3 DE DICIEMBRE
Visita a la División de Antisecuestros
Intercambio de mensajes con Andrea Álvarez (AA)
AA: —Son los únicos treinta minutos que le daré para revisar el archivo. Queda a su criterio cómo administrarlos.
NC: —En un rato, nos vemos. Gracias, Andre.
AA: —Subcomisaria Andrea Álvarez.
Nota de voz preliminar. Transcripción
Me encuentro frente a la fachada ancha de un edificio viejo repleto de ventanas.
Faltan cinco minutos para el horario convenido.
Salí corriendo de la redacción para llegar a tiempo.
A Gustavo no le gustó que dejara una nota a medio cerrar, mas no podía perder esta oportunidad.
Debo encontrar la vinculación entre la huida de Sklier y el mensaje en la factura de luz.
Seguro a la policía se le pasó un detalle por alto o más de un detalle, ya que el caso había sido resuelto, y el interés de la opinión pública había desaparecido.
Debo identificar a la tortuga antes de que complete el escape. Es evidente que hay una razón para…
Me hacen gestos del otro lado de la puerta vidriada. Es una mujer. ¿Será la subcomisaria?
Conversación con la Subcomisaria Andrea Álvarez. Parte 1. Transcripción
AA: —Sígame, por favor.
El tiempo corre y la ventana se encuentra abierta de modo excepcional. ¿Me comprende? Aproveche los minutos porque no existirá una segunda oportunidad.
NC: —¿Estás sola en la oficina?
AA: —Exacto. El equipo debió acudir a una capacitación en otro edificio. Me quedé como guardia, por cualquier imprevisto que pueda surgir.
NC: —¿Te perdés el curso por mí?
AA: —No. Lo tomé a principio de año por recomendación de la exsubcomisaria Scarpin, previo a que me nominen para el ascenso.
Tome asiento.
NC: —Gracias.
AA: —En cuanto ingrese la contraseña, tendrá frente a usted una carpeta con documentos digitalizados. Revise a su antojo. En caso de que aparezca un compañero de la fuerza, diremos que vino a preguntar por el caso Gómez. ¿De acuerdo?
NC: —¿Gómez? No me suena…
AA: —Era un joven de diecisiete años de la Villa 31; por eso, no supo de él. Había sido secuestrado, y lo encontramos hace una semana descuartizado en un basural. No se angustie, trabajaba para una banda narco.
NC: —Aun así, es un pibe que murió sin siquiera alcanzar la mayoría de edad.
AA: —Al menos, la madre sabe qué le sucedió.
Listo. Comience.
Apuntes de la entrevista. Desarrollo
Subimos unos tres pisos en ascensor y nos sentamos frente a un escritorio del doble de tamaño del resto de los boxes. No obstante, le faltan las paredes y una puerta para considerarlo una oficina privada. El piso está vacío, Álvarez decía la verdad.
La subcomisaria me recuerda a la Jésica que conocí a principio de año por su postura corporal, el ceño fruncido, el tono viril y la excesiva rigurosidad. Me alegra de que Jesi haya dejado atrás ese personaje; asimismo, comprendo que es un requisito excluyente para el puesto que hoy ocupa su amiga.
Álvarez insiste en que debo irme siete y media sin excepción. Evitaré las notas de aquí en adelante.
Conversación con la Subcomisaria Andrea Álvarez. Parte 2. Transcripción
AA: —Le quedan veinte minutos.
NC: —Mi celular marca la misma hora que el tuyo. Te lo aclaro, por las dudas.
AA: —Yo le aviso, nada más. Siete y media puntual, lo escolto a la salida.
NC: —Que amable, gracias.
AA: —¿El nombre del concesionario le sirvió?
NC: —Sí, fui hace unos días.
AA: —Jésica me sorprendió cuando me dijo que el dato era para usted.
NC: —¿Por?
AA: —Porque ella es una mujer con una integridad extraordinaria, y usted es un buitre carroñero.
NC: —¿Hace falta el hostigamiento? Imagino que nadie me quiere en la División Antisecuestros, cortesía del comisario Avilés. ¿Correcto?
AA: —Acá las preguntas las hago yo.
¿Qué representa Jésica para usted?
NC: —¿Perdón? ¿A qué te referís?
AA: —Por mensaje, expuso que ella es una amiga en común. ¿Usted la considera una amiga?
NC: —Sí, claro.
AA: —¿Solo eso? ¿Una amiga? ¿Está seguro? Le sugiero reconsiderar la respuesta.
NC: —Ah… ¿Te habló de nosotros? Sí, somos más que amigos.
AA: —¿Cuánto más? Sea claro.
NC: —Estamos en la etapa de conocernos.
AA: —Confirme si es con exclusividad.
NC: —¿Qué?
AA: —Significa que es la única persona con la que sale en la actualidad.
NC: —Eh… Sí, es la única mujer.
AA: —¿Por qué aclaró que es mujer? ¿Acaso le gustan los hombres también?
NC: —¿Perdón? ¿De dónde nacen estas preguntas? ¿Jesi te pidió que me indagues?
AA: —Para nada, caballero. Surgen por motu proprio . Dado que la señorita Scarpin fue una superior ejemplar y la estimo profundamente, pretendo cerciorarme de que usted no vaya a lastimarla.
NC: —Comprendo. Estoy dando lo mejor para que funcione.
AA: —No es suficiente. Esfuércese el doble.
NC: —Okey… como digas.
AA: —Míreme a la cara.
NC: —Estoy apurado, hablamos después.
AA: —Que me mire a la cara, le dije.
NC: —¡Bueno, bueno! Es innecesario que me agarres de los hombros así.
