¿Y si nos volvemos a ver? Capítulo 27
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Capítulo 27

Ilian

—Eva —la llamó Hernán.

—¿Sí?

Se giró hacia él, con una gran sonrisa. Había interrumpido la conversación que tenía con Dara.

—¿Vamos yendo nosotros a la empresa? —le preguntó—. Todavía no es la hora, pero para compensártelo te invito al último café en mi despacho.

—Oh… no hace falta. —Se ruborizó ella.

—Yo diría que sí. Allí estaremos tranquilos, ya lo verás —insistió él, sonriendo—. Estoy seguro de que Ilian y Dara quieren hablar un rato a solas.

—Claro. —Asintió Eva—. Nos vemos —se dirigió a Dara.

Dara observaba fijamente a Hernán, como si le hubiera arruinado la diversión. Hasta que se centró en su nueva amiga. Se sonrieron.

Hernán se hizo el despistado y se despidió de nosotros, diciendo que le había encantado pasar tiempo con todos. También nos dijo que ya había pagado lo que habíamos consumido.

Eva se puso en pie y también se despidió. Los vimos alejarse por la acera. Ella volvía a estar nerviosa.

Dirigí la atención hacia Dara. A ella le costó un poco más hacer lo mismo.

—¿Quieres otro café con leche? —le pregunté, antes de llamar la atención del camarero—. No mires la hora. Tu nuevo jefe no va a poner ninguna pega a que llegues tarde —dije, sonriendo de medio lado.

—Ya… —Ladeó un poco la cabeza—. Aunque yo no estoy muy segura de eso, ya que me han dicho que mi nuevo jefe es muy serio, recto y cuadriculado.

—Eso te han dicho, ¿eh?

—Sí —sonrió.

—¿Y no será parte de lo que tú piensas de él, ya que conoces algo a ese jefe? —Arqueé una ceja.

—No conozco tanto su personalidad. De hecho, lo conozco muy poco. Solo compartí con él…

—¿El qué?

Apoyé la espada en la silla, mirándola fijamente. Dara se movió en el asiento, justo cuando apareció el camarero.

Era el mismo que había coqueteado con Dara.

—Disculpen. ¿Les traigo algo más?

Se inclinó hacia la mesa y comenzó a recoger los platos y las tazas vacías. En varias ocasiones miró de reojo a Dara. Ella le sonrió, antes de centrarse en mí.

Asintió, respondiéndome a la pregunta que le había hecho de si quería un café con leche.

—Un café con leche y uno solo —le pedí al camarero.

—Enseguida.

Se fue dejándonos solos de nuevo.

—Cuando te he visto, no podía creérmelo —le dije—. Me ha costado reaccionar, lo que me recuerda que, entre unas cosas y otras, no nos hemos saludado.

—Tienes razón. Yo me he quedado igual, pero es que ha sido tan desconcertante todo…

Asentí.

—¿Cómo estás? —preguntamos al unísono y sonreímos.

—Vale —rio—. Empieza tú.

—No. Adelante —la invité a hablar.

—Debí haberme dado cuenta antes de que eres jefe.

—¿Por qué?

—Porque eres muy mandón.

Apretó los labios y arqueé una ceja.

—Pues siento decirte que no has visto nada todavía.

Negó con la cabeza, con una pequeña sonrisa.

—¿Cómo estás? —insistí.

—Estupendamente. Hoy es mi primer día de trabajo en una de las empresas más grandes e importantes de la ciudad. Al llegar me he alegrado de tener muchas plazas libres para aparcar. Si hubiera sabido en cuál me ha dado por dejar el coche…

Puso los ojos en blanco y sonreí de medio lado.

El camarero llegó con el café con leche y el café solo, y se los pagué al momento. Cuando se fue Dara, continuó hablando.

—Nada más entrar en la empresa he conocido a la chica de la recepción. Se llama Eva y es muy simpática. Sé que se convertirá en una buena amiga. Estoy segura —sonrió—. Después está el extra de que me llevo genial con dos más de mis compañeros. Ambos son directores de sus departamentos.

—Te han cundido las pocas horas que llevas en la empresa —le dije.

—Sí. Aunque no tanto en el trabajo, como me habría gustado.

Entre ir a por todo lo que necesitaba para vestir mi mesa y organizarla, y después de ver el video que me dejó Diego en la pantalla del escritorio del portátil, sobre el programa de la empresa, no me ha quedado tiempo para nada más porque he entrado y he estado entretenida moviéndome por él.

Cuando terminó de echarle azúcar a su café con leche le dio un sorbo pequeño y continuó.

—Por suerte el programa es muy intuitivo, como me dijo Diego.

Después ha venido Hernán a saludarme con su invitación para tomar un café y nos hemos parado en la recepción.

Eso ha estado muy bien porque le he demostrado a Eva con Hernán, que los directivos de la empresa no son tan serios e intocables como se pensaba.

Rio.

—Por último, he vuelto a ver a mi nuevo jefe. Oh, sí, lo he dejado para lo último porque fue tan impactante verlo hoy la primera vez, que todavía estoy asimilando quién es realmente mi jefe y lo que representa.

