Capítulo 37
Miré extrañada la puerta.
Eran casi las seis de la tarde y me encontraba en el sofá de mi casa. Ilian estaba atendiendo una llamada, desde hacía unos minutos. Después de dar varias vueltas por el salón, hablando por el teléfono, salió al jardín.
Cuando nos fuimos de su casa nos dirigimos directamente al restaurante en el que encargó la comida. Una vez que la recogimos, vinimos hacia aquí.
No nos habíamos movido desde entonces, más que para movernos de una estancia a otra, o para ir al porche y darnos un baño en la piscina.
Había sido muy interesante bañarnos desnudos. Tan tentador, caliente y excitante que terminamos enredados en el agua. Me recordó a nuestro baño en el mar, el que nos dimos casi desnudos en la playa del hotel de verano. Ahí fue nuestro primer contacto íntimo.
Incluso nos habíamos echado una pequeña siesta en el sofá, después de comer. No fue nuestra intención, ya que nos pusimos cómodos para ver una película, pero ambos nos adormecimos enseguida y la película continuó sola.
Y ahora alguien había picado al timbre, pero no esperaba a nadie.
Mis amigos sabían que estaba con Ilian en mi casa, les había contado las últimas novedades por mensajes. Fui rápida, yendo al grano para no entretenerme.
De manera que no podían ser Álvaro, Estela o Fani. Mis padres tampoco, porque siempre que venían a mi casa me llamaban antes, para asegurarse de que iba a estar.
Me levanté del sofá, pensando en quién podía ser.
Tal vez un vecino, porque un repartidor que me trajera un pedido estaba completamente descartado. Hacía unas semanas que no pedía nada.
Cogí el telefonillo mirando hacia la corredera, pero no vi a Ilian. Debía estar moviéndose por el jardín, yendo de un lado al otro, al igual que había hecho en el salón.
—¿Sí? —dije, por el telefonillo.
—Hola, preciosa.
Me sorprendí al escuchar a Víctor. Ni siquiera me había acordado de él. No porque no contara con mi amigo, sino porque simplemente no había caído en pensar en la posibilidad de que se pasaría por mi casa, sin llamarme antes.
Pulsé el botón de la puerta de hierro y abrí la de casa, para esperarlo apoyada en el marco. Sonreí en cuando empujó la puerta pequeña de hierro y apareció a unos metros de distancia.
Víctor me devolvió la sonrisa, mientras caminaba por el camino de piedras que llevaba hasta la entrada.
—Hola, guapo —lo saludé.
Nos dimos un abrazo.
—¡Qué sorpresa! ¿Qué haces aquí?
Me aparté para que entrara en la casa.
—Estaba por aquí cerca y me he dicho, ve a saludar a Dara —me dijo, con un guiño.
—¿Qué te ha traído hasta aquí?
—Un encargo de mi hermana —me contestó.
Puso los ojos en blanco y sonreí.
—¿Ya has terminado?
—Sí. Lo tengo en el maletero.
—¿Qué tal el trabajo nuevo? —me interesé.
—Yo puedo preguntarte lo mismo —dijo con diversión.
—Pero yo he sido más rápida —reí.
Víctor me levantó del suelo, con un abrazo fuerte, y cuando nos separamos, con una sonrisa de oreja a oreja, me contestó.
—Me va genial, Dara. No quiero decirlo muchas veces ni en alto, no vaya a ser que lo fastidie, pero por ahora no puedo estar más contento en mi nuevo puesto de trabajo.
—Me alegro mucho.
—¿Y tú?
Me rodeó los hombros con un brazo.
Iba a responderle, pero Víctor desvió su atención de mí, para mirar hacia la corredera.
Antes de dirigir la vista hacia el mismo sitio, ya sabía a quién estaba viendo mi amigo. Ilian había sido muy silencioso al entrar al salón, por lo que no sabía cuánto tiempo llevaba ahí parado, donde lo vi.
—Vaya —habló con sorpresa Víctor—. Lo siento, no sabía que estabas acompañada.
No hizo preguntas, aunque el pantalón corto de deporte que llevaba Ilian, sin nada más, debió de darle alguna pista de lo que estaba pasando.
Víctor buscó mi mirada, por ese mismo motivo, asentí, confirmándoselo.
—Él es Ilian —se lo presenté—. Él es mi amigo Víctor —me dirigí a Ilian.
Este caminó hacia nosotros y le ofreció la mano a Víctor, sin apartar en ningún momento la mirada de él.
—Encantado de conocerte —le dijo Víctor, estrechándosela.
—Igualmente —le correspondió Ilian.
—Mi visita termina aquí —me dijo, con un guiño.
Con su sonrisa me dio a entender que se alegraba por mí. No eran necesarias las palabras entre nosotros por ese asunto. Primero, porque hacía mucho tiempo que no intimábamos. Segundo, porque habíamos escalado en nuestra relación y a estas alturas, nuestra amistad iba por delante de todo lo demás.
Lo sabía. Lo sentía. Y lo mismo le sucedía a Víctor.
—¿No quieres tomar algo? —le pregunté, porque me supo mal.
—Otro día —me contestó con un guiño.
—Está bien.
—Por mí no hay problema —comentó Ilian.
Esta vez fue él quien me rodeó los hombros, lo que a Víctor le hizo gracia, ya que sonrió.
—Me encantará conocer a otro amigo de Dara —volvió a hablar Ilian.