AA: —Escúcheme bien, si lastima a Jésica de cualquier modo, se la verá con la División Antisecuestros; conmigo y con cada compañero que la valora y la respeta.
NC: —¿Es una amenaza?
AA: —Es una advertencia. Compórtese con ella de forma honrada, decente, y leal.
NC: —Por suerte para mi integridad física, acabás de mencionar cualidades que poseo. Y te pido que me sueltes, a menos que añadas los minutos perdidos al reloj.
AA: —Quince minutos y contando.
Conversación con la Subcomisaria Andrea Álvarez. Parte 3. Transcripción
AA: —Restan cinco.
NC: —¡Ya sé! ¡Ya sé!
AA: —Es la tercera vez que revisa el expediente. ¿Quiere decirme qué está buscando?
NC: —Información que pasaron por alto.
AA: —¿Qué tipo de información? Pregunto para ayudarlo.
NC: —Si pudieras ayudarme, la habrías encontrado con anterioridad.
AA: —Como guste. El reloj corre y cuatro ojos ven mejor que dos.
NC: —Es referido a Sklier, al modo en que huyó.
AA: —¿Huyó?
NC: —¿Por qué dejó la casa si nadie sospechaba de él? ¿Por qué esa noche? ¿Por qué a las apuradas?
AA: —Usted intenta encontrar respuestas desde su estructura lógica, que nada se parece a la de Sklier.
NC: —Mucha palabrería y ninguna respuesta. Aunque desconozco cómo funciona la mente de un psicópata, al menos, me planteo interrogantes. Ustedes archivaron el caso y dieron por terminada la investigación.
AA: —¿Qué razón ameritaría que la causa siguiese abierta? ¿Un cómplice? Créame que verificamos que esa hipótesis no se cumpliera.
NC: —¿Y si hubiera alguien más tras los pasos de Sklier?
AA: —¿Se refiere a una organización criminal?
NC: —Es una posibilidad.
AA: —La justicia indagó si existieron vínculos con redes de pedofilia o de pornografía infantil. No encontraron nada. Sklier generaba el contenido multimedia para sí mismo. Lo guardaba como un tesoro.
NC: —¿Los únicos escenarios que investigaron fueron los del cómplice y la banda delictiva? ¡Qué básicos! Yo sospecho que pudo existir otra persona que lo amenazaba.
AA: —Amenazarlo, ¿cómo?
NC: —Es información confidencial, estimada Álvarez. Debo proteger la fuente.
AA: —Da igual. Más allá de la supuesta amenaza, la muerte la provocó un accidente.
NC: —¿Cómo saben que no fue intencional?
AA: —Señor Cattaneo, con su planteo, evidencia una profunda ignorancia sobre la atribución de responsabilidad penal.
NC: —¿Ah, sí? Ilumíneme, subcomisaria Álvarez.
AA: —Cuando una persona causa la muerte de otra, se analiza la voluntad que tuvo de provocar dicho resultado.
De allí se desprenden dos opciones, que repercuten en la sanción penal.
La primera opción, cuando quiso causar la muerte del fallecido, se la llama “dolo”.
La segunda opción, cuando provocó la muerte sin quererlo, se la llama “culpa”.
Asimismo, existe una situación intermedia denominada “dolo eventual”, que se da cuando una persona a pesar de no querer matar a otra, debe imaginarse que puede ocasionar semejante daño.
El ejemplo típico es el de alguien que conduce de forma temeraria a 100 km/h en una avenida.
Luego, definido el tipo de responsabilidad, habrá atenuantes que suavizan la pena o agravantes que la endurecen.
NC: —Gracias por hacerme perder el tiempo. Sé a la perfección la diferencia entre dolo y culpa.
AA: —¿Entonces cómo puede plantear que el accidente de esa noche haya sido intencional? Está comprobado que el chofer no tuvo la voluntad de atropellar a Sklier.
NC: —Tal vez, la intención estuvo presente esa noche de otra forma, en otra persona.
AA: —¿Por qué habla de modo misterioso? Sea directo. ¿Qué sugiere? ¿Qué la mujer con la que habló antes lo empujó? Esa posibilidad está descartada. Sklier bajó del cordón por sus propios medios en mitad de la avenida y sin controlar que tuviese el cruce libre. El responsable de su muerte fue él.
Pero le sigo el juego, por un momento, y sospechemos de esa mujer u otro testigo, todavía le falta un aspecto fundamental para demostrar el dolo: ¿Cuál era la motivación?
NC: —Eso busco contestar.
AA: —Es una especulación ridícula y sin sustento.
Ninguno de los presentes lo conocía; y aún si lo hubieran conocido, carecían de motivación válida.
Distinta sería la situación si, junto al cuerpo, hubiésemos encontrado a los padres de Violeta con un cuchillo en la mano.
Está claro que ellos contaban con la motivación suficiente —y hasta comprensible— como para atribuirles el dolo.
Sin embargo, ese día, a esa hora, estaban en su casa.
De hecho, fue usted quien les avisó sin consultar ni pedir permiso.
Señor Cattaneo, ¿me está escuchando?
¿Hola? ¿Qué piensa?
Hable, diga algo.
NC: —Es verdad…
AA: —¿Qué es verdad?
NC: —Que ellos fueron los principales beneficiados por el accidente. Son quienes deseaban que salga de su escondite, son quienes festejaron su muerte.
AA: —¿Y? Todos hubiéramos festejado en su lugar. De hecho, festejamos sin estarlo.
NC: —Considerando que tenían la motivación suficiente, solo falta demostrar la acción para tener dolo.