15 DE AGOSTO
Entrevista a Jésica Scarpin
Nota de voz preliminar. Transcripción
Fue una decisión acertada este bar. El ambiente empuja a conversar entre el aroma a café, las exquisiteces de la confitería y el murmullo generalizado. Acá no se viene a estudiar ni a leer una novela, ni siquiera a saborear un rico plato de comida, acá se viene a charlar.
Por otra parte, me alegra constatar que bastante gente me recuerda.
Llegué diez minutos antes del horario pactado, estaba un poco ansioso con retomar las entrevistas del caso Violeta; y desde entonces, tres grupos de comensales se acercaron a saludarme y felicitarme.
Incluso, he notado que desde otras mesas voltean hacia mí para tomarme fotos con el celular.
Espero que Jésica no se sienta intimidada por esta situación…
Dicho sea de paso, acaba de entrar al café.
Está abrigada con un sobretodo negro, debajo del cual veo un suéter de lana gris y unos jeans oscuros.
Atuendo lógico, dado que está frío y nublado en la ciudad, aunque esperaba verla de uniforme.
Grabación de audio. Transcripción. Parte 1
NC: —Buenas tardes, subcomisaria Scarpin. Gracias por tomarse unos minutos de su ocupada agenda para conversar conmigo.
JS: —Buenas tardes, señor Cattaneo. Siempre estoy dispuesta a tomar un rico café cerca de casa.
NC: —De verdad, se lo agradezco. Podría haberme ignorado o evadido, como hicieron el fiscal Dekker y su jefe Avilés. Sin embargo, aquí está. ¿La ayudo a quitarse el abrigo?
JS: —No es necesario. ¿Ve? Lo cuelgo en el respaldo y listo. Bueno, ahora que tomé asiento, aclaremos unas cuestiones.
NC: —La escucho…
JS: —En primer lugar, tratémonos de “vos”. Me tensiona tanta formalidad y respeto.
NC: —Está bien, como prefieras.
JS: —Gracias. En segundo lugar, ¿el celular que veo sobre la mesa tiene la grabadora encendida?
NC: —Nooo, sería incapaz de…
JS: —Dejá, es innecesario el teatro. Solo te aclaro que te prohíbo la divulgación de mi voz o de mi imagen en cualquier medio o plataforma. ¿De acuerdo?
NC: —De acuerdo.
JS: —Por último, es importante aclarar que soy exsubcomisaria.
NC: —¿Qué? ¿Cómo? ¿Pediste el pase a otra división? ¿Te degradaron por algún motivo?
JS: —No. Renuncié a la policía al mes siguiente de que recuperamos a Violeta.
Mesero (M): —Buenas tardes. ¿Saben qué desean ordenar?
JS: —Sí, yo te pido un café con leche con un tostado de jamón y queso.
M: —¿Y el caballero?
NC: —Eh… yo… Un café.
M: —¿Pocillo? ¿Doble? ¿O con leche?
NC: —Eh… doble. Con dos medialunas.
M: —Enseguida se los traigo.
NC: —Gracias.
JS: —Te arrepentís de estar acá, ¿no?
NC: —Arrepentirme es mucho decir. Me sorprende que lo omitieras en los mensajes. ¡Con razón Avilés me dio tu número!
JS: —Admito que falté a la verdad, al menos, un poco. Cuando me contactaste por celu, tuve una sensación rara, difícil de explicar. Surgió la necesidad de que conversáramos.
NC: —¿Por? ¿Qué pasó? ¿Querés denunciar a tus superiores?
JS: —Nada más lejano. En la fuerza, valoraban mi trabajo y se sorprendieron con mi decisión.
NC: —¿Entonces?
JS: —Vine porque creo que hay tela para cortar en el caso de Violeta Hernández.
NC: —Sí, sí. Coincido. Igual con mi pregunta me refería a por qué renunciaste.
JS: —Va de la mano de lo que te acabo de decir. Intentaré ser lo más concisa posible. Teneme paciencia.
NC: —No estoy apurado. ¿Te molesta si tomo apuntes en mi libreta mientras hablás?
JS: —¿Por si te quedás sin batería en el celu?
NC: —No sé de qué estás hablando.
JS: —Jajaja. Bueno, no hay drama. Uf… ¿Por dónde empiezo?
NC: —Los que saben, recomiendan arrancar por el principio.
JS: —El principio, fue hace mucho.
NC: —Tomate el tiempo que necesites.
Apuntes de la entrevista. Desarrollo
Jésica está de buen humor y muestra una actitud colaborativa. Es evidente que tiene una historia que contar.
“¿Cómo el contexto de un policía influye en la búsqueda de un menor?”. Interesante planteo.
Grabación de audio. Transcripción. Parte 2
JS: —Todo comenzó con el caso Amoroso. ¿Lo recordás?
NC: —Si te digo que sí, te miento.
JS: —Está bien, el noventa y nueve por ciento de las personas ni se enteró del secuestro de esa nena, décadas atrás. Ella tenía apenas diez años cuando desapareció y yo había cumplido siete.
NC: —Te marcó a fuego, deduzco.
JS: —Sí. A esa edad decidí que de grande sería policía. Bah… Me imaginaba como un detective de Hollywood, con una placa y un arma, investigando y luchando contra el crimen organizado.
NC: —Es una fantasía común de la niñez: convertirnos en héroes que defienden la justicia. Claro que después, los ideales se desdibujan y acabamos siendo un engranaje más del sistema.
