Yo esa noche 10 DE DICIEMBRE
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10 DE DICIEMBRE

Envío de mensajes en simultáneo, ordenados por horario de respuesta

Intercambio de mensajes con Ramiro Valerda

NC: —Ramiro, buenos días. ¿Cómo estás? Ojalá que bien.

Disculpá que te moleste, necesito hacerte una pregunta simple. Contestame cuando puedas, pero tomate el tiempo de pensar la respuesta y, por favor, que sea con honestidad.

¿Hay chances de que hayas conocido a Rafael Hernández antes del 29 de marzo?

Otros testigos declararon haberlo visto cerca de tu casa los días previos al accidente.

RV: —¿Qué tal, Nicolás? Bien, por arrancar el turno.

¡Che, qué raro esto que mencionás! Rafa es un tipo especial, de haberlo cruzado antes lo recordaría.

NC: —¿Seguro?

RV: —Sí. ¿Por? ¿Qué pasó?

NC: —Nada en particular. Me topé con unas casualidades divertidas y quería incluirlas en mi Proyecto Aniversario.

RV: —Ah…

NC: —Gracias, que sigas bien.

Intercambio de mensajes con Rosana Bastía

NC: —Rosana, buenos días. ¿Cómo estás? Ojalá que bien.

Disculpá que te moleste, necesito hacerte una pregunta simple. Contestame cuando puedas, pero tomate el tiempo de pensar la respuesta y, por favor, que sea con honestidad.

¿Hay chances de que hayas conocido a Rafael Hernández antes del 29 de marzo?

Otros testigos declararon haberlo visto cerca de tu casa los días previos al accidente.

RB: —¡Mirá quién apareció!

¿Cerca de mi casa? Tengo mis dudas.

NC: —¿Dudas?

Rosana… ¿Sí o no?

RB: —Mirá, esa respuesta te va a costar. ¿Sabés?

Un microondas y te contesto mañana.

Un horno eléctrico y te contesto a la noche.

Una cocina a gas y te respondo ya mismo.

Jajaja.

NC: —Andate a cagar.

RB: —Ay, qué grosero para ser un periodista de elite.

Es un chistecito, che, ¡reíte!

Intercambio de mensajes con Olivia Croche

NC: —Oli, buenos días. ¿Cómo estás? Ojalá que bien.

Disculpá que te moleste, necesito hacerte una pregunta simple. Contestame cuando puedas, pero tomate el tiempo de pensar la respuesta y, por favor, que sea con honestidad.

¿Hay chances de que hayas conocido a Rafael Hernández antes del 29 de marzo?

Otros testigos declararon haberlo visto cerca de tu casa los días previos al accidente.

OC: —Nico, todo bien. No, para nada. Estoy segurísima.

¿Vos?

NC: —Yo, diez puntos.

OC: —¡Ok! Saludos y deseo que pases un lindo fin de año.

NC: —Gracias, aunque nunca paso un “lindo fin de año”.

Intercambio de mensajes con Josmar Zapata

NC: —Josmar, buenos días. ¿Cómo estás? Ojalá que bien.

Disculpá que te moleste, necesito hacerte una pregunta simple. Contestame cuando puedas, pero tomate el tiempo de pensar la respuesta y, por favor, que sea con honestidad.

¿Hay chances de que hayas conocido a Rafael Hernández antes del 29 de marzo?

Otros testigos declararon haberlo visto cerca de tu casa los días previos al accidente.

Por cierto, soy Nicolás Cattaneo.

JZ: —¡ Pana , querido! ¿Cómo le va? Por aquí bien, mejor que a comienzos del año, sin dudas.

Respecto a la pregunta, la respuesta es no. Al hombre ese no lo conocí antes ni lo conozco ahorita. Y disculpa que haya demorado en contestar. Pasa que se acercan las fiestas y hay demasiados paquetes por despachar.

NC: —Gracias, Josmar. Te mando un abrazo.

JZ: —Otro pa’ usted y avise cuando ande por aquí así compartimos unas curdas . Bendiciones y que tenga una feliz Navidad.

Intercambio de mensajes con Ayelén Sargento

NC: —Ayelén, buenos días. Soy Nicolás Cattaneo, el periodista.

