¿Y si nos volvemos a ver? Capítulo 15
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Capítulo 15

Dara

—¿Tienes miedo? ¿Quieres salir del agua? —me preguntó.

—Ahora estoy bien —suspiré—. Me encanta la sensación, la disfruto mucho y siempre que tengo la oportunidad no la desaprovecho, pero lo normal es que tenga a Álvaro pegado a mí. Bueno, si le preguntas a él, te dirá que soy yo la que se le pega —sonreí.

—Puedes hacer lo mismo conmigo, si quieres.

—Gracias —susurré.

No me lo pensé cuando me acerqué a él, caminando encogida debajo del agua.

Era una tontería. Me había visto perfectamente los pechos por la locura momentánea que me había entrado, pero después del acelerón y del calentón, ahora me podían más los nervios y la vergüenza que cualquier otra cosa.

Ilian se agachó, para estar a la misma altura. Sonreí.

—Se está de maravilla —comentó.

—Sí —estuve de acuerdo—. Me gusta terminar las noches de esta manera.

—¿Dara?

Quien me llamó alzando la voz fue Álvaro, aunque no lo vi. Seguramente no se acercó porque había visto que Ilian había ido en la misma dirección que yo.

—¿Sí?

—Vale, solo quería asegurarme de que estás aquí y bien. ¿Ilian está contigo?

—Aquí estoy —le confirmó él.

—Estupendo, pues ya está. No tengáis prisa, vosotros a lo vuestro. Tenéis el mar para vosotros solos, los demás ya estamos fuera. Hemos vuelto a la arena, a hablar, aunque Nico y yo vamos ahora al bar. ¿Queréis algo de beber para cuando salgáis?

—Tráeme otro mojito —le pedí—. Si no me lo termino aquí, será en el porche de la cabaña.

—Vale —dijo Álvaro.

—Yo no quiero nada —habló Ilian.

—De acuerdo. Hasta ahora, chicos.

—¿Hace mucho tiempo que sois amigos? —me preguntó, después de que Álvaro se fuera.

—Sí —contesté sonriendo—. Muchísimo. Tenemos una relación muy especial, forma parte de mi familia. Fani y Estela también, aunque ellas llegaron más tarde a mi vida.

Asintió.

—¿Y tú con Nico y Joel? —le devolví la pregunta.

—Desde siempre. En la mayoría de mis recuerdos están ellos presentes. Como Zac, mi primo.

—¿En qué trabajas? —le pregunté.

—En una empresa. ¿Tú estás siempre en este hotel haciendo el mismo horario?

—No, aunque se está genial.

—Vale mucho la pena si trabajas unas horas y después puedes disfrutar de todo, como una huésped más.

—Sí. Es una gran experiencia, pero es provisional. Álvaro y yo estamos cubriendo a un amigo y a su novia, por unos meses.

—Entiendo. Entonces, con más motivo se disfruta de manera diferente.

Asentí.

—Es una pena que os vayáis mañana. El hotel tiene mucho que ofrecer.

—Yo no puedo faltar al trabajo y mis amigos y mi primo no quieren que me vaya solo.

—Eso es normal. Lo entiendo, porque yo haría lo mismo si alguno de mis amigos tuviera que irse.

Me encogí de hombros.

—¿Has visto como no era tan malo?

—¿El qué? —Me hice la despistada.

—El baño sin ropa —sonrió de medio lado—. Pero, sobre todo, estando yo cerca.

—Me siento a gusto.

—Me alegro. No muerdo, a no ser que me den permiso.

—¿Y te lo dan muchas veces? No respondas —le pedí, rápido, al ver su expresión—. Ha sido una pregunta tonta.

—¿Por qué?

—No voy a responderte a eso —le dije, riendo.

—¿Por qué?

—Para —le pedí, entre risas.

—¿Por qué? —insistió, divertido.

—Oh, por favor —hablé sin poder dejar de reír—. Deja de preguntar por qué.

—¿Por…?

Me dejé llevar por un impulso y por su juego. No me paré a pensar en las consecuencias que tuvo para mí cuando me lancé hacia delante, hacia su cuerpo, para taparle la boca con una mano.

En el momento en que me di cuenta ya era demasiado tarde. Nuestros cuerpos estaban muy juntos, las puntas de mis pezones le rozaban el pecho.

A pesar de la oscuridad, noté y sentí la intensidad de la mirada de Ilian, el cambio que dio.

Yo me quedé paralizada los primeros segundos, sorprendida por lo que yo misma había provocado. ¿Sinceramente? No me arrepentía y era justo lo que estaba deseando, aunque no me hubiera atrevido a hacer antes.

Tal vez que me quedara casi desnuda delante de él fue el adelanto con el que debí dar por hecho que en un momento u otro yo volvería a cometer una pequeña locura.

Si me costaba tanto dar los pasos hacia Ilian era porque lo veía inalcanzable, de una manera que no podía explicar. Lo sentía en mi interior, no podía decir los motivos ni expresarme mejor.

