¿Y si te casas conmigo? (QUÉDATE CONMIGO Nº2) CAPÍTULO 13 #3
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CAPÍTULO 13 #3

Las tres me miran fijamente, expectantes, y el fuego de la chimenea sigue crepitando de fondo, como si él también quisiera escuchar lo que tengo que decir.

—Vale... —empiezo—. Ya sabéis que, hace un par de meses, de la noche a la mañana, Ricky desapareció de mi vida sin darme ninguna explicación.

—Eso lo sabemos —añade Grace, con suavidad—. Y también sabemos que has estado hecha polvo por ello.

—Bueno, pues resulta que no fue él quien decidió desaparecer así, sin más.

Las tres se quedan calladas, mirándome con atención.

—Sus padres han sido los culpables de todo —noto cómo se me calienta la voz solo con decirlo—. Le quitaron el móvil, le prohibieron salir de casa, lo tuvieron vigilado todo ese tiempo. Por eso no respondía a mis mensajes. No es que no quisiera. Es que no podía.

—¿Y cómo te has enterado tú de todo eso, si estaba incomunicado? —pregunta Grace, siempre atando cabos antes que nadie.

—Isabel, una de sus empleadas de confianza, se presentó antes de las vacaciones de Navidad en el colegio, con un sobre en la mano.

Me explicó que Ricky se lo había dado a escondidas, suplicándole que me lo hiciera llegar como fuera, porque no tenía manera de contactar conmigo de ningún otro modo. Era una carta donde me explicaba todo.

—Madre mía —susurra Olivia, llevándose una mano a la boca.

—Y hay más —continúo, notando cómo se me acelera un poco el pulso—. Se ha marchado a Londres.

—¿A Londres? —repite Zoe—. ¿Cómo que a Londres? ¿Por qué?

—Sus padres le han mandado allí a estudiar, para que esté lejos de mí, seguramente.

—Entonces... ¿no va a volver? —pregunta Olivia.

—En la carta me decía que sí. Que algún día volvería, en cuanto pudiera. Pero de eso hace ya casi un mes, y no he vuelto a saber nada de él. Ni una llamada, ni un mensaje, nada.

—¿Y no te parece raro? —pregunta Grace—. No sé, no me creo que no haya encontrado ni un solo minuto en un mes para intentar comunicarse contigo. ¿No hay ningún teléfono allí en Londres con el que pueda llamarte?

Tiene razón, a mí también me parece rarísimo.

Llevo dándole vueltas a eso desde el mismo día en que leí la carta.

Porque una cosa es que sus padres lo tuvieran encerrado, vigilado y sin móvil.

Pero él ahora mismo está al otro lado del charco, lejos de ellos.

Está en una universidad, rodeado de gente que seguramente tiene el teléfono siempre a mano, con ordenadores de sobra para escribirme un email si quisiera.

Aunque, ahora que lo pienso, creo que ni siquiera tiene mi email. ¿No se lo di?

(Eres idiota, Alice.)

—Sí que me lo parece —admito—. Llevo días dándole vueltas y no consigo encontrarle ningún sentido.

Si de verdad quisiera contactar conmigo, no creo que fuera tan difícil.

Pero mantengo la esperanza de que tarde o temprano lo hará.

Me dijo también que había ocurrido algo que le obligaba a marcharse, y que aunque no pudiera contármelo en ese momento, me lo explicaría todo cuando regresara.

El silencio que sigue no es tan denso como el anterior, pero sí lo suficientemente incómodo como para que yo misma sienta la necesidad de romperlo.

—No sé qué hacer —continúo, mirando a las tres una por una, como si alguna fuera a tener la respuesta guardada en el bolsillo del pijama—. Necesito que me digáis algo. Lo que sea. Porque yo ya no consigo pensar con claridad.

Grace es la primera en hablar, por supuesto.

—Ali, cariño... yo creo que deberías olvidarlo.

Sé que suena muy fácil decirlo, pero piénsalo: un chico de veinte años, con sus padres empeñados en separarlo de ti, hermano de tu ex, que se ha marchado a otro país y que en un mes ni siquiera ha intentado buscar la forma de escribirte... no sé, no me da buena espina.

—Estoy de acuerdo con Grace —añade Olivia, con delicadeza—. Ya sabes que yo soy la primera que te anima a que te enamores y dejes atrás tu alergia al compromiso. Pero creo que esta historia te está haciendo mucho daño y que deberías olvidarlo.

Asiento despacio, sintiendo cómo el nudo en la garganta se hace un poco más grande, porque en el fondo sé que tienen razón. Pero entonces, de repente, habla Zoe. Y dice algo que ni por asomo esperaba escuchar de la menos romántica del grupo.

—Yo no estoy de acuerdo.

—¿Qué quieres decir? —pregunto, curiosa.

—Quiero decir que, si de verdad os queréis, si de verdad queréis estar juntos, hay que luchar por ello. Punto —se incorpora un poco, dejando la manta a un lado, como si necesitara todo el cuerpo libre para defender lo que está exponiendo—. A lo mejor le ha pasado algo y por eso no te ha escrito.

—Zoe, sé razonable —interviene Grace—. Esa relación no va a ir a ninguna parte.

—Pero rendirse sin haberlo intentado antes tampoco es la solución —responde ella, sin dar su brazo a torcer—. Ali, yo lo que haría en tu lugar sería ir a Londres.

—¿Qué? —Casi se me cae la taza de las manos.

—Lo que oyes. Ve a Londres. Búscalo. Como bien te he dicho, a lo mejor le ha pasado algo y no puede ponerse en contacto contigo. Así que te animo a que vayas tú a comprobar qué está pasando.