¿Y si nos volvemos a ver? Capítulo 18
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Capítulo 18

Casi dos meses y medio después…

—¿Por qué no venís a comer cuando terminéis? —me preguntó mi madre.

—Hemos quedado más tarde con Álvaro y Fani —le contesté—. Vamos a comer en el chiringuito de la playa.

—Seguro que si les dices de venir aquí, aceptan encantados.

—La próxima vez, mamá —sonreí.

—Ay, hija, es que llevas unas semanas desaparecida.

—Porque estoy a tope en el trabajo. Te prometo que el fin de semana que viene iré a comer. ¿Les digo a mis amigos que habrá barbacoa?

—Claro —dijo animada y apreté los labios, conteniendo la risa.

—Estupendo. Te lo confirmo, pero está claro que irán los tres.

—Yo me encargo de sus padres. ¿Te parece bien?

—Sí —sonreí—. Entre los meses de verano que he estado fuera y el trabajo, hace tiempo que no los veo.

—Yo estuve con Elisa hace dos días —mencionó a la madre de Álvaro—. Pasamos un día de tiendas y comimos juntas en un restaurante italiano.

—Me alegro de que os cuidéis tan bien. Mamá, te dejo. Estela acaba de llegar —dije, mirando su mensaje en la pantalla.

—Vale, cariño. Hablamos. Te quiero.

—Yo también te quiero. Besos para ti y papá.

Colgué la llamada y guardé el móvil en el bolso. Me lo coloqué cruzado al pecho y salí de casa, ya que Estela me esperaba dentro de su coche.

Íbamos al centro comercial más grande de la ciudad, para pasar la mañana y darnos algunos caprichos. Cuando se acercara la una de la tarde, nos dirigiríamos a la zona de la playa donde estaba el chiringuito en el que habíamos quedado con nuestros amigos, para comer.

Álvaro tenía la mañana ocupada en la casa de su madre. Estaba haciéndole algunos arreglos, pequeñas cosas.

Fani trabajaba hasta la una, como algo excepcional. Su horario de trabajo terminaba los viernes al mediodía, pero en esta ocasión no le había quedado más remedio que ir a la empresa este sábado por la mañana. No le llevaría más de unas horas cerrar el acuerdo importante con un cliente.

De manera que Estela y yo estaríamos solas hasta la hora de comer.

—Buenos días, preciosa —la saludé, sentada en el asiento del copiloto.

—Buenos días, cariño —me sonrió.

Nos dimos dos besos y comenzó a circular, yendo hacia el centro comercial. De trayecto, en un día bueno de tráfico, había unos veinte minutos por carretera.

—¿Todo bien? —le pregunté.

—Sí. —Asintió—. Aunque no he dormido mucho.

—¿Y eso?

Oculté mi preocupación de que hubiera retrocedido en su recuperación por la pérdida de su madre. Por suerte fue una falsa alarma.

—El puñetero aire acondicionado —dijo, bufando—.

Se me estropeó anoche, antes de acostarme.

He pasado un calor… —suspiró—. Como me he acordado de Álvaro, cuando se os estropeó en el apartamento del hotel y se vino unos días a la cabaña —rio y sonreí—.

Hasta el lunes no puedo hacer nada. —Hizo una mueca.

—Joder. Vente a mi casa —le propuse.

—¿No te importa?

Puse cara de sorpresa.

—¿Estás tonta o qué te pasa? —le pregunté.

Soltamos una carcajada.

—Me salvas de morir derretida —me dijo con un guiño.

—Estupendo. Ya me siento mejor, he hecho una buena labor —reímos otra vez—. Podemos hacer una cena todos juntos.

Incluí a Fani y a Álvaro.

—Me encanta la idea —me confirmó.

—Ahora escribo en el grupo, para que vayan haciéndose a la idea. Oye, ¿tu padre ya ha vuelto del viaje de trabajo?

—Qué va. —Negó con la cabeza—. No llega hasta el martes.

—¿Y qué tal le está yendo?

