Yo esa noche 11 DE DICIEMBRE
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11 DE DICIEMBRE

Aproximación a la casa de la familia Hernández Blanco

Nota de voz preliminar. Transcripción

Me encuentro a unos metros de la casa de los Hernández Blanco.

Por suerte, la noche disimula mi presencia, aunque en menos de dos horas amanecerá.

Ojalá hoy sea un día de esos en que Rafael sale de madrugada para su trabajo o terminaré en la mira de sus vecinos.

Sí o sí, debe salir. No tienen cochera; y en la entrevista de Eugenia surgió que estaba prohibido el home office .

Debería estar en mejores condiciones para hacerlo hablar, para que pise el palito y confiese. El cansancio es perjudicial para enfrentar a una mente superior como la de Rafael. Sin embargo, sé que de haberme acostado todavía estaría dando vueltas en la cama.

Yo puedo, yo soy capaz. Y en el peor de los casos, si desea guardar silencio o utilizar respuestas evasivas, tendré su reacción al contarle lo que sé. Basta con un titubeo en la voz, que desvíe la mirada o gotas de sudor en la frente, para confirmar mis sospechas.

Sea el modo que sea, pondré en evidencia a Rafael Hernández. El papel de padre amoroso conmigo no servirá.

Conversación con Rafael Hernández (RH). Transcripción de video

NC: —Buenos días, ¿qué tal?

¡Espere! ¡Tranquilo! ¡No quiero robarle!

Soy Nicolás Cattaneo, el periodista, ¿me recuerda?

RH: —¡Dios! ¡Casi me matás del susto! ¿Cómo se te ocurre aparecer detrás de un auto en plena madrugada?

Sí, sé quién sos. Fui bien claro con Eugenia, nada de entrevistas.

NC: —Ella me transmitió su mensaje, fuerte y claro. Pasa que andaba por el vecindario realizando una nota y…

RH: —¿Una nota? ¿A las cinco y cuarto de la mañana?

NC: —Claro, señor Hernández, los hechos no esperan que uno despierte para suceder.

RH: —Da igual, debo ir a trabajar. Que tengas buenos días.

NC: —¿Se toma el colectivo o un taxi? Subte en la zona no hay.

RH: —Guardo el auto en una cochera, a dos cuadras. Se me hace tarde, ¿okey? Que estés bien…

NC: —Lo acompaño, justo voy en esa dirección.

RH: —¿En dirección a mi garaje? ¿Sabés dónde queda?

NC: —No, pero con que lo sepa usted es suficiente.

RH: —Escuchame, no quiero dar entrevistas. ¿En qué idioma debo decírtelo?

NC: —¡Ey, ey, ey! ¿Tan nervioso de entrada? Ni siquiera comenzamos.

RH: —No habrá comienzo. Andate, dejame caminar tranquilo.

NC: —Sería positivo contar con su declaración, debido a que la nota es sobre usted.

RH: —¿Eh? ¿Sobre mí?

NC: —Sobre usted y su laburo. Escribo sobre modelos de predicción, inteligencia artificial y manipulación social.

Apa… De golpe se le pasó el apuro. ¿Está listo para conversar?

RH: —Ni se te ocurra publicar sobre mi vida profesional. ¿Está claro?

NC: —¿Por? ¿No quiere que sus jefes sepan que estuvo utilizando los recursos de la compañía en beneficio personal?

RH: —Cortala con las idioteces. Podés ocasionarme un problema serio.

NC: —Eso lo sé. Cuando la verdad salga a la luz, seguramente la justicia venga a buscarlo.

RH: —Flaco, ¿de qué estás hablando?

NC: —Usted sabe a la perfección de qué hablo. De que utilizó la inteligencia artificial y los modelos de predicción para guiar las conductas de ciertas personas.

RH: —¿Qué? ¿Cómo sacaste esa conclusión?

NC: —Estuve hablando con expertos en Física y Tecnología, doctores de la UBA y científicos del CONICET, quienes me ayudaron a demostrar que detrás de la fachada del buen padre de familia hay un sujeto retorcido jugando con la vida de los demás.

