¿Y si nos volvemos a ver? Capítulo 14
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Capítulo 14

Ilian

—Ilian —me presenté.

Le ofrecí una mano.

—Dara.

La suya se sintió pequeña en la mía, mientras nos mirábamos fijamente a los ojos.

Podíamos vernos bien, ya que estábamos próximos a una hilera de antorchas con luces de llama solar.

La iluminación nos llegaba tenue, pero era más que suficiente. Al igual que sucedía en los primeros metros del agua. Gracias a eso podíamos ver las siluetas de nuestros amigos.

—¿Y tu primo? Perdona. Lo sé porque tu amigo Nico se ha referido a él de esa manera.

—No pasa nada. —Asentí—. Se llama Zac. Lo he dejado en su cama, no se encontraba bien después de todo lo que ha bebido.

—Vaya…

—Es lo mejor que ha podido pasarle. Mañana estará únicamente centrado en encontrarse mejor —dije convencido.

Nos quedamos en silencio y me gustó, porque me sentí cómodo sin la necesidad de sacar un tema de conversación.

Durante un rato observamos cómo se divertían nuestros amigos. Sus gritos y risas seguían escuchándose, mientras iban de un lado al otro por el agua, sin adentrarse.

—¿Te apetece unirte al baño? —le pregunté, de nuevo.

—No —sonrió—. ¿Quieres?

Levantó hacia mí su vaso de bebida.

—Si acepto tu invitación a beber, ¿tú aceptas la mía para ir al agua?

—No —volvió a negar, esta vez riendo.

Retrocedió, bajando la mano que sujetaba su vaso, pero yo fui más rápido y, antes de que lo apartara del todo, se lo quité.

Dara se quedó mirando cómo me llevaba la pajita a los labios y bebía de su mojito. Yo tampoco desvié la mirada de la suya.

—Ahora tienes que aceptar. Es lo justo.

—¿Cómo? —me preguntó.

—Yo he aceptado tu bebida, tú tienes que elegir venir al agua. Te sentará bien y lo agradecerás, hace demasiado calor esta noche.

—No era de esa manera —rio de nuevo.

—Me gusta cambiar las reglas del juego —sonreí de medio lado.

—¿Estás jugando? —me preguntó con interés.

—Quizá. O tal vez no.

—¿Eres siempre tan contradictorio?

Como respuesta, me encogí ligeramente de hombros.

—Si yo no hubiera aparecido ¿estarías en el agua o haciendo tiempo para meterte? —quise saber—. Vale.

Dirigí la mirada hacia el mar, después de leer la respuesta en su expresión. No necesité que me confirmara con palabras que el culpable de que no quisiera darse un baño era yo.

Me levanté despacio y me sacudí la arena del pantalón.

—¿Te vas? —me preguntó.

Debió verlo en mi expresión.

—Sí. No quiero que por mi culpa no disfrutes de la noche. Yo puedo darme el baño cualquier otra.

—Joel y Nico nos han dicho que habéis venido para el fin de semana. Os vais mañana.

—Correcto —le confirmé.

—Entonces no puedes elegir cualquier otra noche.

Metí las manos en el pantalón, mientras ella se levantaba.

Cuando se quedó de pie frente a mí, a un paso de distancia, volvió a hablar.

—No tienes la culpa de que ya no quiera bañarme —dijo.

Arqueé una ceja.

—El problema lo tengo yo —añadió, sonriendo con timidez.

—Si no es mucha indiscreción, ¿a qué problema te refieres?

—No me he acordado hasta hace poco de que no llevo sujetador.

Me esforcé para no apartar la mirada de la suya, para no pecar en dirigir la vista a sus pechos y lo bien que le quedaba el top palabra de honor.

—Entiendo —dije, con un carraspeo—. Nuestros amigos parecen tener cuerda para rato, así que puedes ir a ponerte un traje de baño. Eso, o puedes quitarte la ropa tranquilamente para meterte en el agua, tal y como te quedes.

Agrandó los ojos, mientras yo alargaba la pausa que hice para continuar hablando.

—Estamos en una playa y en un lugar como este es habitual hacer toples. Piensa que vas con ventaja, ya que puedes elegir alejarte para que la oscuridad juegue a tu favor.

—No sería lo mismo —dijo, hablando más bajo.

—¿Por qué?

Ladeé un poco la cabeza.

—Yo no lo siento de la misma manera.

—¿Lo harías si yo no estuviera? —insistí en el tema.

—Sí, pero alejándome un poco de los demás.

—No sé qué es lo que te echa para atrás exactamente de mí, pero no me gusta hacerte sentir incómoda.

—No es eso.

—Pues entonces hazlo como tenías pensado. Ignora mi presencia.

Di varios pasos hacia atrás, dejando más distancia entre nosotros, y me saqué la camiseta de un tirón.

Cuando volví a encontrarme con la mirada de Dara, me observaba sorprendida.

La dejé caer sobre el montón de ropa que había y después me llevé las manos al botón del pantalón. Me paré ahí, a la espera de su siguiente reacción.

—He cambiado de opinión. Voy a darme un baño con los demás y me iré rápido —le dije.

