CAPÍTULO 30 #3
—Alice —la llamo, sin apartar la vista de la página—. Ven.
Ella deja su puesto junto a la puerta y cruza el despacho hasta mi lado. Se asoma por encima de mi hombro, tan cerca que noto cómo se le corta la respiración en cuanto lee el título.
—«Proyecto Génesis» —murmura, casi para sí misma—. ¿Qué es esto?
—Ni idea.
—Será uno más de los proyectos que tiene la empresa de tu padre.
—Puede ser. —Paso el dedo por el título, pensativo—. Pero este tiene que ser importante. Si no, no lo guardaría bajo llave.
Alice no dice nada más y se queda con la vista clavada en la carpeta, así que empiezo a pasar las hojas despacio, para que podamos mirarlo todo con calma.
Son facturas y transferencias. Cifras muy elevadas, todas a favor de Valera Global Education, que llegan desde una entidad que no reconozco, pero firmadas, una y otra vez, por un nombre que sí conozco: Benjamin Whitmore.
—Espera. —Alice pone el dedo sobre la página—. ¿No es el director de tu universidad? ¿El padre de tu novia?
—Sí —respondo, con la voz algo temblorosa, sin entender nada—. Es él.
Me quita la carpeta de las manos y pasa a la página siguiente, donde hay una tabla llena de números, siglas y términos técnicos que ninguno de los dos consigue descifrar del todo: «tasa de inducción», «sujetos 01 y 02», «H-14».
—Ricky. —La voz de Alice suena de repente muy pequeña—. Ese código, el H-14... ¿No es la sustancia que le encontraron a Mateo en la sangre?
Nos miramos, y el miedo que veo en sus ojos debe de ser el mismo que tengo yo ahora en los míos.
Seguimos pasando páginas cada vez más deprisa, hasta llegar a un memorando firmado por mi padre en el que autoriza el presupuesto para algo que han bautizado, sin ninguna sutileza, como «Fase 2, Proyecto Génesis — Horizonte Azul».
—¿Qué demonios es esto, Ricky? —pregunta Alice, subiendo el tono.
—Baja la voz —le pido, con el corazón a punto de salírseme del pecho—. Como alguien te oiga desde el pasillo, estamos jodidos.
—No. —Se aparta de golpe y echa a andar hacia la puerta, con la carpeta apretada contra el pecho—. Voy a salir ahora mismo al jardín a preguntarle a tu padre qué es eso del Proyecto Génesis y por qué aparecen en él mi colegio y la sustancia que le encontraron a Mateo.
—Alice, espera.
—No pienso esperar nada.
Consigo ponerme entre ella y la puerta justo a tiempo, con las manos en alto, en un gesto que espero que la frene sin que vuelva a sentirse acorralada.
—No puedes contarle esto a mi padre.
—¿Cómo que no? Y tanto que puedo. Necesito que me lo explique.
—Hazme caso, por favor. Conozco a mi padre. —La sujeto con suavidad por los hombros para que me mire y entienda lo que le estoy diciendo—. Y sé perfectamente de lo que es capaz.
Ella da un paso atrás, extrañada, y, para mi sorpresa, a los pocos segundos se echa a reír.
—¿Me estás diciendo que tu padre sería capaz de hacernos daño? Ricky, por favor, no digas tonterías.
Ojalá fuera una tontería. Ojalá pudiera reírme con ella y decirle que tiene razón, que me he puesto dramático.
Pero no puedo, porque hay algo que Alice no sabe: mi padre me amenazó con que, si no me alejaba de ella, se encargaría de quitarla de en medio sin pestañear.
Y no había ni una pizca de broma en sus ojos cuando lo dijo.
Por eso me fui. No podía arriesgarme a que cumpliera su palabra, y, que yo sepa, nunca le ha temblado el pulso para conseguir lo que quiere. Es un hombre frío, calculador y con mucho más poder del que nadie se imagina.
—Por favor, no le digas nada —le pido una vez más.
Alice se queda callada y mira a su alrededor, como si la respuesta estuviera escondida en algún rincón del despacho. Se muerde el labio, buscando alguna alternativa que no pase por soltarle la bomba a mi padre, hasta que dice de repente:
—¿Y si se lo contamos a Gabriel?
—¿A mi hermano? —Suelto una risa amarga y niego con la cabeza—. Alice, tú misma me dijiste que fue él quien insistió en que Emma Brown entrara en el colegio. Tampoco puedes fiarte de él.
—Entonces, ¿qué me estás diciendo? —Vuelve a subir la voz, esta vez cargada de angustia—. ¿Que no puedo fiarme ni de mi futuro marido?
Se lleva las manos a la cara un momento, como si necesitara ordenar sus pensamientos antes de seguir.
—A lo mejor tu hermano no sabe nada, Ricky. A lo mejor es cosa solo de tu padre y de ese tal Benjamin Whitmore. —Me mira fijamente—. Que, por cierto, ¿qué pinta el padre de tu novia en todo esto?
Buena pregunta. ¿Por qué el padre de Violeta le pasa semejantes cantidades de dinero al mío para un proyecto que, por lo visto, está relacionado con el colegio de Alice?
¿En qué consiste exactamente ese Proyecto llamado Génesis?
Porque, aparte de facturas, transferencias y una tabla llena de códigos de los que solo entendemos el H-14, en la carpeta no hay nada más.
Ni una explicación, ni un solo párrafo que aclare qué cojones intentan conseguir ni por qué necesitan a Horizonte Azul para hacerlo.
No sé qué están tramando. Pero pienso averiguarlo, aunque sea lo último que haga.