A fines de noviembre estuve en el concesionario Peugeot. Conversamos con vos y otro vendedor sobre la situación de Simunovic y Fenelli.

AS: —¡Hola, Nicolás! ¡Obvio que te recuerdo!

NC: —Quedaron en escribirme…

AS: —Te pido mil disculpas por el desplante. Sabés que tu tarjeta la agarró mi compañero, y el treinta de noviembre fue su último día en la compañía. Lo echaron, pobre, arrastraba tres meses de objetivos en rojo.

NC: —Ajá, qué macana. ¿Averiguaste dónde está internado el jefe de ventas?

AS: —¡Síííí! Hace unos días. En ese momento, recordé que él tenía tu tarjeta. Le mandé un mensaje para pedirle tu número y me clavó el visto. Sospecho que no me bancaba.

NC: —¿Me decís la dirección o el nombre de la clínica?

AS: —Es la clínica Santísimo Corazón, en Ramos Mejía. El gerente me comentó que la exesposa suele ir con las nenas cerca de las siete de la tarde. Aproveché y le pregunté los nombres: Sara es la mamá y ellas son… Esperame, lo anoté por acá.

Martina y Analía.

NC: —Me sirve. Te lo agradezco.

AS: —¡De nada! ¡Qué termines bien el año! Y cuando te decidas por un Peugeot, llamame.

Visita a la Clínica Santísimo Corazón en Ramos Mejía

Nota de voz preliminar. Transcripción

Estoy por cruzar la avenida que comunica con la clínica. Por suerte, el colectivo me dejó enfrente. ¿Qué espero encontrar? Ni yo lo sé. La iniciativa de esta mañana acabó en la nada misma y, seguramente, pase lo mismo esta tarde. ¿Qué puede saber la exmujer del jefe de ventas?

¡No! ¡Basta! Esa línea de razonamiento es de los cómodos, de los que prefieren la paz de la ignorancia a la búsqueda de la verdad. Debo aceptar que habrá varios intentos fallidos antes de conseguir el objetivo. Sin las caídas, no hay progreso.

Conversación con personal de recepción (PR). Transcripción

PR: —Buenas noches. ¿Guardia?

NC: —Buenas noches, no. Quisiera visitar a mi cuñado, está internado, en coma, hace unos meses.

PR: —Ah… ¿Santiago Fenelli?

NC: —Exacto, es él. ¿Me diría la habitación?

PR: —¿Usted es familiar directo?

NC: —Sí, claro. O sea, soy el hermano de Sara su exesposa. Me dijo que hoy venía con mis sobrinas, Martina y Analía. Quedamos en saludar a Santiago y después las llevo al festejo de los cincuenta años de Rodolfo, nuestro primo.

PR: —Admiro la dedicación de esa madre para que sus hijas compartan con su papá, aunque sea un ratito, cada día.

NC: —Sí, mi hermanita es un ejemplo de mujer. Me conmueve cómo rema y empuja para sacar adelante su familia. Y dejemos de hablar de ella que no quiero llorar.

PR: —Habitación 369, piso tercero. El ascensor lo encuentra al final de este pasillo.

NC: —Muchas gracias por su ayuda.

Nota de voz. Habitación 369. Transcripción

Faltan cinco minutos para las veinte. Más de media hora esperando y la ex no aparece. Una enfermera pasó recién para chequear al paciente (en treinta segundos revisó los dos monitores de control) y aprovechó para avisarme que, en breve, terminaría el horario de visitas.

Pésima idea venir a la clínica, fue una pérdida de tiempo.

Para colmo, debo lidiar con estos olores asquerosos de tela vieja y guardada mezclada con desinfectantes y lavandina.

¿Quién puede recuperarse en un lugar como este?

Fenelli tiene suerte de estar en coma. Se ahorra lidiar con un ambiente lúgubre, triste e insulso; y a la vez, está a salvo de la realidad de la calle, que tampoco es agradable.

Claro, por eso, luce tranquilo y relajado.

