22 DE SEPTIEMBRE
Nota de voz. Transcripción
Otra madrugada de insomnio, cortesía de Alexis Simunovic.
No dejo de pensar en su final. Fue… ¿injusto?
Tal vez. Era joven, y eso pesa. Por otra parte, estaba sufriendo física y mentalmente.
¿Es obligatorio continuar con la vida cuando uno la padece?
En este caso él partió bajo sus términos, en lugar de esperar a que la enfermedad decidiera cuándo, cómo y dónde.
Entonces, ¿por qué doy vueltas en la cama? Pensé que viendo la grabación la incomodidad pasaría, pero me equivoqué. ¿Me habré perdido un detalle importante?
Un detalle, un detalle…
¿Para qué me fui rápido? Hubiera visto la filmación un par de veces más. Ahora no sé qué está faltando, qué no me cierra.
Eeeh…
¿De qué estoy hablando? Ni que se tratara de un homicidio por resolver. ¡Qué incoherente! Cuando me despierte y escuche este audio, me reiré de mi estupidez. Aunque para eso, primero, debo dormirme y es difícil con esta angustia en el pecho, esta sensación de culpa…
¿Culpa? ¿Dije culpa? Que yo siga respirando y él esté bajo tierra no me obliga a nada. Cada uno tomó sus decisiones y punto.
¡Mierda!
¡Quiero dormir!
Intercambio de mensajes con Jésica Scarpin
JS: —Buenas tardes, Nico. ¿Cómo estás?
NC: —Hola, Jesi.
JS: —Hola.
¿Y? ¿Cómo estás?
NC: —Bien.
JS: —Por acá, igual. Gracias por preguntar.
NC: —¿Eh?
JS: —…
NC: —Disculpá, tengo la cabeza en otro lado.
JS: —¿Pasó algo?
NC: —Dormí mal y estoy con trabajo.
JS: —¿Hablamos después?
NC: —No, decime.
JS: —Me enteré de que ayer viste el video.
NC: —¿Cómo supiste? ¿Te escribió el del subte?
JS: —Sí, Victorino. Por eso, quería saber de vos.
NC: —¿Qué te contó?
JS: —Eso, que pasaste por su oficina.
NC: —Dale, Jésica. ¿Qué dijo?
JS: —Bueno… Que viste la filmación y que te afectó.
NC: —¿Me afectó? ¿Cómo que me afectó?
JS: —No sé, te pregunto. Prefiero que vos me cuentes.
NC: —No tengo tiempo para vueltas.
JS: —¡Okey! Dijo que lloraste. Que cuando te preguntó si querías verlo de nuevo, giraste hacia él con los ojos vidriosos y las mejillas mojadas.
NC: —Ah, es un imbécil. ¡Qué ganas de inventar semejante pelotudez!
JS: —Está bien, Nico.
NC: —¿Está bien? ¿Qué?
JS: —Llorar. No pasa nada.
NC: —¿Eh? ¿Vos le creés? A lo largo de mi extensa y reconocida carrera periodística, he lidiado con cuestiones peores. ¿Llorar por una filmación de subte? Por Dios…
JS: —Sé que para los hombres es difícil. En la fuerza, se consideraba débil al que mostraba cualquier tipo de emoción. Trabajábamos con personas en situaciones críticas, aunque debíamos comportarnos como robots programados. ¡Me alegra haber renunciado! Ahora puedo expresarme y aceptarme.
NC: —Te felicito, Jésica.
Yo no lloré. No se me cayó ni una sola lágrima.
JS: —Más allá de las lágrimas. ¿Te afectó?
NC: —¿Por qué habría de afectarme?
JS: —Es traumático ver a un hombre tirarse a las vías del tren, sumado a que repercute en tu laburo.
NC: —¿Cómo?
JS: —¿Para qué entrevistás a los testigos del caso Hernández Blanco?
NC: —Quiero evaluar si el accidente cambió sus vidas, para mejor o peor.
JS: —Y es un bajón que uno se haya suicidado antes de que consiguieras entrevistarlo. ¿No?
NC: —¿Estás insinuando que me angustia la falta del testimonio más que el suicidio?
JS: —No. Estoy diciendo que inconscientemente pudo molestarte. Tampoco estoy juzgándote. Recordá que yo era obsesiva con mis investigaciones.
NC: —Si admitiera que me afectó en parte… ¿me dejarías en paz?
JS: —Te dejaría en paz, sí. Previo decirte que si querés hablar o descargarte, acá estoy.
NC: —Lo admito, entonces.
JS: —Excelente, señor Cattaneo. Retome lo suyo y si me necesita, ya sabe. No dude en escribirme.
NC: —Ok, ok. Pero evitá decirme “señor Cattaneo”. Así le dicen a mi viejo, y lo último que me falta es acordarme de él.
JS: —Tomo nota, caballero. Tenga usted buenas tardes.
NC: —Usted, también. Y hágase ver por un exorcista, que cada tanto la posee el espíritu policíaco.