Capítulo 16
Dos horas después y tras pensarlo durante unos minutos reuní el valor necesario para llamar a la puerta de la habitación en la que Mikel se quedaría en casa.
Y donde llevaba metido desde que su hermana se la enseñó antes de irse colocando sus cosas.
Mikel tardó un par de minutos en abrir la puerta. Se había cambiado de ropa y al parecer también se había dado una ducha porque su pelo se notaba húmedo.
—¿Amaia?
—Perdona que te moleste. Solo quería decirte que me voy.
—¿Te vas a trabajar? Ni siquiera sé en qué trabajas. Mi hermana no me ha contado mucho de ti.
—Voy a la cafetería; allí hay días que trabajo, otros lo hago en casa.
—¿Trabajas en la cafetería de mi hermana con ella?
—No. Allí me siento con el portátil y la hago compañía. Bueno, y ella a mí, mientras trabajo.
—¿Eres informática?
Negué con la cabeza.
—¿Entonces qué haces?
Me eché a reír.
—Si te lo cuento, tendrás que guardarme el secreto. Solo tres personas lo saben.
—Cada vez estoy más intrigado. No serás una espía del gobierno ¿no ?
Solté una carcajada bien alta.
—No. Mi trabajo no tiene riesgo ninguno y desde luego no soy tan interesante para hacer algo así.
—Bueno eso lo dices tú, los demás lo mismo no piensan lo mismo.
Mierda eso lo dijo de una manera que algo extraño me recorrió todo el cuerpo, pero lo ignoré por mi paz mental.
—Ven, te lo mostraré antes de irme si de verdad quieres saberlo.
—Claro que quiero. Y si no te importa también me gustaría ir contigo a la cafetería de mi hermana. Es vergonzoso que todavía ni la haya visto con los años que lleva abierta —dijo con pesar.
—Ella no está enfadada por eso. Lo ha entendido siempre.
Empecé a caminar por el pasillo y Mikel vino detrás de mí. Llegamos hasta mi habitación que estaba la siguiente puerta a la suya y la abrí cediéndole el paso.
—¿Lo entendía?
—Sí. Sabía que estabas muy liado con el trabajo y que el poco tiempo libre que te quedaba era lógico que lo quisieras pasar con tu chica.
—Ya no es mi chica —dijo muy serio y enfadado
Al ver como su cara mutaba al nombrar a su novia bajé la mirada y sin decir nada más me acerqué a la estantería que estaba en la pared del fondo donde tenía un ejemplar de todos mis libros.
—Amaia siento el tono con el que te he contestado. Es que es un tema que me tiene quemado .
—Tranquilo no pasa nada. Todos tenemos temas de los que no nos gusta hablar —contesté forzando una sonrisa.
—Lo que paso aquel día…
—Eso es. Lo que paso aquel día me cambió la vida. Dos días después de que nos conociéramos me marché de Bilbao y me vine a vivir aquí.
—Mi hermana me dijo que su amiga se había venido a vivir aquí pero no me dijo por qué.
—Porque aquí era el único sitio en el que me podría curar, en el único que podría volver a ser un poco yo. Aunque después de lo que pasó nunca volví a ser la misma.
—Si quieres un día hacemos un quid pro quo, de malas experiencias.
Sonreí asintiendo.
—Me parece bien. Pero no será hoy.
—Bien. Ahora enséñame que haces.
Le tendí el libro que había cogido. El primero que escribí.
—¿La Ratita Azul?
Asentí.
—¿Eres correctora, ilustradora o algo así?
Solté una risita.
—Soy yo. Son míos.
Abrió los ojos como platos.
—¿De verdad?
—Sí. Ahora eres la cuarta persona que lo sabe y espero que me guardes el secreto .
—Joder claro que sí. Son muy buenos Amaia. Enhorabuena haces un trabajo fantástico.
—¿Has leído alguno? —pregunté extrañada.
Se echó a reír.
—De hecho, los he leído todos. En la planta de pediatría del hospital tienen una sala donde los niños que están ingresados van a leer a pintar e incluso a estudiar.
