Capítulo 29
—Estoy flipando —dijo Estela.
Fani y yo no podíamos parar de reír, ya que al contarles con lo que me había encontrado hoy en mi nuevo trabajo, a Estela se le habían caído las gafas de sol por la sorpresa y ella había ido a parar a la hierba, al moverse demasiado rápido y descoordinada sobre la tumbona.
Se había quedado sentada en la hierba, con las piernas estiradas y la espalda apoyada en el lateral de la tumbona.
Eran cerca de las siete de la tarde. Estábamos en el jardín de mi casa y hacía unos minutos que habíamos salido de la piscina.
Álvaro debía estar a punto de llegar. Últimamente salía más tarde de su trabajo, cuando su horario real era muy parecido al que tenía en mi nueva empresa.
Él trabajaba tres días a la semana de ocho de la mañana a tres de la tarde.
Los otros dos días restantes terminaba a las dos, entrando a la misma hora.
El problema era que desde hacía una semana y media también trabajaba por las tardes, alargando mucho la jornada. Era temporal, debido a un incidente que les había dado muchísimo más trabajo y era urgente.
Había salido del trabajo a las seis y media, pero a esa hora había bastante tráfico. Venía para unirse a nosotras. Le sentaría genial un baño en la piscina, antes de cenar.
Habíamos dicho de pedir temprano comida mexicana, para cenarla en mi porche. La cosa era estar juntos sin entretenernos mucho, ya que al día siguiente había que madrugar.
—¿Cómo puedes soltar esa información así? —preguntó Estela, a modo de queja.
Bufó.
—¿Cómo querías que nos contara lo que le ha pasado? —le preguntó Fani, entre risas—. ¿Cantando?
—Joder. Como mínimo, podría habernos hasta bailado.
Puso los ojos en blanco y después se unió a las risas de Fani.
Sacudí la cabeza, antes de apoyarla en la tumbona. Se estaba genial al final de la tarde y fresquita, todavía mojada.
El sonido del timbre evitó que Estela continuara echándome en cara mi manera de soltarles lo de Ilian. Álvaro había llegado.
—Voy yo —dijo Fani.
Se levantó de la tumbona y se dirigió al interior de la casa. Yo me incorporé para quedarme sentada al estilo meditación, con las piernas flexionadas y cruzadas.
Fani no tardó en volver con un Álvaro sonriente. Había pasado por su casa para cambiarse de ropa, a pesar de que en la mía siempre tenía un bañador de repuesto. Aunque no sería una novedad que se bañara en ropa interior, como nosotras.
Con el bañador se había puesto una camiseta de manga corta que le quedaba genial.
—Hola, preciosa —me saludó.
—Hola, guapísimo —le correspondí, devolviéndole la sonrisa.
Se agachó y nos dimos un beso en la mejilla. Después se acercó a Estela para hacer lo mismo y terminó sentado al final de mi tumbona.
—¿Un baño? —nos preguntó, antes de sacarse la camiseta por la cabeza.
—Me apunto —contestaron al unísono Fani y Estela.
Álvaro me miró, esperando mi contestación, y se la di con un asentimiento.
Los cuatro fuimos hacia las escaleras de la piscina y nos lanzamos al agua en cuanto bajamos los primeros escalones. La piscina tenía una entrada muy cómoda, los escalones eran anchos y antideslizantes.
Había compartido en ella muchísimos momentos con mis amigos. Era nuestro lugar favorito del jardín, donde teníamos largas conversaciones con las que no arreglábamos el mundo, pero sí que nos servían para desahogarnos y fantasear.
Podíamos pasarnos horas sentados en los escalones, disfrutando de tener partes del cuerpo dentro del agua, mientras bebíamos lo que nos apetecía en esos instantes. Hablando, riendo y hasta llorando. Teníamos historias de todo tipo.
En uno de los escalones me senté, después de salir a la superficie del agua. Me pasé las manos por el pelo y me quité el exceso de agua, mientras le sonreía a Álvaro. Mi amigo se acercó a mí y se sentó a mi lado. Estela se quedó apoyada en el poyete y Fani siguió con su baño.