RH: —Bue… Sin comentarios.

NC: —Rafael, puedo frenar esta nota. Solo necesito que me cuente cómo lo hizo.

RH: —¿Hacer qué?

NC: —Usted sabe… Y no lo juzgo, ¿eh? En su lugar, hubiera actuado igual. Cualquier método es válido para rescatar a una hija secuestrada.

RH: —Escuchame una cosa.

NC: —¡Epa, epa! Suélteme, por favor. Evitemos las agresiones físicas.

RH: —Callate y escuchame bien. Si metés a mi hija en el medio te vas a arrepentir.

NC: —¿Por? ¿Qué piensa hacer?

RH: —¡No me desafíes!

NC: —Le aviso que programé un mail para, en caso de que pierda la vida, acusarlo a usted; y además, dejar en claro que no fue un suicidio.

No sé por qué la cara de asombro si le dije que descubrí su secreto.

RH: —Sos un demente, un delirante, y nadie tomará en serio lo que publiques.

Ahora, alejate de mí. Ni se te ocurra entrar a la cochera porque llamo a la policía.

NC: —Rafael, le repito, estoy abierto a escuchar su versión. La verdad estará a salvo conmigo porque tengo el derecho y la obligación de proteger la fuente.

RH: —Basta, andate.

NC: —Al menos, confírmeme, por sí o por no, ¿usted planeó…?

RH: —¡Qué te vayas!

NC: —¡Sin empujar! ¡Sin empujar!

RH: —Salí de mi vista, imbécil.

NC: —Le doy tiempo hasta fin de año. O confiesa en privado o el mundo sabrá su secreto. Usted elije.

Nota de voz final. Transcripción

Lo tengo agarrado de las pelotas. Será inteligente, pero los nervios lo traicionaron. Solo los culpables amenazan y agreden al ser expuestos.

Antes de que termine la semana, me escribe; o tal vez, antes de que caiga la noche. Sin dudas, pasará el día pensando en cómo lo descubrí y cuánto sé.

Hice bien en venir, confrontarlo dará sus frutos.

Si no acabo muerto antes.

Intercambio de mensajes con Jésica Scarpin

Parte 1

JS: —Hola, Nico.

NC: —Jesi, ¿Qué tal?

JS: —Bien, ¿vos?

NC: —Maso. Acabo de levantarme de una siesta y me siento más cansado que antes.

JS: —¿Siesta? ¿Madrugaste?

NC: —Me desperté a la misma hora de siempre. Solo que arrastro cansancio.

JS: —¿Fuiste a trabajar?

NC: —Gustavo, mi editor, cree que pasé el día buscando información sobre el caso del futbolista asesinado. Entre nos, me quedé en casa. Necesitaba recuperarme.

JS: —¿Alguna otra cuestión que desees compartir?

NC: —Nada que recuerde por el momento.

JS: —Nico…

NC: —¿Qué? ¡No me digas que hoy era la merienda! ¿Te dejé plantada? ¡Me muero!

JS: —Es mañana, y si te soy sincera… seguro la cancele.

NC: —¿Por? ¿Qué pasa?

JS: —¡Pasa que sos un mentiroso! ¡Sé que fuiste a la casa de Violeta! ¡Sé que encaraste al papá!

NC: —¿Cómo te enteraste?

JS: —¿Esa es tu primera reacción? Cero autocrítica, cero intenciones de disculparte.

NC: —No entiendo este planteo. Estaba trabajando. Quise conseguir un testimonio. ¿Por qué tanto escándalo?

JS: —Nico, hiciste guardia de madrugada en la casa de una familia cuya hija fue secuestrada y abordaste al padre de modo violento cuando salía de su casa. ¿Qué pensaste que sucedería?

Para colmo, pregunto sobre tu día y mentís descaradamente. ¡Detesto a la gente deshonesta!

NC: —¿Me denunciaron?

JS: —Eso quería, Eugenia, cuando fue a buscarme a la División Antisecuestros. Tuviste suerte de que atajó el conflicto Andrea y no Avilés; porque de lo contrario, en este instante, estarías siendo indagado.