—Eso es estupendo para ellos, así se le hace menos duro estar allí.
—Así es. He tenido pequeños pacientes con los que me he sentado a leer libros, y los tuyos allí los tenían todos.
Leñes eso sí que no me lo esperaba.
—Pues el siguiente si lo quieres leer también ya te lo dejaré.
—¿Vas a publicar otro?
—Así es. Si todo va bien saldrá a la venta en dos semanas.
—Joder vivo con una escritora famosa —dijo riéndose.
—Anda ya, que no es para tanto.
—Si que lo es. Me voy a comprar tú libro cuando salga y quiero que me lo firmes. Y si no quieres poner Amaia ni Ratita Azul, también me vale algo que solo entendamos nosotros.
Fruncí el ceño.
—¿Como qué?
—No lo sé. Eso tendrás que pensarlo tú que eres la que escribe. A mí me sacas de enfermedades, diagnósticos y tratamientos y estoy perdido .
Nos miramos y nos echamos a reír.
—Está bien pensaré que ponerte.
Dio dos pasos hacía mi para devolverme el libro, pero se quedó cerca, muy cerca.
—No volviste. ¿Pero en lo otro me hiciste caso? O no recuerdas lo que te dije.
Como para no recordarlo pensé. Esas palabras que me dijo eran como una letanía que se repetían en mi cabeza cuando en algún momento durante los últimos años alguien me había mirado mal o de forma descarada las manchas.
—Hay personas que solo verán las manchas. Pero hay personas que ni siquiera las verán, porque solo te mirarán a ti. Procura quedarte con las segundas son las que realmente merecen la pena.
—¿Lo hiciste?
Asentí.
—Lo hice y sigo haciéndolo cada día. Aunque no te lo creas esas palabras me marcaron muchísimo y me ayudaron a seguir.
Me sonrió.
—El que no te vio era un completo gilipollas.
Me encogí de hombros sin saber qué contestar. Porque no solo dolió lo de Eneko que no vio más allá de mis manchas y por eso me escondía sino todo lo demás.
—Entonces eras preciosa siendo una niña y ahora lo eres mucho más y no solo por fuera.
Esas palabras me las susurró casi encima de los labios y madre mía qué calores me entraron de repente .
Nos quedamos mirándonos. Sin movernos. Solo enganchados unos segundos a la mirada del otro. Mikel se inclinó. Yo seguía petrificada, pero deseando que me besara. Pero eso no llegó a pasar su móvil sonó y rompió el momento.
Se retiró y frunció el ceño al ver lo que había estado a punto de pasar. Sacó el móvil del bolsillo de sus pantalones que seguía sonando y al ver la pantalla cerró los ojos un segundo.
—Perdona tengo que contestar.
Forcé una sonrisa porque estaba claro que no con esas palabras, pero me acababa de decir que me largara.
—Claro, te espero abajo para ir a ver a tu hermana.
Asintió y salí a toda prisa de la que era mi habitación y cerré la puerta para darle intimidad y que hablara a gusto.
Pero aun, así como me había quedado apoyada en la puerta unos segundos para recuperarme pude oír parte de su conversación.
—¿Qué quieres, Arantxa?
¿Quien sería la tal Arantxa? Me pregunté extrañada. Salí de dudas con su siguiente frase.
—No. Eso no es verdad. No te engañé con nadie; te lo he dicho cientos de veces. Son tus celos los que te hacen ver cosas donde no las hay. Lo sé. Yo también te quiero, pero yo no podía seguir así.
Madre mía… pues al parecer su relación se había roto porque era una de esas novias celosas que no te dejan ni ir a mear solo pensé antes de retirarme de la puerta .
Era una toxica como había dicho Nerea.
—Ya te lo dije, necesito tiempo.
Eso fue lo último que escuché antes de bajar a la cocina para beber agua e intentar pasar el nudo que tenía en la garganta.
