dejarlo pasar.

—Cuenta conmigo para lo que sea. Si hace falta que yo también les diré mi opinión. Lo mismo oyéndolo de la boca de un médico se lo toman más en serio.

Sonreía a Mikel muy agradecida. Sabía que los niños eran su debilidad por como hablaba de a los que había tratado los años que había estado en el hospital y como nos contaba todos los días con un brillo especial en los ojos cuando alguno se pasaba por la consulta.

Oyéndole hablar de ellos entendí mejor porque quería ser padre, le encantaban los niños, pero él quería tener los suyos propios.

—Conmigo también puedes contar, eso lo sabes de sobra. Yo no hablo igual de bien que mi hermano y no sabría explicarme, pero si hay que repartir hostias para eso estoy la primera.

Ante las palabras de Nerea los tres nos echamos a reír .

—Bueno yo me voy a la cafetería que ya va siendo hora, si pasa algo más esta tarde llamarme, grabármelo o hacerme señales de humo, pero no me tengáis en la ignorancia hasta la noche.

Mikel y yo negamos con la cabeza riéndonos.  Nerea se marchó a trabajar. Mikel se fue a su habitación a hacer una llamada, seguramente a Arantxa pensé con amargura y yo recogí las tazas del café y me fui también a mi habitación a escribir un rato.

Tres cuartos de hora después Mikel entró sin llamar siquiera como hacía siempre que estábamos solos y se acercó hasta la cama en la que me había sentado a revisar unas notas que había escrito el día anterior.

Me quitó la libreta de la mano cuando se tumbó a mi lado. Me miró con intensidad y enseguida supe lo que quería o más bien lo que necesitaba. No era la primera vez que venía en ese estado de frustración a buscarme después de tener una conversación con su ex.

Descargar, olvidar, desconectar y echar un buen polvo eso era lo que había venido a buscar y yo como una idiota enamorada le deje hacer.