¿Y si te casas conmigo? (QUÉDATE CONMIGO Nº2) CAPÍTULO 31 #3
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CAPÍTULO 31 #3

—¡Hola, preciosa! —Marilyn suelta una carcajada, perdiendo por fin el equilibrio que tanto se había esforzado en mantener, y se desploma sobre la esterilla entre risas—. Qué ganas tenía de volver a verte.

Se incorpora sin ninguna prisa, sacudiéndose el moño que ya ha terminado de deshacerse del todo, y coge a Bella en brazos.

—¡Estás guapísima! —exclama, apretándola contra su pecho—. Aunque no vas muy adecuada para la ocasión, ¿eh? Habrá que conseguirte un bañador como el de tus amigos.

Marilyn deja a Bella en el suelo, junto a sus otros perros, y viene directa hacia mí, sin ni siquiera mirar a su nieto primero.

—¡Alice, querida, qué alegría me da verte! Perdona mi aspecto, estoy muy sudada. Es lo que tiene el ejercicio.

Me abraza con fuerza, apretándome contra ella. Huele a incienso, a protector solar y, por debajo de todo eso, a algo dulzón que no consigo identificar del todo. Nadie diría que huele a ese sudor desagradable con el que ha anunciado su llegada.

—Yo también tenía muchísimas ganas de verte, Marilyn.

Cuando nos separamos, gira la cabeza hacia Gabriel, cambiando su expresión por completo.

—Hola, querido —dice, con un tono mucho más plano.

—Hola, abuela —responde serio, dándole un abrazo—. Te avisamos de la hora exacta a la que veníamos hace días. No entiendo qué haces aquí haciendo yoga. Podrías habernos esperado en la entrada para recibir a nuestros invitados y haberte arreglado para la ocasión.

Suspira. Un suspiro largo, teatral.

—¿De verdad te vas a casar con este? —pregunta, mirándome a mí y señalando a Gabriel, como si él no estuviera ahí mismo escuchándolo todo—. ¿No había ningún otro candidato mejor en el mercado, cariño?

—¡Abuela! —protesta Gabriel, con las mejillas encendidas.

Se me escapa la risa por lo bajo, aunque intento disimularla mordiéndome el labio. Gabriel nos mira a las dos, nervioso.

—Bueno, ya está bien —corta, tajante—. Abuela, ve a ducharte y a arreglarte de una vez. Tienes que recibir a tus invitados como es debido.

—¿Perdona? —Marilyn se cruza de brazos, con la barbilla bien alta—. Tú no me das órdenes a mí, jovencito. Esta es mi casa, y en mi casa hago lo que me da la gana, y cuando me da la gana.

—Abuela...

—Nada de «abuela». Como se te ocurra volver a hablarme en ese tono, te echo de aquí. ¿Te ha quedado claro?

Miro a Gabriel sin entender muy bien su actitud. Este no es el Gabriel que me conquistó, sino el que, desde el primer momento, me enseñó lo que era la prepotencia en persona. ¿Se puede saber por qué le acaba de hablar así a su abuela?

De repente, la expresión de Marilyn cambia por completo.

—¡Ricky, querido! —grita.

Sigo la dirección de su mirada y ahí está él, acercándose a nosotros con Violeta cogida de la mano. Qué suerte tengo. Voy a presenciar en vivo y en directo este bello momento en el que Marilyn conoce a la nueva novia de Ricky. ¿Se puede saber por qué lo tiene que hacer delante de mis narices?

—¡Cuánto tiempo, cariño! —exclama, envolviéndolo en un abrazo.

Él se lo devuelve con la misma intensidad y, en cuanto se separan, le presenta a Violeta con una sonrisa de oreja a oreja.

—Encantada, querida. Eres guapísima —le dice Marilyn, cogiéndole las manos y estudiándola de arriba abajo.

Ella sonríe, un poco cohibida.

—Gracias, señora.

—¿Cómo que «señora»? Ni se te ocurra volver a llamarme así —le dice, dándole un pequeño empujón—. Llámame Marilyn, querida.

—Sí, perdona. Marilyn —añade Violeta, roja como un tomate.

—Tenía tantas ganas de verte, querido —continúa, girándose hacia su nieto de nuevo—. ¿Qué tal por Londres? Me han contado que tus notas han sido excelentes el pasado curso.

—Bueno, hago lo que puedo —responde él, con esa falsa modestia que tan bien se le da—. Pero en realidad ha sido todo gracias a Violeta, ella me ha ayudado mucho a estudiar.

Marilyn le da un golpecito cariñoso a ella en el brazo.

—Desde luego, esta jovencita parece ser un ejemplo estupendo para ti.

Escucho cada palabra como si me clavaran alfileres por todo el cuerpo, uno detrás de otro. Qué bonito, ¿no? Que Violeta sea un buen ejemplo para él, digo. Me alegro mucho de que Ricky esté tan centrado, tranquilo, y feliz. Me derrito de amor.

(Dios, pero ¿por qué te está dando tanta rabia, Alice? ¿Eres idiota?)

Marilyn sigue charlando con ellos un rato más, preguntándoles por la universidad, por cómo es la vida en Londres, y por mil detalles más que a mí ya me estorban en los oídos.

—En fin, nosotros nos vamos para adentro con el resto de invitados —le anuncia Gabriel a su abuela, cogiéndome de la mano.

Ricky levanta la vista justo en el momento en que paso por su lado, y nuestros ojos se cruzan durante ese segundo que ya empieza últimamente a resultarme demasiado peligroso.

Su olor me llega de una forma que no debería afectarme tanto.

Ese perfume suyo. El mismo de siempre. El mismo que, contra toda lógica, mi cuerpo reconoce antes incluso de que mi cabeza tenga tiempo de reaccionar.

Ahora está mezclado con el calor de la tarde, con el rastro tenue del viaje, y con esa humedad de la piel que debería resultarme desagradable.

Pero no. En absoluto me lo parece. Más bien, me trae recuerdos que deberían estar enterrados bajo tierra.

La cercanía de su cuerpo cuando estuvo dentro del mío, el calor de unas manos que mi memoria todavía parece recordar demasiado bien cuando me acariciaban.

Aprieto la mandíbula mientras un calor lento se extiende por todo mi cuerpo, instalándose sobre todo en mis zonas más íntimas. Me obliga a tragar saliva y a respirar más despacio, antes de que Gabriel se dé cuenta de mi excitación.

Pero justo cuando estoy a punto de recomponerme del todo, una voz aguda y perfectamente modulada corta el ambiente de repente.

—¡Chicos, venga, ¿qué hacéis todavía aquí?!

Claire aparece en el jardín con la tablet en la mano.

—¡Hay que prepararse! Las actividades de la semana están a punto de empezar, y no quiero que nadie llegue tarde al primer punto del programa.

Marilyn levanta una ceja, mirándola de arriba abajo, mientras se ríe de ella.

—A mí ese itinerario de actividades tan ridículas para celebrar una preboda me parece una tontería. Yo prefiero mantenerme al margen. Esas fiestecitas os las dejo a los jóvenes. Pasadlo bien, queridos.

Y sin esperar respuesta de Claire, que se ha quedado pasmada tras el comentario de Marilyn, se da media vuelta y se aleja hacia la casa, con los tres chihuahuas y Bella trotando detrás de ella como su particular séquito real.

Ahora sí, por fin, empieza oficialmente la cuenta atrás para mi boda.