¿Y si nos volvemos a ver? Capítulo 36
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Capítulo 36

Dara

—Hola, preciosa —saludé a Eva, al llegar al mostrador de la recepción.

—Hola —me correspondió, con una bonita sonrisa.

Pasaban unos minutos de las dos y media de la tarde. Dejaba atrás otro día más de trabajo superado, aunque hubiera empezado con retraso.

Estaba contenta, por lo que me había cundido, y eso teniendo en cuenta que me reuní con Ilian en su despacho.

Allí me encontré con Zac, quien me sonrió y me hizo un guiño, en cuanto me vio. Hice todo lo posible para que los nervios no me delataran delante de él.

Ilian me puso al día del trabajo que quería que realizara por él y una vez lo tuvimos claro, entre cruces de miradas que no tuvieron nada que ver con lo laboral, lo dejó todo en mis manos, dándome su confianza.

Me despedí de Zac y de él y salí de su despacho, para ir al mío cargada con más trabajo.

—¿Qué tal te ha ido la mañana? —le pregunté a Eva.

Después del incidente de primera hora, en la cafetería del edificio, nos vimos para desayunar en la terraza de la cafetería de la calle. En ese momento Eva todavía estaba nerviosa, lo que no sucedía ahora mismo. La veía tranquila.

Cuando me preguntó qué pasó desde que Diego y ella se fueron de la cafetería, cuando le pedí a él que la sacara, le conté todo tal cual se dio. Le hablé calmada, sin alterarme, y terminé diciéndole que la situación se giró tanto, que terminé acostándome con Ilian. Nuestro jefe.

La dejé con la boca abierta, literalmente, mientras que a mí me dio por reír de los nervios.

Entonces le expliqué cuánto hacía desde que conocí a Ilian y la puse al día de nuestra breve historia, sin entrar en detalles íntimos. Los pasé muy por encima.

—Ha sido tranquila y se me ha pasado muy rápido —me contestó.

—Me alegro. Eso es bueno —le dije, sonriendo.

—Gracias por todo, Dara.

—No digas tonterías —negué—. Desayunando, entre unas cosas y otras, se me ha olvidado decirte que he quedado con Ilian aquí después del trabajo. Me ha invitado a comer. En mi casa.

Apreté los labios, conteniendo la diversión al ver su expresión de sorpresa. Aún le costaba asimilar mi relación con su jefe y verlo como un hombre tan cercano y accesible.

—¿Cómo se te ha olvidado eso? —Jadeó.

—El tiempo del desayuno no ha dado para tanto —reí.

—Joder. Ahí lo tienes.

Ante su aviso, me giré hacia las puertas del ascensor y sonreí al ver a Ilian caminar hacia mí. Su primo iba a su lado, también sonriente.

—Hola —nos saludaron, a Eva y a mí.

Nosotras les correspondimos de la misma manera.

—¿Ya estás? —me preguntó Ilian y asentí—. ¿Quieres dejar tu coche en el estacionamiento? Puedo traerte más tarde a por él. Es para no ir en dos coches, ya que Zac no conduce desde hace años. Desde que tuvo un accidente.

—Vaya —dije, mirando a su primo.

—Todo está bien —me aseguró Zac—. Me muevo en transporte y no echo de menos conducir. Eso sí, solo me subo a un vehículo si conozco muy bien a la persona que conduce.

Se encogió de hombros.

—Entonces dejo mi coche aquí —les dije—. Después puedo venir en taxi a por él.

—De eso nada —se negó Ilian—. Hasta mañana, Eva.

—Hasta mañana, señor… Ilian —se corrigió a tiempo.

—Hasta el próximo día, preciosa —se despidió Zac.

—Hasta pronto —le correspondió Eva, con una gran sonrisa.

—Mañana llegaré antes para tomarnos un café antes de comenzar a trabajar —le dije yo.

—Aquí estaré también —me aseguró.

Asentí.

—Vete ya, Eva —le pidió Ilian—. Ya tendrías que estar fuera de la recepción.

—Enseguida. Estaba terminando con una documentación que…

—Ya acabarás mañana —le dijo Ilian.

