Yo esa noche 9 DE SEPTIEMBRE #3
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9 DE SEPTIEMBRE #3

RV: —Lo mencioné sin juzgarte, ¿eh? No estoy en posición de apuntar con el dedo.

NC: —Ajá… Creo que terminamos. Muchas gracias.

RV: —Gracias a vos y que te vaya bien en el proyecto.

Nota de voz de cierre. Transcripción

La charla fue amena y distendida. Agradable es un adjetivo acertado para definirla, aunque todavía me dura la calentura del comentario final.

¿Cómo se le ocurre tratarme de ese modo?

¿Será que envidia mi prestigio? Y eso que tiene cientos de miles de seguidores.

Claro que es desigual el reconocimiento de la sociedad hacia quien sube videos boludos a internet versus un periodista que trabaja a fondo en sus investigaciones. Seguro viene por ahí la mano.

Mejor me enfoco en las cuestiones relevantes, como concertar una entrevista con Eugenia Blanco. De paso, intento acercarme a su marido y, también, a Violeta. Son dos pendientes importantes en mi lista.

Es prioritario averiguar sobre la muerte del otro pasajero del 50. Su suicidio cambia el enfoque. La liberación de Violeta no mejoró la vida de todos los testigos. ¿Quién era? ¿Qué le pasó? ¿Cómo influyó en el accidente su estado emocional?

Por último: Ramiro Valerda. De “chofer prejuicioso” a Chofer Justiciero.

De ser invisible en la compañía a conseguir concesiones y beneficios especiales.

De estar deprimido a disfrutar de su familia, de la fama y de su nuevo amigo.

Su cantidad de seguidores suma, y mucho, para la difusión del artículo.

Intercambio de mensajes con Jésica Scarpin

NC: —Jésica, buenas tardes. ¿Cómo estás?

JS: —Bien, bien. ¿Qué tal NICOLÁS?

NC: —¿Las mayúsculas tienen razón de ser?

JS: —Decime Jesi y me habilitás a decirte Nico. Tu nombre es demasiado largo para tratarnos con formalidad.

NC: —De acuerdo, Jesi.

JS: —De acuerdo, Nico. Demoraste un tiempo en escribirme. ¿Te aburrió nuestra charla de café?

NC: —Para nada. Fue una conversación productiva. Quise avanzar con la investigación antes de molestarte de nuevo.

JS: —Ah… Me alegra colaborar con tu productividad, jajaja.

NC: —Sí. La lista de los testigos fue clave para encarar las entrevistas que tenía en mente. De hecho, acabo de salir de la terminal donde trabaja Ramiro Valerda, conocido como el Chofer Justiciero.

JS: —Lo sigo en redes. Un tipo simpático. ¿Fue “productiva” la charla con él?

NC: —Bastante. Me generó ciertos disparadores y me dio una noticia que desconocía sobre otro testigo. ¿Vos sabés qué sucedió con Alexis Simunovic?

JS: —Simunovic… Simunovic… Por descarte, tiene que ser uno de los pasajeros del colectivo; y por el origen del apellido, dudo de que sea el venezolano.

NC: —Sí, correcto.

JS: —Desconozco qué pasó con él. Contame.

NC: —Según Ramiro, se suicidó.

JS: —¿En serio? ¡Qué triste!

NC: —Al parecer, se lo contó una pasajera, hace unas semanas. Por eso, te escribo. Me gustaría desmenuzar el último tramo de su vida.

JS: —El morbo vende, así que no me sorprende.

NC: —¿Vos también me vas a juzgar?

JS: —¿También?

NC: —Dejá, no importa. Solo quiero saber quién era y qué le pasó. Estoy haciendo el seguimiento de los testigos de la aparición de Violeta, y sería desconsiderado de mi parte dejarlo fuera de la nota.

¿Y si aquella noche influyó en su decisión?

JS: —Supongamos que tenés razón. ¿Por qué me escribiste?