JS: —Sé perfectamente a qué te referís.
NC: —Vos serías la excepción. Mantuviste vivos los deseos de tu niña interior, hasta hace unas semanas. ¿Se podría decir que el caso Amoroso te hizo policía y el caso Hernández Blanco te jubiló?
JS: —Es un planteo acertado.
NC: —Me gustaría saber cómo te afectó cada secuestro. ¿Podrías darme detalles de la chica Amoroso? Me sorprende que un caso tan importante para vos no me resuene. Debemos tener la misma edad, creo.
JS: —Cumplo treinta y siete el tres de septiembre.
NC: —Somos contemporáneos, también tengo treinta y seis. En diciembre, te alcanzo.
JS: —¿Me preguntarás el signo y esas pavadas?
NC: —Jajaja. No. Prefiero que continuemos hablando del caso.
JS: —Como te decía, yo era una nena. La mayoría de mis recuerdos felices son anteriores a ese secuestro. Por entonces, vivíamos con mi mamá, mi papá y mi hermana mayor en Ballester, zona norte del Gran Buenos Aires.
NC: —Me ubico.
JS: —Mamá trabajaba en una mercería que tenía con una amiga a menos de diez cuadras de casa.
Hacían arreglos de ropa y vendían hilo, lana, agujas…
Disfrutaba visitarla en el local; abundaban los colores y siempre había olor a perfume para telas.
Mi preferido era el aroma a chicle. Papá, por su parte, era empleado de la compañía eléctrica.
Se encargaba de los arreglos en la vía pública junto a sus compañeros de cuadrilla.
Cuando volvíamos del cole con Tami, mi hermana mayor, era común que compartiéramos actividades en familia.
Si no íbamos a la plaza, sacábamos un juego de mesa del armario o hacíamos juntos la tarea pendiente.
NC: —Hasta que…
JS: —Hasta que la secuestraron.
NC: —¿Era amiga de ustedes la chica?
JS: —Mi apellido es Scarpin por mi padre biológico. Aunque me abandonó a los dos años. Mamá conoció a Carlos cuando yo tenía cuatro, a quien hoy llamo papá. Él también tenía una hija, Tamara, con su primer matrimonio.
NC: —No me digas que el apellido de Carlos es…
JS: —Amoroso.
NC: —¡Dios!
JS: —Sí. La chica secuestrada era mi hermana mayor. Tamara Amoroso.
NC: —Y…
JS: —Nunca la encontraron. Tami sigue desaparecida.
M: —Permiso, les traigo su orden. Café con leche para la dama, café doble para el caballero, el tostado, las medialunas y un vasito de soda para cada uno. ¿Se les ofrece algo más?
JS: —Está bien así, gracias.
M: —Bueno, me retiro. Que lo disfruten.
Apuntes de la entrevista. Desarrollo
Rememorar la infancia le cambió el semblante. La tristeza domina sus rasgos. Evita el contacto visual. El tono de voz está cargado de desilusión, culpa y frustración. Ralentiza las palabras, se esfuerza por decirlas. ¿Habrá superado la desaparición de su hermana? Sospecho que no.
Grabación de audio. Transcripción. Parte 3
NC: —¿Hubo indicios de qué le pasó?
JS: —Sabemos que un hombre se hizo pasar por un tío lejano a la salida del colegio. Ella le creyó y se fue con él.
NC: —¿Cómo pudo pasar semejante cosa? ¿Nadie la cuidaba?
JS: —Fue un escándalo. Hubo un par de despidos y suspensiones, pero nada que sirviese para recuperar a mi hermana.
NC: —¿Y la investigación policíaca?
JS: —Yo era chica. Recuerdo que mamá se quejaba de que no había avances y que papá salía a buscarla todas las tardes hasta entrada la noche.
Cuando fui más grande, me contaron que llamaban seguido a la comisaría y no les reportaban novedades.
Las primeras dos semanas, los recibía el comisario, que supuestamente estaba preocupado por encontrarla.
Después, los oficiales que atendían el teléfono los tenían un rato largo en espera; y cuando iban en persona, también, los esquivaban con las típicas excusas: “Estamos haciendo lo posible”, “Les avisaremos si hay novedades”.
Papá estaba desesperado. Me contaron que gastó sus vacaciones pendientes para buscarla; y cuando pasó ese tiempo, cada tarde, al salir del trabajo, recorría diferentes barrios y localidades con fotos de ella.
El pobre hombre iba tanteando a ciegas con la esperanza de que la hubieran visto.
Encima los medios de comunicación tampoco ayudaron.
Pusieron su foto un día en un noticiero de la tele, pero no mucho más.
Parecía que el secuestro de la hija de un operario y una comerciante no vendía en ese entonces.
Lamentablemente, no había redes sociales tan masivas para darle visibilidad al caso. Poco a poco fue quedando en la nada.
NC: —¿Sabés si archivaron la causa?
JS: —Sí, unos años más tarde. Papá siguió insistiendo, aunque en menor medida.
Se encargó de recorrer las provincias del norte y las ciudades cercanas de los países limítrofes.
Cambió de trabajo para poder dedicarle tiempo a la búsqueda.
Si bien nos descuidó a mamá y a mí, no lo culpamos.
Vivir en la incertidumbre es peor que toparse con una certeza desagradable.
NC: —¿Siguen casados?
JS: —No.
NC: —Lo supuse.