5 DE NOVIEMBRE
Visita al taller mecánico de Pedro Prosper
Nota de voz. Transcripción
Estoy a punto de llegar al taller mecánico que reparó o, mejor dicho, descompuso el Chevrolet Corsa de Olivia Croche.
Hace calor, mucho. Si bien el pronóstico auguraba unos veintiséis grados de máxima, bajo el sol del mediodía, se sienten como treinta y pico.
Por suerte, en la cuadra hay bastantes árboles, y puedo caminar bajo su sombra.
Desde aquí veo el lugar, calificado en internet por sus clientes con tres punto ocho estrellas de promedio.
Se ve sobrio, prolijo. Es una casa de dos pisos con frente rectangular.
En la planta baja, destaca una ancha cortina metálica del mismo tono que las paredes, elevada a media altura; tal vez, para proteger del sol a los empleados o para evitar miradas de los amigos de lo ajeno.
Conversación con un mecánico (M) del taller. Transcripción
NC: —Buenos días. Bah, buenas tardes.
M: —Buenas tardes. Estamos cerrados y trabajamos con turno previo.
NC: —Descuide, no soy un cliente. Mi nombre es Nicolás Cattaneo, soy periodista. ¿Usted es Pedro Prosper?
M: —No, no. El señor Prosper es el dueño del taller, mi jefe.
NC: —¿Él se encuentra? Me gustaría conversar unos minutos.
M: —Se fue a su casa, es horario de almuerzo. Vuelva más tarde.
NC: —Entiendo que vive en el piso de arriba. ¿Podría avisarle? Prometo que seré breve.
M: —Escuche, tenemos la regla de no molestar al jefe, excepto que sea por urgencias.
NC: —¿Tenemos? ¿Cuántas personas trabajan aquí?
M: —Mi compañero, quien también salió a comer, mi jefe y yo.
NC: —¿Cuál es su nombre?
M: —Sin ánimo de ofenderlo, ¿qué le importa?
NC: —Es para decirle a Pedro que hablé con usted.
M: —No hace falta, yo mismo se lo diré.
NC: —Ok… ¿A qué hora suele retomar sus funciones?
M: —Pasadas las tres de la tarde.
NC: —Dentro de hora y media.
M: —Aproximadamente, eh. Es el dueño, nadie le controla los horarios.
NC: —Podría aprovechar para comer y regresar en un rato.
M: —Haga como guste.
NC: —¿Conoce un restaurante o bar por la zona?
M: —Le recomiendo caminar por Laguna hacia la avenida Directorio. Se cruzará una pizzería, un restaurante y una casa de minutas.
NC: —Le agradezco.
M: —Hasta luego.
NC: —Una última consulta: ¿Usted es mecánico?
M: —La grasa en mis manos responde su pregunta.
NC: —De casualidad, a fines de marzo, ¿reparó un Chevrolet Corsa Súper, color verde petróleo? Fue parte de un hecho que salió en la tele, en los diarios…
M: —Por favor, guárdese las preguntas para el jefe.
NC: —Así será, delo por seguro.
Intercambio de mensajes con Miguel Cattaneo
NC: —Buenas tardes, Miguel.
MC: —Buenas tardes, Nicolás.
NC: —¿Cómo estás? Espero no molestar.
MC: —Estoy bien. ¿Vos?
NC: —Igual, acá, en un restaurante. Recién almorcé y en unos veinte minutos tengo una entrevista.
MC: —Ah, matás el tiempo escribiéndole a tu padre.
¿De qué versa la entrevista? ¿Es un caso resonante que te devolverá la fama perdida?
NC: —Mi reputación sigue en franco ascenso, como te gusta decir, buscar la fama jamás me interesó, y la entrevista está relacionada con el aniversario de la aparición de Violeta Hernández Blanco.
MC: —¡Qué sorpresa! ¡La misma investigación de siempre!
Supongo que hablaste con la persona que se hacía rogar. ¿Le compraste la heladera?
NC: —Hoy es otro entrevistado, y todavía no pude juntar la plata.
MC: —Comprendo. Dame un minuto.