Eva lo miró sorprendida, como si no se creyese que su jefe dejara a un lado el trabajo. Normal, dado el historial que tenía Ilian.

—Tranquila —le dijo Zac a Eva, al entender su sorpresa—.

No se ha vuelto loco. No ha perdido la cabeza.

Es el mismo jefe que conoces, pero con nuevos objetivos en su vida.

Así que todo está bien, más que perfecto, porque el jefe de esta empresa por fin está descubriendo lo que es vivir fuera de estas paredes.

—¿Tenías enseñado el discursito? —le preguntó Ilian.

Nos había dejado a los tres sorprendidos. Zac soltó una carcajada.

—Por supuesto, desde anoche cuando supe lo de Dara. En cuanto dijiste que había comenzado a trabajar aquí, empecé a darle vueltas. Estaba cantado lo que iba a suceder, aunque sinceramente no pensé que sería tan pronto —sonrió.

Esperamos a que Eva recogiera y después fuimos hacia la salida los cuatro. Miré de reojo a Ilian, recordando de repente que no sabía qué les había dicho esta mañana a Samara y a Carolina, cuando las hizo subir a su despacho.

Debía preguntarle en cuanto no estuviera Eva. Lo último que quería era alterarla otra vez. Porque con el nombre de esas dos era lo que conseguía.

Nos separamos de mi amiga en el estacionamiento, Ilian, Zac y yo llegamos antes a la plaza de Ilian. Eva siguió más adelante.

Me despedí de ella con un abrazo y entonces, para mi sorpresa, me encontré con la puerta del copiloto abierta y con Ilian al volante y un Zac sonriente en los asientos traseros.

No me quedó más remedio que sentarme al lado de Ilian. Todavía me ponía nerviosa, no podía evitarlo.

En cuanto me abroché el cinturón, Ilian aceleró para recorrer el estacionamiento.

No presté atención al tiempo, no miré la hora, así que no controlé cuánto nos llevó llegar frente a la gran entrada de una propiedad que parecía enorme.

—¿Vives aquí? —le pregunté.

La voz me salió aguda.

—Sí —fue su escueta respuesta.

Lo miré de reojo, para ver su sonrisa de medio lado.

Entramos en la propiedad cuando la puerta de hierro llegó al final de su recorrido al deslizarse por la guía.

Ilian paró, para esperar a que se cerrara del todo, y después continuó avanzando.

Me quedé con la boca abierta, maravillada, por el paisaje que veía. Unos jardines inmensos se abrían hacia cada lado del camino asfaltado por el que íbamos. Todo estaba muy verde y colorido, precioso.

Me enamoré al instante.

La vivienda también era una pasada. Era una construcción de dos plantas, alta y ancha. Ocupaba muchos metros cuadrados, pero, aun así, se veía pequeña en comparación con el terreno que tenía alrededor.

—Lo que ves, todo lo que tengo, me lo he ganado a pulso con muchísimas horas de trabajo y dedicación.

Giré la cabeza hacia Ilian, cuando paró el motor.

—No creo que le haga falta la aclaración, primo —le dijo Zac.

—Exacto —le di la razón—. Sé muy bien quién eres, Ilian. Ahora sí. Un empresario de éxito, dueño de una de las empresas más importantes, con la que llegas a muchos países. Esta es una pequeña parte de tu recompensa, por todo el sacrificio dedicando horas interminables a tu empresa.

Miré hacia delante, hacia la entrada de la casa. Me referiré a ella de esa manera, obviando el tamaño.

—Sea como sea, no tienes que dar explicaciones por lo que has conseguido. Es tuyo y solo tú sabes todo por lo que has tenido que pasar hasta llegar a este momento. Da igual que sea poco o mucho, es tu vida, tu esfuerzo y dedicación.

Me encogí de hombros.

—Recuerda que tiene un cociente intelectual bastante superior a la media —me dijo Zac.

—Cállate —le pidió Ilian, mirándolo por el espejo retrovisor.

—No seas vergonzoso, primo.

Zac rio y se bajó rápido del coche. Ilian y yo lo seguimos, pero con más calma.