—Le sienta bien estar centrado en el trabajo.

—Entonces, si le hace bien, es mejor que continúe un tiempo de esa manera. Después tendrá que aprender a frenar.

—Sí —suspiró—. Esa será la parte más difícil.

Puso los ojos en blanco y sonreí.

—Voy a escribir en el grupo —le dijo y asintió.

Saqué el teléfono del bolso, lo desbloqueé y entré en la aplicación de mensajes, para acceder a la conversación del grupo que tenía con mis amigos.

Dara: Hola, guapos. Sí, sois vosotros dos: Fani y Álvaro.

Dara: Ja, ja, ja… Estela y yo somos las preciosas del grupo —puse una cara sacando la lengua—. Ya estamos juntas, vamos para el centro comercial.

Dara: A Estela se le ha estropeado esta noche el aire acondicionado y en unos segundos hemos organizado el plan para esta noche. Toca cena en mi casa.

Dara: Estaremos en plan tranquilo, con unas copitas, hablando, escuchando música suave…

Dara: Traeros los trajes de baño porque en algún momento, o más bien, en más de uno, estaremos a remojo en la piscina.

Dara: ¿Qué os parecería también quedaros a dormir? Es el remate de un plan perfecto.

Dara: Ale, ahí lo lleváis. No os canséis mucho.

Dara: Nos vemos sobre la una en el chiringuito de la playa. Y si os animáis del todo, si os venís arriba, traeros todo lo que vayáis a necesitar al chiringuito. Así después nos vamos directamente a mi casa. Tarde de piscina y esas cosas.

Añadí otro mensaje con caras guiñando un ojo y besos.

Salí de la aplicación, sabiendo que tardarían en ver los mensajes. Ambos estaban ocupados.

—Ya está —le confirmé a Estela, metiendo el móvil en el bolso—. Les he propuesto que se vengan a mi casa cuando salgamos de comer en el chiringuito. Tarde de piscina, cena, copitas, charlas en el porche a buena temperatura, más piscina de noche, y a dormir que tengo camas para todos.

Reímos.

—Se apuntarán —dijo, convencida.

—Eso espero —sonreí.

Hicimos el resto del trayecto en silencio. No fue mucho, llegamos en unos minutos.

Estela estacionó en una plaza del parquin subterráneo y subimos a la primera planta en las escaleras mecánicas.

Una vez en ella, empezamos a recorrer los pasillos, mirando y entrando en las tiendas.

Ambas nos compramos varias cositas y también nos acordamos de nuestros amigos. Compré mascarillas faciales para los cuatro. Sí, Álvaro no se libraba, aunque él no se quejaba.

Se dejaba hacer todo lo que queríamos, lo que en ocasiones era un peligro.

Decidí gastar más de la cuenta. Cuando entramos en una tienda de pijamas me dio por comprar uno para cada uno.

Para Estela, Fani y para mí elegí el mismo.

Uno monísimo y fresquito que a Estela le encantó.

A mí también. Para Álvaro cogí uno que sabía que le gustaría, porque era del estilo que solía utilizar.

Después pasamos por otra tienda en la que Estela se compró una falda corta, dos camisetas, una de tirantes y otra de manga corta, y un vestido. Yo elegí un pantalón corto, dos bikinis que estaban de oferta y otro vestido.

Paramos en una tienda de golosinas, para coger un surtido para la tarde y la noche. Cómo no, aprovechamos para entrar en el supermercado que había en el centro comercial. Compramos cervezas, refrescos y un par de las botellas de la bebida que solíamos tomar.

Lo último fue coger varias tarrinas de helado, ya que hablamos de llevar todas las compras a mi casa.

Eso fue lo que hicimos, una vez cargamos el maletero y nos montamos en el coche de Estela. Mi amiga condujo hasta mi casa, donde lo descargamos todo y guardamos las cosas en la nevera y el congelador.

Solo faltaba que Estela trajera las pocas pertenencias que necesitaba, aunque yo podía dejarle lo que necesitara. Pasaríamos por su casa cuando fuéramos del chiringuito a mi casa.