Este hombre me tenía muy perdida.

Iba a quitar la mano, para liberarle la boca, pero antes de hacerlo me sorprendí de nuevo, cuando sus labios se movieron en mi palma. Me la acarició, como si estuviera besándomela, y tuve claro que era así, cuando la punta de su lengua me la recorrió de arriba abajo.

Retiré la mano temblorosa, dejándola caer con suavidad en el agua. Todo mi cuerpo estaba igual, por lo que tuve mucho cuidado para no moverme y tocarlo en otra parte de su cuerpo.

No quería que notara lo que me provocaba. La intensidad con la que lo sentía.

Con la necesidad latiendo con fuerza en mi interior, concentrada en varias partes importantes y sensibles de mi cuerpo, comencé a moverme para tomar distancia de Ilian.

Las puntas de los pezones me dolían, por lo duros que los tenía y porque quería que él les prestara atención.

Creí que era un pensamiento tonto, hasta que Ilian evitó que me apartara de él.

Contuve la respiración en el momento en el que me agarró de la nuca y volvió a acercarme a él. Nuestras caras se quedaron a muy pocos centímetros.

Su otra mano la colocó en mi cadera y tiró de mí hacia él. Tragué saliva y me olvidé de cómo se respiraba, cuando su miembro duro se quedó apretado entre nosotros.

—Lo siento, me lo has puesto muy difícil para continuar resistiéndome —susurró—.

Pero quiero que tengas claro que lo haré, que me retiraré si es lo que quieres.

Dime que te suelte ahora mismo y me echaré para atrás.

Saldré del agua y me iré a mi cabaña. Que te esté sujetando no significa nada.

No voy a continuar hasta que no oiga lo que tienes que decir.

Mi respuesta a todas sus dudas llegó en forma de beso. Lo callé de golpe, dejándole claro que lo último que quería era que se fuera. Una vez que él había dado el paso, yo no quería retroceder.

La reacción de Ilian fue instantánea. El agarre de su mano en mi cadera se hizo más fuerte e insistente, mientras que sus labios cubrían los míos, apoderándose de ellos.

Nos besamos con necesidad, con ansias, como si en cualquier instante el momento fuese a esfumarse, y nosotros con él. El beso fue tan intenso y abrasador que, a pesar de que estaba desnuda y dentro del agua, comenzaron a sobrarme capas que no tenía.

Ilian dejó de agarrarme la nuca para incendiarme más. Colocó ambas manos en mis nalgas y me las apretó, para empujarme hacia su cuerpo, mientras sus labios y su lengua consumían a los míos.

Un jadeo quedó amortiguado en mi boca, cuando sus dedos separaron mis nalgas y se acercaron a mi sexo, para acariciarlo superficialmente, por encima de la tira del tanga.

Gemí agarrándome con fuerza a sus hombros, mientras profundizaba aún más el beso. Necesitaba más contacto para saciar la necesidad que sentía entre las piernas, ya que Ilian estaba jugando con la tira del tanga, sobre mi zona sensible.

Me impulsé y le rodeé la cintura con las piernas, para tener un contacto directo con nuestros cuerpos.

Tenía los pezones doloridos, erectos, y el roce con su pecho me hizo jadear. Mis labios y mi lengua se movieron más deprisa, más adentro, mientras mi cadera se movía sola con un balanceo que estaba llevándome a la locura.

El agua comenzó a agitarse a nuestro alrededor.

Ilian tenía libre acceso a mi sexo, en la postura abierta que me quedé. Era lo que tanto deseaba, pero no que me torturara deslizando los dedos de arriba abajo. Primero por encima de la tira del tanga, después por debajo de ella, sin ninguna barrera entre mis fluidos y sus dedos.

A pesar del agua, mi excitación era bien palpable. Lo notaba.

—Más… —gemí.

Me moví inquieta contra él, sin poder soportar la presión y los pellizcos en el clítoris.

—¿Me darás esto mañana?

Su voz ronca me erizó todo el cuerpo y le clavé los dedos en sus hombros, cuando introdujo un dedo en mi interior, al mismo tiempo que hacía la pregunta.

—Esta noche no va a poder ser. No estoy preparado.

Jadeé. No supe si de placer o a modo de queja.

—Respóndeme —me pidió, sin darse cuenta de lo que me provocaba su voz—. Dime si esto será para mí mañana.

Me embistió con dos dedos y arqueé la espalda.

—Sí —le confirmé, sin ser capaz de continuar hablando.

Me besó con intensidad, apoderándose de nuevo de mi boca, mientras sus dedos entraban y salían de mi interior, cada vez más rápido, al mismo tiempo que me atendía el clítoris.

Se tragó mis jadeos y gemidos durante un buen rato, hasta que cuando estaba muy cerca de llegar al borde del abismo por el que quería lanzarme de cabeza, Ilian retiró de repente los dedos de mi sexo.

