Capítulo 16
Miré hacia la pasarela que llegaba hasta el bar y hacia los lados, pero, como en cada ocasión que lo había hecho, el resultado fue el mismo: Ilian no aparecía.
Bajé la vista al reloj de pulsera, para comprobar que eran las dos y media de la tarde.
El horario del servicio de comida hacía una hora que había comenzado. Mis amigas llevaban un buen rato ocupando una mesa. Álvaro y yo nos habíamos unido a ellas veinte minutos atrás, al terminar nuestro turno de trabajo. La comida ya estaba pedida, pero todavía no nos la habían traído.
La mañana trabajando se me había pasado muy lenta y pesada. No esperaba otra cosa cuando anoche por fin me metí en la cama, con Estela. Álvaro se apropió del sofá.
El último recuerdo que me venía a la cabeza era ver las cuatro y media de la madrugada en la pantalla del móvil.
Así que, con las pocas horas que había dormido y la resaca, ya que continué bebiendo mojitos, lo normal era cómo me había despertado y cómo me encontraba.
La noche estuvo genial. Desde que yo regresé con el grupo e Ilian se fue, no nos movimos de la playa. Los únicos momentos en los que algunos desaparecían era para ir al bar, a por más bebida.
Joel, Nico y Zac llegaron cerca de las once para desayunar, cada cual con peor cara. Aunque si hubiera tenido que elegir a un vencedor de peor aspecto, ese habría sido Zac. A pesar de que él llevaba más horas descansadas que el resto.
Mis amigas se unieron a ellos, para desayunar e ir a la playa.
Por el momento, ellos tampoco habían venido a comer. Tal vez hoy se habían decidido por otra alternativa de las que ofrecía el hotel.
—¿Qué haces aquí parada? ¿Estás haciendo de espía?
Álvaro me asustó. Di un bote en el sitio.
—Joder, ¿qué haces aquí? —le devolví la pregunta, con el corazón latiéndome con fuerza.
—Yo tengo excusa. Te recuerdo que estaba hablando con nuestro compañero Roberto, en la cocina. Y después he ido al baño. ¿Tú tienes excusa o es como he dicho?
—No estoy espiando. —Puse los ojos en blanco—. Solo estaba observando, pensativa.
—Crees que no va a venir —me dijo.
Se puso a mi lado, con las manos en los bolsillos del pantalón.
No hacía falta que dijera el nombre de la persona a la que se refería, ambos lo sabíamos de sobra.
Entre muchas otras cosas, la noche dio para que él y yo habláramos de Ilian y lo que había pasado en la playa. O más bien dentro del agua.
Mis amigas también estaban al tanto de todas las novedades, ya que me obligaron a contárselas mientras hacíamos el camino desde la playa hasta la cabaña.
—Me dijo que tenía trabajo, que contaba con que la videollamada se alargara horas —comenté.
—Pero Joel, Nico y Zac no han aparecido, tampoco.
Me miró de reojo, pero yo mantuve la vista hacia delante. La enfoqué en mis amigas.
Fani y Estela reían por algo que estaban viendo en el móvil de Estela. Ambas miraban la pantalla.
—No sé qué pensar —susurré.
Álvaro me rodeó los hombros con el brazo y levanté la cabeza, sonriéndole.
—Estoy bien —le dije, sonando convencida.
No era del todo cierto y mi amigo lo sabía de sobra. Agradecí que lo dejara estar en este momento.
Me fastidiaba mucho la situación y me sentía muy rara. Pero no iba a reconocerlo en voz alta porque, pasadas unas horas de un orgasmo intenso y de unos tocamientos que me sentaron de maravilla, nada iba a hacerme daño.
Yo quise que sucediera lo de la noche anterior y volvería a repetirlo, sin dudar. Cada paso que di.
Pero ahora la desilusión estaba ahí, haciéndose paso en mi interior.
—Si se ha largado, él se lo pierde —me dijo Álvaro, antes de darme un beso en la cabeza.
—De todos modos, iba a irse esta noche —hablé, encogiéndome de hombros—. Solo me he quedado sin otro orgasmo, o quizás varios —suspiré.
Mi amigo rio.
—Pues siento decirte que yo daría todo por ti, hasta cualquier parte de mi cuerpo si eso te salvara la vida o lo necesitaras con urgencia, pero… no llego a un nivel tan profundo como para solucionar el problemilla de insatisfacción que se te ha acumulado entre las piernas.
—¡Eres idiota! —me quejé, soltando una carcajada.
Me separé de él y le di un empujón. Álvaro se unió a mis risas.
—Vamos con las chicas. Ya mismo servirán la comida.
—Sí.
Estábamos al final del pasillo que daba a las zonas de los trabajadores y a la cocina, parados al inicio de lo que podía considerarse el salón del bar, que era al aire libre.
Fuimos hacia Estela y Fani, las que nos recibieron sonriendo.
—Hola, guapos —nos dijo Estela.
—¿Cuántas veces nos saludamos al día? —preguntó con humor Fani.
—Hace tiempo que perdí la cuenta —contestó Álvaro—. Por eso mismo muchas veces os ignoro.
Reímos.
—Joder, normal. Con las horas que pasamos juntos… —comenté.
Carmen llegó con los primeros platos y cuando se fue, comenzamos a comer compartiendo la comida. Todo tenía una pinta estupenda y nos supo de maravilla.