NC: —Ok.
MC: —Listo. Revisá tu cuenta bancaria.
NC: —¿Eh? ¿Qué hiciste?
MC: —Te transferí y evité que me hagas perder el tiempo con el parloteo superficial de ascensor, cuando los dos sabemos que me escribiste para conseguir la guita que te falta.
NC: —Miguel, ¿qué estás diciendo? ¡Estás equivocado!
MC: —Dejá, salteate la escena en la que te ofendés y decís que sos capaz de valerte por tus medios. Te conozco mejor que la palma de mi mano y sé que tus saludos son impulsados por tus carencias.
NC: —No, no, no. ¡Ya mismo entro a la aplicación y te lo devuelvo!
MC: —Despreocupate. Lo sumo a tu deuda , para cuando se te ocurra pagarme .
Bah, ¿qué digo? Pagar es un verbo que desconocés.
NC: —¡Basta, Miguel! ¡Dejá de ofenderme!
MC: —¿Ofenderte? ¿Yo? Vos sos la injuria caminante. Me tratás como si fuera una persona jurídica, una entidad financiera a la cual recurrís para fondearte. Para colmo, en lugar de ir de frente, pretendés manipularme con excusas y situaciones excepcionales que solo a vos te pasan.
NC: —¡Cortala!
MC: —¿Se te rompió la heladera? ¡DECÍ LA VERDAD!
“Viejo, estoy quebrado, soy un periodista medio pelo que apenas llega a fin de mes y no puedo reponer un electrodoméstico básico. ¿Me prestarías unos mangos?”.
En vez de eso, inventás una historia grandilocuente sobre un proyecto periodístico y un pedido extravagante de una testigo fundamental.
¡Las boludeces que tengo que leer!
NC: —Ya te lo devuelvo. Ya te lo devuelvo. Ya te lo devuelvo. ¿Sabés dónde podés meterte esa guita? ¡Infeliz!
MC: —En eso estamos de acuerdo. Desde que mi esposa partió, soy un infeliz. ¿Y sabés quién fue el culpable? ¿Te lo recuerdo?
NC: —¡Callate! ¡Dejá de escribir!
¡Ah! ¡La concha de la lora! ¡Por tu culpa bloqueé la clave del banco!
¡Me hacés calentar y no pienso bien!
MC: —Sos un SINVERGÜENZA. Das lástima, con semejante actuación de cuarta. Los dos sabemos que te vas a quedar con la guita.
NC: —¡Te estoy diciendo la verdad!
MC: —Haceme el favor y dejame en paz. Mientras vos jugás a las entrevistas falsas, a mí se me acumula laburo REAL.
NC: —¡Mi laburo es real! ¡Trabajo con personas, con historias, con vidas!
MC: —Empezá a cobrarle a esa gente, entonces. Que te arrastres por unos pesos a tu edad es lamentable.
Dejá de escribir. No pienso leerte ni contestar.
Segunda conversación con uno de los mecánicos del taller. Transcripción
NC: —Buenas tardes. Quiero hablar con Pedro Prosper.
M: —Ah, otra vez usted.
NC: —Sí, otra vez yo. ¿Dónde está tu jefe?
M: —Mi jefe todavía no bajó.
NC: —¿Le avisaste de mi presencia?
M: —Le avisé.
NC: —Son las tres y cuarto. Decile que venga.
M: —Mire, él decidirá cuándo bajar al taller. ¿Ok?
NC: —Me dijiste que vuelva a las tres. Perdí dos horas esperando. ¡Llamalo ya mismo!
M: —Señor, baje la voz y hábleme con respeto.
NC: —¿Pedís respeto cuando me estás boludeando?
M: —Pedro Prosper es el dueño del taller, y yo intento mantener mi trabajo. ¿Comprende? Si él no quiere verlo, nada puedo hacer.
NC: —Dale, llamalo, tocale el timbre, lo que quieras. Que me lo diga en la cara.
M: —Creo que será mejor que se vaya.
NC: —¿Irme? No, querido. Sin esta entrevista no me voy. Ya vas a ver cómo lo soluciono.
