Capítulo 17
—Ilian…
—Hola —me saludó, serio.
Estaba parado frente a mí, con las manos en los bolsillos. Llevaba una bermuda y en la parte de arriba una camiseta de manga corta.
El pelo lo tenía mojado, señal de que acababa de ducharse.
—Hola —le correspondí al saludo.
—¿Molesto?
—No. —Negué con la cabeza.
—Igualmente, no voy a estar mucho tiempo. Mi primo está terminando de ducharse y después nos iremos. Mientras yo concretaba unas cosas de trabajo, ellos han ido a darse un baño a la playa, después de comer.
—Está bien —sonreí—. Gracias por buscarme para despedirte. Es un detalle. Pensaba que ya no te vería más —le hablé con sinceridad.
—Ya… Supongo que algo sabes de lo que ha pasado.
—Muy poco, pero lo suficiente para saber que os vais antes de tiempo y que no os habéis parado a comer con calma.
—Les he insistido a mis amigos y a mi primo para que se quedaran, incluso para que alargaran la estancia, pero ha sido como hablar con una pared.
—¿Quieres entrar? —le pregunté.
No me respondió. En cambio, dio un paso hacia mí y yo lo di hacia atrás, para dejarlo pasar.
Cerré la puerta, sintiendo un nudo de nervios en el estómago.
Cuando me giré hacia Ilian, él ya estaba observándome de nuevo. Me pasé las manos por el vestido.
—¿Quieres algo de beber?
—No.
—¿Sentarte?
—No.
—Vale —suspiré—. Espero que lo de tu trabajo se solucione.
—No quiero hablar de eso.
Dio un paso hacia mí. Después otro y otro más, hasta que se paró muy cerca.
—¿Entonces de qué quieres hablar?
—De nada.
Nos quedamos mirándonos fijamente y no sabría decir si al final fue Ilian quien acortó la distancia, si fui yo, o si fuimos ambos los que nos lanzamos al mismo tiempo sobre el otro.
Nuestros pechos chocaron y nuestras bocas se encontraron con una necesidad y ansia que me hicieron estremecer de los pies a la cabeza.
Sus manos se colaron por debajo del vestido y me agarró de las nalgas, con fuerza y posesividad. La sensación me excitó más, mientras se apoderaba de mi boca, llevando su lengua hasta el fondo.
Se tragó mi jadeo. Lo agarré de las caderas, de la misma manera que él hacía conmigo, para pegarlo todo lo posible a mi cuerpo. Su erección se quedó aprisionada entre nosotros, adelantando lo que estaba a punto de suceder.
Dejé de sentir el suelo bajo mis pies, cuando me cogió para llevarme hasta la mesa alta del salón.
Me sentó en el filo y dejamos de besarnos. Con uno de sus dedos me acarició los labios, con la mirada puesta en ellos. Cuando buscó mis ojos, vi la determinación en ellos y también el permiso que me pedía para avanzar.
Asentí, por supuesto. Nunca había experimentado nada parecido anteriormente y quería exprimirlo al máximo. Y no teníamos más tiempo, era ahora o nunca.
Abrí las piernas, lo que captó su atención. El vestido se me subió, dejando ver mi braga.
Colocó las manos en mis muslos y me los masajeó, para después apretármelos, cuando cubrí la dureza que empujaba su bragueta por dentro.
Soltó un pequeño gruñido de satisfacción poniéndose en tensión.
Le presioné el miembro, pero me cansé rápido de no sentirlo piel con piel.
Solté un jadeo, en el momento en que retiró la braga hacia un lado, para acariciarme mi zona sensible.
Mordiéndome el labio, aguantando el placer de sus dedos deslizándose de arriba abajo por mi sexo, resbalando con mis fluidos, me apresuré a desabrocharle la bermuda.
Antes de que cayera al suelo, con la mano que tenía libre, sacó de un bolsillo un paquetito de preservativo y lo dejó a un lado de la mesa.
La bermuda cayó a sus pies, mientras yo le bajaba de un tirón el bóxer.
Gemí, por el pellizco en el clítoris y al ver su miembro por primera vez. Mi excitación aumentó y mi necesidad aún más.
Me moví el trasero sobre la mesa, inquieta, ganándome que Ilian aumentara la intensidad de sus caricias. Arqueé la espalda hacia él, cuando introdujo un dedo en mi interior.