—¿Sabéis algo de Joel y de Nico? —les preguntó Álvaro, a nuestras amigas.
Lo hizo por mí, por la posibilidad de conseguir información sobre Ilian.
Yo continué comiendo, llenándome la boca, mastigando y tragando, un bocado tras otro.
—Desde que nos separamos en la playa, no —contestó Fani.
—Yo sí —dijo Estela—. De Joel no, claro —rio—. Pero con Nico sí que he hablado por mensajes hace un rato. Anoche nos dimos los números de teléfono.
—Si vieras las caras que pones cuando hablas de él… —rio Fani.
—No es para menos —suspiró Estela—. ¿Tú no le has pedido el número a Joel?
—No hizo falta, me lo dio él —contó, con una gran sonrisa—. Podemos estar en contacto.
—Guay —dijo animada Estela.
—¿Y qué te ha dicho Nico? —volvió a la carga Álvaro, preguntándole a Estela—. Los detalles íntimos sáltatelos.
Nuestras amigas rieron.
—Es por saber si se unirán a nosotros en otro momento del día. Como es el último para ellos…
—Ese era el plan, quedar hasta que tuvieran que irse, pero sus planes han cambiado —dijo Estela.
—¿Y eso? —pregunté—. ¿Tiene que ver con que no hayan venido a comer aquí?
—Sí, cariño —me confirmó Estela—. Por lo visto, Ilian ha estado trabajando esta mañana, durante horas, y algo no ha salido bien en la reunión que ha tenido.
Fruncí el ceño.
—¿Eso qué quiere decir? ¿Se irán antes? —quiso saber Fani, sorprendida.
—No sé si se han ido ya —dijo Estela, con una mueca.
—No jodas. Joel no me ha avisado —se extrañó Fani.
—Lo mismo todavía están aquí y en cualquier momento te llama o te escribe —comentó Álvaro, para quitarle un poco de preocupación.
—Llámalo tú —le propuse.
Necesitaba salir de dudas y no entendía por qué lo sentía con tanta fuerza.
—Sí. Voy a hacer eso —nos confirmó.
Fani cogió su móvil y se levantó de la silla. Se alejó de la zona de las mesas, con el teléfono en la oreja. No tardó mucho en mover los labios, señal de que estaba hablando con Joel. Eso, o le estaba dejando un mensaje en el contestador.
Esperé impaciente a que terminara y cuando lo hizo y regresó, ocupando su silla, su cara de tristeza me lo dijo todo.
—Todavía están aquí, pero por poco tiempo —nos contó, haciendo un puchero.
—Por la hora que es, igualmente tienen que comer. ¿No se paran aquí? —quiso saber Álvaro.
—Han comido hace poco. Zac ha llevado a la cabaña unos bocadillos del chiringuito —nos contó Fani—.
No quieren retrasarse mucho por Ilian. Según me ha dicho Joel, a su amigo le ha afectado lo de la reunión, lo que se resume en que su carácter ha cambiado completamente.
No tengo ni idea hasta qué punto, ni lo que significa realmente.
—Suena peor de lo que me he imaginado —dijo Estela.
—Pero es comprensible, si lo del trabajo de Ilian era importante —añadió Álvaro.
Se encogió ligeramente de hombros, mirándome de reojo.
Dejé el tenedor en el plato vacío y me limpié la boca con la servilleta, una vez terminé de comer.
Cogí la copa y le di un sorbo al vino.
—Sé que dijimos anoche darnos un baño al terminar de comer, para quedarnos un rato en la playa, pero yo os voy a abandonar por ahora. Me voy a la cabaña —les dije, levantándome despacio.
—¿Estás bien? —me preguntó Estela.
—Claro —le contesté, sonriendo—. Es solo que me apetece descansar. Cuando os deis cuenta estoy con vosotros otra vez.
Les hice un guiño.
—Descansa —me pidió Álvaro.
—Sí. Cada vez me cuesta más aguantar —comenté.
—Es que llevamos un ritmo… —dijo con una risilla, Fani.
—A veces pienso cómo nos mantenemos tantas horas de pie —rio Estela.
—Os quiero, os adoro, pero tengo unas ganas de que os vayáis para aflojar un poco… —les dije a las chicas, con un punto de diversión.
—Ya mismo nos las quitamos de encima —habló Álvaro, entre risas.
Chocamos las manos, mientras Estela y Fani se quejaban. Ellas también reían.
Me despedí de mis amigos y fui hacia la pasarela, para enlazar con la que me llevaría directa a la cabaña de mis amigas.
En cuanto estuve dentro encendí los aires acondicionados, agobiada. En la habitación de Fani me quité la ropa, para ponerme un vestido fresquito.
Este era de tirantes finos, ancho y me cubría a lo justo el trasero. Era el mejor para estar en casa y fresquita, en este caso en la cabaña.
Descalza, fui a la cocina a por un vaso de agua, antes de echarme en la cama.
Me lo bebí, saciando la sed, y lo llené de nuevo, para llevármelo a la habitación.
Iba hacia ella cuando golpearon la puerta de la cabaña. Sonreí, pensando en que mis amigos habían cambiado de opinión y venían a descansar, para dejar la playa para más tarde.
Nada que ver con la realidad que me encontré al abrir la puerta. Para mi sorpresa, Ilian estaba al otro lado.