Yo esa noche 9 DE SEPTIEMBRE
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9 DE SEPTIEMBRE

Entrevista a Ramiro Valerda (RV)

Nota de voz preliminar. Transcripción

La fachada está pintada de blanco, con una franja horizontal azul de medio metro que divide los dos pisos.

La planta baja es inmensa. Calculo que debe tener espacio para unos sesenta vehículos.

La planta alta es de oficinas. Recursos humanos, Administración, Pago a proveedores, etcétera.

Pasé por un comedor hace minutos a servirme un café y llegué a la sala de reuniones, donde me encuentro ahora.

Me hubiera gustado entrevistar a Ramiro en su entorno cotidiano, aunque es una especie de celebrity en la compañía y nos dieron este espacio privado.

En cualquier momento, ingresará a la sala. Por la ventana, vi la llegada de tres colectivos, y me dijeron que Valerda está al volante de uno.

Estoy ansioso. Hace tiempo que deseo entrevistarlo, pero no podía descuidar el trabajo cotidiano que me da de comer.

Sumado a que cubrir el escándalo de la diputada con los narcos de zona oeste, ayuda a mantenerme en escena.

Soy Nicolás Cattaneo, el periodista que encontró a la nena más buscada de los últimos años, y la gente debe recordarme.

Escucho una voz grave del otro lado de la puerta. Seguro es él.

Grabación de audio. Transcripción. Parte 1

NC: —Buenas tardes, señor Valerda. Nicolás Cattaneo, un gusto.

RV: —¿Qué hacés, papá? Las presentaciones sobran. ¿Cómo estás? Decime Ramiro, que “Señor Valerda” me dicen los de Recursos Humanos cuando me mando una cagada.

NC: —Sospecho que no pasa a menudo. Sos una estrella en la línea 50.

RV: —Ponele. La gente es más copada conmigo desde que atropellé al tipo ese y me viralicé. ¡Igual no se me sube la espuma a la cabeza! Estoy por cumplir cuarenta y nueve, tengo claro que nada dura para siempre. Ni lo bueno ni lo malo.

¿Nos sentamos? Estoy muerto de hambre y el sándwich de milanga se enfría.

NC: —Adelante. Buen provecho.

RV: —Gracias. Mmm… ¡está buenísimo!

Mientras entreno la mandíbula, contame… ¿A qué viniste? Lo pregunto con buena onda.

NC: —La idea es armar una nota para el aniversario de la aparición de Violeta. Celebrar con los lectores que hace un año está con su familia.

RV: —Un segundo cumpleaños.

NC: —Es un enfoque interesante. Considerar que ella volvió a nacer al recuperar la libertad.

RV: —Anotá papá, anotá. Para eso, tenés la libreta.

NC: —Sí, sí, eso hago…

RV: —¿Y yo qué pito toco? Digo, con su nuevo cumple. En la vida real, ninguno, jajaja.

NC: —Desde esa perspectiva, usted…

RV: —Vos, querido, tratame de vos.

NC: —Ok. Vos serías la partera, mínimo. Fuiste quien la devolvió a sus padres.

RV: —Partera o partero, hay que deconstruirse, jajaja.

Igual entiendo. Una vez, un compa ayudó a una mina a parir en el pasillo del bondi; y otro, una mañana, se desvió para dejar a una embarazada en el sanatorio.

Lo mío es menos romántico. Aunque me traten como a un héroe, maté a un hombre. Maté a Nemesio Sklier.

NC: —Te noto contrariado. Hubiera jurado que estarías contento por Violeta.

RV: —¡Olvidate! Estoy refeliz por la nena. Es un sol. Hace poco anduve por la casa. Me dijo que soy su chofer preferido y me abrazó.

NC: —¿Tenés diálogo fluido con la familia?

RV: —No, no. El padre llevaba tiempo invitándome a cenar para agradecerme.

