Yo esa noche 25 DE SEPTIEMBRE
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25 DE SEPTIEMBRE

Entrevista a Eugenia Blanco

Nota de voz preliminar. Transcripción

Me encuentro en el barrio de Monte Castro, a unos treinta metros del frente de la casa de Violeta Hernández Blanco.

Faltan cinco minutos para las seis y media de la tarde, horario que acordamos con Eugenia para realizar la entrevista.

Estoy ansioso por conocer a la familia puertas adentro.

Sin dudas, será fructífero para la nota aniversario.

Fui un tonto en poner en duda esta visita. Lo de Simunovic me pegó de un modo inesperado. Sin embargo, las ganas de conocer qué fue de los Hernández Blanco y de reencontrarme con Violeta ganaron la pulseada.

El clima está hermoso.

La primavera se hace sentir en la temperatura, en el aire y, también, en las coloridas copas de los árboles que decoran la cuadra. Pensar que en esta misma calle, la nena fue secuestrada hace casi un año…

Grabación de audio. Transcripción. Parte 1

EB: —Hola, Nico, bienvenido.

NC: —Buenas tardes, Euge. Gracias por recibirme.

EB: —Gracias a vos por la paciencia. Sé que postergué esta entrevista. Vení, pasemos a la cocina.

NC: —Hermosa propiedad, muy luminosa. ¿La remodelaron?

EB: —Sí. La hicimos a nuevo antes de mudarnos, hace unos seis años.

La llegada de Viole nos obligó a dejar el dos ambientes, y tanto a Rafa como a mí siempre nos atrajo la idea de refaccionar una casa vieja.

No es grande, pero es suficiente para los tres.

Además, tiene un patiecito con parrilla, donde tenemos nuestro espacio verde.

NC: —¿Verde? ¡Ah, sí! Desde la ventana que está sobre la bacha, se ven las plantas.

EB: —Sí. Tenemos unas cuantas macetas con flores, un limonero a medio crecer, que todavía no da limones, y varias especies de enredaderas. Esas son las más recientes, esperamos que tomen la pared hasta formar un mural de hojas.

NC: —Entiendo, es una linda idea, y seguro refresca el ambiente en verano.

EB: —Sentate donde quieras.

NC: —Gracias.

EB: —¿Eso es un cuaderno?

NC: —Una libreta. ¿Te molesta que tome apuntes?

EB: —Todo bien, hacé tranquilo. ¿Qué te sirvo? Yo pensaba tomar mate. Si sos del team amargo, podríamos compartir.

NC: —Te agradezco, no soy del mate.

EB: —¿En serio?

NC: —Sí, nunca me gustó. Prefiero un café, si no es molestia.

EB: —Ninguna molestia. Tengo el soluble. ¿Sirve?

NC: —Perfecto.

EB: —Me sorprendiste con lo del mate. ¿Tus papás no tomaban?

NC: —Crecí viendo a mi viejo con el mate a la mañana, a la tarde y a la noche.

EB: —¿Y tu mamá tomaba café?

NC: —A ella no la conocí. Falleció en el parto.

EB: —Lo lamento mucho. ¡Qué difícil debió ser para tu papá criarte solo! A nosotros nos cuesta de a dos.

NC: —Esa hipótesis la escuché hasta el cansancio, aunque lejos estuvo de ser un modelo a seguir.

EB: —Ah…

NC: —Hablando de padres, ¿te parece que se sume Rafael? Me gustaría charlar con los dos y, si están de acuerdo, tener unos minutos con Viole también.

EB: —Ellos están en el cine. Fueron a ver la última peli de Disney. La gorda le insistía hace días, y Rafa quiso complacerla; es un avance que proponga una actividad en un lugar público.

NC: —¡Una lástima! Si me avisabas, hubiésemos reprogramado.

EB: —Es mejor así. Hoy pensaba decirte de vernos en una confitería, antes que surgiera lo del cine.

NC: —O sea… ¿La ausencia de los dos es intencional?

EB: —Rafa evita las entrevistas desde que el secuestrador… Uf… Todavía me cuesta decirlo en voz alta. Y tampoco queremos exponer de nuevo a Violeta. Anhelamos que esos meses oscuros queden en el pasado.

NC: —Podría decir que los entiendo, excepto porque invitaron al chofer a comer. ¡Lo homenajearon con un asado!

EB: —La situación de Ramiro es diferente.

NC: —Sí, privilegiada. Al parecer, el esfuerzo que hice por ustedes aquella noche fue menos importante.

EB: —Nico, por favor. Estamos agradecidos con todos.

NC: —Yo relegué mis intereses profesionales por darles paz, mientras la policía y la política les retenían la información. ¿Él que hizo? Ni siquiera tuvo la intención de ayudarla. Frenó tarde y listo.

EB: —¿Te parece si avanzamos con la nota en vez de enfrascarnos con él?

NC: —Solo quiero entender el porqué.

EB: —Mi marido lo idolatra porque atropelló a quien torturó a nuestra hija. ¿Es ética o moralmente correcto? ¿Sí? ¿No? ¡Qué sé yo!

Escapa a la razón.

NC: —Igual, ¿qué les costaba charlar cinco minutos o, al menos, estar presentes para agradecerme?

EB: —Ya está, Nico. Después retomo la conversación con Rafa, aunque no prometo nada. ¿Podemos cambiar de tema? Esta situación me pone incómoda.

NC: —Está bien. Disculpá, no fue mi intención.

Apuntes de la entrevista. Desarrollo

Eugenia Blanco luce radiante. Es notorio el contraste con la mujer que salía angustiada por la televisión y redes sociales pidiendo que su hija apareciera.

