Capítulo 31
—¿Y cómo ha ido? —quiso saber Joel.
—Bien —respondí, pensativo—. Creo. He notado los nervios de Dara en todo momento, pero es normal dada la situación que se nos ha venido encima de golpe.
—¿Qué pasará a partir de hoy? —me preguntó Nico.
—¿A qué te refieres? —le devolví la pregunta, observándolo por encima del borde de la copa.
—A ti te pone un montón ella. Te atrae muchísimo. A eso me refiero —me aclaró, mirándome con picardía.
—Y apuesto a que a Dara todavía le pasa lo mismo contigo. Por algo terminasteis bien enredados hace unos meses —comentó Joel.
—No sé tú —carraspeó Nico—, pero yo veo claro lo que va a suceder.
—Soy su jefe y como empresario que mira por su empresa y quiere lo mejor para ella, no voy a poner a Dara en ningún apuro ni a arriesgarme a que deje su puesto, si es que pasara algo entre nosotros y terminara mal —les dejé claro—.
No voy a mentir, claro que me gustaría estar con ella otra vez, pero no puedo hacerle eso.
—No te enteras de nada, tío —me dijo Nico.
—¿De qué no me entero, según tú? —le pregunté con una ceja arqueada.
—De que no vas a poder elegir —contestó Joel, por Nico—. Ahora queda muy bien el pensamiento que da vueltas en tu cabeza. Pensamiento que entendemos porque comprendemos el punto por el que lo dices.
Hizo una pausa para beber un sorbo de vino, antes de continuar.
—Y es admirable por tu parte, pero hay cosas a las que uno no puede ponerle freno, ya que de una manera u otra terminas acelerando y ya no hay marcha atrás —terminó con un guiño.
Me quedé callado, meditando las palabras de mis amigos. Fijé la vista en la copa y me bebí el contenido de golpe.
Habían dado en la diana, al hablar del único miedo que sentía hacia Dara: el no poder contenerme y cagarla con ella. Era lo que quería y al mismo tiempo no. Estaba hecho un lío. Lo único que tenía claro con respecto a ella era lo que sentía al tenerla cerca y las reacciones de mi cuerpo.
—Mañana cuenta conmigo en el trabajo —me dijo Zac, sacándome de mis pensamientos.
—Por qué será…
—No voy a perderme los primeros días —dijo con diversión.
—¿Y tú? —le preguntó Nico a Joel—. He dejado pasar el tiempo. No he querido meterme, pero estabas muy ilusionado con Fani y de repente dejó de existir para ti. Hablabas mucho de ella cuando estabais en contacto, hasta que te fuiste de viaje de trabajo.
—Es verdad —intervine—. Volviste cambiado. Yo también he querido darte tu espacio, pero algo tuvo que pasarte.
—La cagué en el viaje —nos confesó Joel.
Fruncí el ceño.
—¿De qué hablas? —le preguntó Zac, adelantándose a mí.
—Que me lie con una mujer, varias veces, durante el viaje de trabajo —nos contó.
Se pasó las manos por el pelo, visiblemente agobiado.
Me eché hacia atrás. Apoyé la espalda en el respaldo, separándome del plato vacío, sin apartar la mirada de Joel.
—¿Quién hace eso cuando está conociendo a otra mujer? Joder, me sentí tan mal… Me siento tan mal que no he sido capaz de hablar otra vez con Fani. Sé que no teníamos una relación, joder, solo estábamos tonteando, pero había un interés por ambas partes y le fallé.
—A ver, no tienes que ponerte así. Como has dicho, Fani y tú no erais nada y después de lo que pasó en tu viaje, no te has acercado a ella. No le has metido.
—Le habría dicho la verdad si la hubiera visto —dejó claro Joel.
—Lo sabemos —le dije.
—Era una manera de hablar. Claro que sabemos que habrías sido sincero —comentó Nico—. Lo que quiero decir es que no puedes verte y tratarte con tanta dureza.
—Si quieres saber mi opinión, no tendrías que haberte escondido —me dirigí a Joel—. Llevarías tiempo sintiéndote mejor si hubieras hablado con Fani.
—Es una buena chica, no quería hacerle daño.
—No creo que le haya hecho mucha ilusión ver cómo la ignorabas, día tras día —carraspeó Zac.
—¿Tú sabes algo por Estela? —quiso saber Joel, dirigiéndose a Nico.
—No —contestó rápido él—. No hablamos de vosotros, te lo prometo.
—Vale —suspiró.
—Creo que estás muy confundido. Ahora el que no se entera eres tú —le dije. Joel me miró con el ceño fruncido—. Desde fuera todo se ve más claro, no hay tantas dudas. En cambio, al verlo uno mismo, al vivirlo, podemos distorsionar la realidad.
—¿Qué quieres decir? —me preguntó Joel.