NC: —¿El padre? ¡Qué curioso! Es muy reservado… No quiso conversar con ningún medio luego del accidente y durante la búsqueda solía dar la cara la madre.

RV: —Sí, Eugenia. Una leona divina. ¿Cómo aguantó medio año sin la hija?

Con ella arreglé el día y horario del asado, que estuvo para chuparse los dedos.

Ahí me enteré de que Rafa le decía todos los días que me llame; y durante la visita, el tipo estuvo pesadito, ¿eh?

Te juro que lo entiendo, y me cae bien. Pasa que al quinto o sexto “¡Gracias, Ramiro, gracias!”, ya estaba incómodo.

Yo le repetía que no había hecho nada, que fue una casualidad; un accidente con final feliz.

NC: —Mirá vos… ¿Él qué te contestó?

RV: —Se reía el flaco, como si estuviera diciendo una pavada. “Yo creo en las causas y en los efectos. Así que te agradezco inmensamente por haber hecho tu parte para que Violeta volviera a casa”, eso me dijo.

NC: —Debió ser emotivo escucharlo.

RV: —Sí, lo fue.

NC: —No parecés convencido.

RV: —Y… es jodido, ¿viste? Imaginate que te aplaudan por matar a un tipo.

Apuntes de la entrevista. Desarrollo

Devoró el sándwich, se chupó los dedos y le quedó un resto de mayonesa en el mentón, que limpió con el anverso de la mano. En cambio, el vaso de Manaos, lo bebe con calma.

Se lo ve rejuvenecido. Sus mejillas tienen un rosado saludable, en contraste con la versión pálida y ojerosa del veintinueve de marzo. Se hizo un corte juvenil, rapado a los costados y prolijo arriba. Está recién afeitado, abandonó la barba candado. ¿Cuidará su imagen para las redes sociales?

Debo intentar hablar con Rafael Hernández, el papá de Viole. Quizá, haya bajado la guardia y considere dar una entrevista. De él se supo poco a lo largo del secuestro. Apenas unas declaraciones escuetas cuando su hija desapareció. Sería un agregado de valor para la nota del aniversario.

Me hace ruido que haya dicho el nombre del secuestrador en voz alta.

Pocas personas deben recordar que se llamaba Nemesio Sklier.

Además, ante los gestos de gratitud de la familia, se excusó diciendo que se trató de un accidente, una casualidad, aunque también conjugó el verbo “matar” un par de veces.

Grabación de audio. Transcripción. Parte 2

NC: —Hay una pregunta que quiero hacerte respecto de esa noche.

RV: —Adelante.

NC: —¿Estabas de mal humor? ¿Habías tenido un día jodido?

RV: —Eh… ¿A qué viene?

NC: —Cuando hablamos, te noté apagado, con pocas ganas de conversar. Lo cual era lógico, acababas de atropellar a una persona y tardaste en enterarte de que era un psicópata.

RV: —¡Claro, pa! ¿Esperabas que te contara un chiste?

NC: —Mi pregunta apunta a las horas previas al accidente. ¿Tenías un día agradable? ¿Primaba la energía positiva o negativa? ¿Cómo fue la interacción con los demás?

RV: —¿Demás? ¿Qué demás? Bajate de la calesita y andá al grano. De nuevo, va con buena onda…

NC: —El punto en cuestión… O sea, busco saber…

RV: —¡Pará! ¿Hablaste con otros?

NC: —Sí, pero no tiene relación.

RV: —Charlaste con Josmar, ¿verdad?

NC: —Eeeh…

RV: —¡Listo! ¡Ahora me cierra! ¿Qué te dijo el veneco buchón?

NC: —Ramiro, es innecesario que te pongas a la defensiva. Josmar Zapata apenas mencionó la amistad que los une y cuando intenté preguntarle sobre vos, me dijo que no podía contestar en tu nombre.

RV: —Ah… ¡Me extrañaba que el venezolano tuviera la boca floja! Es buen tipo.

