Yo solo te veo a ti Capítulo 18
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Capítulo 18

La temperatura de la habitación pareció subir en solo unos segundos nada más que la puerta se cerró y nos quedamos allí los dos solos.

Avanzó todavía conmigo en brazos. Apoyó uno rodilla en la cama y se inclinó para tumbarme.

—Desnúdate, quiero verte.

Se me puso un nudo en la garganta y en ese momento cuando me pidió eso me sentí más vulnerable de lo que me había sentido en toda mi vida.

Nunca nadie desde que el vitíligo llegó a su punto álgido me había visto completamente desnuda.

Bueno, siendo sincera, ni antes tampoco, ya que durante el tiempo que me estuve acostando con Eneko nunca acabamos desnudos ninguno de los dos por completo.

Aquello eran polvos rápidos, en los que me bajaba los pantalones, o me subía la falda si la llevaba o como mucho me quedaba en ropa interior.

Con el paso del tiempo entendí que aquello fue sexo de desahogo, de ese que solo se va directamente al tema sin recrearse ni perderse en el cuerpo del otro para disfrutarlo como debía ser.

Pero qué iba a saber yo en aquel entonces si era una cría que no tenía ni idea de nada.

—Amaia, hazlo.

—Es que…—dije retirándole la mirada .

—Eh…mírame.

Lo hice. Volví a mirarle directamente a los ojos.

—Soy de los segundos. Yo solo te veo a ti.

Los ojos se me aguaron un poco, pero conseguí aguantar las lágrimas. Solté un suspiro.  Cerré los ojos y lo hice.

Me quité la camiseta de manga larga que tenía puesta. Lo siguiente fueron las deportivas y los calcetines, y finalmente los pantalones de deporte que siempre me ponía para estar cómoda en casa.

Eché la mano a la espalda para desabrocharme el sujetador, pero no llegué a hacerlo.

—Para. De lo que queda me encargo yo.

Asentí.

—Es justo que estemos en igualdad de condiciones, ¿no crees?

Se echó a reír.

—Por supuesto que sí. Estoy desenado juntar mi piel con la tuya.

Mientras decía lo último se había ido desabotonando la camisa que dejó caer al suelo. Al igual que había hecho yo, las deportivas, los calcetines y los pantalones vaqueros que llevaba fueron los siguientes en caer.

Solo se quedó con el bóxer negro que llevaba. Se subió a la cama y apoyó una rodilla entre mis piernas.

Me miró de arriba abajo mientras se relamía los labios. En su mirada solo había deseo, nada de asco, nada de rechazo. Era verdad que me veía solo a mi porque en ningún momento se detuvo a mirar las manchas .

—Diós… eres preciosa.

—Tú no estás nada mal, doctor.

Soltó una risita, pero no dijo nada más solo se inclinó para llegar otra vez hasta mi boca para besarme.

Mientras me besaba con sus manos empezó a acariciarme todo el cuerpo. Primero mis brazos, mi abdomen y después se paró en mis pechos que los masajeo con ganas por encima del sujetador.

Dejó de besarme en la boca para hacerlo en el cuello, en la clavícula y fue bajando hasta llegar a mis pechos.

Con toda la parsimonia del mundo como si no tuviera prisa y quisiera recrearse en todo lo que hacía me lo quito y lo tiro fuera de la cama.

—Joder, son perfectas para mis manos y para mi boca.

Al oírle decir aquello, mis mejillas se tiñeron de rojo y el muy capullo se echó a reír al ver la vergüenza que me daba que me dijera esas cosas.

Bajó la boca y me sopló en uno de mis pezones para que se pusiera duro del todo, para continuación succionarlo y tirar de él mordiéndolo con los dientes.

En la habitación solo se oían mis jadeos.

Esos jadeos se hicieron más altos y fuertes cuando mientras seguía jugando con mis pechos bajó la mano hasta mis muslos y después de darme dos caricias sin que lo viera venir agarró el tanga que llevaba puesto y me lo arranco de un tirón dejándolo totalmente inservible.

