9 DE SEPTIEMBRE #2
RV: —Cuando me tocó a mí, estaba cagado en las patas y repetí lo que dijo él. “Temí que fueras a perjudicarte por un malhechor inmundo”, me explicó mi pana , semanas después.
Apuntes de la entrevista. Desarrollo
Culpa. El héroe de la línea 50 siente culpa a pesar de que pasaron meses desde el accidente.
Su mirada, las palabras que elije, el temblor en sus manos, la aureola de sudor en la camisa y cómo se rasca la zona baja de la nuca, lo delatan.
¿Cómo se le pasó por alto al juzgado? Seguramente, no quisieron indagar demasiado.
Las respuestas se buscan en la medida que existan las preguntas.
Supongo que terminar una vida, incluso, la de un psicópata criminal, deja una marca, una herida. La de Ramiro necesita tiempo para cicatrizar.
Grabación de audio. Transcripción. Parte 3
NC: —Quisiera que nos enfoquemos en el Ramiro actual. ¿Qué fue de tu vida? ¿Cómo se dio la amistad con Josmar? ¿Pediste el pase al turno mañana?
RV: —Agradezco que cambies de tema, pero…
NC: —Sí. Quedate tranquilo, tu secreto seguirá siendo un secreto.
RV: —De nuevo, gracias.
NC: —Nada que agradecer. Avancemos.
RV: —Sí. Eh… ¿Por dónde empiezo? A ver…
NC: —El cambio de turno.
RV: —Te lo resumo: el accidente vino como anillo al dedo; aproveché la licencia psiquiátrica que me dio la ART y el apoyo de mis compañeros para plantar bandera. “No te manejo más de noche”, les dije al reincorporarme. Y así fue. Me dieron el gusto sin discutirlo.
NC: —¡Qué bien!
RV: —Sí. Tenía las bolas inflamadas y llevaba años quejándome sin que me dieran ni cinco de pelota. El recorrido nocturno me traía problemas en casa, casi que era un extraño para mi mujer y mis hijos. De ahí surgía mi pésimo humor. Antes del accidente, estaba muy bajoneado o deprimido.
¿Traté como el culo a Josmar esa noche? Sí, y a un montón de otros pasajeros antes que a él. Aunque admito que con el venezolano me la agarré más feo, pero por otras cuestiones.
En resumen, desde el accidente, varios aspectos de mi vida se acomodaron.
El vínculo con la bruja, por ejemplo, se fortaleció.
Tener los horarios de laburo cruzados, hacía que nos viéramos poco.
Antes, cuando ella llegaba de la oficina, yo me venía para acá.
A la hora que yo volvía a casa, ella estaba durmiendo.
Hoy, en cambio, encontramos tiempo para compartir. Nos hizo muy bien.
Lo mismo con mis pibes, que estudian en la UBA y laburan.
También, me permitió otras actividades, como salir a caminar, ir a clases de salsa, juntarme con amigos o cenar afuera.
NC: —¿Josmar Zapata influyó en que aprendieras salsa?
RV: —La idea fue mía, lo noto solitario. ¿Te contó de su mujer?
NC— Sí, y de sus padres.
RV— Pobre tipo. ¡Tener que rajarte del país que amás y al tiempo perder a tu familia!
¡Cuánta desgracia junta! Así que lo pinché para que nos acompañe —voy con mi esposa—, a ver si en entre tema y tema se consigue una compañera nueva.
Como baila bien el morocho, ya hay un par de candidatas. Aunque le cuesta concretar.
NC: —¿Por qué lo maltrataste en el colectivo? ¿Cuáles fueron las “otras cuestiones” por las que te ensañaste con él?
RV: —¿Eh? ¿Otras cuestiones?
NC: —Esas fueron tus palabras. Dijiste que tratabas mal a los pasajeros y a Josmar en especial por “otras cuestiones”. ¿Qué te causaba bronca si recién lo conocías? ¿Un prejuicio?
RV: —Sí, me da vergüenza admitirlo. Se las tenía jurada a los venezolanos.
De un día para otro, invadieron la ciudad y los veía hasta en la sopa.
Para mí eran inmigrantes que se quedaban con los trabajos del argentino por menos guita.
Ese rechazo nunca lo sentí con los bolivianos, paraguayos o peruanos.
Posiblemente, porque los tengo de vecinos desde que era pendejo.
Pero con los venecos , me ensañé. ¡Perdón, mala mía!
Está mal decirles venecos , me explicó Josmar. Es ofensivo.
NC: —¿Y recapacitaste al conocer su historia?
RV: —Sí. Tuvo una década jodidísima y la sigue luchando. Encima encubrió al tipo que lo obligaba a bajarse del colectivo cuando lo único que pretendía era entregar unas empanadas y no perder el laburo. ¡Fui muy forro! ¿Cómo pude tratarlo así?
NC: —¿Él es la excepción? ¿O cambiaste en general?
RV: —¿Eh…? ¡Ah! Te referís a mi trato hacia sus compatriotas. Ahora los veo de otro modo. Con compasión. Igual Josmar insiste con que lo mejor es tratarlos como a cualquier otro pasajero. Lo último que desean es sentirse extranjeros, para bien o para mal.
NC: —Parece que la amistad los retroalimenta. A él lo noté alegre por haberse conocido.
RV: —Seee… Es un capo el morocho.
Apuntes de la entrevista. Desarrollo
“Antes del accidente, estaba deprimido”, dijo.
Jésica, Josmar y se suma él. ¿Será una condición común entre los habitantes de esta ciudad?
Es curioso que los tres se vieran beneficiados por el accidente.
Las consecuencias del siniestro fueron positivas, sin dudas.