Suspiró, negando con la cabeza.

—Resulta que al llegar aquí he aparcado en la plaza de mi jefe.

Sin saberlo, por supuesto. ¿Te lo puedes creer?

Claro que sí. —Puso los ojos en blanco—.

¿Cómo iba a saber en ese momento lo que supondría?

Me quedé muertecita cuando lo reconocí. Llegué a pensar que me había dado un golpe de calor que me estaba haciendo alucinar —rio—. Y ya está.

—Buen resumen.

—Gracias. Tengo que quedar bien delante de mi nuevo jefe, para que me mantenga en mi puesto.

—Estoy seguro de que tu nuevo jefe quedó impresionado cuando leyó tu currículum y toda la información disponible que tiene de ti. Así que, si yo fuera tú, no me preocuparía por mantener mi puesto.

—Vaya… —susurró.

—Yo tampoco me he repuesto del todo de la sorpresa, pero como empresario y dueño de una empresa que es líder en su sector, estaría loco si prescindiera de una profesional como tú.

—Al final me lo voy a creer de verdad —rio.

—Debes creértelo. Te aseguro que no soy de los que dicen las cosas para que los demás se sientan bien, dejando la sinceridad aparte.

He trabajado muy duro para llevar a mi empresa a lo que es ahora, y espero seguir subiendo de niveles, de manera que bajo mi cargo quiero a personas competentes y profesionales.

Tú eres ambas cosas y más, de manera que tu puesto está a salvo.

—Gracias, Ilian.

—No me las des.

Cogí mi taza y bebí un sorbo de café.

—Está claro que el día nos tenía varias sorpresas grandes preparadas, pero una vez superadas, vamos a dejar las coincidencias a un lado y el trabajo. ¿Cómo estás? ¿Cuándo terminaste en el hotel?

—Estoy bien, afrontando el cambio de trabajo y adaptándome a él.

Álvaro y yo nos fuimos del hotel una semana antes de terminar agosto.

Fue cuando César y su novia regresaron. Era a los que estábamos sustituyendo.

Después tuve una semana tranquila en mi casa, antes de incorporarme a mi verdadero trabajo. Pero fue por poco tiempo.

—Has tenido unas largas vacaciones.

—Sí —sonrió—. ¿Y tú? ¿Cómo te fue el verano? No te dejaron ni descansar un fin de semana completo.

—Desde que llegué no he dejado de trabajar.

—¿En serio?

Asentí.

—Es algo habitual.

—¿Cómo están Álvaro, Estela y Fani? De ellas sé un poco, por Nico y Joel. Aunque por el primero más. Sé que Nico y Estela están más en contacto, mientras que Joel y Fani han parado un poco. No les hago preguntas. Si quieren contarme algo perfecto, si no, lo dejo pasar.

—Cada uno con sus cosas, pero muy bien —sonrió—. Yo también estoy al tanto de que mis amigas están en contacto con ellos.

Me terminé el café y después de retirar el platillo en el que estaba la taza, me eché hacia delante, para apoyar los brazos en la mesa.

—¿Has sentido alguna vez la tentación de conseguir mi número de teléfono para escribirme o llamarme? —le pregunté.

—Lo hemos tenido muy fácil para localizarnos, pero ninguno de los dos lo ha intentado.

—No sabes lo que he hecho yo en todo este tiempo.

—¿Has pensado siquiera en verme? —Arqueó una ceja.

—No. Tienes razón —me sinceré—. Puede que no me creas, pero no ha sido por falta de ganas o interés.

Mis días no son fáciles, me paso las horas en la empresa.

Hoy he llegado más tarde, pero lo normal es que salga de casa antes de las siete de la mañana.

Entro muy pronto y salgo muy tarde, incluso algunos fines de semana. Y si no trabajo desde casa.

—Eso no puede ser bueno —dijo, haciendo una mueca.

—Que no te oigan Nico, Joel o Zac. Están cansados de insistirme para que frene, aunque a partir de ahora espero hacerlo gracias al trabajo que delegaré en ti. —Le hice un guiño.

—Ah, muy bonito —rio—. Ahora seré yo la que no duerma.

—Tú te lo tomarás con más calma. E igualmente yo estaré ahí. No te cargaré con todo de golpe.

—Si lo hicieras no pasaría nada. Es más, después de lo que acabas de contarme te pido que delegues todo lo que puedas en mí desde el principio.

—Ya veremos… El caso es que me cuesta mucho parar. Si no fuera porque Joel y Nico vienen a mi casa, pasaríamos semanas sin vernos. Con el que estoy más es con mi primo Zac, ya que vive temporalmente en mi casa.

Tamborileé los dedos en la mesa.

—Aunque no voy a mentirte —continué—. De vez en cuando salgo con ellos alguna noche. Así que no pensé en ningún momento en ponerme en contacto conmigo. Aunque sea un tópico, no fue por ti —sonreí.

—Yo lo tenía mucho más fácil y también pasé de ti.

—¿Gracias?

Soltamos una carcajada.

—Me refería a que no tienes que justificarte —me aclaró.

—Te he entendido. Da igual como se haya dado, la vida se ha encargado de lo que no hicimos nosotros.