Capítulo 21
Estaba poniendo los cubiertos en la mesa cuando la puerta de casa se abrió y sonreí al oír a Mikel y Nerea entrar riendo, pero en ese momento recordé lo que tenía que contarles y se me borró la sonrisa de golpe.
Estaba segura de que Nerea iba a poner el grito en cielo cuando supiera que la casa de al lado ya no estaba vacía.
Y no porque hubiera gente porque eso era lo demos, lo que importaba era quienes eran los que estaban.
Dos de las personas que más daño me habían hecho.
—Hola, chica misteriosa —dijo Nerea acercándose a darme un beso.
—¿Chica misteriosa? —preguntó Mikel.
—Sí. Hoy no ha venido a la cafetería poque tenía que hacer algo según ella y no ha soltado prenda de lo que era.
Pues para que no cerraras la cafetería compraras una escopeta y vinieras a pegar tiros a los vecinos pensé mientras colocaba el último vaso que tenía en la mano.
Mikel que ya me conocía bastante vio que estaba sería. Me miró con una ceja alzada y me interrogó con la mirada para que le dijera porque estaba así. Negué con la cabeza para decirle que en ese momento no.
Se lavaron los dos las manos en el fregadero y nos sentamos cada uno en nuestro sitio, que siempre era el mismo para empezar a comer .
Ese día apretaba el calor y no era plan de comer nada caliente, además que había tenido poco tiempo para hacer la comida. Así que tiré de algo fácil y rápido.
Habia hecho una ensalada de pasta y unos huevos rellenos. Nos servimos en los platos.
Carraspeé antes de empezar una conversación que desviara la atención de mi persona y dije lo primero que se me ocurrió.
—¿Qué tal en la consulta? ¿Has tenido muchos pacientes quejicosos?
—Déjate de historias y cuéntanos qué es lo que te ha impedido ir a la cafetería. Que ya tiene que ser importante para que tú faltes a tu cita diaria allí. Ni estando con fiebre has faltado. Así habla ya que estoy de los putos nervios.
—Nerea, después de comer.
—¿Por qué?
—Porque sí.
Porque sí te lo cuento ahora o se te atraganta la comida o no comemos le dije mentalmente.
—Eso no es una respuesta.
—Pues es la que tengo.
—Joder, ya te vale, cuando te pones así te cogería y te daría unos azotes.
Cuando dijo eso vi cómo Mikel sonreía de medio lado y con la mirada me dijo, esos te los voy a dar yo después mientras te pongo a cuatro.
Era una de las posturas con las que más disfrutábamos los dos y lo de los azotes no es que fuera algo que me hiciera siempre, pero sí que lo había hecho algunas veces y la verdad es que me ponía como una moto cuando lo hacía.
—Pues guárdate la manita para servir cafés y deja mi culo tranquilo.
Miré otra vez a Mikel y se relamió los labios mientras otra vez con la mirada me decía de ese me ocuparé yo más tarde.
Porque sí, por esa puerta también había entrado en esos tres meses que llevábamos acostándonos varias veces.
La primera vez tuve bastante miedo, eso tengo que reconocerlo, porque pensé que me dolería mucho, pero Mikel me preparó también que dolor no sentí en ningún momento. Placer sí, mucho.
La primera vez que lo hicimos me confesó que para él también había sido la primera vez que hacía algo así.
Al ver mi cara de sorpresa por sus palabras me dijo sin entrar en muchos detalles, que con su novia el sexo que habían tenido era convencional.
Vamos que era soso, de esos de sota, caballo y rey y si me apuras con la sabanita con agujero que se usaba en los tiempos antiguos en los que la mujer se tapaba hasta el cuello cuando se acostaba con su marido.
Esa fue a la conclusión que yo llegué claro, no lo que él dijo.
Como también me confesó que a él le gustaba el sexo un poco más salvaje y en el que se innovaba o probaba cosas nuevas.
No, si eso no hacía falta que me lo dijera, porque yo misma lo había podido comprobar ya que no nos habíamos privado de privar varias cosas que los dos no habíamos hecho nunca.
Como por ejemplo practicar el típico sesenta y nueve, la doble penetración usando uno de los consoladores que yo tenía mientras él entraba por detrás u otras cosas con las que los dos disfrutamos muchísimo.
Al parecer y yo no lo había sabido hasta que no empecé a acostarme con él también me gustaba el sexo menos convencional por decirlo de alguna manera.
Así que no me extrañaba que Mikel estuviera encantado de pasar esos ratos nuestros que teníamos practicando sexo porque por fin estaba disfrutando del sexo que le gustaba y del que se había privado todos los años que estuvo con su ex.
Ex que seguía llamándole cada dos por tres rogándole que volviera con él. Cosa que yo no sabía por su boca sino porque Nerea me lo había dicho o porque en un par de ocasiones había oído por casualidad como hablaba con ella por teléfono.
