21 DE NOVIEMBRE
Intercambio de mensajes con Rosana Bastía
NC: —Buenas noches, Rosana. Espero no molestar.
RB: —Eh… Buenas noches, Nicolás.
¿Sos consciente de que son las dos de la mañana?
NC: —Supuse que estarías trabajando.
RB: —Estoy trabajando, sí. Igual no deja de ser raro que me escribas de madrugada.
Por las dudas, te comento que no me resultás atractivo. ¿Está claro?
NC: —Está claro y es mutuo, despreocupate.
Quería pedirte un favor, una pavada.
RB: —Ok…
¿Y?
¡Dale! ¿Qué tanto misterio?
NC: —¿Podrías escribir en una hoja tres emociones positivas y tres negativas que te genere el caso Violeta?
RB: —Tenías razón… ¡Qué pavada, por favor!
Cuando me desocupe del trabajo, te mando un mensaje con las “emociones”.
NC: —Los que saben de psicología recomiendan escribir en papel, a mano. Lo digital nos desconecta de nuestros sentimientos.
RB: —Nicolás, ¿oís las pelotudeces que decís? Te lo mando por acá, o nada.
NC: —Mientras trabajás podrías anotarlas en una hojita cualquiera y después me la enviás como foto.
RB: —Pará, ya sé. Querés constatar si mi letra es parecida a la del sobre de Edesur.
¿Verdad?
¡Qué gil que sos!
Te compartí lo que sabía de Nemesio porque creí que podía ayudarte. Si desconfiás de la info, descartala y listo. Ahora, te pido una cosa y leeme bien: ¡No vuelvas a romperme los ovarios por este tema!
NC: —Estás malinterpretando la situación.
RB: —No creo. Tengo mucha más calle que vos, chiquito. Cuando vos vas, yo fui y volví.
NC: —Coincido, en la calle me ganás, sin dudas.
RB: —Comentario desubicado y poco profesional.
Seguiré con mi trabajo y te advierto: Me mandás otro mensaje y te bloqueo de una.
Chau.
Cena con Jésica Scarpin
NC: —Menos mal que reservé, ¿no?
JS: —Sí, acertaste. Era demasiada fila para comer una milanesa, no la hubiera hecho.
NC: —¿Cómo estás, Jesi?
JS: —Me lo preguntaste cuando nos saludamos.
NC: —Ahora estamos en la mesa picando unas ricas berenjenas al escabeche en un pan calentito. Empieza una nueva conversación, cómodos y relajados.
JS: —Yo estoy bien, Nico. Hay mucho que hacer en la panadería y mantenemos jornadas de mínimo diez horas, pero al caer la noche, me siento contenta y duermo como un bebé. No recuerdo otra época de mi vida con dos o tres meses consecutivos de buen sueño.
¿Vos?
NC: —Yo, descanso unas cinco horas; con suerte, seis.
JS: —¿En serio? Cuando estamos juntos, dormís mínimo ocho horas de corrido.
NC: —Sí, es verdad. Debe ser el cardio previo. Jajaja.
JS: —Jajaja, sí. O quizá, mi compañía te ayuda a conciliar el sueño.
¿Y el resto de tu vida? ¿Qué tal?
NC: —Todo en orden, gracias por preguntar.
Hace un ratito le escribí a Rosana Bastía.
JS: —Ah… ¿sí?
NC: —Sí, desconfié de ella como me aconsejaste y la confronté de una. Le expliqué que necesitaba validar la autenticidad de la información para utilizarla. Así que le pedí que escriba a mano unos cuantos renglones en una hoja, y adiviná qué pasó.
JS: —¿Qué?
NC: —¡Se ofendió! Dijo que no tenía por qué mentirme y que era un desubicado. Al final, me pidió que no la moleste más.
JS: —¿Entendés que si accedía, podría haber “actuado” la letra como podría haberte enviado una hoja escrita por otra mujer?
NC: —Sí, es verdad. Igual, no creo que haya mentido. A pesar de la pinta de estafadora, en ese momento, la sentí sincera, con ganas de contarme lo sucedido.
JS: —Si vos lo decís…
NC: —¿Y de la subcomisaria hubo novedades? ¿Consiguió el expediente?
JS: —Le trasladé tu pedido, estoy a la espera.
NC: —¡Excelente! Con eso en la mano, podré confirmar si se les pasó por alto una cuestión importante y si el sobre de Edesur es…
JS: —Nicolás, frená. Por favor.
NC: —Sí, decime.
JS: —Hoy, esta noche, este instante, es una cita. Al menos, para mí lo es. ¿Para vos?
NC: —También, obvio.
JS: —Entonces, ¿podemos vivirla como tal? Porque no me gusta a dónde apunta la conversación y temo que si volteo el celu que apoyaste sobre la mesa me encuentre con la grabadora prendida.
La salida es para acercarnos, para aprender del otro, para descubrir sus pasiones, sus miedos, sus logros y sus frustraciones.
Yo quiero conocerte, Nico, tengo ganas de que crezcamos en confianza.
Sin embargo, cada vez que avanzo hacia tu zona personal o íntima, me evadís o saltás con el caso Violeta Hernández Blanco.
NC: —¿Acaso los proyectos no son parte de la vida?
JS: —Lo acabás de decir: son parte. El proyecto que te interesa lo conozco y hablás de eso el ochenta por ciento del tiempo. Me interesa el otro Nico, el que se esconde en el veinte restante.
NC: —Lo pintás como si fuera un denso con el tema.
JS: —Y… un poco lo sos. Sin ofender.
Quiero ayudarte y sabés que es cierto. Solo pretendo que respetes el espacio de nuestra cita y que no volvamos a hablar del accidente, ni de los testigos, ni de los suicidios, ni de las casualidades, y menos que menos de las teorías conspirativas. ¿Puede ser?
NC: —Como digas. Será a tu modo.