Con todo lo importante hecho, nos dirigimos hacia la playa, para ir al encuentro de nuestros amigos.

Por suerte a Estela no le costó estacionar. Encontramos un sitio rápido.

Tuvimos que caminar unos metros por el paseo, hasta que nos desviamos hacia la derecha, por la pasarela de madera que había en la arena de la playa.

Esta nos llevó hasta el chiringuito, en el que localizamos rápido a Fani, sentada a una mesa. Fuimos directas hacia ella, sonriendo.

—Hola, buenorra —le dijo Estela.

Fani giró la cabeza hacia nosotras, riendo. Se levantó y nos dimos un abrazo, con besos. Después nos sentamos las tres a la mesa.

—He venido preparada. —Señaló debajo de la mesa—. Hasta he dejado el coche en casa —rio.

—¿Has venido en taxi? —le pregunté y asintió.

—Así me voy con vosotras.

—Estupendo —dio una palmada Estela.

—Mañana te llevo a tu casa —le dije.

—No hace falta que salgas solo para eso. Álvaro o yo podemos llevarla —comentó Estela.

—Bueno, ya se verá llegado el momento. —Les hice un guiño.

Una camarera se acercó y le pedimos una botella de vino, la que nos trajo enseguida.

En cuanto tuvimos las copas llenas y la chica se fue, hicimos un brindis rápido y bebimos.

—¿Cómo os ha ido la mañana? —nos preguntó Fani.

—Genial. Tenemos sorpresitas —le contestó Estela.

Sonreí mientras le contaba todo lo que habíamos comprado y a todos los sitios a los que habíamos entrado. Se ilusionó con lo del pijama y las demás cositas y quedamos en repetir la experiencia las tres juntas.

—Hola, preciosas —nos saludó Álvaro.

Levanté la cabeza, cuando se puso a mi espalda y apoyó las manos en mis hombros. Sonreí de oreja a oreja, cuando me dio un beso en la frente.

Después saludó a Estela y a Fani, y ocupó la silla libre que estaba a mi lado.

—¿Qué os contáis? —nos preguntó.

—Acaban de contarme lo que han hecho en el centro comercial —le respondió Fani—. Las compritas y demás. ¿Te apuntas a ir a la casa de Dara cuando nos vayamos de aquí?

—La duda ofende —dijo, haciéndonos reír—. Por supuesto, que voy. Hasta mañana domingo soy todo vuestro —nos dijo con un guiño.

—Mmm… me encanta como suena eso —habló Estela.

—¿Cómo os ha ido a vosotros? —les pregunté.

—Empieza tú —le pidió Álvaro a Fani.

—Para tratarse de trabajo lo que me ha retenido hoy, ha estado muy bien. Aunque lo principal es que he cerrado el acuerdo y tenemos un nuevo cliente muy importante.

—Enhorabuena —la felicitamos todos.

—Gracias —rio Fani—. A mi jefe le ha faltado sacar la cabeza por el teléfono, para darme besos.

Soltamos una carcajada.

—Así que estoy feliz —nos dijo, con una sonrisa muy bonita.

Los tres se la devolvimos.

—¿Y tú qué tal? ¿Has conseguido arreglarle todo a tu madre? —le preguntó Estela a Álvaro.

—Todo menos una cosa. He tenido que dejarlo porque tenía que comprar un material y la tienda no abre los sábados.

Se encogió de hombros.

—Bueno, una cosa es poquito —le dije, sonriendo.

—Sí. Y, por suerte, es lo más insignificante. La semana que viene lo dejaré listo.

Terminamos de ponernos al día, mientras disfrutábamos del vino y esperábamos a que nos sirvieran la comida que pedimos.

Comenzamos el mediodía genial y de la misma manera continuaríamos, una vez llegáramos a mi casa. Nos esperaban muchas horas juntos para seguir disfrutando, lo que me encantaba hacer con mis amigos.