¿De la oscuridad nace la luz? ¿La semilla del bien puede germinar en un hecho trágico?
En definitiva, la muerte de un criminal benefició a estas personas.
¿Qué sucedería si elimináramos o desaparecieran otras manzanas podridas? ¿El resultado justificaría los medios?
Me sorprende la confesión xenófoba. No me hubiera imaginado que cargaba con esos miedos o prejuicios. También, es llamativo lo rápido que cambió su postura. La realidad es apenas una ficción construida sobre la base de lo percibido y lo que asumimos.
Grabación de audio. Transcripción. Final
NC: —Para ir cerrando… me gustaría que compartas tu experiencia como influencer. ¿Cómo surgió la pasión por las redes sociales?
RV: —Decir que me apasiona es demasiado. ¿Les presto más atención que antes? Sí, por afano. ¿Programo contenido para compartir? Claro que sí. ¿Me encanta ser influencer ? No, la verdad que no.
NC: —Le dedicás tiempo, pero no lo disfrutás. Suena como un segundo trabajo.
RV: —Es eso. Un segundo trabajo que me asignó la gente luego de atropellar a Sklier. Ni se me pasaba por la cabeza llenarme de seguidores, ¿eh? Ocurrió y punto. Del mismo modo que me inventaron el apodo de Chofer Justiciero.
NC: —Y cambiaste el arroba de tus redes a Chofer_Justiciero.
RV: —Sí. De un día para otro, las personas construyeron un personaje y se lo terminaron creyendo sin conocerme realmente. Comenzaron a enviarme noticias de injusticias, de estafas, y otras cosas que la gente quería denunciar a la espera de que lo compartiera para hacer visible el problema.
NC: —Fluiste con la corriente y tu cantidad de seguidores continúa en ascenso.
RV: —¿Qué? ¿Por qué esa mueca?
NC: —Encuentro contradictoria la culpa que exteriorizaste hace minutos con la idea de alcanzar la fama en redes sociales.
RV: —Lo hablé con mi señora. Pensaba hacer privados mis perfiles, pero ella me hizo cambiar de idea. Ayudar a otros es una buena forma de compensar el daño, de equilibrar el karma o de limpiar mi aura, ponele. A ella le interesan esas pavadas energéticas, yo no cazo una.
Hoy soy un canal de comunicación abierto a la sociedad. Permito que se escuche la voz de gran cantidad de víctimas que sufren injusticias a diario. En ocasiones, juraría que se toman el 50 solo para contarme sus desgracias y pedirme ayuda.
NC: —Y de paso te beneficiás.
RV: —¿Eh?
NC: —Vamos, no lo niegues. Te he visto recomendar restaurantes y siempre te vestís con ropa de la misma marca.
RV: —Me ha pasado que me regalen pilcha, sí. ¿Qué debería hacer? ¿Tirarla? Y en varios bodegones y parrillas, no me quisieron cobrar. Saltan con “Es un honor invitar al Chofer Justiciero”, y lo mínimo que puedo hacer es agradecerles en mis redes.
¡Yo jamás pedí un mango ni salí a buscar canje! ¿Está clarito?
NC: —Está bien, está bien. Tomalo con calma, la intención no era atacarte.
RV: —Bueno… ¿Terminamos?
NC: —Sí. Creo que es suficiente contenido para arrancar. Gracias.
RV: —Ojo con el “contenido” que publicás. Recordá tu palabra.
NC: —Tranquilo, Ramiro. Nadie avalaría una nota en la que le echo tierra al Chofer Justiciero.
A pesar de que el escándalo probablemente vendería, la opinión pública, primero, me condenaría y, después, me cancelaría.
Por otra parte, en lo personal me alegra que te esté yendo bien, igual que al resto.
RV: —¿Al resto?
NC: —Sí. Te conté que estuve conversando con otras personas que fueron parte del incidente de un modo u otro; y al parecer, sus vidas también dieron un giro positivo.
RV: —Mmm… Te faltaría hablar con el otro pasajero del 50.
NC: —¡Sí! ¿Cómo sabías? Él se llama… Lo tengo en mi listita… Acá está: Alexis Simunovic. Es el próximo a entrevistar. ¿A qué viene tu comentario? ¿Pasó algo?
RV: —Sí.
NC: —¿Me dirás que le pregunte a él, como hizo tu pana Josmar con vos?
RV: —Sería de mal gusto decirte que hables con Alexis, dado que pasó a mejor vida.
NC: —¿Qué? ¿Cómo?
RV: —No la tengo clara. Una pasajera me lo contó. “Chofer Justiciero, supe que el otro muchacho del colectivo se suicidó. Lo siento mucho”, fueron sus palabras.
NC: —¿Cuándo?
RV: —Me enteré hace tres o cuatro semanas, no sé exactamente el día que pasó.
Quedé helado al escucharla. Según lo que decía la noticia en internet, el pibe estaba en la estación Plaza Miserere de la línea A; y cuando el subte entraba en la estación, se tiró a las vías.
Si bien no lo conocía, me dio mucha pena.
Andá a saber qué le pasaba, pobre flaco.
NC: —Sí, claro. Qué pena…
RV: —Pena para él. Vos tenés sangre para la nota.
NC: —Me pintás como un hombre despiadado, Ramiro.
RV: —Todos los periodistas son un poco carroñeros. ¿O vos sos diferente?
NC: —Obvio. Mi vocación es informar. Dejando de lado el ego y los intereses personales.
RV: —¡Daaale! ¿Es joda?
NC: —¿Qué estás insinuando?
RV: —Que al cruzarte con Violeta, te alegraste más por vos que por ella.
NC: —Pasaré por alto el comentario desubicado porque soy un profesional con todas las letras y sé aguantar un golpe con integridad.