NC: —Me veo en la obligación de insistir. Decís buchón, boca floja… ¿Cuál es el secreto?

RV: —Ninguno, ninguno. ¡Soy jodón! Jajaja. ¿Qué secreto puede haber si fue un accidente? Jajaja. Dejemos de cazar brujas, por favor.

NC: —Ramiro, respirá, te estás poniendo rojo. Aparte transpirás como si estuviéramos bajo el sol del mediodía. Secate la frente y contame. ¿Qué pasó con Josmar cuando subió al colectivo? Recordá que no estoy acusándote de nada, es simple curiosidad.

RV: —Está bien, está bien. Dame un segundito, así recupero el aire. ¡Qué pesado el sanguchito de milanesa!

NC: —Aguardo lo necesario.

RV: —Gracias. Eeeh, por cierto… ¿Me estás grabando? ¿Es una cámara oculta?

NC: —Podés estar tranquilo, lo que digas quedará entre nosotros.

RV: —O sea, osderecor .

NC: — Off the record . Sí.

RV: —Ustedes, tienen que proteger la fuente, como en las películas.

NC: —Exacto. Hablá en libertad.

RV: —Correcto, bien…

NC: —Josmar me contó que discutieron. ¿Viene por ahí la mano?

RV: —Más o menos. Josmar subió al colectivo sin saldo.

Estuvimos unas cuantas cuadras, eh… “argumentando”, ponele.

Le preguntó al otro pasajero si podía garparle el viaje y como el tipo no contestó, le dije: “En la próxima te bajás”.

Me insistió que había tenido una pésima noche y que perdería el trabajo y me pidió la gauchada de que le pague, que él me daba la guita. Yo me negué.

La charla se fue picanteando, ¿viste? “¡Bajás o te bajo!”, le mandé. Y el veneco me contestó recaliente: “¡Bajaré cuando llegue a destino!”. Ahí, el pasajero del fondo que venía mudito, reaccionó como el ojete : “¡Cállense, imbéciles! ¡Me tienen harto!”. Entonces…

NC: —¿Volteaste a mirarlo?

RV: —Josmar giró. Yo lo busqué en el espejo con el que controlamos a los pasajeros. ¡Posta fue un instante! ¡No me imaginé que podía pasar un accidente!

NC: —Los testigos coinciden en que Nemesio Sklier se lanzó sobre el colectivo y que vos frenaste. Ramiro, yo también lo vi. No tuviste responsabilidad.

RV: —Josmar se dio cuenta y me gritó: “¡Cuidado!”. Yo clavé los frenos, aunque tarde. ¡Le di de lleno y lo maté!

NC: —Creo que estás castigándote en exceso. Fue una fracción de segundo.

RV: —¿Y si con ese segundo el tipo sobrevivía? ¡Josmar lo vio antes! ¿Entendés? Mi distracción tuvo consecuencias graves.

NC: —Tan graves como que una nena regresó con sus papás al cabo de pasar meses encerrada en la casa de un degenerado.

RV: —Sé que en las redes sociales, en la calle, acá en el laburo, me consideran un héroe. A mí, si te soy sincero, me jode. ¿Cómo estar alegre si lo maté? Tengo que cargar esa cruz a pesar de los aplausos y las palmadas en la espalda.

NC: —¿Y por qué no lo confesaste en la causa? Estoy seguro de que no salió a la luz. A menos que haya existido complicidad policial para ayudarte.

RV: —Lo pensé, al rato, porque al toque de que pasó, estaba en shock .

Perdí la noción del tiempo desde que una mina me dijo: “Está muerto” y hasta que llegó la policía.

Son recuerdos borrosos. En el medio, nos comentaron que la nena era Violeta y que el hombre era el loco que la tenía secuestrada.

Calculo que, por eso, cuando un oficial quiso tomarnos declaración, Josmar se adelantó a dar su versión de los hechos.

NC: —Te cubrió.