—Vas a alucinar cuando te cuente qué le ha pasado hoy en el nuevo trabajo —le dijo Estela a Álvaro, señalándome.
Él me miró, divertido, y yo negué. Con ese gesto supo que no tenía nada nuevo que contarle.
—Yo ya hace rato que aluciné —le dijo Álvaro.
Fani rio en medio de la piscina.
Así era. Mi amigo fue al primero que le conté todo, mientras ambos comíamos. Él en un bar cerca de su trabajo y yo en mi casa.
—Joder. —Bufó Estela—. ¿Cómo podéis estar tan tranquilos? Ha sido una coincidencia asombrosa. ¡Por Dios! ¡Qué Ilian es el nuevo jefe de Dara! —exclamó, antes de hundirse en el agua.
Los demás reímos, lo mismo que hizo Estela cuando sacó la cabeza.
—Tenemos claro los cuatro que no pasará más de unos días, una semana como mucho, para que Ilian te lleve al lado oscuro en el trabajo, ¿verdad? —preguntó Estela.
—Estás fatal —le dijo Fani.
Vino a las escaleras y se sentó en el escalón.
—¿El lado oscuro? ¿Lo has dicho porque estás pensando en un posible sitio oscuro o por algo diferente que tienes en tu cabeza? —le preguntó Álvaro.
—A saber, a lo que le da vueltas… Yo mejor vivo en la ignorancia —comenté.
Álvaro soltó una carcajada.
—Oyeee… —rio también Estela—. ¡Tenéis que responder!
—Ahora tengo curiosidad —comentó Fani—. Yo quiero datos, detalles de lo del lado oscuro, porque desde que lo he escuchado solo pienso en una cosa.
—Oh, ¡venga ya! —me quejé, poniendo los ojos en blanco—. No puedo creerme que tú también te apuntes a eso. —Señalé a Fani.
Ella se encogió de hombros, con una sonrisa pícara.
—No voy a hablar de Ilian como esperáis. Estáis pensado en algo que no va a suceder —suspiré—. Entre él y yo no va a volver a pasar nada, lo que ocurrió en el hotel se quedó allí. Fue muy breve, pero intenso. Nos lo pasamos bien y se acabó.
Me encogí de hombros.
—Y está bien de esa manera. Estaría loca si quisiera otra cosa. ¡Ahora es mi jefe! Madre mía, es que me da hasta vértigo solo pensarlo. Todavía estoy digiriendo que trabajo para él —reí.
—¿Os habéis creído algo de lo que ha dicho? —preguntó Estela.
Se dirigió a Álvaro y a Fani, a quienes miró al hablar.
—Yo solo lo de que todavía lo está digiriendo —contestó Fani, con una risilla.
—Yo lo de que fue intenso, que se lo pasó bien y lo del vértigo, pero esto último por lo que va a volver a sentir cuando se dé cuenta de que ella no puede decidir sobre algo que no controla. Y a Ilian no va a controlarlo —aseguró Álvaro.
—Sois unos traidores —me quejé, lanzándoles agua a la cara.
Terminamos riéndonos y con el agua goteando por nuestras cabezas.
—Voy a por unas cervezas y después me echaré otra vez en la tumbona —dijo Fani.
—Te acompaño. Yo voy a llamar ya al mexicano, para que traigan la comida entre las ocho y ocho y media —comentó Estela y los tres asentimos—. Esto solo es una pausa —me dijo, señalándome—. No te pienses que voy a dejar el tema, necesito más información sobre Ilian.
Salió de la piscina riendo y Fani la siguió, con una gran sonrisa.
—Te espera una cena muy larga —comentó Álvaro, cuando estuvieron lo bastante lejos para no escucharlo.
Cerró los ojos y enfocó la cara hacia el cielo, para disfrutar de los últimos rayos del sol. Este daba en gran parte de la piscina, durante todo el día. Solo había una esquina en la que se podía estar a la sombra.
