Yo solo te veo a ti Capítulo 14
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Capítulo 14

El camino hasta la playa lo hicimos andando. Lucky y Flos disfrutaban de esas salidas por la playa casi tanto como yo. Eso de correr por la arena y al terminar darse un chapuzón le encantaba.

Escribir era mi pasión, pero correr por la playa de Ea era mi forma de sentirme libre y en paz.

—Anda que os habéis rebozado bien. En cuanto lleguemos a casa os toca manguerazo en el jardín para quitaros toda esa arena.

Me eché a reír cuando los dos ladraron a la vez como sí me estuvieran dando la razón.

Al llegar a la calle en la que vivíamos como cada vez que pasaba por delante de esa casa que llevaba años cerrada no pude evitar quedarme unos segundos parada mirándola,

Todos los recuerdos que tenía dentro de ella eran buenos, no podía decir lo contrario de ahí que no pudiera evitar mirarla con nostalgia.

Era la casa de los abuelos de Bosco y Andrea donde tantos veranos vinieron a quedarse y donde Eneko los acompañaba. Llevaba cerrada siete años.

Siete años desde aquel último verano que pasamos en Ea todos juntos. El siguiente fue el que se fueron a Ibiza y no vinieron y tampoco habían vuelto ninguno más, ni sus padres tampoco .

Sabía por mis padres algunas cosas que les pasaron el año que me marché y algunas de los años posteriores, pero pocas la verdad.

Ni siquiera vinieron al entierro de mi abuela ya que les pilló a todos en un viaje que hicieron juntos. Y eso dolió porque mi amona había sido una parte muy importante de sus vidas.

Sabia por mis padres que Bosco a los pocos meses de empezar la universidad el primer año lo había dejado con Edurne, ella le engaño con un compañero y lo pasó muy mal.

Pese a todo estuve a punto de llamarle muchas veces, pero al final no lo hice, solo con cerrar los ojos y ver su risa aquel día en el gimnasio seguía doliendo.

Yo no pregunté nunca estos años por ellos, pero mis padres dejaban caer algún comentario de algo importante que había pasado a lo que yo ni comentaba ni preguntaba más al respecto. Y ellos con el paso del tiempo dejaron de hacerlo así que no sabía nada de sus vidas desde hacía tiempo.

De Eneko y Andrea sí sabía porque eso no pudieron callárselo al ser un bombazo que nueve meses después de marcharme de Bilbao fueron padres con tan solo diecinueve años. Andrea o estaba embarazada ya aquel día cuando pasó lo de la foto o se quedó poco después.

Lo único que sabía de esa historia es que siguieron juntos y aun lo estaban y tuvieron un niño al que llamaron Aitor.

Ya no dolía pensar en Eneko. Me costó superarle, me costó asumir lo que yo había sido para él. Pero con la ayuda de Nerea y las muchas conversaciones que tuvimos sobre el tema lo conseguí.

El enamoramiento que tuve por él se fue apagando poco a poco al saber que yo para él nunca fui nada, solo una chica que tenía a mano y con la que se acostaba a escondidas para quitarse las ganas.

Sacudí la cabeza y seguí caminado hasta mi casa que era justamente la que estaba al lado.

Lo primero que hice nada más entrar fue ir al jardín directamente para dar como había dicho un manguerazo a Flos y Lucky para quitarles toda la tierra que tenían pegada en el pelo.

Mis niños, como yo les decía, eran preciosos y totalmente imprescindibles en mi vida. Ellos juntos a Nerea fueron los que me ayudaron a aceptar la perdida de mi abuela.

Muchas veces al verme triste se tumbaban en mis piernas y simplemente se quedaban ahí dando el cariño y el consuelo que parecían percibir que necesitaba.

Eran una mezcla entre border collie por parte de madre y de pastor australiano por parte de su padre.

—Ya estáis listos, ahora quedaros aquí en lo que me ducho y me cambió de ropa para secaros y luego nos vamos a ver a Nerea.

Los dos ladraron haciéndome reír.

Subí a mi cuarto a darme una ducha rápida y a vestirme con ropa cómoda para mi siguiente parada del día, el café de media mañana en la cafetería de Nerea. Ese no le perdonaba así estuviera diluviando .

Allí había días que me llevaba el portátil y en la mesa más apartada con un café y alguno de los dulces que Nerea me ponía en la mesa me ponía a escribir.

Me encantaba estar allí con ella. Era el paraíso como le dije a mi abuela el primer día que me llevó allí.

Entre café, libros, unas vistas preciosas a la plaza del pueblo con el mar de fondo y el ir y venir de todas las personas que se pasaban por allí a tomarse algo y leer un rato, me solía venir la inspiración con mayor facilidad.

Cogí una chaqueta fina ya que todavía no hacía para ir solo con una camiseta, la mochila con el portátil, el móvil, las llaves y las correas de mis niños.

—Niños, nos vamos.

Solo con decir eso los dos entraron como locos desde el jardín y se pusieron a dar vueltas a mi alrededor sabiendo donde íbamos. Eran dos listos de cuidado.

Bien que les gustaba ir a la cafetería conmigo a diario. Pero no solo lo hacían por salir de casa sino porque Nerea les tenía muy consentidos y les había montado en la cafetería un rinconcito para ellos.

Allí les puso una cama que ni la de un rey por lo cómoda que era, juguetes con los que se pasaban las horas mordiendo y jugando, un cuenco de comida, otro de agua y lo que a ellos más les gustaba el premio nada más entrar que no era otro que una golosina para cada uno.

Les puse la correa antes de salir y nos pusimos en marcha.

Nada más abrir la puerta de la cafetería allí estaba Nerea con las golosinas de la mano esperándonos .