Diez minutos después allí me encontró Mikel esperándole con todas mis cosas, las correas de los perros y ellos dos sentados a mi lado esperando también.
—Podemos irnos —dijo si mirarme a la cara.
Forcé una sonrisa.
—Bien, pues vámonos.
El camino hasta la cafetería fue un poco incomodo. El Mikel que había sido antes de esa llamada ya no estaba.
El sonriente, hablador y simpático había dado paso al serió, al que contestó con monosílabos y el que ni me miró una sola vez más a la cara ni me sonrió tampoco.
Estupendo, pensé cuando por fin llegamos a la cafetería, buena manera de empezar el primer día que nos veíamos después de tantos años.
Yo me senté en mi mesa y Mikel lo hizo en la barra.
—¿Estás bien? —me preguntó Nerea cuando me trajo el café.
Seguramente me había visto más pensativa de lo normal o mi sonrisa que no era la de siempre y con el radar que ella tenía para saber cuándo estaba mal o incomoda no quise que se preocupara.
—Estoy pensando en el nuevo libro, nada más.
Se quedó conforme con mi contestación.
—¿Qué tal con mi hermano ?
Pues mira, no sabría decirte si bien, mal o todo lo contario. Porque hemos hablado un buen rato, luego casi me besa, pero ha llamado la toxica y ha pasado de ser el Doctor Jekyll a Mr. Hyde en apenas unos minutos.
Todo eso quise decirle, pero evidentemente me lo callé.
—Bien, hemos hablado un rato de trabajo. Le he dicho lo de los libros.
—¿Se lo has dicho?
—Sí. Va a estar en casa y puede enterarse en cualquier momento. Por una llamada que me hagan, por que vea mis notas en cualquier sitio o porque nos oiga hablar a nosotras, así lo mejor era decírselo antes o eso he pensado.
—Tienes razón. Mikel no se lo dirá a nadie, puedes estar tranquila.
—Lo estoy.
—¿Quieres algo más que el café?
—No. Ve a hablar con él anda que apenas lo habéis hecho antes y sé que lo estas desenado.
Las dos horas siguientes fueron de la misma manera. Yo en la mesa escribiendo y Nerea y Mikel en la barra hablando en los momentos que mi amiga no atendía a nadie.
Miré el reloj y ya casi se acercaba la hora en la que solía irme todos los días, así que empecé a recoger.
—Me voy a casa ya.
—Amaia. Mikel quiere ir a un restaurante para celebrar su vuelta .
—Me parece una idea estupenda. Pasarlo muy bien. A la noche nos vemos.
—Espera, ¿no vienes con nosotros? —me preguntó Nerea extrañada.
Giré la mirada un momento y vi cómo Mikel me la retiraba. Perfecto, pues ya estaba todo dicho, pensé.
—No. Otro día. Hoy es reencuentro de hermanos. Además, quiero ir a la playa después de comer. Flos y Lucky necesitan correr y yo también.
—Vale. Entonces a la noche nos vemos. No hagas nada de cena, nosotros llevamos pizzas.
Asentí.
—Niños, hora de irse.
Lucky y Flos se acercaron obedientes y después de decirles adiós con la mano nos marchamos los tres para casa.
El resto del día se me pasó volando. Comí mientras veía una serie que tenía pendiente. Fui con los perros a caminar y correr por la playa. Escribí un rato y cuando salí de mi habitación lo hice porque Nerea vino a avisarme que era la hora de cenar.
Con ellos dos comiendo la pizza, volvió esa sensación de incomodidad así que les dije al terminar que me dolía la cabeza y que me iba a la cama. En ella que me tumbé, pero no conseguí dormirme hasta cuatro horas después.
Y todo porque estuve pensando en el día que conocí al doctor, en todo lo que pasó ese día, antes y después de conocerle .
Y también pensé en todo lo que había pasado ese día, que no fueron pocas cosas. Tanto pensar al final sí que me hizo tener dolor de cabeza así que me tocó tomarme una pastilla para poder dormir de las que hacía años que no usaba.