Entramos en la vivienda y no pude hacer otra cosa que admirar cada cosa y espacio que fui viendo.

—Ven —me pidió Zac—. Voy a enseñártela, mientras Ilian se cambia de ropa y prepara lo que quiera para llevarse a tu casa.

—Vale —le dije.

—¿Te apetece picar algo? —me preguntó Ilian.

—Estoy bien. Prefiero esperar para comer con ganas, si no, se me quitará el apetito —le contesté.

—De acuerdo. Pues te dejo con mi primo.

Asentí y se fue hacia la escalera, la que subió hacia la planta superior.

—Un poco de agua sí que te agradecería —le pedí a Zac.

—Adelante —me ofreció que fuera la primera, señalándome dónde estaba la cocina.

La casa era de lujo, pero al mismo tiempo transmitía calidez y sencillez. Era una mezcla rara, pero muy lograda.

La cocina era muy grande, espaciosa, y estaba equipada hasta el más mínimo detalle. Un sueño para los amantes de pasar tiempo aquí, entre fogones.

Después de beber agua, seguí a Zac por toda la casa. Lo único que no me enseñó fue la habitación de Ilian, ya que él estaba dentro. Por lo que me dijo, también tenía baño privado, pero más grande que los de las otras habitaciones, y daba a un gran vestidor.

Aunque por cómo me miró Zac al pasar por delante de la puerta de la habitación, supe que estuvo tentado a meterme dentro.

—¿Qué te parece? —me preguntó.

Habíamos llegado al jardín, al que habíamos salido por el salón que daba al porche. Estábamos sentados en sillones cómodos y frente a nosotros, teníamos una gran explanada de hierba, con árboles que daban sombra y una piscina que se encontraba bastante cerca.

—Me he enamorado de todo —le contesté y sonrió—. Yo también vivo en una casa y tengo piscina, pero, aunque estoy encantada y feliz en ella, y no la cambiaría, este lugar es otro nivel.

Me encogí de hombros.

—Ilian me dijo que estás viviendo con él temporalmente. ¿Tienes intención de quedarte definitivamente o terminarás yéndote?

—Vaya, ¿acabas de pisar esta casa y ya quieres echarme?

Agrandé los ojos.

—Yo no… yo…

—Tranquila —soltó una carcajada—. Estaba de broma —me dijo con un guiño.

—Vale —suspiré y sonrió.

—No sé lo que haré, Dara —me contestó, demasiado serio.

Miró hacia el jardín, donde dejó la vista perdida.

—¿Estás bien? —le pregunté, en tono más bajo.

—A veces parece que sí. Me esfuerzo mucho en sonreír y en vivir, para no preocupar a los que me quieren, pero no lo consigo del todo.

Estoy pasando por una mala experiencia, por eso vine aquí poco antes de que fuéramos al hotel de verano.

Así que no sé qué hacer con mi vida, porque puedo trabajar desde donde sea, siempre que tenga mi ordenador.

—No tienes que contenerte ni esforzarte para no preocuparnos.

La voz de Ilian nos sobresaltó, a pesar de que habló muy calmado.

Nos giramos hacia él, para verlo apoyado en el marco de la corredera, con los brazos cruzados.

Sin traje, con un pantalón corto y una camiseta, estaba igual de impresionante. O quizá más. Me encantaba su estilo informal.

—Sé muy bien que no estás bien, pero tampoco me dejas hacer nada para que pases página de una vez por todas. O a lo mejor sería para mejor. No lo sabemos.

—Ilian…

—Yo también te oculto mi preocupación. Solo quiero que te recuperes, para que puedas continuar con tu vida. De una manera u otra. Te has quedado estancado por miedo.

Zac asintió, pero no fue capaz de decir nada. Se levantó para abrazar a su primo y después de susurrarle algo al oído, se despidió de mí y nos deseó que nos lo pasáramos bien.

Él y yo nos dimos otro abrazo y se fue hacia la planta superior. Sentí ternura y tristeza hacia él, porque había notado lo perdido y decaído que estaba, como también lo que se esforzaba en ocultarlo. Como me había dicho.