Cuando olfateó lo que pasaba, la hizo salir del edificio con la excusa de que se dirigía a un operativo, y mientras caminaban le contó todo con lujo de detalles.

Hasta le entregó copia de las grabaciones de las cámaras de seguridad.

La evidencia es clarísima: estuviste deambulando por el barrio desde las cuatro menos veinte a la espera de que Rafael saliera para su trabajo.

¡¿Me querés explicar qué carajo hacías!? Dame una buena razón para que mi amiga arriesgue su cabeza por vos.

NC: —Busqué mil modos de hablar con él y nunca accedió. Necesitaba entrevistarlo.

JS: —¿Es por el Proyecto Aniversario? ¿En serio lo perseguiste hasta su cochera para escribir la nota? ¡Creí que habías bajado un cambio!

NC: —Jesi, la nota quedó en segundo plano. Descubrí el plan macabro de Rafael y necesito las pruebas para poder divulgarlo.

JS: —¿Plan macabro?

NC: —Dame un minuto y te muestro.

Acá va:

JS: —¡Por Dios! ¿Qué es esto?

NC: —¿Recordás el mensaje “Nosotros sabemos”, escrito en el sobre?

Resulta que Bastía no me estafó, lo escribió la empleada del correo que entregaba las facturas de Edesur en el domicilio del secuestrador.

Habrá visto algo sospechoso y quiso asustarlo, no sé…

ni puedo preguntarle. Se suicidó. ¿Y sabés quién tuvo la misma suerte?

El albañil que colocó la baldosa con la que tropezó Sklier.

En total cinco personas se quitaron la vida luego de la aparición de Violeta, y pueden ser seis. El jefe del concesionario, que despidió a Simunovic ese día, está en coma. Lo visité ayer.

JS: —¿Por esto no me invitás a tu casa desde hace un par de semanas? No querías que leyera la pizarra, no querías que supiera que la obsesión había escalado. Me siento engañada… ¡Qué decepción!

¿Y cuál era el sentido de atacar a Rafael Hernández? ¡Estás fuera de tu eje!

NC: —¡No lo ataqué! Me presenté temprano en su domicilio porque Eugenia me dijo que, en ocasiones, iba de madrugada a la oficina. Tampoco fue planeado, justo había terminado una entrevista por la zona.

JS: —¿Tan fácil te resulta mentirme?

NC: —¡No te miento! Dejame terminar y vas a ver que todo cobra sentido.

Trabajé junto a dos licenciadas en Física, una de las cuales es una experta mundial en modelos de predicción, y las dos coincidieron en que hoy existe la tecnología suficiente para que las personas puedan ser manipuladas gracias a la información que las corporaciones consiguen del celular, de las redes sociales, de las interacciones con IA, del GPS, de los hábitos de consumo, de los algoritmos, etcétera.

El accidente de esa noche no fue un accidente. ¿Me seguís? Fue planeado por una mente brillante, por un genio que estaba dispuesto a lo que fuera por recuperar a su hija.

Parte 2

JS: —Estás confundido.

NC: —¡Aguantá! ¡No terminé! ¡Pensá conmigo en lugar de interrumpirme!

Rafael Hernández es un genio absoluto, Actuario con especialización en Física, contratado por una corporación poderosa que fusiona los modelos de predicción con la inteligencia artificial.

Es evidente que entre los conocimientos avanzados y la tecnología de punta consiguió alinear múltiples variables en pos de un objetivo: liberar a Violeta.

Las coincidencias, conexiones y casualidades resultaban demasiado precisas para ser producto del azar.

¿Verdad? Y eso se debe a que fueron programadas en una computadora gracias a una formulación matemática.

Entonces, cobra sentido el hecho de que estaba tranquilo y confiado en que su hija aparecería, mientras su mujer se paseaba por los medios de comunicación día y noche.

Asimismo, ¿qué otra persona cuenta con el dolo o la motivación suficiente para provocar la muerte del secuestrador?

Era él o su mujer, y juraría que Eugenia desconoce el plan maestro.