—¿Me tienes controlada la hora?

—Sí, para qué mentir. Además, que os veo llegar por el ventanal —me contestó riendo.

—Anda ponme un café. Voy a mandar el libro que aún no lo he hecho.

Me senté en mi mesa de siempre, esa en la que ya nadie se sentaba nunca porque sabían que era mi lugar y saqué el portátil.

Nadie a excepción de mis padres y Nerea sabían a qué me dedicaba y que era la Ratita Azul.

Los que me habían visto a diario allí durante esos años me habían visto estudiar la carrera de literatura y seguramente seguían pensando al verme con un cuaderno y el portátil que al acabar había empezado un master o que hacía algo relacionado con libros, pero no el qué.

Y prefería que así siguiera siendo.

—Amaia ¿una magdalena?

—Eso ni se pregunta.

Soltó una carcajada.

—Eres una golosa.

—La culpa es tuya, no las hagas tan buenas.

—Entonces la culpa solo es mía a medias, la otra mitad es de tu abuela que fue la que me enseñó a hacerlas.

—Y te enseño muy bien, por cierto, porque te quedan casi igual.

—¿Casi?

Me encogí de hombros riéndome.

—Cabrona …

Entre en los archivos del libro y se los mande a la editorial, también les mande el otro archivo en el que iban el diseño de la portada y los dibujos que quería que fueran en cada página.

En otros libros infantiles los autores no solían mandar esas cosas solo el escrito, pero a mí me gustaba hacerlo a mí además de que se me daba bien.

—¿Ya lo has mandado?

—Sí, ya lo mandé todo. ¿Te tomas un café conmigo? —Pregunté al ver que traía dos tazas en la mano.

—Sí, ahora esta esto tranquilo y todos están atendidos así que me tomaré un descanso.

—Perfecto. Porque quiero enseñarte como ha quedado el diseño de la portada.

Pinche en el archivo y giré el ordenador para que lo viera.

—Joder Amaia esta genial. Cada vez te quedan más bonitas las portadas. Con este lo vas a petar.

—Yo con que guste y con sacar algo de dinero para vivir me conformo.

—Pues eso ya lo tienes. Porque ganar ganas bien y gustar no gusta, sino que encanta. Así que ya lo tienes conseguido.

Asentí sonriendo. Iba a decirme algo más pero su móvil en que había dejado a un lado de la mesa sonó y lo miró frunciendo el ceño.

—Como sea Sergio lo estampo contra la pared te lo juro —dijo poniendo los ojos en blanco .

Sergio era un chico con el que había estado saliendo casi un año y hacía unos tres meses que lo habían dejado porque el muy imbécil se había liado con su secretaria.

Él vivía en Bilbao y se habían conocido en una de las muchas visitas que Nerea había ido a hacer a su hermano.

Habían conectado muy bien desde el principio y aunque las cosas no eran muy serías entre ellos ya que la distancia lo hacía más difícil lo que sí que habían acordado era exclusividad.

Nerea lo cumplió, Sergio no. Y eso había hecho que le mandara a la mierda el mismo momento en el que fue un día que él no la esperaba a darle una sorpresa a la oficina en la que trabajaba y la sorpresa se la llevó ella al pillarle con los pantalones bajados y a su secretaría arrodillada.

—No se cansa —dije resoplando.

—No, hija. No sé qué parte de vete a la mierda no entiende.

El pesado porque no se le podía calificar de otra manera llevaba escribiéndola desde que lo dejaron pidiéndola perdón y prometiéndola que no volvería a pasar otra vez lo mismo.

Pero las dos sabíamos que eso era mentira porque Nerea había estado mirando las redes de la secretaría y la muy boba tenía colgadas varias fotos con él en actitud muy cariñosa.

Vamos que era un listo que quería tenerlas a las dos. Pues con Nerea iba listo, porque tenía muy claro que ni loca volvería con él .

—Bloquéale.

—Pues mira sí, eso voy a hacer. Porque estoy harta de sus mensajitos.

Cogió el móvil. Desbloqueó la pantalla y empezó a leer. Sus ojos se abrieron como platos y su boca se abrió tanto que pude verla hasta las muelas.

—¿Qué pasa? ¿Qué te dice?

—No es él…

—¿No?

—No.

—¿Entonces quién es y qué te dice para que estés flipando de esa manera?

No me contestó. No pudo por lo en shock que estaba. Me pasó el móvil para que yo misma lo leyera.

Mikel: Nerea no puedo más. No puedo seguir aquí. Necesitaba un cambio. En quince días seré el nuevo médico de familia de Ea. Vuelvo a casa.

—La hostia…

—La rehostia es esto Amaia. Mi hermano vuelve a Ea después de casi seis años sin pisar el pueblo.

Vi cómo sus ojos se llenaban de lágrimas por la emoción.

Muchas fueron las veces durante los últimos años en los que Nerea me había dicho lo mucho que echaba de menos a su hermano. Y lo que le gustaría poder verse más a menudo.

En todo el tiempo que yo llevaba allí viviendo no había venido ni una sola vez.

Entre sus turnos en el hospital que trabajaba, la novia toxica que tenía que por lo que sabía por Nerea lo habían dejado hacía unos meses y que era ella la que siempre iba a verle no le conocía, pero al parecer eso iba a cambiar pronto.

—Me alegro mucho cariño —dije dándole un abrazo.

Justo en ese momento le entró otro mensaje y ella cogió el móvil corriendo de nuevo.

—¿Qué dice?

—Que me llama esta noche y hablamos.

Asentí contenta al ver lo emocionaba que estaba. Y así estuvo el resto de la mañana mientras atendía a unos y a otros.