—Joder, nooo… —me quejé.

Le hubiese borrado de la cara su sonrisa de suficiencia, pero me interesaba que continuara con lo que no había terminado, por lo que lo dejé estar. Por el momento.

Empujé hacia abajo, rozándome con fuerza contra su miembro. Estaba tan duro, tan perfecto… La punta, el glande, asomaba por la goma del bóxer. Podía notar el cambio, de sentir la tela a la suavidad de esa parte de su cuerpo.

Me acaricié a mí misma entre las piernas, utilizándolo. Ilian soltó un gemido en forma de gruñido, o algo parecido. Me sentí satisfecha, por no ser la única desesperada a estas alturas.

La punta de su miembro se deslizó sobre mi sexo. Ni siquiera la tira del tanga quitó intensidad al momento.

Ilian, como si me leyera el pensamiento, retiró la tira con una mano y con la otra se agarró el miembro, para deslizarlo por toda mi zona íntima. Entre el agua y lo excitada que estaba, resbaló de una manera deliciosa. Nos dio placer de esa manera, mientras nos mirábamos fijamente.

Contuve la respiración cuando se paró en la entrada y presionó un poco hacia dentro. Me agarré con más fuerza a sus brazos, sin saber si quería apartarlo o dejarme caer para introducirlo yo misma en mi interior.

De nuevo, como si me leyera el pensamiento, Ilian retrocedió, al mismo tiempo que negaba con la cabeza.

—Mañana —me dijo, a modo de promesa.

Solo pude asentir, porque en el fondo le estaba muy agradecida por su fuerza de voluntad.

Me alejó de su miembro y su boca cubrió la mía, para dejarme sin respiración con la intensidad con la que me besó. Gemí, arqueando la espalda, cuando tiró con los dedos de uno de mis pezones.

No conforme con eso, me lo frotó con fuerza, antes de levantarme para llevarse un pezón a la boca.

Tiré con fuerza de su pelo, con la espalda arqueada hacia su boca, aplastando el pecho en su cara.

Ilian succionó, lamió y mordisqueó, para después pasar al otro pezón.

Después de un tiempo, cuando se quedó saciado, me bajó a la posición inicial y tiró del tanga. Jadeé, cerrando los ojos, y por suerte me dio lo que tantísimo necesitaba.

Apartó la tela y me acarició con insistencia. Solo necesité unos segundos para gritar en su boca, mientras me estremecía de los pies a la cabeza.

Me corrí agarrándome con fuerza a su cuerpo, pegándome a él.

Cuando la ola de placer terminó, quise ponerle remedio al gran problema que él tenía entre las piernas, apuntando hacia mí, pero no me dejó.

Me agarró la mano, antes de que pudiera meterla por dentro del bóxer para agarrarle el miembro.

—Mañana —me pidió con la voz ronca.

—Pero…

Me calló con otro beso, pero este fue corto y rápido, aunque sin perder la intensidad.

—No creo que me pase por el bar, hasta el mediodía.

—¿No vendrás a desayunar?

—No. Tengo una reunión por videollamada y sé que se alargará horas. Si pudiera la retrasaría, pero es imposible. Me lo he traído todo expresamente para poder trabajar.

—Vale —sonreí—. No pasa nada. Pásate cuando puedas.

—Para comer —me dijo, agarrándome de la mandíbula. No me soltó—. No solo comida.

Solté un jadeo, por la insinuación.

—Voy a irme ya, pero no me acercaré al grupo —susurró sobre mis labios, tocándome con los suyos.

—De acuerdo.

—Vamos fuera. Me espero a que llegues con los demás.

Eso fue lo que hicimos. No supe cómo conseguí separarme de él, pero lo hice.

Al ponerme de pie Ilian recorrió mi desnudez durante unos largos segundos, antes de ir hacia la orilla.

Una vez fuera, me vestí con mi ropa, la que él había traído. Después nos quedamos cara a cara.

—Ve —me pidió.

—¿Y tu ropa? Espérame aquí y te la traigo —le pedí.

—No hace falta. Diles a Joel y a Nico que se la lleven junto a mi calzado. Yo vuelvo a la cabaña así. —Se señaló—. Está muy cerca de aquí.

Me mordí el labio inferior, al apreciar la dureza que tenía debajo del bóxer.

—¿Podrás entrar en la cabaña? —le pregunté, bajando el tono de voz.

—Sí. No te preocupes. Nos vemos mañana.

—Vale. Hasta mañana.

Ilian asintió y esperó a que me moviera, tal y como me había dicho. Le di la espalda y caminé por la arena, alejándome de él.

Cuando vi a unos metros de distancia a mis amigos y a los suyos, sentados en la arena, hablando, riendo y bebiendo, miré por encima del hombro hacia donde había dejado a Ilian, pero la oscuridad se lo había tragado, por completo.