Capítulo 24 #2
—El momento en que entiendes que no necesitas convertirte en otra persona para sentirte inolvidable.
Alan sostuvo la mirada de Helen.
El resto de la sala seguía moviéndose. Llamadas. Teclados. Pasos. Voces.
Pero durante un instante, el ruido pareció desaparecer.
—Es bueno —dijo él.
Helen levantó una ceja.
—¿Solo bueno?
La boca de Alan se curvó apenas.
—Es muy bueno.
—Mejor.
—Eres imposible.
—Eso también es una frase muy tuya.
Alan bajó la mirada un instante.
—Sí.
Helen notó que el gesto no tenía ligereza.
No del todo.
Antes de que pudiera preguntar, Lillian carraspeó desde la pantalla.
—¿Podemos volver al lanzamiento, por favor?
Helen apartó la vista de Alan.
—Sí.
Pero la frase había quedado ahí.
Eres imposible.
Era una broma.
O quizá no.
Porque Alan había pasado años convirtiéndose en alguien imposible de alcanzar.
Y Helen sabía que, a veces, él todavía temía volver a serlo.
A las ocho y diez, Victoria Lane apareció en la pantalla.
No había fondo blanco de oficina aquella vez. Detrás de ella se veía una pared de cristal y las luces nocturnas de Londres.
Daniel Carter no estaba conectado.
Helen sintió alivio.
Luego desconfianza.
Victoria escuchó la propuesta sin interrumpir.
Theo explicó el recorrido general. Maya habló de vestuario y de la selección de invitadas. Sienna presentó las posibilidades técnicas. Lillian detalló cómo mantener el evento dentro del presupuesto sin convertirlo en “una fiesta sentimental con proyecciones”.
Finalmente, Helen tomó la palabra.
No tenía un texto preparado.
Solo una hoja con las frases de las participantes.
Miró a Victoria en la pantalla.
—No queremos que el evento diga que el lujo ya no importa —dijo—. Queremos decir que el lujo puede tener una relación más honesta con la vida de las personas.
Victoria no cambió de expresión.
Helen continuó.
—Daniel propone reforzar la exclusividad mostrando una vida que poca gente puede reconocer como propia. Nosotros proponemos otra cosa: mostrar que una persona puede desear algo bello sin sentir que tiene que convertirse en alguien imposible para merecerlo.
Victoria mantuvo el silencio unos segundos.
Helen sintió que el estómago se le cerraba.
Luego Victoria habló.
—¿Y qué ocurrirá si la prensa interpreta esto como un giro populista de la marca?
Theo abrió la boca.
Helen respondió antes.
—Entonces no habremos contado bien la historia.
Victoria levantó una ceja.
—¿Y cuál es la historia?
Helen miró las palabras del panel.
Ciudad. Casa. Tú.
—Que una mujer no tiene que escapar de su vida para sentirse especial. Que puede elegir algo hermoso para sí misma sin convertirlo en una demostración para nadie más.
La pantalla permaneció quieta.
Victoria bajó la mirada hacia sus documentos.
Helen no sabía si aquello era bueno.
O terrible.
Finalmente, Victoria levantó de nuevo los ojos.
—¿Has escrito tú esa frase?
Helen asintió.
—Sí.
Victoria guardó silencio un instante.
Después dijo:
—Entonces úsala.
Helen parpadeó.
—¿Qué?
—Úsala para abrir la presentación.
Theo se enderezó.
Maya dejó de escribir.
Lillian observó la pantalla con atención.
Victoria continuó.
—La propuesta es más arriesgada que la de Daniel. Pero tiene una ventaja que la suya no tiene.
Helen esperó.
—Parece inevitable.
El pecho de Helen se aflojó de golpe.
Alan la miró.
No sonrió.
Pero había algo en sus ojos que hizo que Helen entendiera que aquella palabra importaba.
Victoria cerró la carpeta.
—Apruebo el concepto. Quiero un plan de contingencia para prensa y una escaleta definitiva en cuarenta y ocho horas.
Lillian asintió.
—La tendrá.
Victoria miró a Alan.
—Y Alan.
—Sí.
—No conviertas este lanzamiento en una declaración personal.
Helen sintió que la sala se tensaba.
Alan no apartó la mirada de la pantalla.
—No lo haré.
Victoria sostuvo su gesto un segundo más.
Después la videollamada terminó.
Durante varios segundos, nadie habló.
Luego Theo levantó ambos brazos.
—¡Tenemos un evento!
Maya soltó una risa y abrazó a Helen.
Sienna aplaudió desde la pantalla antes de desconectarse.
Lillian recogió sus papeles.
—No celebren demasiado. Ahora empieza el trabajo difícil.
Theo miró a Maya.
—En idioma Lillian, eso ha sido una canción de victoria.
Lillian lo ignoró.
Helen seguía de pie junto al panel.
Ciudad. Casa. Tú.
Alan se acercó.
—Has hecho que Victoria cambiara de opinión.
Helen lo miró.
—No sola.
—No. Pero era tu idea.
Helen sostuvo su mirada.
—No la conviertas en algo que dependa de ti.
Alan parpadeó.
Luego asintió.
—No lo haré.
Helen sonrió un poco.
—Bien.
El teléfono de Theo vibró.
Lo miró.
Su expresión cambió.
La alegría desapareció de su rostro con una rapidez que hizo que todos lo notaran.
—¿Qué pasa? —preguntó Maya.
Theo levantó la vista.
—Daniel ha enviado un comunicado a varios medios.
Alan se quedó quieto.
Helen sintió que el aire abandonaba la sala.
—¿Sobre qué? —preguntó.
Theo tragó saliva.
—Sobre Éclat Nocturne.
Maya se acercó.
—¿Qué dice?
Theo le enseñó la pantalla.
Helen leyó el titular del borrador filtrado a una periodista de moda.
brYCE ATELIER GROUP PREPARA SU CAMPAÑA MÁS PERSONAL TRAS UNA CONTROVERTIDA RELACIÓN ENTRE DIRECCIÓN Y EQUIPO CREATIVO
Durante un segundo, nadie respiró.
Alan no se movió.
Helen miró el texto.
No había nombres.
Pero no hacían falta.
Daniel Carter no había conseguido cambiar la campaña.
Así que había decidido cambiar la historia.