JS: —¿Me permitís plantear una idea? ¿Puedo?

NC: —Adelante, solo recordá que apenas compartí la punta del iceberg de una extensa investigación. Procurá no descalificarme ni subestimarme porque la verdad te resulta difícil de aceptar o porque descubrí cuestiones que pasaste por alto en tu labor policíaca.

JS: —¿Eugenia y Rafael estaban desesperados por rescatar a su hija de las manos del secuestrador? Sí. A pesar de que lo exteriorizaban de forma distinta, nadie puede dudar de que estaban dispuestos a todo por recuperar a Violeta. ¿Correcto?

NC: —Estamos de acuerdo.

JS: —Considerar que Rafael manipuló realmente a los participantes con la intención de que cada uno cumpliera su rol en el accidente de esa noche implica aceptar que él sabía quién era Nemesio Sklier y dónde tenía secuestrada a la nena.

O sea que, en lugar de ir corriendo a salvarla, prefirió guiar las conductas de un puñado de extraños durante varios días o semanas a través de modelos matemáticos de ciencia ficción para que el 29 de marzo el secuestrador saliese de la casa, tropezara con una baldosa floja y fuese atropellado por un colectivo.

A la vez, jugó con la posibilidad estadística de que un auto se descompusiera a centímetros de la persona que más quiere en el mundo.

Y si sabía del accidente, ¿por qué no estaba esperándola?

Vos les avisaste, Nico. Así fue como se enteraron.

Entraron clientes, dame un minuto y seguimos.

¿Estás?

NC: —Sí.

JS: —¿Y?

NC: —No sé, no me cierra tu argumento.

JS: —¿Qué no te cierra?

NC: —Son varias las cuestiones sin resolver. Por ejemplo: los suicidios. Cinco personas se quitaron la vida después de cumplir su rol en el accidente. Es demasiado para ser una coincidencia.

JS: —¿Rafael planeó matarlos? ¿Para qué?

NC: —Para no dejar cabos sueltos o, quizá, fue un error en la formulación matemática.

JS: —La respuesta es más simple.

¿Sabés que cada año cerca de ochocientas mil personas deciden quitarse la vida?

Eso equivale, más o menos, a dos mil doscientas por día o tres personas cada dos minutos.

En la Argentina, el número es menor, aunque igualmente trágico: una persona cada dos horas.

En el ranking de causas de muerte, los suicidios le ganan a los accidentes de tránsito y a los homicidios.

NC: —Gracias por la estadística policíaca que nadie pidió.

JS: —No lo aprendí en la División, me lo contó mi psicóloga.

NC: —¿Hacés terapia?

¿Ves? Vos también elegís qué contar y qué no.

JS: —Hice, sí, luego de renunciar. Salía de una época oscura de mi vida y necesitaba compañía y apoyo. Con la psicóloga, aprendí que los pensamientos destructivos son más comunes de lo que la gente cree, y que muchas personas lamentablemente los ponen en práctica.

Y no lo oculté. ¿Ok? ¡Quería hablarlo con vos! El problema es que sos muy habilidoso para evadir cuestiones íntimas o profundas.

NC: —Bueno…

JS: —Nico, yo admiro tu inteligencia y lejos estoy de cuestionarla.

Aquí no te ha fallado la lógica sino el corazón.

Tu obsesión se espiralizó al punto de apartarte del camino de la cordura y cada hecho o circunstancia nuevos los acomodabas para que encajaran con tu teoría.

Seguro me dirás que estoy confundida y que te impulsa la pasión por tu profesión.

Sé por experiencia propia que los caminos de la pasión y la obsesión, al inicio, son parecidos; pero al final, te llevan a lugares diferentes.

Fuiste víctima de tu propio engaño porque hay preguntas que todavía no hiciste. Preguntas sobre vos.

NC: —No sé…

Necesito pensar.

JS: —Somos dos. Acabo de descubrir que estoy parada sobre arenas movedizas y no puedo dejar que me traguen. No, de nuevo.

Será mejor que cancelemos la merienda de mañana.

NC: —Sí, cancelemos.