Eché la cadera hacia delante, buscando más, y él me lo dio, añadiendo un dedo más.
Le agarré el miembro, duro, tenso y brillante en la punta. Ilian entreabrió los labios y cerró los ojos unos segundos. En el momento en que los abrió me parecieron más espectaculares de lo que eran normalmente. Cobraron intensidad.
—Así, fóllate mis dedos —me pidió, con la voz ronca.
Mi reacción fue gemir, al mismo tiempo que movía la cadera para hacer exactamente lo que me había pedido.
Los movimientos me ayudaron a deslizar la mano a lo largo de su miembro, mientras él se mantenía quieto, con el cuerpo en tensión.
—Más… Quiero más —le exigí.
—Pónmelo.
No tuvo que decírmelo dos veces, ni aclararme el qué. Como para olvidarme de lo que tenía al lado.
Palpé la mesa con la mano libre y, en cuanto localicé el sobrecito, lo rompí y saqué el preservativo. Utilizando las dos manos, se lo puse, deslizándoselo hacia abajo.
Mis movimientos eran torpes, de lo acelerada que estaba. Era la primera vez que me sentí a punto de perder el control, completamente.
Cuando le dejé el preservativo perfectamente puesto, eché la espalda hacia atrás, para apoyar las palmas en la superficie de la mesa.
Uno de los tirantes del vestido resbaló por mi hombro, dejando la tela muy caída sobre mi pecho.
Ilian no dudó en terminar de bajar el tirante, exponiendo mi pecho. Jadeé echando la cabeza hacia atrás, cuando me pellizcó el pezón y tiró de él. Antes de recuperarme de la sensación me lanzó a otras más intensas, cuando su boca sustituyó a sus dedos.
Succionó, lamió, mordisqueó y tiró con los dientes de la punta dura y excitada, haciéndome jadear.
Le rodeé la cintura con las piernas y lo empujé hacia mí, haciendo fuerza con los pies al final de su espalda.
Ilian gruñó en mi pecho, cuando su miembro encajó entre mis piernas. Sus dedos todavía continuaban entrando y saliendo de mi interior, con la braga apartada, mientras su pulgar hacía círculos sobre mi clítoris.
Me succionó con fuerza el pezón y se alejó de mi pecho, después de darle un tirón fuerte que me hizo temblar.
Se puso recto frente a mí, sacó los dedos y me sobresaltó cuando le pegó un tirón fuerte a la braga, con el que la rompió.
Dejó mi sexo totalmente expuesto ante su vista. Me lo acarició sin apartar los ojos, separándome los pliegues para no perderse ningún detalle.
Gemí y le supliqué, pero Ilian no se dio ninguna prisa. Me torturó de una manera deliciosa y desesperante, a partes iguales.
Después de no sé cuánto tiempo, me agarró con ambas manos de las caderas, con fuerza. Me invitó con la mirada a que me echara hacia atrás y fue lo que hice. Apoyé la espalda en la mesa y lo empujé de nuevo hacia mí, clavando su miembro en mi sexo.
Ilian humedeció la protección y, sin que estuviera preparada, porque pensaba que seguiría volviéndome loca con su especial tortura, me embistió de golpe y hasta el fondo, entrando completamente, hasta que nuestros cuerpos quedaron encajados.
Ambos gemimos por la sensación. Me agarré con fuerza a las manos que tenía en mis caderas.
Ilian esperó un tiempo prudencial, hasta que supo que me había adaptado a su miembro. Solo entonces comenzó a moverse y no fue lento.
Desde el inicio tomó un ritmo frenético con el que pronto me tuvo gritando y deslizándome sobre la mesa.
Me llevó varias veces cerca del final, pero sin dejar que me liberara. Retrocedía justo en el momento perfecto, para hacerme perder la cabeza.
Poco le importaron mis amenazas en esos momentos, él continuó con su objetivo.
Hasta que me subió las piernas, para apoyarlas en su pecho.
—Tócate —me ordenó, con la voz ronca por el deseo—. Así. Muy bien.
Gemí, acariciándome el clítoris con desesperación. Aumenté la velocidad de mis dedos, sintiendo sus embestidas más fuertes y profundas, por la nueva posición.