—Vale. Pero ahora soy yo la que no quiero influir en que estés más o menos aquí.

—No lo haces —le dejé claro.

Solté el botón y el pantalón se deslizó por mis piernas, hasta quedarse enrollado en mis tobillos.

Me lo saqué por los pies, para colocarlo encima de la camiseta. El calzado lo tenía cerca, donde lo dejé antes de sentarme en la arena.

—Lo digo de verdad. Quédate el tiempo que quieras. No te sientas obligado a irte antes de lo que te apetecería —insistió—. Yo podría bañarme con el top.

—¿Vas a hacerlo?

—No —contestó decidida.

Arqueé una ceja al ver su sonrisa de medio lado.

—Yo también he cambiado de opinión.

—¿Has…?

Me callé de repente cuando se bebió de golpe lo que le quedaba de mojito y, para mi absoluta sorpresa, después de dejar caer el vaso en la arena, comenzó a quitarse la ropa delante de mí.

Lo primero de lo que se desprendió fue del pantalón corto de lino, el que cayó sin problema.

En esta ocasión mandé a la mierda la contención, porque no podía privarme de observar cómo se iba descubriendo, capa a capa, frente a mis ojos.

La observé a conciencia. Sus piernas, su braga…

Cuando pensé que se quedaría tal cual estaba, me sorprendió aún más, dejándome sin palabras, cuando se sacó el top por la cabeza.

Me puse en tensión al verla casi desnuda, aunque lo disimulé muy bien. Lo último que quería era hacerla sentir incómoda o que retrocediera en su decisión, con lo que le había costado tomarla.

Sinceramente, no creí que fuese a hacerlo, pero ahí la tenía, a unos pasos de mí y solo con la braga, que no tardé en darme cuenta de que era un tanga.

Maldije interiormente, por la reacción instantánea que había tenido mi cuerpo. Por suerte, Dara no se paró a prestarme atención, ya que estaba muy ocupada con su vergüenza.

Dobló los brazos a la altura del pecho, tapándoselos, y me dio la espalda, para correr hacia el agua. Lo hizo alejándose de nuestros amigos, para tener privacidad.

Me quedé como un tonto en la arena, sin perderla de vista, hasta que ella llegó al agua y dejé de verla. Al alejarse de la iluminación la perdí en la noche.

Cogí su pantalón y su top, para acercárselo por si tenía la necesidad de taparse rápido al salir, y seguí la misma dirección que había tomado Dara.

Cuando la localicé, a pesar de que no se veía muy bien porque esta parte de la playa estaba demasiado oscura, dejé su ropa a unos metros de la orilla y caminé hacia el agua.

Noté cómo me observaba, mientras me adentraba despacio. Di gracias a que mi erección no podía verla.

El agua estaba a una temperatura ideal. Era un gustazo, por la noche tan calurosa que hacía.

Me paré a la distancia que consideré que era la suficiente para no presionarla y me lancé al agua, para mojarme entero.

Cuando salí a la superficie me quedé flotando bocarriba, con la vista fija en el cielo.

Se veía increíble, como hacía muchísimos años que no lo contemplaba. Estaba salpicado de puntos luminosos, estrellas que no se apreciaban en la ciudad en la que vivía.

A mis amigos, a mi primo y a mí, en nuestra juventud, nos gustaba escaparnos todos los fines de semana que podíamos cuadrarlo. Los destinos elegidos eran los cámpines más alejados de las grandes ciudades, sin importarnos que fueran de montaña o de playa.

A los cuatro nos gustaban los deportes de aventura y disfrutábamos perdiéndonos donde hasta la conexión fallaba. Hacía tanto tiempo que no frenaba, que no me permitía parar para regresar a lo que me dio tantas veces paz, haciéndome sentir vivo…

Acababa de recordar de golpe algunas de las sensaciones que muchos años atrás para mí eran cotidianas. Un lujo hoy día.

El agua estaba en una calma absoluta. Parecía una balsa. No había ni una mínima ola donde me encontraba.

Continué flotando y cerré los ojos, disfrutando del momento.

Debía darles las gracias a mis amigos, por sacarme este fin de semana de mi casa, de mis obligaciones y rutinas.

No sabía cuánto necesitaba respirar en otro ambiente, hasta que comencé esta breve aventura.

Noté enseguida que algo cambió. Fue muy sutil, pero mi cuerpo se meció un poco.

Abrí despacio los ojos, para mirar otra vez hacia el cielo. No pasó mucho tiempo para escuchar la voz que hacía un rato esperaba.

—No me gusta estar mucho rato sola rodeada de tanta negrura —dijo Dara.

Me moví para tocar el fondo con los pies y me giré hacia ella, pasándome las manos por el pelo.

Mientras me quitaba el exceso de agua, la observé porque, a pesar de la oscuridad, no tenía problema en verla por los reflejos del agua.

Dara también tenía el pelo mojado. Estaba agachada, con el agua cubriéndole por encima de los pechos, cuando a mí me llegaba por la cadera.

La imagen era perfecta y muy, pero que muy tentadora.