Yo esa noche 21 DE DICIEMBRE
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21 DE DICIEMBRE

Intercambio de mensajes con Jésica Scarpin

NC: —Hola, Jesi, buenas noches.

¿Ya estás en tu casa? Si seguís en el local, te escribo más tarde.

JS: —Hola, Nico. Estoy esperando el colectivo, se hizo tarde en la panadería.

NC: —Me imaginé que tendrían muchos pedidos para Navidad.

JS: —¡Por suerte! Temíamos que la gente no quisiera gastar porque la economía viene complicada; pero mi amiga puso precios accesibles para el bolsillo.

NC: —Está difícil llegar a fin de mes. Por otra parte, es un alivio resolver la cena navideña sin cocinar ni ensuciar.

JS: —Claro, se ahorran esos dolores de cabeza y los conflictos de coordinar quién aporta qué.

¿Vos? ¿Planes para Navidad? ¡Y tu cumple! El 27, ¿correcto?

NC: —Sí. Nada por el momento. No suelo festejar esas fechas. Tampoco Año Nuevo.

JS: —¿Por lo de tu mamá?

NC: —Sí. Para Miguel la semana del 24 al 31 es de luto y de bronca.

Son fechas en las que mi viejo se enoja con todos, en general, hasta con Dios (si acaso existe), y conmigo en especial.

Desde que tengo memoria, ¿eh? De pibe me mortificaba terminar el colegio porque lo asociaba a castigos, reproches y gritos.

Eso me convertía en el raro del curso; el compañero introvertido que no creía en Papá Noel, que no quería festejar, que no sabía reírse.

JS: —Desconocía esto de tu viejo.

NC: —Era tremendo. Recién aflojaba a mediados de enero, para su cumpleaños, a fin de mes.

Ahí entraba en la fase de angustia. Se la pasaba llorando a escondidas y apenas comía.

Durante veinte años, lo acompañé a soplar las velitas al cementerio, hasta que dije basta.

Entonces, nuestro vínculo, que pendía de un hilo, se terminó de romper.

JS: —Se ven poco, ¿verdad?

NC: —Desde los veinte hasta los treinta, poco. Después, casi nada. Este año lo vi solo el primero de enero, para que te des una idea, y le escribí un puñado de mensajes en los meses siguientes. De eso, sí te conté.

JS: —Vino el colectivo.

NC: —Bueno, te dejo tranquila.

JS: —Acá estoy, se liberó un asiento. Parada se me complicaba usar el celu.

¿Por qué me escribiste, Nico? ¿Por qué hoy?

NC: —Quería disculparme. Primero, por mentirte y, segundo, por desaparecer estos diez días. Necesité la pausa para desintoxicarme, para pensar y replantearme distintas cuestiones.

Fingí desinterés progresivo en el caso de Violeta porque no quería agobiarte, y eso derivó en que ocultara información que debería haber compartido con vos.

Admito que me obsesioné con el accidente desde que sucedió.

Fui empeorando a medida que surgían las coincidencias escabrosas y, finalmente, perdí la cabeza.

También, estabas en lo cierto respecto al motivo de fondo. Lo vengo negando desde hace meses; y con el Proyecto Aniversario, pretendía solaparlo, pero existe. Debía mirar hacia adentro en lugar de buscar evidencias afuera.

JS: —¿Cuál es el motivo de fondo?

¿Nico?

¿Estás?

NC: —Disculpá. Pensé que tenía claro qué decirte….

JS: —Yo creo que sabés, solo que te cuesta expresarlo. Compartirlo en voz alta o escribirlo, en este caso, implica aceptar que “eso” que nos consume es real. Una vez afuera, perdemos la posibilidad de aparentar que estamos bien y quedamos mano a mano con el dolor.

NC: —Jesi…

JS: —Acá estoy, Nico. Prometo escucharte sin juzgar.

NC: —¿Podemos vernos?

Quiero contarte, quiero que sepas quién soy.

JS: —Te espero en casa. ¿Ok?

NC: —Gracias, Jesi. Gracias.