—Os lo agradezco, pero como le he dicho a Dara, solo he pasado a saludarla porque he venido a esta zona para recoger un encargo de mi hermana. Os tomo la palabra para otro momento —nos sonrió.
—Como quieras. —Asintió Ilian.
Me separé de él para acompañar a mi amigo hasta la puerta, después de que Ilian y él se despidieran.
Salí de la casa, para ir con Víctor hasta la pequeña puerta de hierro que daba a la calle.
—Es mi nuevo jefe —le dije, casi en un susurro.
Al principio no me entendió. Al escucharme frunció ligeramente el ceño, hasta que comprendió el significado de mis palabras.
—No jodas
—Sí —le confirmé, con un puchero—. Me he vuelto loca, pero es que él me vuelve más loca aún —suspiré—. Yo…
Quise decirle algo sobre el pasado que habíamos compartido, pero Víctor me calló con un gesto de la mano.
—Olvídalo, Dara. Tú y yo somos mucho más que lo que hicimos en el pasado.
—Sí —sonreí.
—Además, si tu jefe se entera de que nos acostábamos, no me dejará estar cerca de ti sin supervisión.
Me hizo un guiño.
—¿Qué dices? —reí.
—Lo has oído perfectamente. Créeme, sé reconocer a un alfa cuando lo tengo delante.
—¿Alfa? Joder. —Agrandé los ojos—. ¿Te encuentras bien? ¿Te llevo al médico? Porque estás desvariando.
—Estoy perfectamente. Yo sé lo que me digo —rio.
Me revolvió el pelo e hice una mueca.
—Disfruta, preciosa.
Me abrazó.
—He visto cómo lo miras y si tuviera un oído muy fino, hasta podría haber escuchado tus pulsaciones aceleradas.
Apretó los labios.
—Vete ya —le pedí, empujándolo.
Víctor soltó una carcajada.
—¿Me contarás bien la historia?
—Claro —le contesté, sonriendo—. No pienses que esto es algo desde que comencé a trabajar. Bueno, en parte sí, pero no. Mi historia con Ilian empezó en verano, hace meses, en el hotel. Fue antes de que tú vinieras el fin de semana para desconectar.
Me miró con sorpresa.
—Ahora me voy intrigado.
—Pues no te queda otra que aguantar —le dije con diversión.
Nos dimos un último abrazo como despedida final y cerré la puerta, cuando se alejó caminando por la acera.
Regresé al interior de la casa, donde Ilian me esperaba sentado en el sofá. Me acerqué a él y cuando me paré delante de sus piernas, me subí hasta la cintura el vestido ancho y fresquito que me puse para estar por casa.
Me puse sobre sus piernas y al no llevar ropa interior, solté un jadeo profundo cuando su palma de la mano me cubrió el sexo.
A horcajadas encima de él, le bajé la cinturilla del pantalón, con movimientos rápidos y torpes. Ilian tampoco llevaba el bóxer. Después del baño en la piscina prescindimos de la ropa interior.
Liberé a su miembro y lo rodeé con la mano, como él me había enseñado que le gustaba. Le robé un jadeo, al mismo tiempo que cerraba los ojos y apoyaba la cabeza en el respaldo del sofá.
Su erección fue cobrando vida muy rápidamente, hasta que la tuve completamente dura en mi mano.
Ilian me hizo acercarme más, para que yo dirigiera las caricias del glande en mi sexo. Fue lo que hice, más que encantada, humedeciéndonos a ambos.
—¿Por qué no me habías hablado de Víctor? —me preguntó, en tensión.
Apoyé las rodillas bien en el sofá, para caminar con ellas hacia atrás. Me separé, hasta que toqué el suelo con los pies, y entonces me arrodillé entre sus piernas.
Ilian apretó la mandíbula, mientras me acariciaba los labios con los dedos.
—¿Vas a utilizar esta boquita? —me preguntó, con la voz muy ronca.
Asentí, antes de introducirme uno de sus dedos en la boca. Lo chupé y lo succioné, dándole un pequeño adelanto de lo que iba a hacerle.
Sería la primera vez, ya que, hasta ahora, en todos nuestros encuentros íntimos me había apartado cuando vio mi intención de acercarme a su miembro, para disfrutar de otras maneras.
Pero en este instante no tenía intención de hacerme retroceder. Todo lo contrario, le veía en los ojos las ganas que tenía de llenarme la boca con su miembro, una y otra vez. Y yo estaba dispuesta a recibirlo todo de él.
Cuando me agarró del pelo y me guio hacia abajo, sonreí sin apartar los ojos de los suyos.
Saqué la lengua, para lamerle el glande. Su cuerpo se puso más tensión, si es que era posible.
Jugué con su miembro, con cada parte de él, con la lengua, los labios y los dientes. Hasta que lo hice desaparecer en mi boca. Ese fue el inicio, pero si en algún momento pensé que sería yo la que llevaría el ritmo y tendría el control, me equivoqué.
Ilian mandó en todo momento, dirigiéndome a su antojo y saciando su necesidad, mientras yo adaptaba la posición de la boca, para acogerlo sin problema.
Disfrutamos el uno del otro, de diferente manera. Me encantó ser yo la que lo lanzara a un orgasmo intenso que pareció no tener final, con sus gemidos y gruñidos nos envolvían.
Cuando me separé y lo miré, con la mano con la que todavía me agarraba del pelo, me acercó a él para besarme. Mis gemidos quedaron amortiguados en su boca, cuando me sentó sobre su pierna y comenzó a moverla, haciendo contacto directo con mi sexo.