A estas alturas tenía el vestido enrollado en la cintura, de tanto movimiento. Mis pechos botaban sin parar, donde Ilian tenía la vista clavada, cuando conseguía apartarla de la unión de nuestros cuerpos.
Sus embestidas tomaron un ritmo frenético que no pude soportar, con mis dedos dándome placer.
Me corrí gritando su nombre, desesperada. El placer me llegó en oleadas intensas que parecieron interminables, mientras Ilian aumentaba aún más la fuerza y la velocidad.
Se corrió con fuertes gruñidos y gemidos, al cabo de unos minutos. Perdí la noción del tiempo, sintiéndome en la gloria, como en otro mundo.
Cuando dejó de balancearse en mi interior y se quedó quieto, todo pareció quedarse en pausa. Fue como si el tiempo se parara, como si nos quedáramos dentro de una burbuja ajenos a todo lo que nos rodeaba.
Hasta que la magia se apagó, en el momento que me bajó las piernas y retrocedió. Su miembro se deslizó por última vez en mi interior.
Lo observé con los ojos entreabiertos, ya que me pesaban los párpados.
Ilian se deshizo del preservativo, al que le hizo un nudo. Lo colocó sobre su envoltorio y apoyó las manos a los lados de mi cuerpo.
Yo no pude moverme todavía. Continué tumbada sobre la mesa, con las piernas hacia abajo.
Una vez terminado todo, noté cómo me ruborizaba al sentirme desnuda frente a él. A pesar de que Ilian no hizo por taparse el miembro que todavía tenía erecto.
Fui a bajarme el vestido y a subirme los tirantes, pero me frenó agarrándome las manos.
—No me prives de esta visión —me pidió con la voz ronca—. Quiero que te quedes así, hasta que me vaya. Quiero salir por la puerta y verte con los pechos al aire y el sexo brillante, con las piernas bien abiertas para tener una vista perfecta.
Jadeé, antes de tragar saliva.
—¿Sí o no? —me preguntó, cuando no dije nada.
—Sí —le confirmé, susurrando.
Sus labios se curvaron en una sonrisa ladeada.
—Gracias.
—¿Por qué?
—Porque me has arreglado el puñetero día.
Al menos hasta que vuelva a la realidad.
He dudado en buscarte y después en venir hasta aquí, cuando supe dónde encontrarte.
Estaba cabreado por lo de la reunión, después de horas y pérdidas de tiempo, y tú le has dado un giro completo a mi carácter. Gracias —repitió.
—No he hecho nada.
—Y tanto que sí. Y todavía no has terminado de arreglarme el ánimo. Necesito mantenerlo así, para no amargar a mi primo y a mis amigos.
—¿Qué más quieres de mí? —le pregunté, mordiéndome el labio inferior.
—No puedo responder a esa pregunta, porque no tengo tiempo para demostrártelo, en vez de utilizar las palabras.
Con una mano comenzó a acariciarme la barriga, por debajo del ombligo.
—¿Entonces? —le pregunté susurrando.
—Entonces voy a llevarme algo más de ti. Quiero tener tu sabor en mi boca, durante todo el puñetero camino.
Contuve la respiración y arqueé la espalda, en el momento en el que sus dedos separaron mis labios inferiores y su lengua recorrió mi zona íntima, de arriba abajo.
Ese fue el comienzo de otra locura, a la que me llevó jugando con sus labios, su lengua y sus dientes. Me hizo gemir otra vez, mientras le agarraba con fuerza del pelo.
Me corrí restregando el sexo en su cara, sin vergüenza y desesperada. Incluso cuando exploté en un nuevo orgasmo intenso.
Cuando Ilian se retiró, deslizó los dedos por sus labios y se los metió en la boca. Contuve la respiración, porque todo lo que hacía este hombre era erótico y sensual.
Al darse por satisfecho, se subió el bóxer y las bermudas. Se quedó vestido, tal y como llegó, antes de inclinarse hacia mí para besarme en los labios.
El beso fue breve, pero demoledor. Por varios motivos.
Después de eso, se incorporó y caminó hacia la puerta, de espaldas a ella. En ningún momento apartó la mirada de mí, recorriéndome el cuerpo como me dejó.
No me moví, como me había pedido. Mantuve las piernas abiertas hacia él y el vestido arrugado en la cintura, mientras yo también lo observaba a conciencia, para grabarme en la memoria el último recuerdo de él.