Yo esa noche 21 DE AGOSTO #2
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21 DE AGOSTO #2

JZ: —Pues, yo esa noche había salido a chambear . Necesitaba dinero. O sea, siempre necesito dinero; y en ocasiones, estoy pelando bolas más de lo habitual.

NC: —¿Eh? ¿Pelando qué?

JZ: — Pelando bolas , pues. “Estar en la lona”. ¿Cómo le dicen aquí? Ah, sí. “Estaba sin un mango”.

NC: —Ah…

JZ: —Estaba cansado de la bicicleta, de los pedidos, de la vida en general. Trabajaba cuando me quedaba sin opción para comer y pagar las cuentas. ¿Comprendes?

NC: —Comprendo.

JZ: —Ese día apenas había bebido un café con unas galletas de soda; ustedes le dicen galletitas de agua. La heladera estaba vacía, y no me importaba. Sin embargo, un mensaje de la compañía de internet me forzó a dejar la cama. Decía que procederían a cortar el servicio si no regularizaba la deuda.

NC: —¿A qué hora saliste?

JZ: —Pues… Cerca de las ocho de la noche. Pedaleé unas cuatro horas para reunir el dinero que me faltaba, y en el último de los pedidos me asaltaron.

NC: —Te robaron la bici.

JZ: —Sí.

NC: —Por eso tomaste el colectivo.

JZ: —Sí… Fui un idiota.

NC: —¿Por?

JZ: —Porque luego de hacer la plata olvidé apagar la aplicación. Entonces, entró un pedido y debí tomarlo.

NC: —¿No pensaste en ignorarlo?

JZ: —Me sancionan, pues. Es una aplicación muy exigente y si lo ignoro, luego, me dan baja prioridad para tomar encargos.

NC: —¡Cierto! Escuché que funciona así. ¿Qué pasó con el pedido?

JZ: —Eran unas empanadas, ¿sabes? Y el restaurante estaba cerca de donde me encontraba. Desde esa perspectiva, era una encomienda sencilla. El problema lo tuve en el local. Debí adentrarme unos quince metros en el salón para llegar al mostrador y que me entreguen el paquete.

NC: —Imagino que la bici la dejaste afuera.

JZ: —Ajá. Fue como tú dices. A pesar de que la sujeté con cadena, al salir no estaba. Mira que demoré apenas tres o cuatro minutos. Se ve que era un ratero habilidoso.

NC: —¡Qué garrón!

JZ: —Sí, muy garrón. Para colmo la aplicación cambió de estado y le informó al cliente que iba en camino. Antes de que preguntes: en esa aplicación cancelar la orden en ese momento equivalía a una sanción incluso peor. No es como en otras que te dejan devolver el pedido y ya.

NC: —Un desconfiado diría que te comiste las empanadas.

JZ: —Exacto. Y además de la bici, hubiera perdido la cuenta de la app .

O con suerte, me la suspendían. Sin demasiadas opciones, me fijé qué colectivo tomar.

La línea 50 pasaba cerca y me dejaba por la zona de la entrega.

Calculé que serían unos diez minutos en colectivo y otros cinco a trote ligero, lo cual era aceptable. Lástima que olvidé un pequeño detalle.

NC: —¿Cuál?

JZ: —Que el transporte público no es gratuito.

NC: —Y, pero…

JZ: —¡Pues, no! ¡No tenía modo de pagarlo! O sea, tenía dinero conmigo, de las propinas, mas no contaba con la tarjeta. Al salir de casa, jamás pensé que fuera a necesitarla. Tampoco manejo aplicaciones de pago sin contacto, soy un hombre grande y me cuesta adaptarme a la tecnología.

NC: —Igual subiste y viajaste. De otra forma, hubiera sido imposible que nos conociéramos la noche del accidente.

JZ: —“Viajé”, con comillas incluidas. Estaba discutiendo por el ticket mientras el conductor continuaba el recorrido. Justo cuando Rami amenazaba con bajarme en la siguiente parada, el secuestrador se puso frente al vehículo.

NC: —¿Rami?

JZ: —Ramiro Valerda, quien conducía esa noche. Hoy le dicen el Chofer Justiciero.

NC: —¡Ah! Me descolocó un poco la confianza al referirte a él. ¿Estuvieron en contacto estos meses?

JZ: —Sí. Somos panas . Aunque al recordar cómo me trató, vuelve a ser “el chofer”.

Si bien ahora lo comprendo, en ese momento, no me entraba en la cabeza que una persona fuera tan desconsiderada con la situación que yo atravesaba.

Quise darle el dinero, ¿sabes? Hasta le ofrecí más que el valor del ticket , para que pague él. Sin embargo, parecía ensañado conmigo.

NC— ¿Y el otro pasajero? ¿No le pediste ayuda?

JZ: —Ese estaba sentado al fondo. Le pregunté y nunca contestó. Siguió mirando por la ventana. Solo intervino a los gritos para callarnos diciendo que lo teníamos cansado.

NC: —Okey. Recién, al referirte a Ramiro Valerda, dijiste: “Ahora lo comprendo”. ¿Podrías explayarte? ¿Cuál era su situación esa noche?

JZ: —¿Lo has entrevistado? Disculpa que conteste con otra pregunta, sé que no es correcto.

NC: —Tenía planeado visitarlo esta semana o la próxima. ¿Por?

JZ: —Mejor que él te cuente. No me gusta hablar en nombre de otros.

NC: —Está bien, es respetable. ¿Son amigos?

JZ: —Podría decirse, eso creo…

Sí. Es mi primer amigo argentino. De hecho, este fin de semana veremos un partido de fútbol en el estadio de San Lorenzo. Será mi primera vez. Escuché que las hinchadas aquí son muy locas.

NC: —El fútbol en la Argentina se vive con mucha pasión. Te vas a divertir.

Apuntes de la entrevista. Desarrollo

Josmar acompaña cada palabra con una marcada expresión corporal. Al mencionar “el chofer” frunció el ceño. Es evidente que la noche del accidente lo destrató. Pero cuando dijo “Rami”, su mirada se iluminó; y al mencionar la cancha de San Lorenzo, me regaló una amplia sonrisa.

Luce contento con su nueva amistad.

La duda: ¿Por qué evadió las preguntas acerca de Ramiro Valerda? ¿De qué lo protege?

Grabación de audio. Transcripción. Final

NC: —Josmar, creo que tengo lo suficiente para comenzar. Me quedan dos preguntas y dejo que la clientela continúe agobiándote. Si surgiesen otras te mensajearé al celu, tengo tu número.

JZ: —Bueno, pues. Si así le parece…

NC: —Me corrijo, son tres preguntas. Una dudo que la respondas.

JZ: —Si se refiere a mi pana , mejor hable con él. Será su elección qué le cuenta y qué no.

NC: —Anotado.

JZ: —¿Cuáles son las otras?

NC: —¿Qué pasó con las empanadas?