Lo bueno era que podías elegir, según te apeteciera.
—Creía que ibas a defenderme y a frenarla —le dije, con diversión.
—Lo haré, pero puedo tener cualquier despiste.
Abrió un ojo, para mirarme de reojo. Sonreí.
—¿Cómo te sientes ahora, después del tiempo que ha pasado? —me pregunté.
Se giró sentado en el asiento, para ponerse de cara a mí. Apoyó la espalda como la tenía yo, en la pared de la escalera, quedándose de lado y con las piernas estiradas en el escalón.
—Aún me parece demasiado sorprendente, pero es lo que hay —suspiré.
—¿Estás preparada para trabajar con Ilian, para verlo cada día y estar cerca de él en muchos momentos?
—No me queda otra, Álvaro. También es lo que hay. Esta mañana, entre unas cosas y otras, he trabajado poco, pero sé que va a gustarme y que me sentiré muy a gusto. Así ha sido hoy. Eva, Hernán y Diego son geniales y me han tratado muy bien, como si me conocieran de toda la vida —sonreí.
Le había hablado de ellos, por supuesto. Al contarle lo que me había pasado en la nueva empresa no me había dejado nada de lo que me había sucedido hasta el final de la jornada.
A Fani y a Estela también les había hablado de ellos. Una de las primeras cosas que me dijeron cuando terminé, fue que invitara a Eva para salir el fin de semana con nosotros.
—No hablo de que estás obligada a contar con Ilian y a verlo diariamente.
Puede que te libres algún día, pero esos serán los mínimos.
Mi pregunta va más allá de que él sea tu jefe y de que estés bajo sus órdenes, en su empresa.
Te he preguntado a nivel personal, sobre tus sentimientos, esos que te empeñas en esconder porque ahora estás cagada.
Te da miedo cometer un error con Ilian, dada la nueva situación.
—Algo dentro de mí ha dado un vuelco al encontrarme otra vez con él —dije, pensativa—. Aunque parezca mentira, su presencia sigue inquietándome, poniéndome muy nerviosa, y sí, excitándome también. Joder, si vieras lo bien que le queda el traje. Es una tortura.
Bufé y Álvaro soltó una carcajada.
—¿Por qué va a parecer mentira? Para mí es normal que te pase eso, que te sientas de esa manera. Ilian llamó tu atención desde la primera vez que se puso delante de ti. Vale —rio, al ver mis cejas alzadas.
—Te recuerdo que estabas conmigo, al otro lado de la barra del bar del hotel —le dije y me hizo un guiño.
—De acuerdo. No comenzasteis con buen pie, pero de una forma o de otra, os llamasteis la atención. La tensión del principio os duró muy poco. Sin embargo, a pesar de vuestro pique inicial, ambos os buscabais con la mirada continuamente. Hasta que sucedió lo que se esperaba.
—Da igual, Álvaro. De lo que estamos hablando es pasado, ahora estamos en el presente y todo ha cambiado mucho.
Tú y yo hace semanas que recuperamos nuestras vidas, después de unos meses desconectados en el hotel.
Ya no soy camarera, Ilian tampoco es un cliente y huésped.
No tiene sentido mirar hacia atrás, porque en este momento todo es muy diferente y hay demasiadas cosas reales en juego.
—Pues es una gran pena —dijo Fani.
Álvaro y yo la miramos.
Bajó unos cuantos escalones y se agachó para darnos un botellín de cerveza a cada uno. Después subió, bebiendo del suyo.
—Es una pena que dejéis de lado a Dara y a Ilian. A la mujer y al hombre, a las necesidades de cada uno y a los sentimientos que os provocáis.
Con esas palabras se fue hacia las tumbonas.
Cuando dirigí la vista hacia Álvaro vi en él que estaba de acuerdo con Fani. No hizo falta que hablara.
Me llevé el botellín a los labios y le di un buen trago a la cerveza, desviando la mirada hacia el agua.