Capítulo 19
Sonreí con los labios rozando el borde de mi copa, viendo cómo Fani y Estela intentaban hacerse ahogadillas.
—¿No te animas? —me preguntó Álvaro.
Me quejé cuando se sacudió el pelo, para mojarme.
—No —le contesté, riendo.
Hacía unos minutos que había salido de la piscina y ahora de mi casa, ya que había entrado un momento para sustituir el bañador por el pantalón del pijama que le compré por la mañana.
Eran las nueve de la noche. Faltaba poco para sentarnos a cenar las pizzas que habíamos preparado entre los cuatro. Estaba haciéndose la segunda tanda de pizzas, a fuego lento , y cuando estuvieran para sacar, solo teníamos que calentar las primeras.
Bebí un sorbo de vino, antes de reír, por cómo salió Fani del agua. Tenía el pelo cubriéndole la cara por completo y tosía, al tragar agua.
—Te vendría bien un baño —me dijo Álvaro.
—Ahora no me apetece. —Me encogí de hombros—. He estado bastante a remojo durante la tarde.
—¿Con el calor que hace? —insistió.
—De verdad que estoy bien.
—Vale —aceptó, pero no muy convencido.
Nos quedamos en silencio por varios minutos, en los que bebimos vino con calma, disfrutando de ver a nuestras amigas.
—He llamado a mi madre mientras me cambiaba.
—¿Y qué tal? —le pregunté.
—Bien. Ha salido a cenar con María y Berta. Ya estaban en el restaurante.
Esas eran las mejores amigas de Elisa, la madre de Álvaro.
—Así me gusta, que se lo pase bien —sonreí.
—Sí. —Imitó mi gesto—. Me ha dicho lo de la barbacoa en la casa de tus padres, el fin de semana que viene. La ha llamado tu madre.
Asentí, porque ya se lo había adelantado a él.
—Me apetece que estemos todos juntos. Al padre de Estela y a los padres de Fani también hace mucho que no los veo —comenté.
—Ya hace de la última vez y ha pasado demasiado rápido el tiempo.
El móvil de Estela vibró en la mesa del porche, al llegarle un mensaje. Y al cabo de unos minutos, como si el que le había escrito quisiera hacerse notar más, la pantalla se iluminó por unos segundos, con una llamada.
Álvaro y yo vimos perfectamente el nombre Nico.
Eso me removió por dentro, porque automáticamente me vino a la memoria Ilian. Sí, Nico era el mismo que uno de los amigos de Ilian, el que conocimos durante el verano en el hotel.
Estela y él continuaban en contacto, tonteando, aunque no se habían vuelto a ver desde que ellos se fueron precipitadamente del hotel. La reunión fallida de Ilian tuvo primero la culpa, después el trabajo de ambos.
Había pasado el tiempo suficiente para recordar a ese hombre, a Ilian, para guardarlo dentro de mí como un buen recuerdo.
Uno bonito de verano. Pero no era así del todo, ya que, por más que había querido poner excusas, no podía evitar sentir un pellizco dentro de mí, cada vez que Ilian me venía a la cabeza. De una manera u otra.
Era como si no quisiera soltarlo, lo que me descolocaba y alteraba, porque me daba mucha rabia.
Noté la mirada de reojo de Álvaro, en cuanto leyó el nombre de Nico en el móvil de Estela.
—¡Estela! —la llamé.
—¿Sí?
Apoyó los brazos en el poyete de la piscina.
—Te están llegando mensajes —le informé.
—Dime de quién —me pidió.
—Nico —respondió Álvaro, por mí.
Estela soltó un gritito y nadó hacia la escalera de piedra que decoraba la entrada a la piscina. Vino corriendo, se secó las manos con una toalla y cogió su móvil, para alejarse un poco de nosotros.
Lo que vio le gustó muchísimo, porque se sentó en un sillón con una gran sonrisa.
Fani salió del agua también.
—Qué bien se está —dijo, enrollándose la toalla al pecho.
Después se sentó en una silla, al otro lado de donde estábamos Álvaro y yo.
—Te quedas de maravilla —comentó él.
—Sí —confirmó Fani, sonriendo—. En cuanto me seque un poco, entro a cambiarme. Por hoy ya está bien de agua. Estoy arrugada —rio.
—Oye, ¿tú sabes algo reciente de Joel? —le preguntó Álvaro.
—Lo último que supe fue hace varias semanas. Joel iba a hacer un viaje de trabajo y no quise molestarlo. Y hasta hoy, nada más supe de él —contestó.
Se encogió de hombros, queriendo parecer despreocupada. Aunque no se sentía de esa manera.
Estela rio y los tres miramos hacia ella.