Che, capo, ¿te gustaría decir unas palabras? ¿Me permitís entrevistarte? Contame… ¿De casualidad conocés a un tal Rafael Hernández? ¿Te manipuló para que rajes a Simunovic? ¿Trataste de suicidarte o sos uno de los tantos soretes que chupan y manejan?

Estoy hecho un boludo. Ni siquiera soy gracioso.

Desquitarme con un pobre tipo internado en coma. ¿Se puede caer más bajo?

Si me viera Miguel… estaría contento. Seguro diría: “Ahí lo tenés al destacado periodista, sin que se le caiga una idea, tratando de recuperar la fama con el testimonio de un comatoso. Te recomendé que estudiaras otra carrera, te advertí que pasarías hambre. ¿Y vos? Preferiste ignorarme. Me aburre tener siempre la razón. ¿Querés que te preste plata?”.

Viejo infeliz.

Listo, me voy a casa. Fue un fiasco, debo aceptarlo.

Aunque podría apostar que la mal parida Ley de Murphy hará de las suyas.

Al minuto que salga de la clínica, la madre y las hijas entrarán a verlo.

O peor, mientras bajo por un ascensor ellas subirán por otro.

Me la juego a que sucede una de esas opciones.

Si estoy meado por una manada de elefantes desde hace…

¿Qué fue eso?

No puede ser. ¿De dónde vino? La tele está apagada, estamos solos en la habitación. La única posibilidad es que… ¿Estará reaccionando?

¡Enfermera! ¿Hay alguien cerca? ¡Necesito una enfermera!

Fenelli, ¿me escuchás? Acá estoy. ¿Qué dijiste recién? ¿Sentís mi mano? Dale, vos podés. No te vayas, quedate, insistí, hacé el esfuerzo. Tu familia te está esperando. ¿No querés abrazar a tus nenas de nuevo? Eh… ¡Martina y… Analía! Ellas te extrañan con todo el co…

¿Qué? ¿QUÉ?

No puede ser. ¿Qué dijiste?

¡Repetilo! ¡Repetilo, carajo!

¡Qué hables te digo! ¡¿Qué sabés?! ¡¿QUÉ SABÉS?!

Enfermera (E): —Señor, ¿usted me llamó?

NC: —Vení, rápido. ¡Acaba de hablar! ¡¿Qué esperás?! ¡Ayudalo!

E: —Tranquilo, me baja el tono de voz. ¿Okey? Estamos en una clínica, evitemos los gritos.

A ver, muévase. Déjeme atender al paciente.

Mmm…

NC: —Te digo que habló, dos veces. Está al borde de regresar, ¿tenés adrenalina? ¡Inyectale algo, dale!

E: —Señor, si bien entiendo que debe extrañar a su familiar o amigo, debe comprender que los reflejos o espasmos musculares son comunes en personas en estado de coma.

NC: —¡Que no se trata de una convulsión involuntaria! ¡El tipo habló dos veces!

E: —Por lo que veo, el cuadro del paciente se mantiene sin cambios desde el último control. Los monitores tampoco muestran alteraciones.

NC: —¡Dios! ¡Seguís sin creerme!

E: —Yo creo que usted desea que su ser querido se recupere y eso en ocasiones…

NC: —¡Basta! ¡Hacé silencio y preparate para darme la razón! Lo tengo grabado.

Nota de voz final. Transcripción

Nada.

Lo reproduje diez, veinte veces en la habitación y nada.

Ochenta, noventa, cien veces de camino a casa, quién sabe, y nada.

Conecté el celu a la barra de sonido, puse el volumen a tope, y nada.

No grabé su voz, débil, exigua, en ninguna de las dos oportunidades.

Quizá, el modo en que sostenía el celular bloqueaba el micrófono, como también pudo ser culpa del filtro de ruidos de la app. Imposible estar seguro.

“Sabemos”, dijo. Al menos la segunda vez, la primera fue como un murmullo.

“Sabemos”. Una sola palabra que transmite demasiado. Una sola palabra elegida con precisión quirúrgica. ¿Para darme una pista? ¿Para orientarme? ¿Para advertirme?

“Sabemos”. Él debió notarme en la habitación, debió entender quién era yo.

“Sabemos…”.

Necesito respuestas y las necesito ya.