Yo solo te veo a ti Capítulo 7
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Capítulo 7

Mi abuela abrió la puerta de casa incluso antes de que mi padre terminara de sacar las dos maletas que llevaba para quedarme allí todo el verano.

Nada más verla se me aguaron los ojos. Negó con la cabeza a toda prisa y me envolvió en sus brazos; allí, apoyada en ella, ya no lo pude resistir más y dejé que las lágrimas salieran de los ojos.

—Tranquila, ratita, ya está, cariño mío, ya está.

—Amona…

Mi padre se nos quedó mirando y negó con la cabeza, pero no dijo nada. Tanto él como mi madre estaban disgustados por la decisión que había tomado de irme todo el verano con mi abuela y no con mis amigos de vacaciones.

Desde que éramos niños, todos los veranos, sin excepción, los habíamos pasado en Ea, pero este sería el primero que, para todos, sería diferente.

Andrea había propuesto hacer algo diferente. Había estado buscando mucho hasta que encontró un campamento, si es que se le podía llamar así, para jóvenes en el que, aparte de hacer muchas actividades, las personas que estaban al cargo de él hablarían todo el tiempo con los chicos en inglés.

A nuestros padres les pareció una idea estupenda, ya que a todos nos vendría muy bien para mejorar el nivel .

La duración era de dos meses, julio y agosto. Hasta ahí, todo muy bien. Lo peor llegó cuando nos mostró las actividades que se hacían en dicho curso; todas ellas eran acuáticas, ya que las instalaciones estaban a pie de playa en la isla de Ibiza.

Cuando nos los contó a todos, su sonrisa al ver mi cara de desolación se hizo tan amplia que supe al instante que había buscado eso para, sabiendo cómo lo estaba pasando con mi problema en la piel, negarme a ir.

Que había sido justamente lo que había pasado.

Bosco y Eneko habían intentado convencerme para que fuera.

Pero ella, cada vez que me decían algo y estaba presente, soltaba cosas como que era mejor para mi salud que no estuviera.

Que si iba, procurara no estar mucho con ellos para no avergonzarles.

Así, más o menos, todo el tiempo soltaba pullas parecidas.

Así que, para pasarlo mal, primero por tener que dar explicaciones a los otros jóvenes que asistían, por estar todo el tiempo viendo miradas de asco o de pena y por tener que aguantar sus comentarios constantes, decidí no ir.

Mis padres no sabían el verdadero motivo por el que no había querido ir y era mejor que así siguiera siendo. Preferí callar y no crear malestar entre ellos y los padres de los mellizos si se enteraban de cómo me estaba tratando su hija.

A Bosco le dio mucha pena cuando le dije que no iba e incluso me llegó a decir que se quedaba conmigo, pero le dije que ni hablar, que él tenía que ir a disfrutar .

Además de que yo sabía que a ese campamento también iba una chica de nuestra clase con la que llevaba viéndose el último mes y parecía que la cosa iba muy bien entre ellos, y no quería que por mi culpa eso se rompiera.

Y Eneko… Pues él también, cuando habíamos estado a solas, me había pedido, por favor, que fuera.

Pero eso era justo cuando estábamos sin compañía.

Claro, eso era justo cuando estábamos sin compañía, claro, porque cuando estaba su amiguita Andrea delante, había momentos, no muchos, la verdad, en los que se unía a sus comentarios dañinos para dejar claro de qué parte estaba.

Y eso me hacía daño, mucho daño. De ahí mi decisión de irme sola con mi abuela, sabiendo que esos más de dos meses sin ellos, porque no pensaba volver hasta que no empezaran las clases, me vendrían muy bien.

Y no solo por estar con mi abuela y en un sitio que me daba tanta paz, sino también porque descansaría de ellos.

Mi padre subió las maletas a la que siempre había sido mi habitación y volvió a bajar para reunirse con nosotras en la cocina, donde mi abuela ya había preparado un café para él y dos vasos de cacao frío para nosotras.

—Amaia, ¿de verdad que estás segura de esto?

—De verdad, aita .

—Si en cualquier momento quieres volver a Bilbao o incluso unirte a los chicos en Ibiza, solo tienes que decirlo y vendré a buscarte.

Pensando que me arrepentiría de no haber ido con los demás a Ibiza, mi madre se había puesto en contacto con las personas que organizaban el campamento para preguntar si algún joven podía unirse en cualquier momento.