—Al menos a una de las tres parece que le va bien —dijo Fani, dejando ver en su voz la decepción.
—Seguro que cuando menos te lo esperes Joel vuelve a escribirte o a llamarte —intenté animarla.
—Claro, y yo voy a estar cuando a ese le apetezca —rio—. Si quiere algo de mí, por mínimo y simple que sea, va a tener que currárselo mucho.
Bufó.
—Así me gusta. Que no se piense que vas a ponérselo fácil —le sonreí.
—Eso si llega ese momento —suspiró—. Sinceramente, ya lo dudo.
—¿Por qué no le escribes tú? —le preguntó Álvaro.
—Fue él el que se fue. En su último mensaje me dijo que me avisaría cuando pudiera hablar. Está claro que se ha olvidado de mí, que lo de tontear y conocerse no va con él, si no va acompañado de follar.
Puso los ojos en blanco.
—Joder, parece que estamos hablando con Estela. A ti no te pega decir esas cosas —le dije, divertida.
—Ya ves —rio—. La mala leche es muy mala, hija.
Terminamos riendo los tres.
—Es una pena que Ilian y tú no os dierais los números de teléfono —dijo con un puchero—. Aunque ya sabes que lo tienes muy fácil para localizarlo.
Señaló a Estela. Asentí y negué, seguido.
—Lo de Ilian fue algo del verano y se quedó atrás con él.
—Por si lo has olvidado, todavía estamos en verano —dijo Álvaro, con diversión.
—Sí —rio Fani—. Y hace el mismo calor insoportable.
A los tres nos salió un bufido, por el que reímos.
—Me da igual lo que me digáis sobre el otro tema. Ya me habéis entendido, cuando he dicho que pasó durante el verano —dije, levantándome—. Voy a mirar las pizzas .
—Yo voy a ponerme el pijama —comentó Fani.
Se incorporó también y entramos juntas en mi casa. Ella se fue hacia la planta de arriba, hacia la habitación de invitados. En ella tenía dos camas. Fani y Estela siempre utilizaban la misma.
Cuando entré en la cocina fui directa al horno. Me agaché para mirar en su interior y abrí la puerta, al ver que las pizzas ya estaban hechas.
Las saqué y metí las que hicimos primero, para calentarlas. Sería rápido, así que no me fui de la cocina.
Mientras esperaba, corté las pizzas recién hechas, dejándolas preparadas en los platos para sacarlas, y me apoyé en la encimera, con la vista fija en el horno.
—¿Sabes a quién he visto esta mañana?
Al escuchar a Álvaro giré la cabeza hacia él. Estaba parado en el hueco de la puerta de la cocina, con el brazo apoyado en el marco.
—Ni idea.
—A la hija de la vecina de mi madre.
—Joder, qué sorpresa. Luisa estará contenta. —Así se llamaba la vecina de su madre—. Hacía años que no venía.
—Muchos. Los últimos diez años, o quizá alguno más, ha sido Luisa la que ha viajado para ver a su hija.
—¿Y qué la ha traído hasta aquí? ¿Luisa está bien de salud?
—Perfectamente. Mi madre me ha dicho que Clara ha venido para la boda de una prima a la que está muy unida, a pesar de la distancia.
Clara era la hija de Luisa. En el pasado, cuando los tres éramos jóvenes, Álvaro y Clara pasaban mucho tiempo juntos. Iban de una casa a la otra. Yo también me incluía en muchísimos de esos momentos compartidos, por lo que conocía bien a la Clara del pasado.
Después ella comenzó a distanciarse. Cambió el grupo de amigos cuando se fue a un instituto diferente al que elegimos Álvaro y yo.
Ese fue el comienzo, el remate llegó en el momento que terminó la carrera universitaria.
Le salió un trabajo a muchos kilómetros de distancia y se fue a vivir lejos de nuestra ciudad.
La Clara del presente era una desconocida para mí, aunque suponía que algo reconocería en ella. O tal vez no. A saber… Desde que se fue de la casa de su madre no había vuelto a saber de ella ni la había visto.
—¿Y cómo ha ido el reencuentro? —le pregunté.
—No ha habido. La he visto desde el porche de la casa de mi madre.
—¿Por qué no te has acercado?
—No me ha apetecido. Además, no era el momento. Yo estaba liado y creo que ella no hacía mucho que había llegado a la casa de su madre.
—¿Sabes cuánto tiempo se queda?
—Como mínimo una semana, porque la boda es el sábado que viene.
—Podemos quedar con ellas los dos.
—Claro. —Asintió—. A ver si tenemos suerte. —Arqueó una ceja—. La chica se volvió bastante inaccesible, hace tiempo.
Sonreí.