NC: —Necesito tu ayuda.

JS: —¿Querés acceso a la causa del suicidio?

NC: —O a la info que puedas conseguir. Seguro será más jugosa que la que surge de internet.

JS: —Dejame evaluar el panorama y te escribo.

NC: —Muchas gracias, Jesi. Estamos en contacto, y buenas tardes.

JS: —Todavía no me agradezcas. Buenas tardes.

Intercambio de mensajes con Eugenia Blanco

NC: —Eugenia, buenas tardes. ¿Cómo estás? Soy Nicolás Cattaneo. Te escribo al celular siguiendo tu recomendación. Espero no molestar.

EB: —Hola, Nicolás. ¿Cómo estás? Sí, mejor conversar por acá.

NC: —Yo bien, por suerte. ¿Vos?

EB: —Bien. Hasta recién ayudaba a Viole con la tarea del cole.

NC: —¿Cómo le va en clases? ¿Se puso al día?

EB: —Se podría decir que está encaminada. La paciencia es una de las virtudes de su docente, y ella muestra interés.

NC: —Qué alegría saber esto, Eugenia.

EB: —La alegría es mutua.

¿Me escribiste para saludar o sucedió algo?

NC: —Primero, para preguntar cómo las trata la vida.

Segundo, para proponerte una reunión esta semana o la otra, cuando puedas.

Estoy recabando historias interesantes de los testigos del 29 de marzo y me faltan las voces de los protagonistas principales.

Por lo que me gustaría invitarte a tomar un café o también puedo pasar un día por tu casa. Lo que te sea más cómodo.

EB: —Ah… Es con fines periodísticos.

NC: —De verdad, no quiero molestar. Tampoco es la idea repasar hechos traumáticos para ustedes.

No será una nota amarillista. Busco concientizar al público sobre “el después” de un hecho de inseguridad, sobre el arduo trabajo emocional que afrontan las familias y sobre cómo es la evolución de la víctima principal.

EB: —Claro, sí. Sería darle un enfoque reflexivo.

NC: —Exacto. Y planeo avanzar con el mismo respeto y la misma profesionalidad con la que fueron tratados cuando cubrí la aparición de Violeta.

¿Te imaginás qué hubiera hecho otro periodista en mi lugar?

Yo de inmediato les escribí, en vez de sacar fotos para venderlas.

Pensé, primero, en los padres y en liberarlos de la angustia. Así es cómo soy y cómo trabajo.

EB: —Sí. Lo sé. Voy a ser ciento por ciento sincera con vos, no me entusiasma retomar las entrevistas.

Los días posteriores a que recuperamos a la gordita fueron una locura.

Quedé saturada. Mi teléfono sonaba día y noche, y yo intentaba contestarle a cada periodista.

No quería ser desagradecida con ninguno luego de la ayuda que nos dieron para buscar a Viole.

NC: —Perfecto, comprendo. Quitémosle, entonces, el mote de entrevista. Que sea una charla distendida entre conocidos. Puede ser completamente en off , sin grabar ni filmar, sin una lista de preguntas. Iremos improvisando.

Además no habrá otros periodistas después. Lamento decirlo, pero la mayoría de los medios se olvidaron de ustedes. Vendieron noticias cuando hubo que venderlas y ya está. En cambio, yo sigo presente.

EB: —Está bien, Nicolás. Podríamos juntarnos una tarde.

NC: —¡Genial, Eugenia! ¡Muchísimas gracias! Decime cuándo preferís que pase por tu casa.

EB: —Esperá. Dejame que me organice estos días y te escribo.

NC: —Imagino que entre tu laburo y ser mamá debe quedar poco tiempo libre. Si te parece, puedo contactarte de nuevo para coordinar, como ayudamemoria.

EB: —No, no. Por favor. Sé paciente, prometo escribirte.

NC: —Obvio. Cero inconveniente. Estamos en contacto y gracias.

EB: —De nada. Hasta luego.