¿Y si te casas conmigo? (QUÉDATE CONMIGO Nº2) CAPÍTULO 37 #3
94%

CAPÍTULO 37 #3

Y entonces, al pasar por delante de mi habitación, me detengo en seco.

La puerta no está cerrada del todo; hay una rendija de apenas un par de dedos, y a través de ella se cuela la voz de Violeta.

Está hablando con alguien casi en un susurro, como si temiera que la oyeran, y por el tono no parece una conversación agradable.

Me quedo quieto, sin apenas respirar, me pego a la pared y me asomo con sigilo a la rendija.

—He hecho todo lo que he podido —la oigo decir, casi desesperada—. Pero tu hermano sigue enamorado de ella. ¿Qué quieres que haga?

—Pues deberías haber hecho más.

La voz de Gabriel me llega nítida, más grave de lo normal y con ese filo cortante que se le pone cuando está a punto de perder la paciencia y se esfuerza por que no se le note.

—Lo que has hecho no ha servido para nada —continúa—. Bastante me costó convencer a tu padre para que te dejara salir con él, porque no le hacía ninguna gracia. Y no me extraña: mi hermano es de todo menos buena compañía.

¿De qué coño están hablando?

—Tu hermano es un buen chico, Gabriel —responde Violeta, rápido, casi a la defensiva—.

Claro que ha sido buena compañía para mí.

Ha sido un buen novio y me ha tratado muy bien.

De hecho, llegué a pensar que me quería, que había olvidado a Alice para siempre y que lo nuestro, al final, se había convertido en algo real.

Pero no. —Se le quiebra la voz—. Te juro que he hecho todo lo que mi padre me pidió desde el principio.

Todo. Pero ya no puedo sostener esto más.

—No te preocupes —le dice él, relajando el tono—. En cuanto pase la boda, te llevarás a mi hermano de vuelta a Londres y todo esto acabará.

—¿Y tú te crees que, después de lo que hicieron la otra noche en la piscina, va a querer volver conmigo a Londres? —le suelta ella, enfadada.

¿La otra noche en la piscina?

Se me para el corazón, literalmente.

¿Fue Violeta la que nos vio? No puede ser, porque cuando subí a la habitación estaba hecha un ovillo, durmiendo tan tranquila.

Aunque ¿y si se hizo la dormida? ¿Y si estuvo escondida en alguna parte mirándonos y luego subió corriendo antes que yo, se metió en la cama y fingió que dormía para que no sospechara nada?

—Claro que va a querer volver, por la cuenta que le trae —dice Gabriel, intentando no alterarse. Oigo sus pasos sobre el parqué, despacio, como si diera vueltas por la habitación mientras piensa—. Y si la otra noche, cuando los vi en la piscina, no le partí la cara, fue porque no me convenía.

¿Qué?

No fue Violeta. Fue él.

—No me convenía que Alice me viera perder los papeles.

Si hubiera montado una escena, el malo de la película habría sido yo, y ella habría salido corriendo detrás de él otra vez.

Así que no, hay que mantener la cabeza fría.

—Su voz se endurece—. Y tú también tienes que mantenerla, ¿me oyes?

Ya me encargué yo de destrozar esa relación en su momento, y no pienso dejar que se recomponga ahora por un calentón en una piscina.

Se hace un silencio, y después oigo a Violeta soltar el aire despacio, con algo parecido al asco.

—Sí —dice al fin—. La verdad es que os lucisteis con las fotitos esas que le mandasteis. ¿Ese plan tan retorcido fue cosa tuya?

—No fue un plan retorcido —responde él, orgulloso—. Fue un plan magnífico.

—Yo lo que no entiendo, Gabriel —añade Violeta— es por quétuvisteis que meterme a mí en medio.

¿Qué tienen que ver los tratos entre mi familia y la vuestra con que yo me acercara a Ricky?

Mis padres nunca me lo explicaron. Solo me dijeron que tenía que acercarme a él, que era importante y que no hiciera preguntas.

La oigo dar un par de pasos hacia él.

—Sé que es importante que el proyecto que lleváis entre manos salga bien —continúa—.

Lo sé, y para mí también lo es, créeme, porque no quiero perderlo.

—Se le rompe la voz en esa última palabra y tiene que parar un momento—.

Pero no entiendo qué pinta tu hermano en todo esto. ¿Por qué quieres hacerle daño?

¿El proyecto? ¿Qué proyecto? ¿El proyecto Génesis, el mismo que Alice y yo encontramos en aquella carpeta del despacho de mi padre? ¿Violeta también está metida en esto? ¿Ella también sabe lo del proyecto? ¿Y a quién es a quien no quiere perder?

—Porque lo odio —le responde él—. Lo odio desde el día en que nació, y más desde que me quitó a la única mujer que he querido en toda mi vida. Tenía que vengarme de él, de los dos, y lo he conseguido. Alice es mía y se va a casar conmigo.

Se me eriza la piel de todo el cuerpo al oírlo, y ya no aguanto más. Empujo la puerta con tanta fuerza que los dos se giran hacia mí a la vez.

Gabriel está de pie junto a la ventana, ya vestido para la ceremonia, y Violeta al lado de la cama, con un vestido largo y el pelo recogido. Sobre el colchón, junto a ella, está su maleta, abierta, con la ropa doblada a toda prisa y un neceser encima, lista para cerrarse.

—Ricky... —empieza ella, dando un paso hacia mí.

No la dejo terminar. Los miro a los dos: a mi hermano, que ya está recomponiéndose y buscando la cara adecuada, y a ella, que se ha quedado pálida, con los ojos llenos de algo que no sé si es miedo, culpa o las dos cosas a la vez.

—¿Me podéis explicar qué cojones está pasando aquí? —Doy un paso dentro de la habitación y cierro la puerta a mi espalda.