Le contestaron que, habiendo plazas libres, sin problema alguno.  Y sabíamos que las había, ya que no cualquier chico podía ir a ese campamento. Ya que costaba un dineral y no todos los padres podían costearles a sus hijos un verano así.

Que, por otra parte, era normal, ya que eran sesenta días a pensión completa, más todas las actividades, las excursiones que también tenía y todas las comodidades que tenía en las instalaciones en las que se dormía y comía.

Resumiendo, que Andrea no había buscado un campamento cualquiera, sino uno de lujo al que irían chicos de familias pudientes.

—No voy a ir a Ibiza, ya te lo he dicho.

—Es que, de verdad, tu madre y yo no entendemos el porqué. Te gusta el inglés, también las actividades acuáticas y estarías con tus amigos.

—Jon, no insistas más, creo que ella tiene sus motivos —le dijo mi abuela.

—Ya, supongo que los tiene y eso es precisamente lo que nos preocupa, que no sabemos por qué no nos ha querido decir cuáles son esos motivos .

—No hay ningún motivo en especial, simplemente necesitaba venir aquí como he hecho siempre en verano.

Mi abuela me miró alzando una ceja y sin palabras me dijo: «Eso no te lo crees ni tú, ratita, a mí no me la das, hay algo más y me lo contarás sí o sí».

—Bueno, siendo así, me quedo más tranquilo y tu madre seguro que también. Aunque también había la posibilidad de venir con nosotros y tampoco te ha gustado mucho.

Mi abuela soltó una carcajada.

—Hijo, ¿en serio queréis que vaya con vosotros?

—Anda, ¿por qué no?

—Aita, ¿qué pinto yo con vosotros seis en un crucero de matrimonios? —dije poniendo los ojos en blanco.

El año anterior, mis padres y los padres de los chicos se fueron de viaje. Nosotros nos quedamos con mi abuela en Ea y ellos lo pasaron tan bien que decidieron repetir la experiencia.

Además, el viaje anterior duró diez días y este sería de un mes entero.

—Podíamos haber cogido otro en el que no fueran matrimonios.

—Aita, que no, que no me iba a ir con vosotros de vacaciones y ya está. Ni a un crucero ni a ningún sitio. Aquí estaré bien.

Resopló.

—Joder, eres igual de cabezota que tu madre.

Los tres nos echamos a reír.

—Como te oiga decir eso, te tira por la borda.

—Vaya que sí —dijo sin parar de reírse .

—¿Jon, te quedas a comer?

—No, ama, tengo que volver a Bilbao esta tarde; a primera hora tenemos una reunión con el hombre que quiere que le diseñemos un hotel.

—Pues espera antes de irte, te preparo unos envases y te llevas lo que tengo preparado.

En cinco minutos, mi abuela tenía al menos seis envases hasta arriba de comida que, según ella, había hecho el día anterior sabiendo de nuestra llegada.

—Anda que luego dicen que Gadea es la exagerada, pero tú, ama, no te quedas atrás.

—Aita, creo que esto es cosa de madres, porque, al parecer, todas son iguales.

—Pues lo que ves, esperes. Y teniendo una abuela y una madre así. Tú serás igual.

Cuando dijo eso, la sonrisa que tenía en la cara se me borró en ese mismo momento.

¿Yo, hijos? Pues, como no fuera por obra y gracia del Espíritu Santo, como le pasó a la Virgen María, no sabía de qué otra manera eso podría pasar. Porque si ahora los chicos me miraban mal, cuando las manchas estuvieran extendidas por completo, ni siquiera querrían hablarme, cuanto menos tocarme.

—Quítate esa mierda de pensamientos que estás teniendo ahora mismo de la cabeza —me susurró mi abuela enfadada.

—Yo no…

—Tú sí. No me mientas. Y prepárate, porque en cuanto se vaya, tú y yo vamos a tener una charla, una de la que no te vas a librar .

Sabía, antes de ir, que esa charla de la que mi abuela hablaba llegaría tarde o temprano, porque ella me conocía mejor que nadie y sabía que detrás de no querer ir al campamento había algo que yo no había dicho.

Pero pensé que me daría un poco más de tiempo para hablar de ello, pues estaba equivocada, ya que sería ese mismo día.