Estaba segura de que en cualquier momento acabaría cediendo y volvería con ella y ahí sería cuando me tocaría llorar en silencio porque había sido inevitable para mi enamorarme de él.
Pero tenía asumido y más después de tres meses en los que quería seguir teniendo lo nuestro en secreto que yo para él nunca sería nada más que una mujer con la que se estaba desquitando y disfrutando del sexo que le gustaba hasta que volviera con la que debía estar .
Con una que no escondía como si se avergonzara de estar con ella, o como si lo que hiciera con ella fuera algo malo que hay que ocultárselo al mundo.
—Amaia, ¿estás bien?
—Sí —le contesté a Nerea forzando una sonrisa.
—Joder pues quién lo diría.
—Solo estaba pensando en algo, nada más.
—Pues últimamente piensa mucho en ese algo.
Nerea a la vez que me decía eso me miró a los ojos y frunció al ceño al ver seguramente un rastro de tristeza en ellos que algunas veces no podía evitar que saliera cuando pensaba en la mierda de situación que tenía con Mikel.
Me encogí de hombros y negué con la cabeza para decirle que lo dejara pasar. Asintió sabiendo que ya hablaría con ella cuando lo necesitara o estuviera lista.
Lo que ella no sabía es que en lo que estaba pensando no podría contárselo nunca, ni pedirle consejo, ni desahogarme con ella, porque tenía que ser un secreto para el mundo y para ella mucho más.
Seguimos comiendo y dejamos aparte lo mío. Mientras Mikel nos habló de los pacientes interesantes que había tenido eso día y Nerea de que uno de los clientes habituales de la cafetería al que todos conocíamos le había dicho que se casaba en un par de meses.
Al terminar de comer Nerea preparó tres cafés y salimos juntos al jardín donde solíamos tomárnoslo todos los días a esas horas sentados en la mesa.
—Bueno, ya hemos comido. Habla .
Resoplé.
Tenía razón en que sabiendo lo ansiosa que era ya la había hecho esperar demasiado, así que cogí aire para decírselo.
—Tenemos vecinos.
—Amaia, siempre hemos tenido vecinos. ¿De qué hablas?
—En esa casa no —dije apuntando con la mano la casa de los padres de Bosco.
—¿Han alquilado la casa? —preguntó Mikel.
—No exactamente.
—No exactamente. Amaia, hija, explícate mejor porque te juro que no te entiendo. Dices que hay vecinos, pero que no la han alquilado exactamente. ¿Entonces qué?
Miré a Nerea a los ojos y solo con verlos entendió lo que pasaba.
—No.
—Sí.
—Que no, joder. Eso no puede ser.
—Pues lo es.
—¿De qué habláis? No me estoy enterando —se quejó Mikel.
—De que la casa tiene vecinos, pero no son inquilinos, sino propietarios.
Mikel pensó unos segundos hasta que entendió.
—¿Los amigos de tus padres han venido a la casa?
—No, ellos no.
—¿Entonces… ?
Nerea se levantó de la silla y empezó a dar dos vueltas por el jardín farfullando.
—¿A qué cojones vienen aquí después de tantos años? No se podían haber quedado en su casita, no, tenían que venir a joder la marrana.
—Nerea…
—Es que manda narices con esta gentuza.
—Nerea…
—¡¿Qué?!
—Que me escuches. Que ni me has dejado decirte quiénes están y el porqué.
—Me importa una puta mierda quién esté y sus motivos. Los quiero lejos de ti. A ser posible en otro país, continente o en el puto espacio, pero aquí no.
Pues eso no va a ser posible, no ahora que Aitor se había colado en nuestro jardín y que estaba segura de que volvería en breve y que tarde o temprano su padre y su tío lo harían también, quise decirle.
—Nerea, cálmate. Siéntate y déjala hablar.
—Que no coño, que no quiero oír nada de lo que sea que hace aquí esa gente, que se marchen con viento fresco por donde han venido.
Flos y Luky que estaban sentados a nuestros pies se levantaron de repente sintiendo que algo pasaba y se acercaron a toda prisa a la vaya de separación. Sonreí al saber porque lo habían hecho.
Unos pelos de punta asomaban por encima de la vaya.
—Nerea, calla un momento y espera a ver lo que va a pasar. Luego seguimos con esto, por favor .
—¿Qué?
No le contesté porque la vaya de abrió y por ella entró Aitor que venía muy sonriente con un block de dibujo en las manos, pero al levantar la cabeza y ver que no estaba sola, se quedó cortado.
—Aitor pasa. Ya te he hablado de Nerea y de Mikel. Ven a conocerlos.
—Hostia puta…—susurró Nerea.
—Luego os cuento todo lo que ha pasado. Pero es un niño y él no tiene la culpa de nada. Además, es un tanto especial, ya lo veréis —les dije y los dos asintieron mientras sonreían viendo cómo Aitor se acercaba.