—Que estás pasando por una separación sin que lo haya sido en ningún momento. No rompisteis nada, no teníais una relación, pero tú lo sientes así porque, quizá, tus sentimientos hacia Fani son más diferentes de lo que crees.
—Es verdad, tío. Muchas veces te pillamos pensativo y, aunque te esfuerzas por aparentar normalidad, se te nota que algo no encaja bien del todo. Dale una vuelta, o dos, o tres…
—O las que hagan falta hasta que llegues a una conclusión real —terminé por Nico—. Vas a sorprenderte a ti mismo.
—Si todavía no puedes dejar de pensar en Fani, si te viene constantemente a la memoria, si cuando escuchas algo de alguien cercano a ella prestas atención de repente, entonces estás bien jodido y ni lo sabes —dijo Zac—. Te lo digo yo.
—Joder, joder… —susurró Joel.
—Ahora no vayas a ponerte nervioso —le hablé—. Piensa bien en todo y sincérate contigo mismo. Después actúa.
—La he cagado —dijo agobiado.
—Vamos contigo. —Nico se dirigió a Zac.
—Paso —reaccionó rápido.
—Eres un aguafiestas —se quejó Nico.
—Lo que tú digas, pero estoy muy tranquilo como para alterarme por nada —dejó claro Zac.
—Estoy muy orgulloso de ti —le dije.
Mi primo asintió, con el inicio de la emoción reflejándose en sus ojos. Le sonreí.
—Así que el panorama está así… —carraspeó Nico—.
Zac va mejorando, aunque todavía le queda para estar bien del todo.
Joel ha descubierto que cagarla a veces es bueno, para darse cuenta de lo que siente y de lo que vale la pena.
Ilian tiene un problemón encima, pero ya quisieran muchos ese tipo de problema.
Soltó una carcajada, mientras se frotaba las manos.
—Problema que solucionará cuando menos se lo espere. Y, por último, estoy yo, que vivo atontado con Estela. Para vuestra información, vamos a vernos esta semana. Hemos quedado, aunque todavía no sabemos el día.
Habló ilusionado y los tres sonreímos al verlo.
—Tiene gracia que el que decía y repetía que no quería comprometerse nunca, vaya a ser el primero en caer —comentó Joel, refiriéndose a Nico.
—Ya te digo —dije, con diversión.
—La culpa es tuya. —Me señaló Nico.
—¿Perdona? ¿Y ahora qué he hecho?
—Si no hubieras comenzado a tontear con Dara en el bar del hotel, que si miraditas por aquí y por allá, no habríamos conocido a sus amigos y a ella, por lo que Estela sería una desconocida para mí. Acabo de darme cuenta de que tengo que darte las gracias —dijo serio.
Joel, Zac y yo reímos con ganas.
—Bueno, yo no conocí a Dara —habló Zac—. Os juntasteis y os presentasteis los dos grupos cuando Ilian me llevó a la cabaña.
—Es verdad. Qué borrachera cogiste esa noche —sonrió Joel.
—La necesitaba —añadió Zac—. Así que estoy deseando presentarme a Dara, cuando la vea mañana en la empresa. —Me hizo un guiño.
—No sé si se acordará, pero le dije como te llamabas. Fue cuando estábamos en la playa, de noche —le informé.
Asintió.
—¿Recogemos y nos vamos? —le preguntó Joel a Nico.
—Sí, tío. No quiero acostarme muy tarde —comentó Nico.
—Pues venga. Se acabó por hoy —les dije.
Nos levantamos los cuatro y lo llevamos todo a la cocina. Dejamos las cosas en el fregadero y Zac y yo acompañamos a Joel y a Nico hasta la puerta.
Nos despedimos de ellos y en cuanto cerré con llave, cerré la corredera del porche, fuimos apagando las luces mientras caminábamos y subimos las escaleras.
—¿Cómo has pasado el día de fiesta? —le pregunté.
—Genial. Me ha sentado de maravilla —me contestó sonriendo.
—Me alegro.
—Me encantaría compartir un día así contigo. De vez en cuando no estaría nada mal que lo experimentaras.
—Quién sabe, lo mismo está más cerca de lo que pensamos —dije, sonriendo de medio lado.
—Me encanta verte así.
Nos paramos frente a la puerta de mi habitación.
—¿Cómo? —le pregunté con curiosidad.
—No sé. Se te ve diferente, con más vida, con más energía. No sé decírtelo mejor, pero es algo que se nota. Estoy seguro de que Nico y Joel también se han dado cuenta, aunque no hayan dicho nada.
—Ni se te ocurra preguntarles —le advertí.
Mi primo soltó una carcajada, mientras yo entraba en mi habitación.
—Tranquilo. No seré yo el que les dé motivos para continuar con el tema de Dara —me dijo con un guiño.
Nos deseamos buenas noches.