Acarició todo mi centro con dos dedos varias veces hasta que se paró en mi clítoris al que acaricio con más fuerza con los nudillos .

Solo con ese roce y con la atención que no dejó de darme a los pezones, consiguió arrancarme el primer orgasmo. Ni tiempo me dio a recuperarme cuando ni recuerdo como bajo la cabeza y la metió entre mis piernas.

Paso la lengua varias veces recogiendo la esencia del orgasmo que acababa de tener.

—Deliciosa. Quiero más.

Metió las manos por debajo de mi trasero para que no me moviera y se lanzó a mi sexo. No me lamió, no me beso, directamente me devoró, con un ansia impresionante. No me dio ni un segundo de descanso. Siguió y siguió hasta que consiguió que me corriera por segunda vez.

Me quedé tan laxa en la cama que ni cuenta me di del momento en el que se había quedado completamente desnudo.

Se tumbó encima de mi para volver a besarme mientras rozaba su miembro contra mi zona, dándome un placer que jamás en la vida había sentido.

De repente paró. Fruncí el ceño y él me miró como si estuviera enfadado, pero no conmigo sino consigo mismo.

—¿Tienes preservativos?

No me jodas, pensé. Ahora que estamos a punto de llegar, de unirnos, me preguntaba eso.

—Pues no.

—Qué puta mierda, coño. Yo tampoco. No tenía pensado que pasara esto —dijo resoplando .

Me quedé pensando y aunque nunca había hecho eso, el deseo y las ganas que tenía de seguir, hicieron que mi boca hablara.

—Tomo anticonceptivos, si quieres…

—Nunca lo he hecho sin protección.

Eso me extrañó muchísimo porque era un poco raro que nunca lo hubiera hecho sin nada habiendo estado muchos años con la misma mujer. Pero bueno, sus razones tendrían. Que a mí ni me iban ni me venían.

—Yo tampoco. Pero si estás de acuerdo y confías en mí, yo también confío en ti.

—Yo estoy limpio; me hice análisis antes de venir.

—Pues yo estoy relimpia porque no tengo sexo desde antes de conocerte —dije avergonzada.

—¿No? —me preguntó sorprendido.

—No. Solo conmigo misma, acompañada por alguno de los juguetes que tengo.

Su mirada al oír lo de los juguetes se oscureció todavía más de lo que ya estaba. Esos ojos azules oscuros que tenía se volvieron prácticamente como las nubes que habían aparecido en el cielo un rato antes.

—Eso nos acompañarán en otro momento. Ellos por aquí —dijo tocando mi sexo— y yo por aquí —añadió pasando dos dedos por mi puerta trasera.

Jadeé y me excité más si era posible solo con pensar en ello.

Agarró su miembro con la mano y después de masajeárselo un poco mientras yo le miraba y dios…verle hacer eso me hizo ponerme como una moto, lo paso rozando toda mi apertura una y otra vez .

—¿Entonces estás segura?

—Sí, joder, hazlo ya, necesito que estés dentro —contesté jadeando.

Su contestación fue agarrarme por debajo de las rodillas acercarse a mí y entrar dentro de una sola estocada que nos hizo jadear muy alto a los dos.

Sus embestidas no fueron suaves, unas fueron lentas y certeras y otras rápidas y con fuerza.

—Joder, esto sin barreras se siente perfecto, noto cómo me engulles y me aprietas, qué puta maravilla.

—Si que lo es, sigue… sigue…

Siguió dándome así hasta que alcancé mi tercer orgasmo.

Otra vez y sin dejar que me recuperara, me giró con rapidez en la cama y me colocó a cuatro patas. Me agarró de las caderas y volvió a entrar dentro de mí con fuerza.

—Joder qué ganas tenía de follarte así, ni te puedes imaginar las veces que he tenido estos días esta escena en mi cabeza.

Madre mía con el doctor, con lo modosito que parecía el día que le conocí. Cómo engañan las apariencias. Porque vaya aguante que tenía el tío y vaya mañas más buenas que se daba en la cama.