M: —¿Qué hará?
NC: —Avisarle que estoy en su taller. Tengo el número de teléfono.
Intercambio de mensajes con Pedro Prosper (PP)
NC: —Buenas tardes. Soy Nicolás Cattaneo. Estoy llamándolo, ¿podría atenderme?
Por favor, atienda. Me encuentro en su taller. Quisiera conversar un rato.
¿Hola? Soy amigo de la familia Croche, ellos me recomendaron hablar con usted.
PP: —Buenas tardes. Hubiera comenzado por ahí. Ahora bajo.
NC: —Gracias.
Entrevista a Pedro Prosper
Grabación de audio. Transcripción. Parte 1
PP: —Buenas tardes, disculpá la demora. Si mencionabas de tu amistad con la familia Croche, no te hacía esperar.
NC: —Dije que soy Nicolás Cattaneo, más que suficiente.
PP: —Me transmitieron que había un periodista haciendo preguntas sobre los arreglos de un coche y… ¿qué querés que te diga? Me asusté. Pensé que venían a escracharme. Hoy te escrachan por todo.
NC: —La primera parte es correcta. Vine para preguntarle de una reparación, aunque sin animosidad.
PP: —Tuteame, querido. ¿Sí? Soy Peter, así me dicen los cercanos.
Contame, ¿de dónde conocés a los Croche?
NC: —Conozco a Olivia. Ella me pasó tu teléfono y dirección.
PP: —¡La nena! ¿Cómo anda?
NC: —Bien, bien.
Estoy interesado en preguntarte por el arreglo que hicieron en el Corsa de ella a fines de marzo de este año. Que lo retiró una noche y debió traerlo a la madrugada siguiente.
PP: —Ah… la manguera ahorcada.
NC: —Sí.
PP: —Escuchame, vamos a caminar. ¿Te parece? Quiero comprar unas facturas para compartir con los muchachos.
NC: —Encantado, vamos.
Apuntes de la entrevista. Desarrollo
Peter es un hombre prolijo que supera los sesenta años.
Viste un conjunto deportivo de Nueva Chicago y calza el último modelo de Nike.
Tiene la piel bronceada y una cabellera larga para su edad.
A diferencia del mecánico con el que hablé antes, sus manos están limpias, aunque evidencian las marcas de años de trabajo duro.
Al hablar de la familia Croche y de Olivia, esbozó una sonrisa sincera. Sin embargo, en cuanto puse sobre la mesa la reparación del Corsa, se le formó una mueca de angustia inconfundible.
Grabación de audio. Transcripción. Parte 2
PP: —Gracias por seguirme la corriente. El coche de Oli revive malos recuerdos en el taller.
NC: —Si caminar favorece el diálogo, bienvenido sea.
PP: —¿Qué te interesa saber?
NC: —Me encuentro desmenuzando los eventos que sucedieron alrededor de la aparición de la nena.
PP: —Yo, en cierta forma, estuve involucrado. Mirame la mano, me tiembla el pulso al repasar lo que viví esa semana.
NC: —¿Esa semana?
PP: —Hubo consecuencias de las que me enteré luego.
NC: —¿Consecuencias legales? ¿Fueron demandados?
PP: —No, los Croche jamás meterían abogados, somos como familia.
NC: —¿Está vinculado con el empleado que se mandó el moco?
PP: —Sí, tuve que echarlo.
NC: —Contame.
PP: —Estás con la libretita… Preferiría que ciertas cosas queden entre nosotros.
NC: —Cuido la fuente, nada que te perjudique será publicado. Confiá en mí.
PP: —Bueno, anotá: Lukas Hermaniuk. Lukas con “k” y Hermaniuk con “h” al comienzo y “k” al final.
NC: —Bastante peculiar. ¿De qué origen?
PP: —Él decía que tenía ascendencia polaca, aunque su pinta transmitía lo contrario. Era moreno, petiso, de orejas grandes y nariz ancha. De pelo corto, negro azabache y con un bigote espeso.
NC: —Lejos del cliché polaco.