En ese entonces, llevaba el pelo corto y desalineado, su piel lucía pálida y exhibía unas ojeras preocupantes.

En cambio, ahora, tiene el cabello largo y brilloso, exhibe un bronceado tenue y recobró el peso perdido durante la ausencia de Violeta.

La única forma de saber que tiene cuarenta y un años es porque me tomé el trabajo de averiguarlo.

No están ni Rafael ni Violeta. Una decepción.

La actitud evasiva del padre era de esperar.

Jamás dio una nota, ni antes ni después de la liberación de su hija.

¡Pero qué injusto que me quiten la posibilidad de hablar con la nena!

¿Y qué decir de la preferencia por el falso chofer justiciero? Es indignante.

Grabación de audio. Transcripción. Parte 2

EB: —¿Qué te gustaría saber? ¿Cómo puedo ayudarte?

NC: —Estoy armando una nota que gira en torno a un interrogante: ¿Cómo influyó el secuestro en la vida de la familia Hernández Blanco y en la de los testigos?

EB: —A nosotros nos dañó en distintos niveles. Más bien, nos cambió. Imposible continuar siendo los mismos luego de atravesar una situación como esa.

Es amplio el tema.

NC: —Lo podemos ir encausando con preguntas si estás de acuerdo.

EB: —Sí, por favor.

NC: —Arranquemos con una simple: ¿Cómo llevan adelante sus profesiones? ¿La gente los reconoce?

EB: —A mí, en ocasiones. Soy licenciada en turismo y trabajo en una agencia como especialista en productos. A pesar de que no es frecuente que tenga contacto con los clientes, un par de veces, me han gritado: “¡Me alegro por Violeta!” o “¡Qué bueno lo de tu nena, se hizo justicia!”.

Es raro que recuerden mi nombre, me ubican por la cara.

Y después, mis compañeros de oficina, unos divinos.

Desde aquellos con los que tengo mejor relación hasta con los que nunca hubo piel.

Todos me respaldaron, ayudaron y bancaron.

Desconozco cuántos días me ausenté, aunque fueron muchos.

Hubo otras semanas en las que ni siquiera hacía lo mínimo y ellos me cubrían.

NC: —¿Cambió la perspectiva sobre las obligaciones y responsabilidades?

EB: —Y… recién estos últimos meses pude enfocarme en mi desempeño profesional. Intento crecer, mejorar, desarrollarme. Trabajo duro, con ganas y, a la vez, me hago menos malasangre. Soy agradecida con lo que tengo, miro el vaso medio lleno. Lo disfruto, estoy contenta.

NC: —Pasemos a tu marido. ¿A qué se dedica?

EB: —Sí, okey. Mirá… me pidió que no hablemos de él, y menos de su trabajo.

NC: —Lo cual maximiza mi curiosidad.

EB: —Claro. Eso mismo le dije: “Hacerte el misterioso con un periodista es contraproducente”.

NC: —¿Y qué te contestó?

EB: —Que estaba en lo cierto y que compartiera lo mínimo indispensable.

NC: —Te escucho.

EB: —Trabaja para una empresa de software importante, pionera en modelos de predicción e inteligencia artificial.

NC: —¿Cuál es? Quizá, la conozca.

EB: —Lo dudo. O sea, yo sé que es importante porque Rafa me cuenta, pero no es reconocida entre el común de la gente. Él me dice que es a propósito, que quieren pasar inadvertidos; por eso, tampoco cotiza en las bolsas.

NC: —Si no recurre a los mercados para hacerse de capital, debe tener quien la banque económica y financieramente.

EB: —Correcto. Se sustenta con aportes de los países miembros del brICS.

NC: —Ah, es grosa de verdad.

EB: —Sí.

NC: —¿Qué función cumple ahí?

EB: —La de “científico estelar”.

NC: —¿Eh?

EB: —Es una broma interna. Así le digo yo porque apenas sé lo básico. Firmó un acuerdo de confidencialidad al ingresar y lo respeta sin excepciones.

NC: —Lo básico me sirve.

EB: —Te lo resumo: Rafa es un genio. Cuando empezamos a salir, se estaba por recibir de actuario en la UBA y, en paralelo, estudiaba la licenciatura en Física en una universidad privada. Además, trabaja desde que terminó la secundaria… ¡A los quince años!

NC: —Impresionante, lo admito.

EB: —Tiene una mente privilegiada. Esta compañía lo llamó no bien se graduó con honores; y desde entonces, pasa la mayor parte del día en sus oficinas. Incluso, abandonó la licenciatura, dado que —según él— aprendía más en su trabajo que en la facultad.

NC: —O sea que es un actuario brillante con conocimientos de física, que se desempeña en una empresa de modelos de precisiones.

EB: —Predicciones. Modelos de predicciones. Hasta donde conozco, se usan para predecir cambios climáticos y catástrofes naturales.

NC: —Lo sabía. Gracias igual por el aporte.

Decía que se desempeña en una empresa que desarrolla software sobre modelos de predicciones e inteligencia artificial. ¿Correcto?

EB: —Sí.

NC: —Y deduzco que tiene poco tiempo libre para ser padre y esposo.

EB: —Él bromea con que siempre hay una reserva de energía para sus mujeres y, de un modo u otro, se fabrica el espacio para estar con nosotras.

No es de esas personas que pasan la noche en la oficina.

Rafa prefiere salir en horario para compartir en familia; y al día siguiente, despertarse a las cuatro de la mañana para terminar lo pendiente.

NC: —¿Hace home office ?

EB: —Lo tiene prohibido. La única forma de acceder a los proyectos es desde las computadoras del edificio central.

NC: —Suena un tanto extremo. Con lo avanzada que está la ciberseguridad, debería poder trabajar desde su casa.