—Amaia, voy a correrme, voy a darte más fuerte para que llegues conmigo, ¿aguantarás?

—Claro que sí, me está encantando que sea así. Dale más, sin miedo.

—Joder, eres perfecta para mi —dijo antes de acelerar el ritmo .

Un par de minutos después nos corrimos juntos mientras la habitación se llenaba de nuestros jadeos entremezclados con nuestros nombres.

Caímos tumbados en la cama sudorosos y con la respiración acelerada.

—¿Estás bien? ¿Ha sido demasiado?

—Estoy perfectamente. Ha sido perfecto.

Vi cómo soltaba un poco el aire que estaba conteniendo hasta que no le contesté y sonreí. Se pensaría que era de cristal o algo y por eso no iba a poder seguir ese ritmo. Que sí que había sido fuerte, pero no en exceso.

Que fuera en la práctica casi una monja, como decía Nerea, no significaba que fuera tonta. Que cuando jugaba con los juguetitos que ella me había regalado y que yo había ampliado con otros, solía ver porno por internet y había visto muchas cosas.

—Necesito una ducha.

—Yo también, voy a coger mi ropa —dije mientras me levantaba.

—Deja la ropa. Hoy todavía no he terminado contigo, vamos a la ducha —dijo tirando de mi mano dejándome de lo más sorprendida porque quisiera repetir.

Si en la cama lo habíamos hecho de forma salvaje en la ducha tampoco nos quedamos atrás.

Nada más entrar de su mano me metió debajo del agua fría y sus manos recorrieron todo mi cuerpo. No se dejó ni una sola parte de mi piel sin tocar .

Yo quise ir un paso más allá y decidí dejar la vergüenza aparte. Mikel, por la manera en que me trataba, me hacía dejar salir esa parte salvaje que tenía dentro de mí.

Le sorprendí cuando me arrodillé a sus pies, lo vi en sus ojos. Nunca había hecho una cosa así, con Eneko solo fue sexo vaginal y ya. Nunca llegamos más allá, pero con Mikel me apeteció probar de todo.

Así que, arriesgándome a que no le gustara o a no hacerlo bien, quise probar.

Pero sí que le gustó cuando me degusté su miembro con las mismas ansias con las que él me lo había hecho a mí minutos antes en la cama. Sus jadeos y la manera en la que sus caderas seguían mis movimientos me lo dijeron.

Lo que no quiso o al menos no esa primera vez como así me lo hizo saber fue terminar en mi boca.

Antes de correrse me levantó del suelo y me volvió a coger en brazos para apoyarme contra los azulejos y follarme con fuerza.

Salimos de la ducha más que satisfechos. Cogió una toalla y me envolvió en ella de manera delicada. Ese gesto me sorprendió porque no me lo esperaba, pero no dije nada.

Salimos a la habitación y cogí toda mi ropa que estaba esparcida por el suelo mientras el hacía lo mismo.

—Voy a vestirme a mi habitación. Es tarde y tengo que hacer la cena. Tu hermana no tardará en llegar.

Cuando nombré a Nerea, la sonrisa que tenía en la cara se le borró al instante .

—Amaia, esto —dijo señalándonos a los dos— es mejor que se quede entre nosotros. Mi hermana no tiene por qué saberlo.

Esas palabras hicieron que el mundo se me cayera a los pies. No es que esperara que nada más que llegara Nerea se lo contáramos, pero tampoco me esperaba que me pidiera que lo mantuviéramos en secreto.

—Claro. Como quieras —dije antes de darme la vuelta y marcharme.

Marcharme a llorar a mi habitación por lo mal que me sentía al saber que otra vez iba a ser el sucio secreto del segundo hombre con él que estaba. Con el segundo que me gustaba. Joder pues no parecía que lo que pasó con Eneko se repetía.

Otra vez si es que lo que acaba de pasar se repetía y por lo que parecía y por cómo me había mirado Mikel tenía pinta de que así iba a ser, iba a tener que esconder lo que hacía, como si fuera algo malo o vergonzoso.